Marcha Btt sierra de Biar 2016

img_0443-2Es la segunda carrera de este año, ha sido un ciclo extraño el que ha pasado. Lesiones, accidentes de tráfico y hasta domésticos. Trabajo difícil de conciliar con el ciclismo en muchas ocasiones, hijos que tienen muchas ocupaciones y que he de implementar, en fin… no es cuestión de quejarse mucho, sólo lo necesario.

Desayuno al coleto, café humeante y: Blood, de “In this moment”, sonando en la cocina. La sangre ya comienza a enturbiarse poco a poco, acordes rasgados, a cada grito de la valkiria rubia voy abriendo más los ojos y viendo que no me olvido de nada. Mi gato me mira desde la otra silla, frente a mí, y no entiende nada pero es feliz, ha desayunado una latita de atún y no le importa que yo ande haciendo el indio a medio vestir.

Que agradable volver a la liturgia propia de los preliminares. Bidones con un poco de veneno soluble dentro, plátano, un par de geles y todo bien estivado en el coche. La furgo pasó a mejor vida y ahora en el utilitario mi canijilla de carbono anaranjada ha tenido que hacer un curso de contorsionista y otro de faquir, pues hay que ver lo que tengo que ingeniarme para guardar a mi chiquitina en el coche.

Casi hora y media de coche por delante, el pendrive está repleto de buenos melenudos que me van a ir subiendo el nivel de adrenalina en mis venas, para aterrizar ya calentito en Biar, donde voy a darme un buen tute en el recorrido largo. El año pasado, esta misma marcha fue caótica para mí en el último tercio, pinchazos y más pinchazos. Espero que esta nueva cita sea más gloriosa, con cubiertas más caras que las de mi coche y un buen caudal de líquido sellador en el interior de las cubiertas. Deseo que no se repitan los desaguisados pretéritos. Anhelo poder batallar y morir con dignidad aferrado a mi manillar, lleno de polvo y sudor.

El ambiente ya se palpa, la carretera llena de coches con bicicletas de montaña en las bacas, en los remolques, en el interior desmontadas asomando sus ruedas por las ventanillas. La población colapsada de gente en bici, a medio vestir, con bolsas de corredor por todas partes, agachados poniendo a punto sus monturas, ciclistas pululando por todas partes, voluntarios de Protección Civil y voluntarios.

dorsal

Que bien empieza el día, esto si que es puro rock&roll.

En la recogida de dorsales, Oscar Sánchez, me reconoce y se acerca a saludarme, nos conocemos únicamente de facebook y hoy ya hemos cruzado el umbral de la realidad. Él tiene cometidos en las labores de organización del evento y no puede dedicar tiempo a este dorsal más, quien disfruta corriendo y escribiendo. Espero conocer detalles de Biktra más adelante, en otra ocasión.

Otro de los abrazos esperados en esta matinal es el del incombustible Roberto. En filas paralelas esperamos nuestros respectivos turnos, y nos ponemos al día de nuestras intrigas y teje manejes. Más adelante continuaremos juntos la aventura.

Difícil para mí es estar en una buena posición de salida, siempre hay un motivo por el cual me veo relegado a las últimas posiciones. Hoy la circunstancia se llama: Pilar Saura. Si como ciclista es increíble, no os cuento como mujer, que además de los atractivos propios que Longi me permita elogiar, es una amiga que carrera a carrera, evento a evento, suma más y más granitos de arena a nuestra amistad. Gladiadora de la Cohorte del Decurión Alfaro, al que los inermes de sus tropas llaman Pepe Rush. Me comenta que espera a Elena, la también gladiadora de la misma cohorte y que suele tener su campamento base en Castalla, pero no la vemos, así que arrancamos con calma, al ritmo que la serpiente multicolor de la que somos el cascabel, nos permite.

Somos dos hojas más de este recién estrenado otoño que caen por las callejuelas de la idílica Biar, pasamos a los pies del inmenso, leñoso, fuerte, sombrío y verdoso platán centenario que luce la villa con orgullo. Nos deslizamos entre ruedas, manillares, rodillas, cascos, aceras emergentes, y rugoso asfalto. Salimos del laberinto urbano y vamos directos a la gran masa forestal que nos ofrece esta comarca del Alto Vinalopó.

