Los Calares del Río Mundo’16

sandra1La generosidad de un amigo es el mejor activo que se puede gestionar en esta vida. Yo tengo suerte,  abusando de la vanidad, puedo decir a los cuatro vientos, si abriese una ventana sobre un barranco de cualquier lugar escarpado, que disfruto de muchos y maravillosos. De la mano de uno, que es hijo de estas montañas, compañero y hasta mi jefe, estoy  alojado a cuerpo de rey. Casa rústica, nueva, detalladísima, con ese ambiente que le confieren unos ventanales que al abrirlos por la mañana me impregnan de la magia de la montaña. Juan, difícil agradecerte todo con palabras. No puedo pedir mejor inicio. Otro, éste de mi pueblo,  al que siempre le tiendo mi agradecimiento sincero,  me ha prestado una bicicleta muy especial: FELT de 27’5 “ Plus. Una sencilla y grotesca máquina a primera vista. Curiosa cuando la manejas y, sacas la esencia que destila un cuadro  diseñado para ser goloso bajando y cómodo en el resto de los terrenos: JOHNBIKE, gracias, muchas gracias, siempre consigues hacerme disfrutar y divertirme muchísimo.

En esta crónica he querido empezar con los agradecimientos. Sin ellos la percepción de este aventurero incansable, no se hubiese teñido de un tinte tan especial como el que le ha conferido la luz del fin de semana.

Roberto, mi incansable compañero de rutas y algo más, con quien los kilómetros ya los puedo contar por centenares y las anécdotas archivar por años. Sergio, el chico nuevo de las carreras, un pura sangre encantador que no ceja por pulirse día a día a golpe de pedal.

También están los que conozco de mi entorno diario, que aportan su granito de arena. Hacen que cada apretón de manos, cada abrazo, sean un bálsamo de Fierabrás cómo el que Alonso Quijano anhelaba para curar todas sus heridas. Capote, Andrés y David: cabricas molineras que me hacen  sentir en casa. Candela Candela. Rojo de Lorquí, Jesús López, Pikio, los hermanos Rubio, Iván Cano y súper Pablo Fernández, mi poli favorito. Sandra Vázquez, con su cámara expectante y su dulce sonrisa, siempre dispuesta a disparar con ambas. El legendario Manu Titán, a quien sé que me encontraré en algún momento de la etapa. Catala y Juanjo López, los alicantinos. La Jefaza, Doña Elena Bravo, con quien espero compartir algún momento mágico como estamos acostumbrados a crear en cada carrera que coincidimos. Longi, sé que te tendré a tiro de piedra pero no podré darte alcance. Alonso “Navedo”, hombre grande de Pliego, con quien siempre coincido en el mismo sitio y  de igual manera, y espero poder seguir repitiendo el gesto por muchos años. Iñaki Alejo, quien no va a correr, pero es culpable de mucho bueno de lo que me va a pasar en esta aventurilla. A alguno de vosotros seguro que me he olvidado de nombrar, pero no de querer, así que disculpad mi omisión.

logoLCRM 2016.

El ciclista ha descansado fabulosamente. Aún no corretean tímidos los primeros rayos de luz matinal por las esquinas de Riópar. El frescor de la húmeda niebla lo inunda todo, hasta mi semblante se empapa de ella al abrir las hojas del ventanal, en mi saludo al nuevo día. Con esta maravillosa forma de comenzar, desayuno feliz, en soledad, velando los pertrechos necesarios para la navegación deportiva que me espera. Pausado, seguro de lo que tengo que hacer y sobre todo, consciente de a lo que me tengo que enfrentar.

Sabéis que la música siempre me acompaña en los momentos previos a cualquier ruta, esta mañana uno de los grandes de la movida madrileña de los ochenta, Manolo Tena, llena mi silencio con sus acordes y sus desgarradores versos. Avena con arpegios ochenteros, zumo, higos y una infusión de tomillo. ¡Delicioso!

Amaneciendo, viendo como huyen las sombras y un gato pardo por el callejón. Con la única compañía de las macetas, gorriones madrugadores y unos escalones, entro en “La Obra”, donde ha dormido mi peculiar compañera. Es una bicicleta de aluminio, con un montaje sencillo pero robusto, con ruedas de veintisiete pulgadas y media, tija telescópica y unas cubiertas de tres punto cero de balón. Aparentemente es como ir con una cosechadora al circuito del Jarama a disputar una prueba de la R5 Turbo Cup, pero os aseguro que estoy dispuesto a convertirla en una liebre saltarina y juguetona por estas estivaciones serranas que antaño pertenecieron al marquesado de Villena. Si algo me gusta en este mundillo del ciclismo de montaña es experimentar y no dejar de probarlo todo,  por lo menos, todo lo que esté a mi alcance.

