VULCAN BIKE 2015

aOlas y nubes en el tiempo.

Atracción, esa es la sensación que tengo sobre el archipiélago desde que Alberto Vázquez Figueroa me embrujó con una trilogía literaria hace más de tres décadas. Hace dos milenios, Alberto, aún no era leído, pero Plinio y otros grandes clásicos del mundo de las crónicas que hablaban sobre estas tierras, sí.

Al igual que Platón, muchos de sus coetáneos pensaban que tras las columnas de Hércules estaba el jardín de las Hespérides, donde crecían los manzanos de la eterna juventud con sus frutos de oro.

Navegantes, buscando manzanas doradas, jardines exóticos, la vieja Atlántida y otros tantos mitos y leyendas, arribaron sus embarcaciones en las islas afortunadas los avezados y vanguardistas romanos. Ínsulas en las que hallaron fieros perros, refiriéndose a esas nuevas colonias como las islas de los “canis”. Hoy día, esos fieros canes enfrentan sus fauces en el escudo del archipiélago. Amantes del color púrpura la orchilla hizo que su interés despertarse atractivamente por estas tierras, plenas de ese líquen.

No somos las normandas tropas de Jean de Bethencourt ni Gadifer de la Salle, que en el siglo XV desembarcaron de sus naves en la meridional punta de Papagayo, siendo los primeros europeos de los que se tenga constancia en la isla, sino que sólo somos un minúsculo contingente de tres ciclistas de montaña, de esos que todo lo recorren y exploran, de los que no dejan camino por recorrer, cuesta por subir y grieta en el mapa por la que bajar, de los que aferran con fuerza los puños cuando sienten cómo la lluvia les empapa y de los que se crecen ante el barro en cada pedalada.

10384674_776281139076526_1846391811922003290_nNuestra consigna es redescubrir la isla siguiendo los pasos que Vulcan Bike ha documentado gráficamente. Para ello disponemos de dos días. Más de doscientos kilómetros de lavas, pedregales basálticos, arenales y otros muy diversos accidentes geográficos a lomos de tres bicicletas de doble suspensión que Justo: nos ha preparado minuciosa y concienzudamente.

Allá por el siglo pasado, un visionario de Lérida se perdió entre los malpaíses, tabaibas, calderas, coladas de lava y viñas de la isla de Lanzarote y cuajó lo que hoy es un espectacular trazado que permite a deportistas enamorados de la isla poder acometerla dando pedales. “Pedales de Lava”, fue cómo bautizó su obra, siendo imposible definir de otra forma esta experiencia.

Siendo Maxi Biela por un lado y Vázquez Figueroa por otro, ambos, quienes me han empujado hasta esta carismática isla en varias ocasiones.

Cual oscura golondrina, vuelvo.

Son meses los que llevamos fraguando una nueva aventura, tanto deportiva como personal. Viajar a uno de los archipiélagos de la Macaronesia no es cosa que se pueda hacer todos los días, hay que atreverse con el espacio aéreo del océano Atlántico.

En abril comenzó a tomar forma mi proyecto de regresar a la isla conejera: Lanzarote.

En nuestras rutas no vamos a visitar la isla de La Graciosa. Su nombre bien indica cual paraíso se encierra entre sus cuatro puntos cardinales. El archipiélago Chinijo no encarta en esta ocasión mis planes, disponemos de un tiempo más caro que el oro, todo está escrupulosamente medido, los relojes de arena han estallado ante tanta presión, quedando abierta la puerta a las nuevas tecnologías que nos van a ir marcando las pautas y coordenadas. La contemplaremos desde el Mirador del Río y desde Famara. Yo tengo la suerte de haber pasado dos noches en esa joya salida de la forja de vulcano, pero esos ya son tiempos pretéritos.

CHORQUESLlegado el momento de hacer efectivos los billetes de avión sufrimos una baja importantísima en la comitiva, Juan Alberto, gerente y propietario de Johnbike en Molina de Segura (Murcia). Ha de quedarse a hacer frente a sus obligaciones empresariales, el negocio no le permite acompañarnos. Nos quedamos algo huérfanos, pero no por ello miramos el devenir inmediato con tristeza, en el fondo nos alegramos de los motivos que le retienen en Murcia.

Jesús Abellán y Robert Rulos van a ser mis secuaces, mis compañeros, mis apoyos en los momentos difíciles y también cómplices en los divertidos, estos últimos van a ser casi tantos cómo los kilómetros que nos esperan, lo sé… difícilmente se puede viajar sin traer un saco lleno de divertidas anécdotas y conociéndome sé que nos va a pasar casi de todo.

Todo previsto, de forma sencilla, sin presiones, todo encaja a la perfección, para que sin correr, nuestra aventura discurra y fluya cómoda y maravillosamente. De semejante guisa embarcamos en el aeropuerto de Barajas dirección a Arrecife a tempranas horas del día. No creo que nos entretengamos en disfrutar del amanecer a bordo del avión, los tres vamos cansados y somnolientos, dejamos que Morfeo nos seduzca.

Vulcan Bike, dia 1 (Playa Honda – Órzola).

Con apenas un par de horas dando cabezadas somnolientas a bordo del avión nos plantamos en Arrecife. La temperatura al bajarnos del avión nos deja patente que estamos muy cerca del paralelo 0º, supera los 25ºC.

ATT_1445809961566_IMG-20151025-WA0049Tras recoger la maleta que tenemos en común, en la que portamos algunas herramientas para evitar desaguisados en ruta, los productos que “Cuerpo Sano, Salud y Deporte” nos ha proporcionado para la suplementación deportiva nutricional, bolsas de aseo personales y algunas cosas más que no podemos transportar a bordo de la aeronave como equipaje de mano, pensamos que lo mejor es ir buscando un lugar donde cambiarnos y enfundarnos con las ropas de ciclista.