Sonriente, aguerrida siempre, y con una gran disposición a castigar su cadena, Pilar divisa a Laura Figueroa y quiere alcanzarla para rodar a su par. Nos cuesta mucho poder avanzar, pierdo muchísimo tiempo, seguro que si me hubiese situado en una posición adelantada ya tendría más de un cuarto de hora ganado con respecto al tiempo que marca la pantalla de mi gps, pero qué más da, el tiempo si no se gasta en algo positivo sólo trascurre y no se disfruta, y por nada hubiese cambiado estos minutos de charla con mi compañera deportiva. Entre subidas, cuestecillas y algún que otro frenazo inesperado las féminas contactan y yo me despido, aprieto riñones y marco un ritmo diferente.

14332994_10211143655975139_6746265956482457596_n_zpsxlhywmpv

Mis pulsaciones suben y mi respiración se ajetrea. Los puños sufren la presión de mis manos que los aprietan con decisión. Es la parte que menos me gusta de las carreras, me da miedo que cualquier ciclista haga algún movimiento brusco e inesperado y me tire al suelo pudiendo lisiarme. La musculatura de mis piernas ha calentado bien y está pidiendo batalla, noto como a cada pedalada me pide otra con más potencia si cabe. Mi postura es cómoda, oteante, buscando por donde poder escurrirme y avanzar. Me siento fuerte y fresco, hoy auguro una buena etapa de ciclismo de montaña, las sensaciones están siendo inmejorables.

El escenario me es muy familiar, pues con diferentes guías he tenido la suerte de disfrutar rutas entre amigos en los últimos años, y me han ido enseñando sendas, caminos y rincones bellísimos de esta bella joya de la geografía alicantina. Creo que no hay tramo que no haya recorrido con anterioridad, y cierto es que algunos de los caminos que dejamos atrás también me son familiares y me han hecho disfrutar mucho en otras ocasiones. Hasta tengo medio bautizada una senda, que al final de la carrera será el colofón gozoso que nos va a recompensar por tanto esfuerzo.

A unos metros por delante me encuentro a la inmarcesible Elena, a su ritmo, negociando una subida por la pista forestal. Antes de darle alcance le dedico unas bellas palabras de ánimo y veo como comienza a reír, ya sabe quien es el adulador que le persigue. Saluda sin mirar a ese Sincrolador que tantas letras y kilómetros ha compartido con ella, con una gran risotada y explosión de alegría. Le comento que Pilar anda a la zaga y en breve le digo que me siento con gana de correr y nos despedimos hasta el ágape del final de la mañana.

Sigo adelantando gente, ya no son tantos como al principio,  en algunos puntos me veo frenado, el camino no da para mucho, viéndome en ocasiones obligado a salirme de la trazada que han ido dejando con el paso los demás competidores y negociar el sucio empedrado, que aún así me permite avanzar bastante, mis piernas están pidiendo guerra y no puedo negársela. Muchos ciclistas están en la misma tesitura que yo, tienen potencia suficiente para avanzar, pero el contingente hace de tapón y tenemos que ir respetuosamente ganando puestos adelantando con cautela y mucho cuidado de no tirar a nadie. En ocasiones se abre una brecha en un alguno de los dos lados ciclables del camino y hay que apretar la cadencia y aprovechar el momento. Así, negociando sin cesar, los kilómetros van pasando pero no al ritmo deseado, espero algún día poder hacer una salida en condiciones y ver realmente donde me podría situar.

14344919_1088153904594635_6684079771783966704_n

Algún repecho se atraganta en el grueso del estirado pelotón, sé más o menos que distancia tienen estas subidas y puedo regularme perfectamente, así que no me lo pienso y sigo en la misma tónica, adelanto por la zona difícil y sucia del camino y voy dejando manchas de colores a mi espalda. La visión es similar a la descrita en el efecto túnel, sólo veo lo que tengo delante de mi rueda y, al tiempo voy registrando lo que viene unos metros por delante, nada de lo que acontece a mis flancos requiere mi atención porque la mente discrimina todo aquello que no le interesa, y me tengo que forzar a dar de vez un cuando una buena visual a mi alrededor y disfrutar de las panorámicas tan espectaculares que nos ofrece este pliegue de la piel de toro.

No sé porqué habrá sido pero, mi gps se ha apagado y veo que no registra datos. Siempre es importante ver el tiempo que llevo en carrera, la distancia trascurrida y sobre todo y esencial es tener monitorizada mi frecuencia cardiaca. Vuelvo a ponerlo activo sobre la marcha y veo a los pocos minutos que vuelve a estar apagado. Eureka!!! el hilillo de sudor que me cae por la barbilla impacta en la pantalla táctil del dispositivo y lo apaga sin pedirme permiso. Solución, bloquear la pantalla, aunque ahora todos los parámetros que me vuelca a la vista son superfluos e innecesarios. Me quedo con el pulsímetro que si me gusta llevarlo bien controlado, mi salud es lo primero y no debo pasarme de ciertas pulsaciones.

