III TRANSHIGHLANDS (etapa 1)

20161001_084943PRÓLOGO.

Rapsoda, poeta, cronista, bardo, etc… hay mil formas de sentirse a la hora de sentarse a escribir para contar a los demás algo soñado o vivido,  irreal o de este mundo. Difícilmente se puede superar el vocablo, “inefable”, a la hora de expresar lo que el autor experimenta cuando las letras fluyen una a una, jugueteando por sus párrafos y líneas, llenando y manchando páginas y webs, siendo capaz de hacer disfrutar al lector de lo que hay dentro de ese oculto personaje que es el autor.  Desde siempre se han contado viajes fabulosos, Píndaro los contaba de Jasón, Homero de Odiseo, Jenofonte los suyos propios, y yo, vuestro humilde bloguero  os cuento los periplos de Sincrolador, ese personaje que sobre una bicicleta descubre desiertos y montañas, bosques y páramos, baja por valles y surca planicies infinitas o tan sólo acompaña silente las aguas de cualquier río en su devenir diario hacia el anhelado mar. Hoy, son tres los viajeros  que, juntos, arrancan desde Benidorm camino a Puertomingalvo para afrontar dos estupendos días de ciclismo de montaña. En esta comitiva tenemos la magia de la juventud en Sergio, a Roberto, que al igual que Quirón,  sabio centauro, sabe todo lo que hay que saber sobre las dos etapas; no hay lugar a la improvisación, domina cada milímetro del recorrido con su gps, siéndonos tan útil como le fue el mascarón mágico de su nave a Jasón; y el redactor, quien con su fría cadencia intentará moderar bríos y sosegar momentos de arrebato.

Apolonio de Rodas, se dedicó en cuerpo y alma a recopilar en la biblioteca de Alejandría conocimientos durante la mitad de su vida para poder dar vida a su obra: “Las Argonáuticas”, letras que le inmortalizaron y llenaron en vida de reconocimiento y parabienes. Hoy,  Apolo Esperanza, geógrafo y amante del medioambiente y el deporte, nos va a dejar correr por las líneas forestales de su obra, de su peregrinaje por el mundo del conocimiento deportivo, obligándonos a ser esos viajeros de la Argo de Píndaro, esos ilusos que buscaban su Vellocino dorado. En nuestro caso la dorada piel de bóvido será nuestra superación personal, y nuestra meta no estará en la Cólquide a orillas del Mar Negro, sino en Gúdar y Puertomingalvo, en las altas montañas turolenses.

TransHighlands, es un evento que se compone de dos etapas. El primer día hay que recorrer algo más de setenta kilómetros y afrontar un desnivel acumulado levemente superior a los dos mil metros positivos. Es una ruta lineal, no circular, así que la organización gentil y disciplinadamente nos transportará equipajes y demás utillerías al alojamiento en el que pernoctaremos la noche del sábado. El recorrido se prevé duro, agreste, lleno de dificultades que deberemos afrontar con inteligencia a la par de con un buen par de piernas y un inmejorable estado de forma general. El segundo día, saldremos desde Gúdar, pequeña joya de la serranía aragonesa, y deberemos pedalear unos diez kilómetros más aproximadamente, y subir también un poco más en cuanto a desnivel positivo acumulado se refiere. Ambas etapas forman un todo, que nos ocupará muchas horas de sufrimiento sobre nuestras bicicletas de montaña. Todo esto cicatrizando las comarcas de los pueblos más altos de España. Roberto y yo competimos en la modalidad de “pareja masculina” y Sergio compite en categoría Elite como a su edad corresponde.

20160930_233000Sábado, Puertomingalvo-Gúdar: 1ª etapa.

Tras una buena noche de descanso reparador, los primeros rayos de la alborada atraviesan el límpido cristal de la ventana del apartamento. Acarician mi semblante, pausada y dulcemente voy despertando. Ha sido una noche excelente, un remanso de paz en el que he descansado más de lo previsto,  tras unas horas de viaje e infinitas curvas, pensé que mi sueño sería más frágil e intranquilo, pero errado pensamiento el mío.