Orgullosos y altaneros, cada uno luce sus coloridas y ceñidas prendas deportivas. Yo llevo los colores de guerra de JOHNBIKE. Las zapatillas de mtb, que con las calas metálicas nos confieren una curiosa musicalidad al caminar sobre el acristalado suelo del aeropuerto, hacen que atraigamos algunas miradas a nuestro paso. Vamos pausadamente cruzando la zona de llegadas para dirigirnos al punto de encuentro del aeropuerto, con un aire de grandeza y poderío, donde nos espera Justo con su furgoneta. La gente nos mira con una extraña curiosidad. Los isleños saben que hay alerta naranja por las precipitaciones pendientes en la isla en las próximas horas, y no aciertan a comprender a donde vamos nosotros con estas pintas. Una azafata de una compañía aérea en un alarde de valentía nos interroga sobre nuestras intenciones y quiere hacernos desistir de nuestro objetivo. Incluso nos comenta que los niños no van a ir al colegio a consecuencia de la previsión meteorológica, suerte que lo tenemos todo aprobado y si no vamos estos días a clase no nos van a poner falta.

Creo que estos comentarios están apostillando más nuestros ánimos, si cabe.

ATT_1445809960616_IMG-20151025-WA0051Justo nos ha recogido y nos encierra en una sala de torturas de esas llamadas: bar, en la que nos sirven unos deliciosos cafés con leche y unos bocadillos de “pata” con sal. Sencilla perla gastronómica isleña que hacía años que no paladeaba. Al ritmo de nuestros molares, vamos charlando y recibiendo interesantísima información por parte del comisionado de Vulcan Bike. Nos hace entrega de unos mapas muy detallados de la isla y nos pone a pie de calle tres flamantes Scott Spark de 27,5” para que nos divirtamos al máximo. En su furgoneta todo está previsto: garrafa de agua para rellenar nuestras mochilas de hidratación, bombas de presión para neumáticos y amortiguadores, cinta métrica para instalar los sillines a nuestras alturas exactas, bridas, etc… Nuevamente, nada, queda en manos de la improvisación, estos tíos son unos auténticos profesionales, motivo por el cual no circunscribimos la isla de forma autónoma.

Nos dejan bien presente que a la más mínima situación en la que nos podamos ver comprometidos por las inclemencias meteorológicas les hagamos una llamada telefónica y nos recogerán en el punto más conveniente. Con esta tranquilidad, decidimos dar comienzo a nuestro periplo.

El cielo está atestado de nubes. Las hay de todos los colores y formas. Amenazándonos con descargar sus aguas sobre nosotros. Juguetonas se mecen en el aliento de Eolo. Cubren el azul de la cúpula celeste, embargan el brillo a Helios, son las dueñas del día.

Comenzamos en Playa Honda, las primeras pedaladas son deliciosas. La temperatura es maravillosa, a nuestra derecha el mar está en calma, bruñido como un espejo de mercurio, con tonos oscuros que en el horizonte se confunden con el gris parduzco de los nubarrones. La luz es muy especial, impregna todo con un tono mate que confiere una mágica paleta de colores a lo que nos rodea.

ATT_1445809960898_IMG-20151025-WA0052Poco a poco, charlando, calentando piernas, llegamos a Arrecife y tras corretear por su paseo marítimo, en uno de los recodos del mismo experimento un “déjàvu”, creo que jugando al dominó y a las cartas siguen los mismos viejos marineros retirados que saludé en mi anterior visita. Cruzamos el puente de Las Bolas y damos una vuelta al castillo de San Gabriel. El suelo por el que nuestras ruedas desgastan sus tacos de goma es un negro basalto adoquinado recortado hace siglos en alguna cantera local. El Charco de San Ginés, con esta luz tenue es sin duda más bello, confiere un ambiente colonial a este rincón de la isla difícil de pasar por alto.

12039400_10153688238306823_1090946905194299466_nNuestro rumbo es hacia Teguise Costa. Alternamos tramos de paseo marítimo con otros de carretera costera, hasta llegar a un pequeño puerto, tras pasar la zona portuaria, en donde hemos de dejarnos caer hacia lo que un día Maxi definió como: “la zona Underground de Pedales de Lava”.

No usamos la rampa adoquinada dispuesta para llegar al complejo industrial que hay a nuestros pies. Recuerdo que en mi primera visita, allá por 2009, lo hacíamos retorciendo horquillas por un empedrado sendero que hoy discurre a la izquierda de la culebra urbana embaldosada. Roberto disfruta por primera vez de una bicicleta de doble suspensión a pesar de su dilatada experiencia como ciclista.

Tras comprobar lo juguetona que se presenta la mañana nos vamos diluyendo por rincones muy curiosos como Punta Grande, en el que hay una pequeña caleta con un inmenso monstruo marino herrumbroso y encallado, desafiando mareas, embestidas solares y cualquier otro elemento erosivo que la naturaleza pueda enviarle. Siguiendo este camino paralelo a la línea de costa nos vemos encajados en una singular composición, en la que a nuestra izquierda hay alienantes complejos industriales que rugen de manera sórdida y a nuestra derecha pequeñas casitas de marineros, rezumando humedad y salitre, idílicas, con todo tipo de detalles marineros en sus fachadas, desde estrellas de mar a pequeños fragmentos de redes en sus esquinas y mini jardines muy coloridos y fértiles que contrastan con su negro tapiz volcánico. Encaladas, impecables, incólumes al oleaje, con sus puertas y ventanas verdes y azules, siguiendo la estética que Manrique le confirió a la isla cuando se propuso engalanarla y vestirla de fiesta.

Pedales-de-Lava1Cruzamos rinconcitos arenosos en los que es difícil avanzar sin llevar el plato pequeño ardiendo. Lo mismo nos hundimos en negras arenas que en un mar de pequeños fragmentos de lava que nos amordazan las ruedas, haciendo que cada metro ganado sea un mini triunfo.

La mañana se está torciendo, las nubes cada vez son más oscuras, y vamos pensando en que zona de las mochilas tenemos los chubasqueros guardados para poder echarles mano a la más mínima necesidad. De momento sentimos como la espuma de mar nos salpica al chocar las olas en la costa, cómo una fina lluvia nos refresca sin llegar a calarnos. Mientras que las condiciones no cambien todo va a funcionar a la perfección.

Bordeamos la ensenada de La Gorrina, dejamos atrás la civilización, nuestras ruedas comienzan a mancharse de una arcilla embarrada en el paraje de Los Ancones. Frente a nosotros un laberinto de caminos nos da la bienvenida al infierno. Este segmento de nuestra aventura es de los que podríamos calificar de inhóspitos, a pesar de la existencia de especies vegetales y reptilianas, esto es un verdadero desierto. No existe arbolado, ni franja arbustiva, cómo mucho nos podemos encontrar algunos matorrales. De lo que sí está atestado es de pedregales en los que hay basaltos, lavas, areniscas y hoy grandes charcos que son trampas para nuestras bicicletas.

