La Morcuera 2016

dibujo-verityEs divertido ver cómo las nuevas tecnologías nos condicionan a día de hoy, de tal manera que cuando nos quedamos sin batería en el teléfono móvil podemos sufrir una mini hecatombe. Os cuento. Para comenzar esta nueva aventura, tuve que desplazarme hasta Colmenar Viejo, un precioso rincón de Madrid. Obviamente ya no son los tiempos en los que llevábamos la guía  Campsa o Michelín en la guantera del coche, y nos parábamos a ver esas sábanas desplegables de mapas cada dos por tres, que llenaban el asiento de la derecha y medio salpicadero de hojas indomables. Ahora, el gps de nuestro teléfono nos lleva al tórrido Averno si es eso lo que deseamos. Pues justo conduciendo por la M30, con un tráfico de viernes por la tarde, me quedo sin batería y dejo de seguir las indicaciones de mi aparatito para poder reunirme con Verity. Unos minutos antes de que la pantalla me ofreciese ese negro azabache tan brillante, vi que me quedaban unos veinte minutos para llegar a mi destino, pero claro, a ver quién es el valiente que adivina como salir airoso de semejante entuerto. La solución es conseguir un cargador para poder conectar el dispositivo al coche y poder continuar la ruta. Son casi las diez, y ya he pasado dos gasolineras cerradas, a ver si los astros se alinean y puedo hallar una en funcionamiento. No me queda otra opción que ser paciente y, conducir con todos los sentidos alerta, buscando una señal que me dirija a una estación de servicio abierta.

Resuelta la divertida anécdota, me encuentro con una sonriente amiga que me recibe de manera entrañable. Aparco el coche en el garaje del edificio y nos vamos a su oficina: +DOS, un chulísimo bistro-bar, en el que junto a dos simpatiquísimas amigas más, cenamos y bebemos unos vinos.  Si Chris me viese, se moriría de envidia.

Verity, es una encantadora amiga desde hace años. Primeramente nos conocimos a través de las redes sociales, al tener un buen amigo en común. Un día pasamos de la pantalla a la vida real. Yo andaba organizando un evento ciclista que nunca llegó a ver la luz, y ella iba a ser la fotógrafa oficial. Una mañana nos juntamos en tierras alicantinas para recorrer unas sendas y ver donde podría hacer su trabajo lo mejor posible. Mariano Such, Lola Roselló, ella y yo, disfrutamos de una mañana llena de risas y monte. Tras aquel primer contacto, han ido sucediéndose otros, y así se ha ido cosiendo la telaraña que apuntala y atrapa nuestra buena amistad.

La luz de la mañana es algo que siempre me gusta observar cuando viajo. Al cambiar la latitud y sobre todo la longitud, todo se trastoca y deja de verse como en mi amada Murcia.

mapa-dia-1Al subir la persiana, unos rayos de sol límpidos, y hasta me atrevería a decir que sobrios, llenan mis retinas. Me encanta, la escena es preciosa. El cielo está preparado para formar parte del escenario que vamos a recorrer en bicicleta. Viste un azul pastel delicioso, algunas nubes pizpiretas y revoltosas se mecen en la inmensa bóveda celeste, y un toque otoñal que crea una composición perfecta.

Anoche acordamos no poner alarmas, sino que nos levantaríamos tranquilamente, sin prisas, prestos a desayunar en compañía de Pelusa, la perrita galgo que Verity tiene en casa como compañera y mucho más.

Entre naranjas exprimiéndose, gachas de avena con canela y miel en el fogón, humeante café negro y algunas frutas, nos ponemos al día de nuestros avatares deportivos, de los chascarrillos propios que tenemos con nuestro amigo Chris Hallwood, y del recorrido que hoy vamos a ciclar por estas tierras de la Meseta, tan castizas y bonitas.

Ya en la calle nos ajustamos las calas del pedal derecho y tras ese mini empellón inicial las ruedas comienzan a moverse y así arranca una anhelada ruta y, otra de mis aventuras.

Sonrientes y hablando hasta por los codos cruzamos Colmenar. Es cuesta arriba, el arranque en pocos minutos nos obliga a concentrarnos un poquito y sentir que los cuerpos van calentándose.