Madrugar hace que me pueda colocar en una primerísima posición tras la línea de salida, hoy no voy a ser de los últimos. Mi experiencia en el año dos mil catorce fue terrible, gasté más de una hora esperando en los distintos puntos en los que nos tuvimos que detener, debido al tapón que se producía al no ser posible que todos circulásemos por algunos pasos estrechos. Poco a poco comienzan a llegar caras conocidas. Nos vamos apretando, el espacio se reduce conforme llegan los demás participantes. Mil doscientas almas vamos a disputar esta prueba en el día de hoy, todo un sobreesfuerzo para los organizadores. Marabunta humana de las buenas.

salida-sandra-2La Cabra Racing Team, me envuelve. Andrés, David y el locuaz Paco Capote van a ser mi recua en los primeros kilómetros, después nos dispersaremos, inevitable. Más elevado o menos, el ritmo de cada uno se impondrá al del grupo.

Una hora de plantón bien vale salir cerca de los que corren de verdad. Estamos pasando algo de frío, pero no es bueno abrigarse en demasía, la previsión del tiempo para esta mañana es soleada y con temperaturas altas, es preferible tiritar un poco entre los jocosos chascarrillos propios de la tropa mientras espera, que ir acalorado y empapado en sudor. En cuanto nos pongamos a bregar por las sendas e intentemos coronar El Calar a buen ritmo, nos van a sobrar hasta los calcetines. Yo sólo llevo unos manguitos que más tarde bajaré hasta las muñecas y una fina bufandita que también me quitaré en cuanto la sienta húmeda.

En el ínterin de la espera veo pasar muchas caras conocidas. Una de ellas la de Elena Bravo, a quien no puedo saludar por la distancia y el ruido ambiental. Ya la veré más tarde.

Llega el momento esperado,  suena el pistoletazo de salida. Poco a poco y con mucho cuidado hay que ir poniendo las bielas en marcha. Es un momento muy delicado, el más mínimo contacto con otro compañero puede suponer una fea caída, y nadie desea verse en el frío y herético asfalto tirado. Todos vamos llenos de energías irrefrenables. Ímpetus rebosantes, venas llenas de sangre ardiente que busca desfogarse sobre dos ruedas. Aún siendo el tramo neutralizado el que corremos por la población, el ritmo es alto, muy alto, las pulsaciones se amontonan en el cuello y hacen que sienta un pulso enloquecedor bajo mi pellejo. Los ciclistas aparecen por todas partes, es como un abordaje pirata descontrolado. Mis tres compañeros de tácito pacto mañanero van sucediéndose entre ellos, y yo enebro sus trazadas. A sabiendas de ser un momento tan complejo, avanzamos todas las posiciones que podemos, nadie mira el pulsímetro ni se fija en que estamos sometiendo  nuestras piernas a un esfuerzo absurdo nada más empezar, ¿eso quién lo piensa?, todos sentimos que tenemos que buscar nuestra posición en carrera lo antes posible y el espíritu competitivo nos corroe desde dentro, hay que darlo todo. Siempre se suele decir que se viene a disfrutar del recorrido, pero es mentira, nadie, y bien digo sin equivocarme, nadie se guarda nada. Todos metemos la directa en cuanto podemos y activamos el botón del sufrimiento penitente, el que nos hace apretar los dientes sin darnos cuenta, apretar los puños del manillar, sufrir calambres y dolores por todas partes;   hasta superar el último centímetro de carrera. Que nadie se engañe, somos ciclistas y esa sensación es inherente en todos nosotros, aquí nadie se pasea, ni se apea del carrusel hasta llegar a término.

salida-puebloLos primeros kilómetros corren por anchas pistas forestales, con elevado desnivel positivo. Gracias a esta estrategia los participantes pueden ir avanzando al ritmo que imprimen a sus pedales, sin tener que esperar que nadie les ceda el paso. Nosotros cuatro vamos al tresbolillo pero siempre hay contacto visual, bien sea por el rabillo del ojo o siguiéndonos la rueda trasera unos a otros.