12191767_10153688238311823_3288594035418324564_nLa orografía del terreno está compuesta por un manto ondulado que declina hacia la vertiente marina, a babor tenemos collados carentes de vida vegetal, pelados y salpicados por millones de rocas oscuras. Vamos siguiendo las coordenadas que los gps nos van indicando en este loco devenir de caminos incesante. En algunos puntos nos topamos con las ferruginosas señales que antaño servían para saber la dirección y sentido en la ruta de Pedales de Lava, pero hoy no son más que unos estoicos mojones oxidados ilegibles que perduran al paso del tiempo con dignidad.

Para vadear los grandes charcos que nos pueden costar un disgusto tenemos que flanquearlos, rodando sobre ingentes cantidades de rocas afiladas deseosas de perforar o rajar nuestras cubiertas y unos espinosos hierbajos que laceran nuestras pantorrillas al más mínimo contacto. Tenemos suerte y no sucede ningún imprevisto, únicamente en ocasiones tenemos que retroceder para poder ir en ruta y no salirnos del trazado correcto.

ATT_1445809960975_IMG-20151025-WA0054Somos como las orugas procesionarias de los pinos, no nos detenemos por ningún obstáculo, nos seguimos enfilados, uno tras otro, alternándonos en el orden, ganando kilómetros entre comentarios que ensalzan nuestro entusiasmo al ver por dónde estamos gastando nuestro tiempo, por un lugar tan impresionante, único y magnífico para la práctica de nuestro amado ciclismo de montaña. Las bicicletas de 27’5 pulgadas se están portando de manera impecable, no son las monturas a las que estamos acostumbrados, pero no hay palabras que puedan desmerecerlas, son una acertadísima opción para estos terrenos tan baldíos y agrestes.

12038434_10206780988195601_55828730254083345_nEl tiempo pasa y comenzamos a dar tragos a nuestros bidones. La deshidratación puede ser un gran enemigo, y la falta de avituallamiento también, así que decidimos hacer un pequeño alto al llegar a pie de costa. Unos plátanos y unos buenos tragos de PROLONG de HERBALIFE son lo que necesitamos para recuperarnos del esfuerzo acometido y a la vez recargar las reservas para lo venidero. Las barritas de proteínas de la misma marca son una golosina, van recubiertas en chocolate y son muy digestivas, a primera hora ya nos hemos llevado al coleto una cada uno.

Continuamos el convoy, vamos camino a los volcanes que nos quieran dar amparo, pero antes nos metemos entre unas salinas preciosas, a pie de mar, tan inhóspitas como el resto del paisaje, con la caseta de la bomba impulsora totalmente salitrosa. Todo está viejo, roído por el paso del tiempo y la salinidad. Nada crece en las inmediaciones, todo es inerte menos nosotros. Diminutas pirámides blancas salpican delicadamente el paisaje. Es bellísimo.

En el roquedo del litoral hay excavado un escueto y algaido senderito, con pasos algo técnicos que nos hacen salir del tedio del barro, arenas eternas y caminos anchos. Dejamos espacio entre nosotros y, sonrientes hacemos que las monturas lean el terreno volcánico, rugoso y escarpado. Es una pena que sea tan cortito, apenas unos minutos de incertidumbre para los manillares, minutos en los que los rebotes en las horquillas han enjugado todo el aceite de los retenes. Una mini perla dentro de este inmenso ajuar de negro nácar metamórfico.

ATT_1445809961404_IMG-20151025-WA0056La fina lluvia comienza a ser más espesa, menos mal que hemos salido del sector de Los Ancones, hemos dejado atrás el pegajoso barro y los charcos con aspiración a ser lagunas. Rodamos por una amplia pista empinada de picón. A nuestros flancos hay viejos muros semiderruidos, que dan salvaguarda a unas plantaciones de tuneras preciosas. El verde brillante de sus grandes y redondeadas hojas contrasta fuertemente con la negra lava molida que les tapiza en el terruño. Una bicromía preciosa y elegantísima a mi juicio, me encanta la postal que ofrece, mire a donde mire sólo contemplo imágenes bellas de naturaleza en estado semisalvaje.

12141636_10153689339056823_2180481518031018370_nLas tuneras son lo que conocemos como chumberas, aquí tienen su sustantivo propio y como tal sus frutos son los tunos y no higos chumbos cómo los peninsulares diríamos, pero estas jugosas y espinosas plantas no sólo son apreciadas por sus frutos. Un bichito muy curioso llamado “cochinilla algodonosa” se hospeda parasitariamente sobre estos cactus y su recolección y posterior procesado desde tiempos inmemoriales ha sido el origen de tintes naturales utilizados tanto en la cosmética cómo en el sector alimenticio. Hoy quedan pocas explotaciones agrarias destinadas a este fin pues el mundo de los tintes sintéticos ha copado el mercado y relegado al olvido este tipo de industrias artesanales. Una gran pérdida de calidad, pero vivimos en tiempos en los que sólo se aprecia lo barato y malo, desdeñando la calidad ante nuestra ausencia de efectivo vital.

etapa 1Atravesados los campos de tuneras tenemos que afrontar una cuesta recia, con un par de curvas de herradura, estamos en un rincón que tiene aspecto de cantera de áridos. El terreno comienza a surcarse de pequeños ríos que van creciendo e inundando las viejas grietas del suelo a nuestro paso. La lluvia ya podemos calificarla de torrencial, estamos empapadísimos, los chubasqueros nos protegen de la lluvia, pero ha sido tan súbita la precipitación pluvial que nos ha calado hasta los huesos antes de terminar de subir nuestras cremalleras.

Coronado el pequeño esfuerzo de estas cuestas recuperamos el aliento por las calles de Guatiza. Yo hay algo que ya no puedo recuperar y es la entereza en la mano derecha, hace un rato sufrí una tonta y aparatosa caída y no sé si me he fracturado alguna falange de los dedos anular y meñique de la mano derecha. El dolor es agudo, el volumen de mi mano está creciendo por minutos debido a la inflamación y estoy perdiendo la movilidad en esa sección de mi extremidad, siéndome difícil manejar el manillar con soltura, no puedo aferrarlo con fuerza, he de guiarlo con los tres restantes, como si de la pinza de un cangrejo se tratase.