Acabado el callejeo nos encajamos en un carril bici paralelo a una importante carretera llena de tráfico. Hay mucho movimiento deportivo, esta vía única y exclusivamente para nosotros está muy castigada, el pavimento muestra heridas y laceraciones por todas partes. Señal de que se recorre mucho, y efectivamente doy fe de ello. Hay ciclistas de todas las condiciones haciendo uso de la vía, disfrutando su mañana de sábado practicando este divino deporte nuestro.

senal-de-carreteraLos kilómetros van sucediéndose sin grandes novedades. El paisaje a nuestro alrededor es más bien un prado extensísimo, con apenas elevaciones del terreno y frente a nosotros hay unos buenos muros montañosos, que sé que vamos a escalar y dominar.

Atravesamos Soto del Real, y nuestras ruedas delanteras apuntan hacia Miraflores de la sierra, donde Verity aún no tiene claro cuál va a ser nuestro objetivo, si subir el puerto de La Canencia o el de  La Morcuera. Ante mi ignorancia, lo único que le pregunto al llegar al cruce de caminos que nos ofrece ambas joyas, es cuál de las dos subidas es más dura, pues… ya que he llegado tan lejos este fin de semana, me apetece apretarme los riñones subiendo algo digno de recordar.

La Morcuera es el puerto elegido.

verity-dia-iiPoco a poco vamos abandonando el casco urbano de Miraflores y nos desplazamos por la base de la montaña. La carretera tiene un firme impoluto. Los arcenes flanqueados de un barranco impresionante a la izquierda y de una frondosa montaña cuajada de arroyos y fuentes a la diestra. Los robles se alternan con las rosaledas silvestres, la arboleda es muy distinta a la que estoy acostumbrado por mi vertiente mediterránea.

No tenemos arcén pero la mayor parte de los vehículos a motor nos respetan en todos los sentidos, no tengo la sensación de miedo a ser atropellado o sacado de la carretera. La vía es estrecha, en algunos tramos difícilmente pasan dos turismos sin aflojar su velocidad e intentar sortearse de la mejor manera posible. Suben y bajan ciclistas de manera incesante.

Verity, es una deportista de fondo y aunque lleva una temporada sin entrenar con la bici demuestra que es una triatleta sufridora y de raza. Marca su ritmo y nada ni nadie es capaz de hacerla desistir. Asciende. Pedalada a pedalada, dejando atrás metros y metros de mediana y quitamiedos metálicos. Marcándose su propio ritmo me guía montaña arriba.

rascafriaLa inclinación es del ocho por ciento, no dejamos de ver en las señales de tráfico los kilómetros que nos quedan hasta la cima y el tanto por ciento de desnivel que nos castiga las piernas.

En ningún momento lo hago con ánimo de exhibicionismo, pero mi condición física es bastante más fuerte que la de mi compañera, pues no dejo de entrenar a diario con mis bicicletas, y su ritmo y el mío para ser adaptados exigen que mi cadena no abandone el plato grande. Unas veces delante de ella y otras a su rueda trasera, me levanto del sillín y comienzo a pedalear muy “atrancado”, con una cadencia durísima. Así cuando corone la cima sentiré en mis piernas que ha merecido la pena llegar tan alto.

Me entretengo haciendo algunas fotos, me marco mini tramos en los que despego y aumento mi velocidad, dando la vuelta y bajando a rescatar a mi guía.

El paisaje es bellísimo, la temperatura fresquita, te permite sudar lo justo sin empapar la camiseta. El trasiego de ciclistas hace que los saludos llenen el silencio del pedaleo. Es altísimo el flujo de compañeros, tanto con bicicletas de montaña como de carretera. Deportistas con planta de galgo viejo unos, amateurs como yo, otros vestidos como si fuesen a pedalear al Polo Norte, hasta alguno con chándal y zapatillas de tenis. Todos tenemos nuestro mérito, todos, el mero hecho de subirse a una bicicleta y afrontar semejante ascenso bien vale un respeto.

la-morcuera-soloLos kilómetros pesan, y animo a la dibujante británica. No lo necesita, pero la espueleo un poco, intento que su pundonor se venga arriba y tense la cadena un poco más si cabe.