Mi bicicleta es burda subiendo, no es la última, pero presiento que mi musculatura va a sufrir mucho debido al ancho de banda del neumático que tracciona sobre el terruño. Percibo un fuerte agarre, la sensación es preocupante, voy a racionar muy bien mis fuerzas para no quedarme huérfano de ellas antes de cruzar la línea de Meta. Mi frente ya va perlada de gotas de sudor y a la más mínima ocasión levanto las manos del manillar y bajo mis maguitos hasta las muñecas, necesito sentir el fresco aire montaraz.

Cruzamos un riachuelo con la profundidad justa para sumergir las zapatillas en sus cristalinas aguas. Ahora sí que refrigero bien, llevo los pies de lo más fríos que pudiese imaginar y en vez de suponerme un pequeño trastorno como compruebo que le supone a otros compañeros, a mí me encanta esta sensación. Este es el rock&roll del ciclismo de montaña.

antonio-martinez-1Roberto me alcanza en un punto en el que comienza una peligrosa y rápida bajada por un ancho vial lleno de gravilla. Me incita a seguirle, pero le dejo claro que hoy vamos a ir por separado, mi montura no me permite ir al ritmo de siempre, tengo que adaptarme a ella, con este mini plato que llevo instalado voy a tres cilindros y no a seis como está acostumbrado a verme rodar. Se deja caer como una gota de rocío resbalando por la hierba, silencioso, ágil, sinuoso… desaparece de mi vista. Dentro de mí una voz le desea mucha suerte, a la vez que musita entre dientes que le encantaría seguirle y repetir la dupla que conformamos la semana anterior en Teruel. No siempre sale todo como se desea, pero mi empresa no es moco de pavo, endilgarme este maratón de ciclismo de montaña con semejante armatoste no lo hace cualquiera y yo lo pienso terminar, y con la dignidad del que sabe que ha quemado hasta la última caloría para conseguirlo, y finalizar además en una posición respetable.

La vía se estrecha, deja de ser ancha y recta, se convierte en una algaida cuerda entre el barranco y el talud. Húmedo paso de rueda y resbaladizo, salteado de raíces tramposas y roquedo emergente. Se produce un tapón que con suerte sólo me supone cinco minutos de espera, voy en una buenísima posición. Los hay que atajan de forma tramposa, pero sólo se engañan ellos mismos. Aquí me separo de los chicos de La Cabra Racing Team.

serranoCamino al Calar, comienzo a templar mis piernas y, fantaseando imagino cómo sufrirían los hombres del siglo XVIII explotando las minas de San Jorge, extrayendo calamina. Este rincón de la piel de toro es unos de los pocos en los que se esconde un yacimiento natural de este mineral. Graubner, un vienés con visión de futuro, fue quien dio el toque de gracia a estas tierras y fundó un complejo metalúrgico conocido como “Reales Fábricas de Alcaraz”, donde se manufacturó el mejor latón de Europa. El agua es otro de los tesoros de la comarca, ya el propio nombre del asentamiento. Riopar Viejo, según algunas crónicas, como la del arzobispo Ximénez de Rada, procede de su río, Rivus Oppal, o río de la Zorra, que ha regado y dado vida al entorno, al que se confirió un halo de espiritualidad desde sus primeros pobladores. Agua y santuario.

Entre mis ensoñaciones y divagaciones, propias de mi lectura informativa la noche previa en la cama, a la luz de mi teléfono móvil, veo de  nuevo como hace dos años, frente a mí, un ciclista adusto, fuerte, a ritmo y con greñas oscuras. No es otro que Alonso de Pliego. Le hablo por la retaguardia de forma que rápidamente me reconozca. Nos alegramos ambos y creando costumbre nos acompañamos en la subida al Calar.