Ataviado como la ocasión lo requiere vuelvo a dar un último repaso a todo lo que necesito y a la bicicleta. Una vez que todo está en orden y bien engrasado, nos vamos a desayunar. Hay tiempo suficiente para hacer todo lo necesario de forma pausada, sin las prisas propias de cuando salgo desde casa y llego con el tiempo justo.

img-20161001-wa0013-1Es precioso disfrutar como la luz va inundando estas históricas calles, manchando de bellos colores las fachadas, árboles y rincones de la población. A modo de calentamiento voy circulando sin sentido,  vagueando por los empedrados, torciendo esquinas, asomándome a los confines que los miradores del pueblo regalan. Cada calle es un mirador esplendoroso y único. Las montañas se pliegan sobre sí mismas, unas contra otras, formando ondulados horizontes tapizados de toda clase de verdes.

 A la espalda llevo mi mochila naranja, compañera de todos mis viajes, conocedora de bellos rincones de la piel de toro y con quien he cruzado mares y océanos, y  sobrevolado los Alpes tantas veces para apaciguar mi sed de viajero en las aguas del Rin. Estamos encajados en un increíble entorno montaraz y serrano.

 El tiempo creo que es más denso, por eso percibo la sensación de que todo sucede más lentamente. Aquí creo que se vive más en paz, más en calma, más, simplemente eso, aquí creo que sin tanta urbe ni prisas, se vive: más.

img-20160930-wa0023-1Los nervios se disimulan con los temblorcillos que el frescor matinal me provoca.

Frente a la sala diáfana, como aquí llaman a esta construcción de sillares modernos,  válida para reuniones y toda clase de eventos públicos y vecinales, nos vamos congregando el centenar de ciclistas que  hemos decidido acometer esta empresa, de tintes y aires homéricos, si la extrapolamos a los tiempos de la clásica Grecia.

20161001_084835La organización pulula por todas partes perfilando los últimos detalles y un simpar personaje anda ataviándose para la ocasión, caracterizándose de cristiano con tintes de cruzado a las órdenes de Santiago y de la Cristiandad. Este amable amigo, Miguel Ángel Trenco, que así es como se llama, nos lleva informando desde primeras horas de la mañana sobre la historia del entorno, sobre su ornitología, geología y botánica. Llegado el momento previo a la explosión de energía humana, Miguel Ángel nos va a leer unas letras, escritas de su puño y letra, a modo de pistoletazo inicial, que rozan la épica gloria de las atávicas gestas de los héroes locales en la reconquista. Su obra se llama:

“Centauros con espuelas de acero”.

He aquí, centauros con espuelas de acero,

que cabalgaréis sin freno hasta el infinito estas tierras agrestes. 

En vuestro periplo, me consta… vais a poner el corazón,

músculos e incluso vuestros huesos. 

Al igual que esos nobles cruzados, que atravesaron a caballo

estos insólitos paisajes, salpicados de nieve y vellones de lana. 

¡Agua!, silencio sepulcral, recreo del espíritu y, viento inmemorial,

 os aproxima a los caminos del destino que habéis elegido y eso.. ¡está bien! 

¡Pedaleo, pedaleo, pedaleooo centauro! 

Piernas troqueladas por kilómetros y kilómetros de montaña,

corazón  palpitante y afán descubridor. 

Pétreas vuestras armaduras, y el pétreo carácter del lugar,

de los puertomingalvinos, chichillinos y gudarenses,

que os darán una cálida bienvenida, a sus dominios. 

¡Sin más!, ¿a qué esperáis? 

Centauros con espuelas de acero: ¡ Cabalgad!, ¡Cabalgad!, ¡Cabalgad hasta la extenuación!

poeta-1 

Tras el último y desgarrador grito del juglar, nos erguimos sobre nuestras bicicletas y siguiendo a la organización, de forma sincronizada y neutralizada vamos recorriendo las calles del pueblo. Sufriendo una infernal manera de comenzar. Todas y cada una de las cuestas empinadas de este pueblo de montaña las estamos subiendo nada más comenzar y los pulsímetros se aceleran demasiado. La emoción se amontona con nuestros jadeos, la temperatura comienza a subir rápidamente y tímidas gotas de sudor perlan mi frente y creo que la de casi todos mis compañeros de carrera. Roberto y yo vamos jugando al ratón y al gato entre los demás ciclistas, no queremos perder el contacto visual pero tampoco queremos tener una caída por culpa de las estrecheces de las encajadas calles y aglomerado pelotón.