El agua es incesante, cae y cae, no ceja en su empeño.

Nos detenemos en Mala, frente a nosotros tenemos la encrucijada de seguir costeando o de culminar nuestro día dirigiéndonos a Órzola por carretera y allí ser recogidos por Justo. Tras unos minutos de deliberación optamos por desistir en nuestro afán de ir por el litoral como nos indica el track del gps. La lluvia cada vez es más fuerte y comenzamos a ver como los barrancos van ganando volumen de agua y tal vez nos podamos ver en dificultades debido a nuestra obstinación, así que enarbolando la sensatez, nos resignamos, nos enroscamos en los cuadros de las Scott y siguiendo la estela de Jesús, Roberto y yo comenzamos a seguirlo.

El rodaje es intenso, los neumáticos nos envían litros y litros de agua, la carretera no evacúa cómo uno pudiese pensar y está anegada, pude que estemos ciclando sobre unos cuatro o cinco centímetros de agua sobre el asfalto. El viento lateral hace que nuestro paso deje una cortina hídrica impresionante, puede que levantemos agua por encima de los dos metros tras nuestro paso.

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Así es imposible ir a rueda, nos colocamos de forma lateral los unos sobre los otros cual escamas en la piel de un pez, para intentar evitar los rebufos acuosos. Da igual como nos pongamos, el remojón está siendo brutal, al igual que el ritmo que marca nuestro abigarrado Jesús, no bajamos de los treinta kilómetros por hora.

Los kilómetros que nos quedan son a un ritmo frenético, el guía no respeta que el desnivel sea ascendente o descendente, en las bajadas superamos los cuarenta y cinco kilómetros por hora. El interior de los chubasqueros está que arde, la lluvia los enfría por fuera pero dentro llevan tres altos hornos en plena producción de energía.

1932354_10206780987355580_2728331239629331927_nA nuestra derecha vamos viendo un bellísimo paisaje marítimo, una línea de costa idílica que con esta luz y el brillo que le confiere la lluvia a todo es algo que nos hace sentir privilegiados.

Al entrar en Órzola los clientes de los restaurantes que hay en la misma orilla de la carretera se levantan de sus asientos y se asoman a la terraza al vernos, no dan crédito a nuestro grado de locura o tal vez de estupidez podría pensar alguien, pero nosotros nos sentimos orgullosos y saludamos a todos los que nos dicen algo animoso.

En la explanada del puerto nos protegemos bajo la marquesina de la pequeña parada de las guaguas y llamamos a Chema y a Justo. Entre medias, Maxi aparece vía telefónica para ver cómo va nuestra aventura y darnos ánimos.

12072608_10153682504331823_9113578146651678249_nA ninguno se nos ocurre seguir nuestro periplo dirección al Mirador del Río y posteriormente hasta Haría y desde allí a Teguise y Famara donde en teoría acababa nuestra primera etapa. Una grandísima lástima, Justo, nos había recomendado un estoico corte en el acantilado para llegar hasta la caleta. Personalmente considero una locura muy peligrosa embarcarnos en una procesión ciclista por esos barrancos a tenor de la lluvia que está cayendo y el barro que se está generando y deslizando laderas abajo en búsqueda del océano. Nos dejamos sin cubrir la parte alpina de nuestro recorrido, donde hubiésemos afrontado momentos técnicos muy atractivos, pero no se puede luchar contra los elementos, hemos optado por ser inteligentes y dar por concluido nuestro día deportivamente hablando.

Degustando unas papas con mojo, buena cerveza y una insuperable compañía nos reunimos con Justo, que ha llegado para recogernos y trasladarnos a Famara.

Famara.

Mi mano es un compendio de extrañas sensaciones. Por un lado me duele a rabiar la zona accidentada, por otro no puedo ni extender ni flexionar las articulaciones de mis dos malheridos dedos. Mi estado de ánimo no está mermado, sí algo compungido. No es cómo yo anhelaba el desarrollo de esta aventura entre amigos y lavas.

Al mal tiempo buena cara, y eso hago, no dejo que la molicie me inunde cómo la lluvia a la isla y con mi carácter de charlatán intento que no se transparente mucho el mini drama que se cuece en mi interior.

Duchados y cómodos nos damos un paseo por la playa y nos aposentamos en una bella terraza, contemplando el mar, el cielo elíseo y los acantilados que parapetan a la isla de La Graciosa. Estamos justo en la bocana del corredor del río, que así es como llaman a la franja de mar que hay entre las dos islas.

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Imagen cedida por Clara Bon

Mientras bebemos cerveza sin reparos, llega a mi teléfono un mensaje con una preciosa imagen de la playa que tenemos a nuestros pies. Clara, partícipe desde el primer día de estos Pedales de Lava, que tan embrujados me tienen, me dice que está en la zona y en un ratito se reunirá con nosotros.

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Imagen cedida por Clara Bon

Clara Bon es: una artista local. Su mundo es la fotografía, recorrer volcanes, explorar palmo a palmo la isla, una mujer que disfruta su tierra desde que abre los ojos al amanecer hasta que los cierra para seguir soñando. Nos conocimos en mi primer viaje, de la forma más anecdótica y divertida, y hasta el día de hoy ha ido cuajando una amistad día a día, a través de las redes sociales y mis dos anteriores visitas a la isla.

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Imagen cedida por Clara Bon.

Hoy cenamos los cuatro, toca noche de risas y chascarrillos deportivos, fotográficos, meteorológicos y personales. Toca recordar cómo Dani y yo fuimos obsequiados con vino de la tierra y bombones. Premio a la paciencia y a la simpatía. Aquellas botellas de vino de la bodega El Grifo nos supieron a ambrosía, las uvas malvasía son lo más parecido al alimento de los dioses del Olimpo.

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Imagen cedida por Clara Bon.

Os voy a dejar unos enlaces para que conozcáis una pequeña fracción de la obra de Clara, sé que vais a disfrutar mucho contemplando sus fotografías. A mí me encantan y embelesan.

Este es el álbum flickr de Clara:  FLICKR

Subiendo volcanes, blog de Clara Bon.

La línea recta no siempre es… el camino más corto.

Día 2 (Famara-Ptº del Carmen).