La subida es larga, vía crucis exigente de técnica y fuerza, pues a pesar de ser un camino ancho está plagado de grietas, piedras inexpugnables y franjas resbaladizas al máximo, sin olvidarnos de la pendiente que se convierte en algunos de sus puntos en una traba seria. A golpe de pedal y palabra, nos ponemos al día. Al igual que la vez anterior, llegamos a un punto en el que optamos por separarnos, subo el ritmo de mi atronadora Felt y me dirijo a la primera bajada técnica. Hasta ahora hemos ido salteando momentos de senditas y caminos cómodos.

dorsalTras coronar, el primer puerto, aprieto un pulsador en la parte izquierda del manillar y el asiento baja de forma automática hasta el cuadro. Me coloco en posición retrasada sobre la rueda motriz y comienzo una destartalada, rota y peligrosísima bajada en zigzag. Se mejora pronto el firme y se convierte en una rápida y culebreante senda entre helechos, encinas, madreselvas, escaramujos, zarzas, y un sinfín de arbustos del bosque mediterráneo. Ahora estoy disfrutando plenamente de ese “plus” de mis ruedas. Siento que los obstáculos son devorados por la horquilla y estas ruedas enormes hacen que sienta el “flow” a cada momento. Es un placer impresionante. La postura, gracias a la tija telescópica me permite derrapar a capricho en las curvas cerradas, dándome mucha seguridad y estabilidad. Además este cuadro está muy orientado a este tipo de navegación. Me siento como pez en el agua en las bajadas que otros hacen a pie. Sonrío automáticamente y disfruto a rabiar.

Entre sendas preciosas, pequeños arroyos que cruzamos, recodos divertidos de afrontar, compañeros a los que seguir a rueda entre altos predios plenos de abundantes hierbas aromáticas, contemplo a unos metros delante de mí la estampa de un ciclista que podría reconocer entre un millón. No es otro que Manu, ese sexagenario titánico, más bien hercúleo y descendiente de Coloso. Con esos colores tan propios de su idiosincrasia deportiva, me acerco por su retaguardia. Es además de un ciclista excepcional  una persona entrañable, que  atesora mucha experiencia. Le saludo, nos echamos unas risas y sigo a mi ritmo. Me encantaría poder ir al suyo y compartir una aventura al ciento por ciento con él, pero hoy llevo un descendiente de Babieca entre mis piernas  y quiero sacarle el jugo al máximo. Bajo la cadena una corona y me pierdo entre el frondoso follaje del lugar.

raquel-lolKilómetro a kilómetro voy notando que las piernas están trabajando mucho, hay momentos en los que las subidas se me atragantan, aunque no me flaquean, se dejan castigar y puedo subir la intensidad al máximo sin ningún problema. Esta bicicleta no avanza todo lo que yo quisiera en las subidas, pero sé a lo que he venido, y no es a otra cosa que a demostrarme que se puede sufrir a cualquier ritmo y con cualquier engendro, sea de carbono o aluminio, de rueda fina o gruesa, de las pulgadas que sean sus ruedas y de la marca que toque. Aún con todo este desgaste derrochador, sigo adelantando ciclistas, es algo que anima mucho y que recarga el glucógeno en la musculatura,  potencia el efecto placebo, es como un chute de energía extra.

Entre un paisaje casi lunar de alta montaña tengo que apretar los riñones a tope y ponerme sobre el extremo del sillín. La subida es dura y técnica, al más mínimo esfuerzo descontrolado la rueda trasera derrapará y me veré con los pies llenos de polvo del camino y no quiero que eso ocurra. Ni bajarme por cansancio ni por torpeza. Quiero subir aunque sea a ritmo de oruga coja, pero sobre mi bicicleta, sufriendo y notando como las gotas de sudor caen por mis mejillas y al llegar a la barbilla se convierten en un hilillo salado que cae sobre mis muslos.

ortoimagenAcabado el derroche veo que las sendas se están haciendo interminables, es un deleite increíble, voy recuperando aliento y sensaciones. El rictus ha pasado de sufrimiento a mueca de felicidad perenne. Recorrer estos parajes tan bonitos entre una vegetación tan densa y tupida es todo un placer inconmensurable. Kilómetros y kilómetros de trochas que van  alternándose las unas a las otras. Gente por todas partes, en los cruces, en los lugares peligrosos y agazapados tras algunos árboles fotografiándonos.