Acabado el tramo neutralizado nos hacen bajar una espectacular calle desmembrada, adoquinada, sembrada de verdín, quebradas curvas de casi trescientos sesenta grados,  llena de agujeros y pedruscos que empiezan a calentar los retenes de nuestras horquillas. Los frenos locos, las posturas atrasadas y los ánimos al viento, llenos de entusiasmo ante semejante inicio.

14695461_10211461852569855_2361907649694116826_nYa puestos en carrera, comenzamos a cruzar campos por caminos preciosos. Mirando a diestra y siniestra voy viendo el entorno en el que vamos a jugarnos los cuartos, sólo hay montañas y montañas, cual más alta y majestuosa. Me encanta, esta locura en la que me he embarcado sin apenas haber entrenado sé que me va a costar sudor y lágrimas, rebuscar mucho dentro de mí y sacar todo el arsenal que los años de experiencia sobre la bici me han regalado, esto va a ser una durísima contienda, física y psicológica.

Vamos cogiendo grupos que se adelantan, nuestra estrategia es intentar coger un buen contingente que pedalee a un ritmo alegre y seguirles hasta donde podamos. Así vamos haciendo los primeros  kilómetros entre pistas y caminos forrados de ramas de escaramujo lacerantes, esperándonos, dispuestas a profanar nuestros pellejos.

Entre subidas vamos haciéndonos nuestro sitio, y en las bajadas, Roberto y yo adelantamos mucho terreno con respecto a nuestros compañeros. Hoy me siento ágil y los pedregales me los como todos sin apenas pulsar las manetas de freno. Disfruto apurando las curvas y de vez en cuando imprimo un pedaleo potente que me separa de todos los que tengo a mi alrededor. Rulos  unas  veces me abre camino con sus ruedas y otras, las menos, me persigue sonriente.

perfil-etapa-1No hay una sola rampa desdeñable, aquí todas las cuestas son empinadísimas. Además estamos viendo que no hay lugar al descanso en el pedaleo, los caminos están rotos, empedrados, son auténticos canchales, hasta en las bajadas hay que ir negociando y pedaleando, este tipo de terreno hace que avancemos más lento de lo previsto y gastando más energías de las deseadas. Vamos a tener que emplearnos a fondo. Si estas condiciones siguen así esto va a ser un camino directo al purgatorio y posiblemente hagamos cola en el ambigú del infierno.

Casi un cinco por ciento de desnivel, algo más de cinco kilómetros y conseguimos coronar el primer puerto del perfil, a unos 1.461 m.s.n.m. al que llaman el Portillo. Ya vamos cogiendo nuestra posición en carrera, veo que somos unos diez competidores los que vamos adelantándonos mutuamente de forma alternante. Señal de que todos vamos más o menos al mismo nivel.

Antes de llegar a Mosqueruela, donde está instalado el primer avituallamiento, bajamos unas rapidísimas pistas forestales donde nuevamente conseguimos poner distancia entre los demás ciclistas que nos acompañan. Bajamos realmente rápidos y tal vez un tanto descarados, pues al llegar a los pequeños segmentos de llano ponemos una cadencia máxima y pedaleamos tan potentemente que parece que vamos flotando sobre nuestros cuadros y la gravilla de los anchos viales terrosos.  Al llegar a la población unas preciosas cuestas asfaltadas nos ajetrean nuevamente y nos enfrentamos a una subida comentada en la charla del viernes por la noche. Frente a nuestros manillares hay un zigzag roto y con un desnivel atroz que nos va a poner a prueba. Los pedales echan humo y nuestros hollares no dan más de sí. Las piernas duelen, y tenemos que negociar hasta el más mínimo milímetro de la cuesta. Llega un momento en el que las cubiertas resbalan y las fuerzas se disipan, obligándonos a poner el pie en tierra y subir empujando las bicicletas. A la vez que padecemos estos metros de agonía, dos drones nos sobrevuelan y nos graban en los momentos menos deseados,  que  reflejan la dureza que va adquiriendo la prueba.