Tras dar unas vueltas entre las callejas de la coqueta aldea costera de Famara hallamos un lugar de asientos de mimbre y acolchados descoloridos, en donde nos van a servir un desayunazo. Pan integral con varios cereales, miel, zumos y café, todo delicioso y en su justa medida, nada de pobrezas ni excesos empachosos.

12032176_10206785166660060_9220657550195839386_nRecogemos todo en el apartamento, nos pertrechamos bien y me impregno abundantemente la mano de crema antiinflamatoria, toca bregar mucho en esta jornada, espero que podamos culminarla según lo previsto. Siento que mi mano es la de un viejo boxeador curtido en miles de combates que ha acabado llena de lesiones crónicas incurables, apenas puedo agarrar el puño derecho sin hacer una mueca de aspereza y dolor.

12039322_10206785166980068_3745646616549621367_nLos bidones y mochilas de hidratación nuevamente van llenos de PROLONG, carbohidratos solubles que Cuerpo Sano-Salud y Deporte nos ha proporcionado para poder afrontar las rutas de larga distancia con garantía de éxito. Ayer acabamos una extraña etapa, corta pero con un final explosivo y, hoy nuestras piernas y cuerpos están en perfectísimo estado de revista, listos para el combate nuevamente.

La luz es tenue, a pesar de ello esta latitud confiere un halo especial a todo lo que el sol ilumina, mire donde mire hay belleza. Se nota que soy un apasionado de estas islas, no lo puedo evitar, una parte de mi alma se quedó aquí hace más de veinte años y ha germinado. Cada vez que regreso disfruto viendo lo que de ese esqueje de amor ha florecido.

Con tan bello escenario comenzamos a dar pedales. A nuestra espalda unas negras nubes, redondas como le gustan a Botero, corretean por los cerros del mirador, se aprecia como bailan al son de los vientos rolantes y caprichosos. Curiosamente en nuestro frente brilla un tímido sol que se yergue por un límpido cielo azul celeste precioso, encantador.

Nada más abandonar el desdeñable asfalto el “risaero” nos hace temblequear, al tiempo que bromeamos sobre los efectos que produce tanto ajetreo vibratorio en nuestras locuciones onomatopéyicas que puerilmente vamos desgañitando.

12189024_10153689339166823_3554365980883895315_nNos engullen mini dunas, surcadas de caminos, enmadejadas, que anudan laberínticamente esta tan peculiar estepa costera. Seguimos los curiosos designios que el gps nos indica. El arenal es cariñoso con nosotros, nos permite pedalear, pero a la vez nos perla las frentes con pequeñas gotas de sudor, en muy poco terreno lo único que hacemos es ir subiendo el gradiente positivamente. Los tres sentimos que vamos algo atrancados de pulsaciones, tal vez hasta acalorados. Aún así sonreímos de forma espontánea, el lugar es precioso. A nuestra derecha tenemos un océano inmenso, azul, salvaje, lleno de quimeras submarinas y con parte del archipiélago Chinijo asomando tras La Graciosa tímidamente, una panorámica muy especial. A la siniestra tenemos un negro terreno plegado a golpe de fragua volcánica, con toda clase de fieros demonios en sus entrañas ardientes, deseosos e impaciente por salir por esos cráteres hoy sellados.

12193474_10153688239261823_3193477631465622400_nAntes de llegar a Cala Caballo, otra joya costera, en la que podría dejar pasar mis mañanas venideras, junto a una taza de café humeante, sin querer ser consciente del paso del tiempo, erguido, con la mirada al horizonte, silente, buscando con la mirada donde acaba el cielo y donde empieza el océano, acompañándome; nos dejamos las dunas para volver a disfrutar de un senderillo retorcido entre negras escorias solidificadas, caprichosas formas de la lava que, al enfriarse con las aguas marinas se han convertido en una especie de sotobosque lítico por el que correteamos retozones, saltarines y dichosos.

Acabado el sube y baja costero, llegamos a la caleta. Nuestro paso es lento, recorremos con la mirada las fachadas encaladas de tan curiosas edificaciones. La mini ensenada que sirve a la vez de rompeolas y embarcadero, es por donde un surfista huye sobre su tabla en busca de las olas. Unos minutos de suave pedaleo nos sirven para dar unos tragos de agua y disfrutar de la esencia de nuestro viaje, que no es otro que entrar en comunión con el océano y el vulcanismo isleño.

 CAM01777A lo lejos vemos el complejo residencial de La Santa, atravesando pequeñas dunas y algún que otro charco canalla, nos adentramos en una isla cosmopolita, insertada a modo de oasis en tan desolador predio, donde el hormigón sustituye al basalto y a las lavas.

El track dice que tenemos que atravesar un área en obras, yo abogo por seguir el trazado original bordeando el complejo por la parte exterior y próximo a la costa. Tras unos minutos de deliberación, me impongo y dejamos las hormigoneras, cascotes apilados y palets llenos de sacos de cemento, a nuestras espaldas y, circunvalamos este escondite de adinerados y pudientes turistas.

Estamos ante una encrucijada logística, no sabemos si adentrarnos por la sierra frente a La Santa, seguir el track de la versión Plus o seguir el trazado primigenio. Al final gano yo, es lo que tiene ser un “marimandón”. A parte de las bromas, la cuestión es que la zona de montaña está tormentosa y no es cuestión de ir hacia el ojo del huracán de manera voluntaria, es preferible seguir costeando, ir a bajura todo el tiempo, mientras que el sol brille podremos seguir adelante.

Nuevamente conseguimos despegarnos del asfalto por Ocean Villa, entre tan bonitas casitas, llegamos al perfil litoral.

12047071_10153689339311823_823846240754322455_nDura poco el poder sentir la brisa marina, nos vamos escurriendo entre caminos y pistas, virando hacia el interior, entre volcanes y malpaíses. Los muslos notan el desnivel positivo, es suave pero el terreno se las trae, hay que subir piñones sin compasión y marcar una cadencia de pedaleo enérgica. El calor en esta franja es seco, intenso, noto como la piel de los antebrazos se perla de gotitas de sudor. El polvo que levantamos del camino es un fino rebozado en las pantorrillas, está caliente y se siente.

Atravesamos otra de esas zonas de aspecto lunar, aunque poco a poco comenzamos a ver pequeñas explotaciones agrícolas de régimen familiar.

Nos detenemos ante un cono de color bermejo, estamos al borde del abismo, sobre un acantilado, lugar idóneo para estar unos minutos contemplando semejante obra de la naturaleza. Hipnótico paraje.