Ya vemos el mirador a nuestro frente, no puedo evitarlo, tras leer la marca de 1km en el herético asfalto, bajo la cadena dos coronas e imprimo a mis piernas un ritmo alto, sé que un kilómetro se puede hacer muy largo, pero no me importa, si no consigo acabarlo de esta guisa es porque habré quemado todas la naves en el esfuerzo.

Arriba ambos, descansamos, disfrutamos de las magníficas vistas que nos ofrece este paso de montaña de la sierra de Guadarrama y sin dejarnos caer por la vertiente contraria, nos paramos unos minutos a recuperar los alientos, hacer unas fotografías y disfrutar del ganado suelto por estos predios. Ha sido un ascenso increíblemente duro a la par de bello y disfrutón.

El descenso es peligroso, el asfalto está húmedo y es muy fino, si la presión en las manetas de freno no es el correcto puedo derrapar y caer al vacío sin remisión, así es que voy a intentar bajar todo lo rápido que pueda pero siempre consciente de que no he de forzar los frenos.

la-morcuera-con-verityLo que tanto costó subir ahora es una gozada, hay tramos en los que puedo pedalear con todo “el hierro” metido, alcanzando los setenta kilómetros a la hora en un tramo. Hay un par de veces en las que los conductores me han visto por el retrovisor y se han ladeado un poco para dejarme adelantar. Es una locura de curvas y tramos que te piden aceleración máxima. No obstante no bajo todo lo rápido que pudiera hacerse, siempre busco el equilibrio justo para poder frenar en las curvas y no ponerme en peligro, o al menos eso he creído que hacía.

Minutos después me alcanza Verity en la entrada a Miraflores y decidimos endilgarnos unas buenas cervezas en una de las terracitas de la plaza del pueblo. El sol nos baña y calienta hasta los huesos, porque en la bajada he pasado mucho frío, pero mucho. Unas deliciosas aceitunas aliñadas con romero son el recuperador más delicioso que podemos utilizar.

Poco a poco deshacemos el camino por el carril bici y antes de darnos cuenta estamos castigando unas hamburguesas en +DOS.

Domingo, camino a Matalpino.

Tímidamente siento sobre mis párpados la caricia del nuevo día. Anoche no bajé la persiana de la habitación. Tan sólo corrí el blanco visillo sobre la ventana, con la única intención de despertarme al tiempo que el sol asciende en su diaria búsqueda del ocaso, esperando a Ícaro con sus cálidos rayos de luz. Momento idóneo para enfundarme las cómodas prendas de ciclista y salir a desayunar con mis dos amables anfitrionas.

Una única pedalada, tímida y carente de esfuerzo, es la que marca el inicio de otra nueva ruta, diferente, divertida y rodadora.

Por el mismo itinerario que ayer, cruzamos las calles de Colmenar, pero hoy hay prevista una parada inicial. Toca: café y ¡manolitos!, en una confitería. Así que a disfrutar de unos sorbos de negro y humeante café al tiempo que ajusticiamos esas pequeñas delicias de hojaldre, chocolate y mantequilla que aquí llaman: manolitos.

mapa-dia-2La vía más cómoda y segura es nuevamente el carril bici, a la hora de abandonar Colmenar y dirigirnos al destino elegido.

 Hoy Verity siente que sus piernas han acusado el esfuerzo de ayer y no le gustaría repetir etapa alpina, sino que más bien le apetecería rodar y disfrutar de la mañana más relajadamente.

En Soto del Real nos desviamos dirección a Matalpino. Antes de llegar cruzamos por Manzanares El Real, y a nuestra derecha además de una impresionante formación rocosa, se yergue orgulloso y altanero su castillo. Aprovecho y medio de soslayo hago una foto con el móvil, aprovechando que el arcén es cómodo y amplio.

La mañana no tiene tramos de escalada y vamos a un ritmo alto, mi compañera es una gran rodadora y lo está dejando de manifiesto. El ritmo medio supera los treinta kilómetros a la hora hasta el momento.