Siento que una mano se posa levemente sobre mi hombro izquierdo, espero que no me empuje. Ha sido como una caricia, no he visto quien ha podido ser, pero ha sido agradable. El reconocimiento del público es una recompensa insuperable. Sigo pedaleando en solitario hasta que en mitad de una senda en el kilómetro cincuenta me veo siendo la cola de una serpiente multicolor que recorre un fino camino húmedo y semiembarrado. Vamos entre finos pinos y encinas. Atrás han quedado los robustos pinos laricios, ahora el sotobosque lo estamos hilvanando a una velocidad divertidísima. Espero no descolgarme de este grupo, lleva un buen ritmo y  el ir el último me permite recuperar el aliento y bajar mucho mis pulsaciones.

perfilEstoy adueñándome muchísimo del entorno, de la ruta, de la gente, de esta bicicleta, del sol tan maravilloso, gozando de mi estado de forma, está siendo una mañana de ensueño. A cada momento noto que estoy más poderoso y con más fuerza.

El paso de las horas va notándose, aunque no siento ningún atisbo de calambres ni de desfallecimiento, sí que es verdad que experimento un cansancio generalizado, son más de tres horas y media de pedaleo intenso y las reservas se agotan. La mente puede ser nuestra mejor aliada o nuestro peor enemigo. En situaciones como en la que estoy inmerso, la mía, suele ofrecerme automáticamente las alternativas más fáciles. Las que están plagadas de opciones que me harían acabar en breve con el sufrimiento, pero como ya somos viejos conocidos hago por no escucharla y, le abro el cajón de los estribillos, repaso mis canciones más rockeras y sigo con mi tarea, intentando afanarme más si es posible, dejando la molicie atrás, pugnando por mantener los ánimos incólumes y seguir como el adusto y regio ciclista que siempre acaba lo que se propone.

antonio-martinez-2El desnivel va amontonándose en la pantalla del gps, aunque aún queda una buena porción de pastel que comernos.

Cruzamos la carretera,  y cuesta a cuesta vamos camino de Rivus Oppae o Riópar Viejo. Estamos digiriendo el desnivel que no aparecía por ninguna parte. Las costeras se amontonan una tras otra, en un momento dado no puedo evitarlo y mi rueda trasera patina y tengo que bajarme y parar la marcha. En este punto, justamente, me alcanza Jesús López. Me pongo a su rueda y tenemos que ir penando y subiendo.

En este sector estamos alternando grandes repechos con trialeras interminables y veredas que bajan entre las arboledas retorcidas como la vida misma. Hay momentos de paz y lucidez mezclados con agonía, los cuerpos ya no quieren más subida, las piernas tiemblan a cada empeño, duelen, amenazan con acalambrarse. Es una situación de crisis, la recta final está siendo durísima. Hace un rato he acabado con mi último gel y me queda agua suficiente para dar los últimos tragos.

14666315_10154074301983207_6699938024343662372_nVoy coronando la etapa entre eneas, zarzas e higueras. Es un rincón de lo más idílico. Por el centro del senderillo baja un tímido cauce de agua. Rodamos por un mini cono de deyección de aguas, creo que estamos subiendo el sendero del olmo. Es precioso. Pedalear y sentir el agua bajo las cubiertas, notar que mis excesivas ruedas me están dando una tracción superior a la de los que me anteceden es un lujazo. No necesito bajarme en ningún momento. Esto cada vez es más interesante, vaya carrerón que estamos disputando. Riópar es alucinante.

Las  ruedas de mi Felt están horadando bajadas retorcidas, traidoras y muy empinadas. Me estoy atreviendo con todo, intento echar el miedo en el bolsillo en el que guardo los envoltorios de los geles que me he comido. Si cedo a la presión y dudo sé que me caeré malamente, así que igual que en Puertomingalvo voy a soltar el freno delantero y voy a dejarme caer de la mejor forma posible. La bicicleta está obrando la mayor parte del éxito, me permite bajar sentado con el centro de gravedad atrasadísimo y muy bajo. Hasta noto placer al ver que he de retrasar todo lo posible mi cuerpo y retorcer el manillar entre raíces y líticos obstáculos. Es la mejor parte del circuito, es una locura. Hay un punto en el que la bajada está muy rota y complicada, aquí sí que voy a bajarme, este canchal es para gente muy hábil y sé que aún no he llegado a este nivel, ser prudente puede suponerme mucha integridad física.