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Seguimos camino a las órdenes del track que sale en la pantalla del gps, cruces a la derecha, otros a izquierda, en ocasiones ni a un lado ni a otro, simplemente seguimos en línea recta. Un auténtico galimatías cuando se es únicamente un turista aventurero.

Tímidamente comienzan a aparecer cepas, pequeñas viñas. Atravesamos uno de los paisajes más típicos de la isla o por lo menos de los que más se exportan cara al turismo. En el que las cepas están plantadas en un suelo fértil oculto bajo un manto de material volcánico. Estas añejas y retorcidas vides son el vértice de unos originales conos invertidos que surcan todo el paisaje. Un sinfín de muretes les protegen de los vientos feroces que azotan esta isla cuando dicen de castigar con sus fuertes sacudidas.

clara 1Llegamos a Tinajo casi sin darnos cuenta, es todo tan maravilloso a nuestras retinas que no hay tiempo de preocuparse de los avatares deportivos, las piernas pedalean de forma automática y los manillares giran intuitivamente por donde se les dice, sin más, formamos parte de un paisaje único en el planeta, somos unos privilegiados por poder estar donde estamos y de la manera en la que lo estamos haciendo. Me siento orgulloso de haber traído a estos dos amigos tras mi estela, compartir con ellos estos momentos me hace muy dichoso.

Con tanto pasteleo bucólico e idílico me doy cuenta de que vamos mal, estamos fuera de la ruta desde hace rato, pero… ¿quién puede resistir la tentación de rodar por aquí? Roberto comienza a manipular la pantalla de su Garmin y llega a la conclusión de que hemos parado en el lugar idóneo, en el momento justo, a nuestra derecha tenemos un camino que nos catapulta a Timanfaya, así, sin más, inconscientemente hemos llegado al punto necesario para que la recua continúe por la buena senda.

12065497_10153689339611823_6721876417384252181_nAl ver la entrada de la senda se nos grifan los pelos del lomo, cómo a los rottweilers cuando se enfurecen, pero en nuestro caso, es de la sorpresa y de la emoción al ver lo que tenemos que recorrer. Esta trialera es la trasera del parque volcánico, no pensé que hubiese otra forma de atravesar Timanfaya que la que ya conocía de mis viajes anteriores, no recordaba haber visto ningún camino aledaño al principal por el que conectar con otras vías de acceso.

Difícil describir por donde estamos bajando. Es un pasillo excavado en un mar de lava intransitable. Algunos turistas que hacen senderismo dibujan extrañas muecas en sus rostros al vernos llegar en bicicleta por donde ellos apenas pueden ir caminando y además al ritmo al que vamos. Yo cierro la fila, soy el más lento, además de mi bajo nivel en los descensos técnicos soy el ciclista cervantino del día. Con el dedo pulgar y el corazón de la mano derecha sujeto el manillar, con el índice controlo la maneta de freno y con los otros dos no cuento para nada, son dos palustres acolchados que hace muchos kilómetros se me adormecieron del dolor. No me puedo atrever a seguir el ritmo de mis colegas, podría caerme y este sitio tiene muy mala pinta para andar rodando por él.

bLas ruedas van encajándose entre grietas, estrellándose en bolos de lavas abruptas, escurriéndose por mini huecos en los que apenas podemos girar. La adrenalina nos lleva locos, siento que mis piernas quieren imprimir más potencia al momento pero no me fío, no puedo dominar el manillar de manera segura, aún así, esto es todo un frenesí, no hay ni un segundo de descanso. La respiración a medio desbocar ventila los pulmones ajetreadamente. Los ojos van escaneando al milímetro el terreno, el paso de rueda es toda una tortura para las llantas, no sé cómo no hemos rajado las seis cubiertas, no faltan momentos en los que se pellizquen y golpeen con alguna angulosa roca despiadada que lleva siglos esperándonos. No paramos de levantarnos sobre los pedales, de echarnos hacia la rueda trasera para bajar con el equilibrio perfecto, los muslos se cansan casi más que en una pendiente prolongada. Qué minutos tan geniales.

cLa antesala al infierno ha sido un juego caprichoso por el que hemos enfriado nuestros pellejos, por donde como el agua por un embudo: hemos fluido rápidos sin dejar de girar.

Ya estamos en la pista principal del parque volcánico, aquí nadie debe salirse del camino habilitado, está totalmente prohibido. Para nosotros es todo un reto seguir esta pista, aunque hoy con el cielo nublado y un leve vientecillo, vamos a sufrir lo justo, más bien vamos a paladear el regustillo de la fragua de Vulcano.

IMG-20151025-WA0040 IMG-20151025-WA0046 IMG-20151025-WA0039Kilómetros y kilómetros de lento pedaleo, controlando siempre el esfuerzo, nos queda mucha jornada por delante y no es cuestión de vaciar nuestras reservas. Los tragos de agua con Prolong son vitales, hay que impedir que los niveles de hidratación y energías mermen.

Recorremos una arista que coincide con el fondo de un valle flanqueado por cumbres volcánicas, cúmulos de material originario de las entrañas de la tierra, se amontona granito a granito, dando un aspecto colosal al paisaje. Cicatrizado por nuestro camino, que serpentea como una gris culebra interminable hasta un incierto horizonte.

IMG-20151025-WA0036 IMG-20151025-WA0032 IMG-20151025-WA0035En el siglo XVIII, un cura del entorno describió en sus crónicas cómo aconteció la erupción volcánica que durante cinco años, no cesó de escupir materiales piroclásticos, candentes, que transformarían el valle de Timanfaya. Pasando de ser una fértil comarca cerealista a una inerte tierra yerma, cubierta de escorias y, lavas endurecidas y estériles. Toda una transformación, paisajística en toda regla, pero que a día de hoy está revertiéndose, pues los líquenes, plantas, insectos y reptiles, ya son los dueños de esta explosión tan magna y catastrófica. A nuestro paso vamos viendo islas de color verde entre tantas escorias petrificadas, no hay nada que el reino vegetal no conquiste y moldee a su antojo.

Jesús incólume tira de la comitiva, se permite el lujo de parar en algunos puntos para esperarnos y fotografiarnos mientras afrontamos Timanfaya.