Aún no llevamos veinte kilómetros y el terreno hace que avancemos lentos, más de lo esperado, rodamos sobre pastos, sobre pedregales interminables, caminos enraizadamente endiablados, flanqueados de las secas y afiladas ramas de multitud encinas bajas.

Nuevamente nos subimos a las monturas y continuamos nuestro devenir por el Sistema Ibérico, modelado a golpe de glaciar, vientos y plegamientos tectónicos como el alpino. Es imposible poder describiros en mi primer paso por estos predios la magnificencia de la riqueza biológica y geológica que voy viendo. Lo mismo tengo frente a mí grandes muros pétreos de calizas moldeadas a capricho de los milenios trascurridos, como grandes circos esculpidos como si a compás se hubiesen cortado. Los despeñaderos son abismales, hay momentos en los que  ciclamos sobre sendas que dan la mano al infierno si nos descuidamos. A la mente me viene la idea de comparar esta comarca como un tsunami de montañas, es increíble la consecución de las mismas, es un mar montañoso sobre el que flotan millones de pinos, encinas, enebros, nogales, hayas y un sinfín de matorrales propios del bosque mediterráneo. Las retamas están en flor y son un espectáculo. Las aromáticas a nuestro paso expelen esa identidad olorosa propia de cada una. Huelo romeros, tomillos, jaras, coronillas de fraile, salvias y, muchísimas otras hierbas más, que a los lados del camino que me recuerdan a mi sierra de La Pila. Aquí las altitudes son diferentes y se nota mucho en la vegetación cuando ascendemos, todo comienza a ser más bajo y menos denso, sólo las herbáceas crecen fuertes y verdes. Aunque hay momentos en los que no sé si veo pequeños prados entre los bosquetes de tonos azulado verdosos, verde azulados, grisáceos degradados; difícil para mi ojo escudriñar y tipificar esta mágica paleta de colores que a ras de suelo tapiza todo lo que crece bajo los árboles.

img-20161001-wa0004-1Nuestro siguiente molino cervantino  a lancear cual hidalgos caballeros, es el pico de Hornillo, a 1906 metros sobre el nivel del mar, y vamos a tener que fundirnos bien con nuestras bicicletas, la subida es dura y excelsa, prolija en cuestas y momentos exigentes. Así, poco a poco, y vigilando el ritmo y las frecuencias cardíacas de Roberto y mía, ascendemos. No queremos caer en la tentación de engolosinarnos en las primeras pruebas de fuerza y vaciar nuestras reservas, esto es una carrera de fondo dividida en dos días, así que hay que saber guardar energías sin bajar la guardia y el ritmo. Somos un buen binomio, Rulos  me da luz bajando, su rueda es mi guía y sus alarmas mi mejor defensa. Antes de alcanzar el avituallamiento de Valdelinares tenemos marcado en su pantalla Garmin una senda interesante. Efectivamente, la trocha es tremenda, deja de serlo para convertirse en trialera, él tiene que acostarse literalmente en un par de ocasiones sobre su rueda trasera y el sillín, teniendo que hacer uso de sus mejores habilidades técnicas para superar ese sector. Yo, por el contrario al escuchar el aviso de mi querido compañero me bajo de la bici y sigo pie. Acertadamente ha sido la opción apropiada, jamás creo que pueda bajar sobre mi bicicleta por un lugar como este, que no solamente tiene una pendiente brutal sino que está llena de surcos y escalones que demandan un gran manejo de la bicicleta y ya me gustaría poder hacerlo pero soy realista y conozco bien mis limitaciones. Eso sí, antes de llegar a la población, no os quepa duda de que he bajado por lugares que jamás hubiese pensado que lo pudiese hacer. Entre la tensión de ir en carrera, seguir los pasos de  Roberto y un poco de ganas de vencer mis miedos y esforzarme sobremanera he conseguido disfrutar por semejantes escalones naturales, recodos agrietados y momentos en los que en milisegundos he optado por soltar el freno delantero y dejar que ciclista y engendro mecánico fluyan cual  agua de lluvia entre estos pedregales traviesos. Estoy eufórico de ver lo que he dejado atrás y sin ningún traspies, mis venas arden de la cantidad de hormonas hostiles que han de pulular por ellas en este momento. ¡Qué increíble!