Al ser domingo y hacer un día precioso, las carreteras están llenas de ciclistas. Las grupetas nos adelantan de forma incesante y nosotros en ocasiones también adelantamos a alguna. La sensación es muy festiva, todos haciendo deporte al sol, saludándonos al paso casi todos, pues lo hay que van tan concentrados que olvidan la buena costumbre de hacer un gesto a modo de saludo al cruzarse con otro ciclista, pero tampoco es mal de morir, tan sólo son el contrapunto que hace que esa grandísima mayoría que sí saluda se disfrute más.

selfie-dia-iiRodamos y rodamos, en esta ocasión apenas hay lugar a la conversación. Unas veces tirando yo, y  otras me refugio tras su rueda trasera, recuperando aliento y acercando mi rueda delantera al máximo para no tener que pedalear y parasitar su esfuerzo todo lo posible, siendo justo el espacio de un pelo el que dejo entre ambas cubiertas.

Cruzamos a la banda del embalse de Santillana, pudiendo ver como pequeñas bandadas de ánades levantan el vuelo juguetonamente. Tras la laguna hay un cerro por el que fantaseo imaginando rutas con mi bici de montaña.

Al desviarnos hacia Matalpino, el paisaje cambia radicalmente, comienza a verse un entorno más rural, donde las encinas, las vacas, caballos, muretes de granito y estacas de madera siembran las panorámicas. Algunos grajos negruzcos revolotean entre las umbrías de mini bosquetes de pinos y encinas. Es una postal inefable en la que nos fundimos ambos, formando parte de ella por unos instantes, en nuestro fugaz paso domincal.

laguna-de-manzanares-el-realPedaleo, pero voy más pendiente del paisaje que de las cifras de mi gps, podría deciros que estoy en ese punto casi de trance en el que la mente está ajena, lejana, elucubrando con los colores, formas del horizonte, arboledas, nubes y todo lo que pastorilmente mi mente encaja en mi más bucólico rinconcito mental; olvidado del pedaleo, desarrollos y demás variables de la ecuación del ciclista cuando está en marcha.

Al llegar a Cercena, hay que girar dirección a Soto del Real y vuelta a casa. Estos kilómetros son intensos, la tónica del día ha sido rodar en fila india persiguiéndonos. El cartuchazo final es un montón de kilómetros a un ritmo alto, muy alto, voy todo el tiempo tirando con fuerza. Verity y un agregado anónimo siguen mi estela, casi acuchillando mi espalda para no perder ese punto que ofrece el ir a rueda.

castilloLa mañana se interrumpe en un terrazita en Soto y con cerveza bautizamos el medio día. No todo va a ser esfuerzo y sufrimiento, también hay que darle al alma y al espíritu: regocijo. El tramo que nos espera hasta llegar a casa es todo cuesta abajo y por carril bici, nada que en unos minutos no tengamos despachado a buen ritmo.

Ha sido un fin de semana muy interesante, pues en lo deportivo he coronado un puerto de esos que todos vemos en las grandes etapas, he pasado por lugares muy bellos, y no he dejado de mover las piernas en unas siete horas aproximadamente. Ha valido la pena desplazarme hasta el centro de la piel de toro para recorrer estas jornadas matutinas tan buenas.

Tras pasar nuevamente por +DOS, disfrutamos de la buena mesa, pero esta vez con agua fresca y clara,  me quedan cuatro horas de conducción en mi retorno a casa.

VERITY, gracias por tu hospitalidad, amabilidad, simpatía y “paciencia”.

¡Hasta la próxima!

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6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Antonio dice:

    Grande Luis. Gracias, porque me enseñas a sacarle sabor a cada momento. Tantos momentos de la cotidianidad que nos suelen pasar desapercibidos y que sin embargo están llenos de sabor y color. Un abrazo.

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    1. Gracias a ti amigo por estar siempre al quite leyendome!!!

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  2. maribel dice:

    Es buenísima Luis me ha encantado y me he reído mucho al recordar esos mapas antiguos jejejejeje tu y el gps. Eres genial…

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    1. Muchas gracias Maribel, sin vuestras lecturas y apoyo este blog estaria perdido y ningun gps ni faro de Alejandria podria salvarlo.
      Un millon de gracias preciosa 😉

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  3. Luis, es que no paras. Menuda envidia…

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    1. Así que Usted no lleva kms… jejejje… un abrazo y gracias por leer este blog !!!!

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