A lo lejos ya vemos el puerto que nos catapultará a Yaiza, el final del infierno está en ciernes. Estoy deseando llegar al final para hacernos las clásicas fotografías junto al diablillo que representa la imagen del parque.

IMG-20151025-WA0028 10632836_10206786686178047_5581855906060618576_n 12004678_10153689339746823_1655682118393061597_n IMG-20151025-WA0027Tras los retratos para inmortalizar nuestra mini conquista, nos aferramos a los manillares, apretamos lumbares, subimos al plato grande y comenzamos a rodar. Ha transcurrido una hora desde que nos despedimos del último camino decente en Tinajo.

El cielo está negro, muy negro, veremos a ver qué pasa cuando digan esas nubes de descargar su lastre. A estribor tenemos la costa soleada, me temo que esa vía tan interesante que, Justo, nos había indicado vamos a tener que dejarla para la próxima aventura insular en años venideros.

Unos kilómetros de carretera y estamos en la preciosa población de Yaiza.

Nos desabrochamos los cascos, nos quitamos los guantes, soltamos las cinchas de las mochilas y habiendo dejado bien aparcadas las bicicletas nos sentamos en una cafetería en la que recuerdo que hacían unos bocatas de pollo con ensalada colosales. Nos hacen falta, es cerca del medio día y desde las tostadas en Famara sólo hemos ingerido líquidos y guarradas de esas que van en los bolsillos traseros, dentro de pequeños envoltorios de escasos centilitros de volumen. Las coca-colas y los bocatas son el maná anhelado por todo peregrino en el desierto. Poco a poco vamos reponiendo lo que la isla nos ha licuado por el camino.

1508095_10206786687938091_8662544766318827460_nEntre mordiscos y tragos, los cristales de la terraza comienzan a sonar repentinamente, está lloviendo, y con mala saña. Las gotas son grandes y caen con mucha mala baba, a cada segundo las burbujas que se forman en el asfalto son más numerosas y de mayor tamaño, espero que sea pasajero. Ayer en Órzola nos ocurrió algo semejante y, tras quince minutos el cielo escampó y los pajarillos comenzaron a revolotear, así que siguiendo el mismo patrón puede que tras los cafés, esté todo dispuesto para que podamos continuar nuestra marcha por un entorno mojado pero al menos podremos rodar sin empaparnos.

Siscar¡En ruta! Elegimos la alternativa costera, sigue lloviendo en la montaña. Nos dirigimos a las salinas de Janubio, un rincón especialísimo, unas vistas desde nuestro altozano increíblemente bellas. Aquí Manrique de Lara disfrutó, dando un toque con el sello de Mondrian a la composición de la cuadrícula salina. Los colores son únicos, no existen en ningún otro punto del globo terráqueo, la confluencia de la latitud, de la declinación solar, la magia del lugar, y un sinfín de peculiaridades más, confieren tonos vertiginosamente bellos a cada una de las secciones en la que se divide la salina.

12191679_10153689393646823_4104922885849282259_nOtro bonito sendero a pie de acantilado nos hace disfrutar de las bicicletas de doble suspensión. El terreno es un devenir de subidas y bajadas técnicas de poca monta pero muy seguidas, concatenadas por basaltos desmenuzados por la acción erosiva de las embestidas del mar.

Abandonado este tramo técnico creo que vamos a avanzar rápido, nos esperan unos kilómetros polvorientos a cota cero. Llenos de cruces de caminos que todos llevan al mismo sitio y con exceso de roquedo emergente, pero si mis sinapsis no se alteran, este tramo de etapa fue rápido, sirvió para tomar aliento y templar piernas.

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VIRB Picture

Craso error, amigos, las lluvias han empapado estas tierras sedimentarias y vamos rodando sobre una extraña superficie. No llega a ser barro, tampoco es arena suelta, es cómo una nueva y extraña configuración de la materia que hace que las bicicletas se hundan y no puedan avanzar. A modo de postre comenzamos ver que el terreno va mezclándose con arcillas pegajosas, arcillas muy ruines que nos están sacando de punto. El mundo de los charcos interminables comienza a manifestarse, ¡Dios mío, pero esto qué es! No avanzamos, el ritmo es tortuguil, por más que apretamos las bielas no nos movemos, el terreno nos muerde las cubiertas, es imposible avanzar, ni tan siquiera saliéndonos del camino, todo se hunde y se nos pega en las bicicletas. ¡Qué horror! Los tres vamos a molinillo, en llano y apenas podemos desplazarnos a cinco kilómetros por hora.

El astro rey también ha decidido unirse al carrusel del castigo, a pesar de estar el cielo nublado, la sensación térmica es fortísima, el calor húmedo nos está deshidratando. Siento como mis codos gotean, mi mentón destila un hilillo de sudor. Jamás pensé que este lugar nos torturaría de semejante manera. El espíritu del Marqués de Sade, ronda estas arenas lodosas.

Nos detenemos en las ruinas de un viejo hotel, y a la sombra de uno de sus tabiques, lleno de basura y escombro por todas partes, nos hidratamos y descansamos. Hay que hacer quórum para ver que hacemos, no podemos continuar, frente a nosotros los charcos ya son lagos y no es viable continuar. Vemos una pequeña hacienda a un escaso kilómetro de nosotros y llegamos a la conclusión de que los moradores de esa casa han de llegar en coche cuando menos en un todoterreno, pero siempre por una vía accesible y nos dirigimos hacia ese punto en busca de semejante vía de escape.

Nos cuesta mucho esfuerzo, pero al final hallamos esa tan deseada y ansiada carretera. Asfalto viejo y lleno de troneras, pero a nosotros nos parece la mejor autopista del mundo.

Faro de Playa Blanca
Faro de Playa Blanca

Playa Blanca es nuestro siguiente objetivo antes de atacar la cordillera de Los Ajaches. En el paseo marítimo haremos una pausa para comer algo.

Tras abandonar el precioso paseo marítimo de Playa Blanca comprobamos que el acceso a playa Papagayo es un auténtico barrizal indomable y según nos cuenta un lugareño, atravesar la cordillera puede ser peligroso por el agua y el barro que baja por sus barrancos.

Suficiente información para volver a cambiar nuestros planes y, buscar otra alternativa más segura. Robert comienza a estudiar la pantalla de su dispositivo y llega a la conclusión de que si subimos por Femés en unos escasos treinta kilómetros estaremos en el punto de fin de ruta. No es lo previsto, pero hay que saber amoldarse a las circunstancias y a las adversidades.