Llegados al avituallamiento reponemos líquidos y comemos algo de fruta.

Continuamos por semejantes parajes, alternando barrancos,  cañones cortados a cuchillo y prados preciosos. Las arboledas se alternan confiriendo un halo mágico a la mañana, en la que las fuerzas y los ánimos sigues incólumes e indemnes.

Frente a nosotros está la estación de esquí de Javalambre, vieja amiga de ruta y sufrimientos, hace unos cuatro años,  corriendo “La Invernal”, fue cuando pisé estos predios por primera vez.

El camino se convierte en un angosto, y a veces, adivinable hilo de hierbas pisadas, salteado de vacas negras y rubias, inmensas, astadas sobremanera pero de carácter afable y relajado. Subimos y seguimos subiendo. La tónica de esta etapa es siempre: subir. En un recodo está Carlos, parapetado en un pequeño altozano de hierbas altas, dispuesto a fotografiarnos y a advertirnos sobre la electrificación del vallado próximo que deberemos sortear. Sonreímos, posamos, y ascendemos a golpe de rodilla y pisar fuerte los pedales, este terreno es adherente y nos impide continuar con fluidez. Llegamos al punto de conectar con una senda que refleja el recorrido. Hemos de bajarnos de las bicicletas porque el espesor del prado nos impide subir semejante tramo que además está anegado de agua, barro y mierda de vaca. Al conseguir alcanzar el punto más alto, llega el momento del salto. Hay que salvar la valla eléctrica, dejo mi bici al otro lado y sin miramiento alguno apoyo mi mano izquierda sobre un poste de madera para apoyarme sin ver que tenía una docena de cables y alambres en su derredor. Zassss… nada más asirme la descarga se hace efectiva y mis dientes rechinan y curiosamente la piel muerta de los callos de mi mano se chamuscan, el olorcillo es una pasada. Entre las risas de Roberto y las mías, volvemos al asfalto mientras sacudo la mano a modo de pata aspaventosa.

14572979_10211299815079019_4896823934112672056_nEs impresionante que por todas partes el firme por el que rodamos sea o muy técnico o muy denso, siendo casi imposible sacar el máximo juego a nuestras monturas.

 Anna Bello, aparece también entre el vallado y se une a nosotros en la subida de asfalto. Lleva un pedaleo cómodo y se nota que está curtida en mil batallas.

Nos adentramos en una senda impresionante, que se convierte en trialera. El desnivel se acentúa, las piedras se multiplican. Las hay de todos los tamaños y formas. Bajar por aquí es una verdadera locura, pero no hay que dejarse llevar por la molicie, hay que dar alegría a los engendros de carbono, pues es la única forma de que bajen sin atrancarse. El lugar es precioso, es como si de repente hubiésemos taladrado con un sacacorchos gigante una densa selva y en ese vano, estuviésemos nosotros pedaleando, es mágico. La tortura no se acaba es interminable, se retuerce como una culebra a derecha e izquierda, se estrecha y se agrieta cada vez más, es difícil ver con claridad, la vista de tanto traqueteo llega un momento en el que se convierte en un sentido más intuitivo que objetivo. Los antebrazos comienzan a congestionarse, la presión de los tubeless es perfecta porque de lo contrario hace rato que habría esclafado mis cubiertas sobre las llantas. Qué locura de bajada, es interminable y además nos pone a prueba en cada piedra, imposible relajarnos.

14517520_10207578994977183_253274188255717456_nSaltamos de esta senda a otra bajada más cómoda, sin tanta piedra pero con la opción de volar sobre los tacos de nuestras cubiertas. Es agotador, no se descansa ni un solo segundo en esta etapa, los kilómetros ya se agolpan en las piernas y cada una de las piedras en los riñones. Mi zona lumbar es como un campo de minas, no deja de explorar a cada segundo en lugares diferentes. La sensación es extrañísima pues es un dolor inevitable a cada golpeteo pero no se puede parar, hay que seguir, y la única forma de sobrellevarlo es desconectando al máximo la recepción del dolor.  Activado el famoso: “modo zombi”.