30257009062_3bcdfb7c3c_bVeo la población, los tejados rojos anuncian que la fiesta se acaba, que la recompensa está cercana, que mi cuerpo va a poder relajarse y descansar. Mi ser se estremece al ver que abandono el terruño y entro en calles asfaltadas. La gente nos jalea y anima al vernos. Es el momento final, hay que subir la cremallera del maillot, quitarse los mocos de la cara, colocar el casco y las gafas en buena posición y adecentarse, a pesar de ir salpicado de barro por todas partes. Cruzar la meta en LCRM 2016 en un tiempo de cinco horas y cincuenta minutos, no es nada sencillo a tenor de la compañera que he pilotado durante toda la prueba. Hago uso de mis reservas y por las calles de la preciosa joya albaceteña me pongo de pie y pedaleo con toda la fuerza de que dispongo, que el público vea a un ciclista aguerrido, luchador, hay que pagarles todo el cariño que nos han brindado durante todo el fin de semana y esta creo que es la mejor de las maneras, hacerles ver que hemos disfrutado y luchado todo lo que hemos podido.

candela-candelaFeliz y orgulloso cruzo la línea de meta.

Gracias a Juan, tengo mi alojamiento a escasos metros de la línea de llegada. En silencio y presto me dejo caer por la calle principal hasta “La Obra” y me doy una ducha antagónica. Sentado, con los ojos cerrados y sintiendo como el agua hirviente ablanda mi piel y cambia mi semblante. La salitrosa pátina que me envolvía tras setenta y seis kilómetros de maratón ahora se diluye con el agua jabonosa, se pierde, se aleja, me abandona.

despedida-cronobikeTras el último golpe de perfume sobre la piel de mi cuello decido ponerme el maillot que la organización nos regaló con la inscripción, unos vaqueros negros y acercarme al punto de carrera en donde un delicioso gazpacho manchego me espera. Excelente vianda a la hora de recuperar el esfuerzo de la jornada. Junto a Roberto y Sergio, repito plato y cerveza. Hablamos de nuestros avatares en carrera, de eventos anteriores y de los que soñamos hacer juntos y por separado en venideros días de ciclismo y aventura.

Entre golpe de tenedor aparece recién salida de una trinchera, heroína del campo de batalla, Elena Bravo. No podía quedar la cosa con un simple avistamiento fugaz en la salida, me acerco a ella y dándole dos besos y un abrazo cariñoso la felicito por haber acabado una carrera tan dura y exigente. Entre risas y momentos de la etapa aparece Sandra, vamos haciendo banda poco a poco. Nos fotografiamos en grupo, nos regalamos un momento de asueto único.

Me despido de la prole y me voy a tomar café con Elena y Sandra, mientras los vencedores suben al podio. Nuestro premio es el sol sobre nuestras pieles, los amargos del café, las fotografías de todos los que como Sandra han dado su tiempo y su arte a lo largo de todo el recorrido.

salida-sandra-1Ya cae la tarde y me reúno con mi anfitrión. Nos vamos caminando a Los Bronces y allí doy castigo a un buen bocadillo de pollo con queso y aceite de oliva, regado con abundante cerveza. Mi cuerpo necesita cerrar la famosa ventana anabólica, y que mejor manera que sin dejar de comer.

Sintiendo la tarde refrescar, y junto a mi compañero y al concejal de urbanismo, un simpar amigo de la localidad, arreglamos el mundo un rato y nos echamos unas risas a modo de broche para cerrar un día de mucho ajetreo para las gentes del lugar.

Suenan fuerte las palmadas que nos damos en la espalda, es la despedida, me subo al coche y doy la espalda al que ha sido otro gran fin de semana sembrado de perlas inolvidables.

Pd: mientras tomábamos café, las chicas y yo, estuvieron llamando por megafonía a Elena para que subiese al podio como segunda clasificada en su categoría (Master40 femenino). Jamás imaginaba ella que hubiese sido capaz de ser la segunda clasificada en su categoría. Día a día deja patente que no sólo su calidad humana la hace despuntar por donde pasa, sino también su poderío deportivo que la hace que brille más y más. ¡ENHORABUENA CAMPEONA!

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. joan josep pascual ferrandiz dice:

    Como siempre…Espectacular, casi, casi como si hubiera estado, jeje y me ha hecho recordar a mi compañero de podio en la Titan de la Mancha, Manu Titan. Gràcias por el deleite.

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  2. Pepe Martinez dice:

    gracias Luis por hacernos disfrutar de nuevo lo vivido en Riopar, aunque yo me vengue del sufrimiento en el asador Emilio. Emotiva cronica, un saludo

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    1. Gracias a tí por pasar por, este, mi rinconcillo cibernético en el que disfruto contando lo que el ciclista siente y disfruta. Gracias….

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