Al fondo veo un revuelo de gente y conforme me voy acercando me doy cuenta que nos están dividiendo, ya estamos cerca del kilómetro veinte aproximadamente, lugar donde sé que nos dividen para que podamos disfrutar de los dos recorridos previstos, el mío es el largo, augura dolor y esfuerzo.

14344188_1088153977927961_5438470124795363631_n

Experimento como si estuviera en una nueva competición, el paisaje cambia, el terreno también, la posición del ciclista se modifica, dejamos el apoltronamiento y toca agilizar postura. Las pistas y los anchos caminos comienzan a rajarse y a hacerse angostos, algaidos más bien diría yo en algunos rincones. El polvoroso firme se llena de lascas de piedra, raíces caprichosas, grietas que las escorrentías de agua dejan a su paso y una multitud de escaloncillos divertidos y traviesos de roca emergente, limados por la acción de la erosión. Ha sido comenzar el trazado exclusivo tras el desvío y todo el escenario se ha modificado generosa y cualitativamente.

No se puede evitar que el compañero que va delante ejecute mal una maniobra y ponga los pies en el suelo y nos obligue a pararnos, no hay que sentir malas vibraciones por ello sino todo lo contrario, dar dos zancadas rápidas y, o bien adelantarlo o seguirlo, pero nunca malmeter a ese deportista que hace lo que puede sin intención de perjudicar a nadie. Yo también cometo ese tipo de actuaciones, bien porque no sé como afrontar un tramo de la bajada o porque mis ruedas patinan en alguna roca y tengo que presentar al terruño la suela de mis zapatillas.

Esto está divertidísimo, las subidas son una maravilla, obligan a ir dándolo todo, la mayoría baja la cadena al plato pequeño, y los que sólo llevan instalado un solo plato castigan sus rodillas en demasía. Me siento con fuerzas inusitadas y voy a ver cuanto aguanto si abandonar los treinta y seis dientes de mi plato grande. Mis pedaladas son más lentas pero efectivas, me permiten avanzar bastante más que el resto y voy filtrándome entre sus más mínimos huecos para ir ganando posiciones. Esto es una competición y se trata de eso, de ir ganando puestos hasta el final.

14324493_1683496508634554_3807919602596896377_oYa comienzan a aparecer bajadas divertidas, de las que te obligan a ir todo el tiempo pendiente del más mínimo detalle: la posición del cuerpo atrasado, el manillar negociando todo tipo de irregularidades en el terreno, desde grietas, piedras, raíces, surcos, estrecheces, piedras sueltas a un sinfín de obstáculos que las sendas de esta sierra presentan. La vista hay que llevarla escrutando hasta el más mínimo detalle y escaneando milímetro a milímetro los metros que hay por delante del manillar, no sólo hay que fijarse en lo que la rueda y la horquilla negocian, sino ir siempre adelantado y gestionar con antelación lo que hay que sortear.

Hemos subido varios repechos y ahora toca ir en fila india, el desnivel es pronunciado y el camino está rajado al centro y la banda de rodaje derecho lleno de piedras sueltas y muchas hojas secas de pino que hacen que la tracción se pierda y las ruedas resbalen. Hay gente que pierde las fuerzas, otros el equilibrio, el aliento y los menos la paciencia. Es normal que haya ciclistas que se salgan de la trazada y obliguen a otros a parar, o a desviarse, pero esto es así, no llevamos retrovisor y cada uno hace lo que puede y a veces más. Yo tengo suerte y no pierdo nada, sino más bien gano alguna que otra pulsación y metros de senda ganados. Mi cadencia es uniforme y a veces me dejan las fuerzas apretar los riñones y adelantar por la zona complicada, no importándome ese resto de energías que he de dejar ahí sembradas en balde posiblemente.

Apenas levanto unos centímetros la mirada y veo a Longi, haciéndonos fotografías en estado cercano al éxtasis y le doy una voz para que se deje a los demás y me haga alguna foto de esas tán interesantes de ver al finalizar la carrera y tener un buen recuerdo. Me saluda con entusiasmo y me ametralla con el objetivo de su teléfono.

Repecho a repecho vamos avanzando. Es gratificante cuando vas compitiendo y vas adelantando rivales continuamente. Se trata de eso, de ir ganando posiciones y obligando a que los demás ocupen la tuya.