Roberto queda tocado, se ha enfriado mucho en estas bajadas, Anna se ha retrasado, y yo voy eufórico, medio doblado de la espalda pero con ganas de seguir batallando. Hemos dejado atrás Santa Quiteria, el último pico elevado que nos quedaba por flanquear en esta jornada.

Entre caminos y repechos vamos apretando sin dejar todo el esfuerzo en el empeño.

Nos encontramos el último avituallamiento y paramos a comer dulcecillos de membrillo y otras albricias muy curiosas que a la sazón del néctar de la ambrosía olímpica nos reponen de ánimos. También nos rellenan un bidón con “mojito isotónico”, una divertida mezcla de bebidas y hierbabuena bien picada, que ofrece un regustillo  maravilloso.

Así, con el fresco sabor de la verde mentolada, seguimos disfrutando de estos amplios montañares, es único, majestuoso, el entorno es un ensueño que jamás creí poder encontrar por estos predios.

14469721_10207578994577173_595981550689837955_nComo bien decía el juglar Trenco, pedaleo, pedaleo, pedaleo centauro… no olvido ese verso y vamos rodando y rodando. Encontramos una pista forestal que nos permite por primera vez bajar a seis cilindros y sin miedo, alcanzamos velocidades olvidadas hasta el momento en el día de hoy. Aunque lo bueno se acaba pronto, un grito de mi compañero me advierte que me he pasado un cruce débilmente marcado con una flecha en el suelo y dando la vuelta nos ponemos en ruta nuevamente, camino al barranco de las Umbrías.

Para llegar a esta depresión, nos adentramos en un caminillo fabuloso.  Poco a poco nos hace acelerar por tan algaido paso, lleno de recodos, arenales pequeños, grandes rocas  y pequeños arbustos. Vamos disfrutando del lugar muchísimo, esta senda es una delicia. Hay momentos en los que mi badana casi toca la rueda trasera, hay una inclinación negativa digna de ser respetada y castigar bien al freno trasero. Interminable, ahora soy yo quien comienza a sentirse pajarón, y veo que Roberto ha recuperado el color y las fuerzas. Siempre nos pasa, ambos somos capaces de tirar el uno del otro. Vamos bordeando un cañón impresionante, a nuestra izquierda hay todo un esplendoroso elenco de farallones calizos que se yerguen inhiestos sobre un acantilado inmenso. Todo tapizado de un verde bosque mediterráneo. Es un regalo para nuestros sentidos poder correr por semejante líneas del mapa.

14469644_10207578995337192_1215121098863330666_nLlegado al final de tan caprichosa y resultona senda, voy con dolor de cabeza, y algo angustioso. Hemos de hacer unas curvas en zeta con gran pendiente y cambiar repentinamente nuestros desarrollos, hay que cruzar un arroyo precioso y la orilla opuesta es una maldita rampa embarrada que, nos va a exigir mucho brío. Roberto la supera sin problema alguno, pero yo no me encuentro para esfuerzos y prefiero bajarme a la mitad. Empujo a mi compañera anaranjada durante unos veinte metros aproximadamente y aparece repentina una pista forestal, de suelo compacto y me pongo en marcha nuevamente. Lo malo es que unos cien metros más adelante hay unas flechas que señalan un pequeño infierno a modo de senda ascendente.

 