Me estoy divirtiendo muchísimo, estas sendas y estos caminos los conozco bastante bien y sé dónde he de apretar el ritmo y donde soltar el freno delantero. Cierto es que hoy no me voy a entretener en disfrutar del paisaje y no me voy a perder en esas verdes panorámicas montañosas.

El año pasado creo que a estas alturas ya iba por el primer pinchazo, hoy llevo cubiertas nuevas y los dedos cruzados, espero poder salir incólume de esta aventurilla.

img_0442-1

Tras un cruce con voluntarios caigo a los pies de un camino roto que me va a catapultar a una de las bajadas más esperadas de la mañana, tengo que pelear un poco subiendo entre piedras y escalones que me obligan a calentar el pedalier por la cadencia tan enérgica que he de imprimirle pero no importa, sé lo que hay tras el alto horizonte y la sangre comienza a hervirme.

Comienzo a bajar la senda de la Cova Negra. Lugar que he subido y bajado en más de una  docena de ocasiones, os podéis imaginar, sé que tengo dos pasos estrechos de rocas escalonadas, que de subida son un pequeño reto siempre, pues hay que estrellar literalmente la rueda delantera contra el roquedo y pedalear con fuerza para que la negra goma de las cubiertas suba cual oruga procesionaria por el lítico desfiladero en miniatura. Voy a alcanzar una buena velocidad en algunos tramos y que en algunas curvas a derechas he de extremar la precaución para no despeñarme. También hay una curva de herradura a izquierdas en la bajada que me va a dar el pistoletazo a unos momentos de locura bajando, pues no pienso tocar ninguna de las dos manetas de freno. La horquilla se va a volver loca y los tirantes traseros van a su calentar el carbono a base de bien.

Acabado el arrebato sísmico, y utilizo ese término porque los traqueteos y temblores son increíbles en esta bajada, te dejan las articulaciones agotadas y los antebrazos congestionados sobremanera. ¡Qué gustazo!

Estoy a los pies de la población, por la zona cercana al río que pronto voy a cruzar, y nos hacen pedalear unos minutos por una pista muy rápida y subir un mini puerto asfaltado donde nos desvían a la izquierda, alejándonos de la línea de llegada.

Me da la impresión de que hay gato encerrado, pues kilómetros no quedan muchos para acabar la prueba pero desnivel acumulado positivo falta mucho, y veo que estamos en las postrimerías de la villa. Algo se les habrá ocurrido para que los planes cuadren y el sudor nos ponga buenas medallas al acabar el periplo montañés.

Efectivamente, el asfalto se complica, subimos hasta una especie de ermita y nos desvían por un senderito precioso, en fila inda y entre parcelas aterrazadas que vamos subiendo poco a poco, entre hierbas altas. Me cuelo en el centro de una grupeta, son todos del mismo club menos yo, el hombre que viste de rosa y tiene una bicicleta de color naranja, para no verme…

Poco a poco los dígitos del desnivel van alimentándose sin piedad, hasta que me veo a los pies de una rampa de hormigón rugoso y hostil. Cómo si de una fiera quimérica se tratase el público nos advierte de la dureza del segmento, otros sacan de los bolsillos envoltorios de sarcasmo vecinal, los niños nos aplauden y la vista se me nubla al ver lo que tengo por delante.

Relego y castigo mi cadena al piñón más alto y al tiempo la bajo al infierno del platito de veinticinco dientes, así con el desarrollo máximo que mi bicicleta puede ofrecerme, me armo de valor, me enrosco bien sobre el sillín, bajo un poco la cremallera de mi camiseta para que no suba la temperatura corporal demasiado, y me marco un pedaleo redondo y de ritmo elegante. Aferrado al manillar pongo la vista al frente desdeñando lo que queda de subida, mejor no mirar más que unos pocos metros por delante, e ir adelantando de la mejor manera posible a todos los que sucumben al desnivel y, al áspero y polvoriento cemento grisáceo.

A estribor están los fotógrafos alicantinos, prestos, atentos, bien pertrechados de tarjetas de memoria, objetivos impresionantes, software de última generación y unos ojos que son capaces de captar esa instantánea mágica que nos regalarán a modo de recuerdo. Primero veo a Rush, con Chary, unos metros más arriba, inconfundible, y bien reconocible el Centurión Paco Simón.

A pesar de la dureza del momento siempre hay lugar para una sonrisa y un poco de postureo a la hora de posar para la foto y salir medio decente. No sé qué cifra podrá alcanzar el desnivel de esta subida, pero es terrorífico, las rodillas me chirrían y la musculatura de todo el cuerpo sufre de forma infernal. La ventilación en los pulmones funciona como las viejas calderas de los trenes a vapor, sólo pide madera y carbón. El aire se amontona por la garganta y las fosas nasales, no sabe por dónde embutir un mayor caudal que supla la necesidad que mi organismo demanda. Vamos todos al máximo, pero mis piernas van bien, las noto fuertes, no hay atisbo de calambre por ninguna parte, y tras saludar a los fotógrafos, veo que la cuesta se retuerce entre la lontananza y rompe el verde horizonte serrano en una interminable ascensión.

14330146_311195625914842_6241766443900797471_n

Ya entiendo dónde están esos metros de desnivel que me faltan, en los últimos kilómetros, escondidos, sin avisar y sin pedir permiso han puesto las cuestas del día.

Cómo me siento pleno de fuerzas todavía, ignoro las cifras y en un gesto suicida, cómo quien se juega la esperanza a la ruleta rusa, aprieto el gatillo izquierdo y vuelvo a manchar los dientes de mi plato grande de treinta y seis dientecillos, voraces, con la seca y maltrecha cadena llena de polvo y huérfana de lubricante. Impetuosamente me yergo sobre los pedales, perpendicular al cuadro y comienzo a mover cual abanico mi bicicleta y tomo un buen impulso. Bajo dos coronas más y cuando me siento lanzado, vuelvo al piñón más cómodo y así, enroscado y lleno de rabia comienzo lo que va a ser el último esfuerzo de la jornada, quedan buenas rampas y algunas curvas de herradura en ambos sentidos, pero no importa, sé que dentro llevo energía suficiente y no quiero que sobre nada al llegar a Meta.

En nuestro argot ir así, es: “ir atrancao”, con un pedaleo lento pero firme y que requiere fuerza en las piernas. Los que me conocen de cerca saben que es mi estilo de pedaleo, las cadencias altas no son mis favoritas y el llamado “molinillo” lo uso lo justo y necesario.

Hace calor, el sol está alto y hay que abrir la camiseta al completo, el sudor gotea por mi barbilla, pero no mi pundonor, aún sigo entero, con ganas de pistonear mis pedales con fuerza. Curva a curva, ciclista a ciclista, veo más cerca el final, las pistas de bajada están llamándome cual sirenas de la Odysea, y justo en cuanto me meto en ellas, unos espigados jovencitos me arrancan las pegatinas de la bici, ¡qué tíos!, ¡qué potencia!,  da gusto verlos.

hh02m48s42hh-dsc_0573-jpgTodo mi ser agradece estas pistas polvorientas y retorcidas de desnivel negativo, voy enfriando mi pecho, relajando las piernas y psicológicamente sé que está todo conseguido, que en breve estaré saboreando una fresca y amarga cerveza charlando como una cotorra enloquecida con todo aquel que se acerque a mí.

Con un pulso más que aceptable llego al broche final, a la guinda del pastel, al regalo ansiado, al tan anhelado momento de bajar la senda que hace ya unos inviernos bauticé con Pepe en una ruta entre amigos. La Coqueta, una preciosa senda que cómo te despistes se puede convertir en amarga y hasta en venenosa, pero que si te colocas bien y frenas poco es coqueta y señorial. Sus curvas son peraltadas con raíces que hacen las veces de escalones, arena fina que te traslada a las rubias arenas costeras, estrechos pasos angostos y rápidos. No es muy extensa pero baja entre pinos, lentiscos, algún que otro algarrobo y matorral mediterráneo que al ser atropellado en las lindes perfuma el entorno maravillosamente. Los leñosos romeros que balizan su trazado también regalan su fragancia y llenan mi vista con sus verdes ramas leñosas y añejas. Qué bonito momento, ha sido todo un coqueteo, un flirteo el que mi bici y yo hemos tenido con este trocito de la sierra de Biar.

A sus pies los voluntarios, una carretera que cruzar y una línea de Meta que quebrar. Se acaba el periplo, finaliza la Marcha de Biar. Un segundo año que disputo esta prueba y tras el cansancio, súdor y horas de intenso ejercicio físico, tengo entre mis más auténticos sentimientos el regustillo de volver el año que viene. A pesar de haber tardado tantísimo en ponerme en carrera, al haber sido de los últimos en salir, he conseguido una nada desdeñable posición tras más de dos horas y media de diversión.

14359035_1111564335546285_6652949870439331288_nRulos y yo damos cuenta de las cervezas y aperitivos, si queréis saber lo que ocurrió en el ágape, os digo siempre lo mismo: venid y lo sabréis.

¡Hasta pronto Biar, volveré!

Deja tu comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s