Es de las pocas veces que hoy voy a usar el plato pequeño, pero no hay más remedio, estoy más decaído que sin fuerza en las piernas, que por cierto no han dado señales de fatiga en ningún momento. Poco a poco y siguiendo el ritmo que mi cicerone me marca vamos afrontando este último gran obstáculo del día, según el gps, en breve habrá una gran bajada y llegaremos a Gúdar. En mitad de la senda tengo que pararme a tomar un poco de aire y a ver si el mareo desaparece, pues se me ha nublado un poco la vista y no quiero seguir en estas condiciones. Segundos antes de reincorporarme a la marcha aparece entre los enebros Anna, con su firme ritmo y adusto gesto. Nos saludamos, y tras ella no ponemos nuevamente en marcha. Ella va bien de forma y ritmo, se aleja y la alentamos al tiempo que mi rueda guía sabe que ha de subir a ritmo cómodo y así lo hace para que yo no me descuelgue. Es importante psicológicamente no verte solo en mitad del monte cuando te encuentras angustioso, el mero echo de tener un referente visual reconforta mucho y anima a seguir buscando que los ritmos del cuerpo vayan estabilizándose y recuperándose. Otra joya del Sistema Ibérico, que senda tan divertida, a pesar de mi enteco estado la he disfrutado bastante, sobre todo al ver su final en la cima y descubrir que es el momento de volvernos locos en busca de la línea de Meta.

14524492_10207578996297216_2503471096585289378_oRoberto no deja de preguntarse dónde está el pueblo, y le respondo que en el momento más insospechado habrá un requiebro en el paisaje y en un hondo estarán humeando las chimeneas de las preciosas casitas montaraces. Efectivamente, bajamos varios caminos, en los que voy recuperando la temperatura y la tensión, me siento mejor y tengo gana de apretar. Mis piernas van muy fuertes y los últimos repechos los hago levantándome sobre el manillar imprimiendo un fuerte ritmo, Roberto me  acompaña con el mismo brío y, contento al ver que tenemos el objetivo a la vista.

Los últimos metros son por unas enrevesadas veredas que se mezclan de adoquín, piedra, verdín y terruño suelto. Las calles de la población nos tienden su rugoso asfalto a modo de bienvenida y esprintamos tanto como podemos para que nuestro paso por Meta sea orgulloso y merecido tras tan agotadora hégira.

 

Es un lujo poder sentir que has finalizado. Preguntamos nuestra posición de llegada y nos sorprendemos al ver que somos los: 27 y 28. Para nosotros es todo un triunfo, hemos conseguido terminar en 05:50’ horas, un tiempazo viendo que aún quedan muchos por llegar y ha habido un índice de abandonos del treinta por ciento. En el maremágnum de los cronometradores nos dicen que hemos entrado como equipo en segunda posición. Nos alegra saber que entre las demás parejas hemos sido los segundos en llegar, todo un logro para ambos.

Avituallamos, estiramos, saludamos a otros ciclistas, aplaudimos a algunos que llegan tras nuestras polvorientas huellas y nos vamos a la zona de masaje, donde nos vamos a tumbar en las camillas para que nos ablanden los muslos y pantorrillas.

14517379_10211299814479004_4322551213020664380_nHa sido una de las rutas más duras y exigentes que he ciclado jamás. Me encuentro pletórico y bastante eufórico, han desaparecido las malas sensaciones fisiológicas y estoy activo, muy activo. Buscamos a Sergio pero no ha llegado todavía. Algo ha debido ocurrirle, él en el primer tercio de carrera se destacó y se nos perdió en el horizonte a un ritmo potente. Efectivamente, le vemos llegar, sofocado y cabizbajo. Nos cuenta que se ha perdido, entre cervezas y buenas lonchas de jamón  nos pone al día de su Ilíada. Toda una pena.

14589906_10207593500139803_4001853355798871186_o

 

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7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Paco Sol dice:

    una cronica excelente ( como siempre) ,lo malo es que me duele todo el cuerpo despue de haberla leido ,,,,,,eres un makinorro ,Sincrolador

    1. Muchas gracias por pasarte por este rincon literario y deportivo. Eres un buen amigo y te agradezco tus sinceras palabras.

      Gracias Paco 😋

  2. Paco SolPa dice:

    una cronica excelente ( como siempre) ,lo malo es que me duele todo el cuerpo despue de haberla leido ,,,,,,eres un makinorro ,Sincrolador

  3. Juan dice:

    Fabuloso Luis acabo de terminar esta etapa y estoy ansioso por leer la segunda , haber si se me quitan las agujetas de piernas y brazos que he terminado molido por el esfuerzo. Como siempre es un placer leerte SINCROLADOR

    1. Muchísimas gracias Juan, siempre es alentador recibir comentarios como el tuyo… gracias.

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