CAM01778Chema aparece por la pantalla de mi teléfono, y tras una breve conversación deja caer la perla de la tarde y es no es otra que decirnos que nos preparemos para el puerto de carretera que nos espera.

Os voy a ser sincero, no sé si hubiese podido afrontar Los Ajaches con el estado en el que se encuentra mi mano derecha. La inflamación es severa, el dolor también es digno a tener en cuenta, y la cordillera costera es un continuo traqueteo. Sí que es verdad que no me iba a arrugar, fuese cómo fuese me iba a haber aventurado junto a mis compañeros hasta las mismísimas calderas de Lucifer si fuese necesario. No soy más que nadie, ni mucho menos mejor que cualquiera, pero si os puedo asegurar que a terco y a cabezón no me ganan muchos y aunque hubiese tenido que agarrar mi mano con bridas al manillar hubiese cruzado los barrancos hasta fin de ruta.

Tras toda una serie de deliberaciones, conjeturas y repasos a google maps, buscando escapatorias del barro, nos embarcamos por la LZ1 dirección a Puerto del Carmen, atravesando el puerto de Femés.

Jesús pierde la cabeza, con el cuarenta y dos de plato nos marca el ritmo. Roberto y yo no sabemos si reírnos o ponernos a llorar en la cuneta. No bajamos de veinte kilómetros a la hora, y la recta sube de manera tendida, las piernas tienen las revoluciones al borde de la franja roja, nos está castigando este rubiales de aspecto despistado e inofensivo. El calor es sofocante y pegajoso, el nivel de humedad es brutal, chorreamos por todas partes, los guantes gotean y las zapatillas van encharcadas, no creáis que exagero, es cierto cómo la vida misma, vamos empapados.

IMG-20151025-WA0019A lo lejos vemos como se retuerce la carretera en zigzag cruzando una montaña brusca y elevada. Yo no dejo de decirle a Roberto que busque en su caja de Pandora una alternativa sin cuestas, estoy harto de rodar por carretera a este ritmo y con ese puerto esperándonos. Las risotadas de mis compañeros son terroríficas, no hay otra opción, más que coronar ese pico en la gráfica de la ruta.

Jesús nos demuestra que es humano, baja el ritmo, se deja alcanzar y nos dice que necesita un gel, que le tiemblan las piernas. No es extraño, el ritmo y el desarrollo que lleva no es normal, le ha pasado factura, pero no os penséis que a éste se le hunde la flota pronto: ¡no! Se bebe un gel y a los cinco minutos ya está otra vez de pie, retorciendo las bielas de la Scott y convirtiéndose en un puntito en la lejanía subiendo el alto de Femés en un santiamén.

Roberto también se despega, pero no me importa, yo sigo a mi ritmo cochinero, con el molinillo puesto y en mis fueros internos sonando Metallica, voy pedalada a pedalada, ganando la partida al costarrón. No me intimida. Noto cómo la mano izquierda se me resiente de ir llevando todo el peso ella sola, también comienza a inflamarse la zona muscular de mi pulgar.

IMG-20151025-WA0026 IMG-20151025-WA0025Llegados a la cima nos reagrupamos y comenzamos a descender como locos por una carretera que en un primer momento no tiene mucho tráfico y nos permite disfrutar de altas velocidades, cruzándonos a nuestro antojo en las curvas.

Lo que queda es pan comido, pero somos ciclistas y hasta el último metro de ruta vamos dando cera sin contemplaciones. Yo soy de los que cuando veo un trapico de color rojo embisto, y así me pasa, tenemos otro mini puerto frente a nosotros y me olvido de la mano, de los dedos y de todo, me pongo a pedalear y comienzo a derrochar kilowatios a placer jajaja… atrás dejo a mis dos compañeros apostando sobre el momento en el que mis piernas van a estallar de ácido láctico y voy a quedarme hablando con el Tío del Mazo.

No tardo mucho en notar cómo si una jauría de perros mordiese mis piernas desde el tobillo hasta la cadera, los calambres son brutales, no puedo ni pedalear ni moverme. Me estiro sobre el sillín elongando mi posición y levemente voy dando pedaladas mientras desciendo, poco a poco voy recuperando la normalidad. Los comentarios jocosos de mis compinches son de lo más divertidos, les he secado unas risas de donde no había más que unas muecas de sufrimiento y cansancio.

ROBERTAtravesando las calles de Puerto del Carmen llegamos a Tripasión, lugar donde está instalada la Meta. No hemos ciclado fielmente el recorrido previsto, pero los dos días de ciclismo de montaña que nos hemos regalado por la isla de Lanzarote no han sido una excursión.

etapa 2Así acaba esta aventura del Sincrolador, bordeando la isla de Lanzarote de una forma imprevista, accidentada, pasada por agua y barro. Lesionado pero muy satisfecho, el factor humano de todos y cada uno de los que han formado parte de estos días tan apasionantes, ha sido ejemplar, único, maravilloso.

¡Hasta la próxima!

z IMG-20151025-WA0002 IMG-20151025-WA0007 IMG-20151025-WA0012-2 Pedales_de_Lava_2

Bienaventurados.

En primer lugar dar las gracias a VULCAN BIKE, con Justo, Chema y Maxi. Un trío excepcional al que debemos la existencia de Pedales de Lava y su idiosincrasia tan especial. Gracias amigos.

JOHNBIKE, que aunque no ha podido venir por motivos laborales, es quien hace que a diario mis bicicletas estén siempre listas y dispuestas para poder entrenar de la mejor de las maneras. Un saludo Juan Alberto, se te echó de en falta.

CUERPO SANO, SALUD Y DEPORTE: Antonio Javier y Mª Dolores Gambín, muchas gracias chicos por vuestra confianza, por haber puesto vuestro granito de arena con la suplementación deportiva, que ha sido un factor determinante a la hora del éxito en cada etapa. Gracias, pareja.

Clara Suárez: qué te puedo decir que no sepas, dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro, y nosotros cuando vamos a Lanzarote somos los más ricos de la isla. Un besico muy murciano.

TIENDABOOK 12: Domingo, encantador vecino y compañero de pasión ciclista, quien se encargó en su negocio de imprimir y plastificar nuestros dorsales. Muchas gracias, Domi.

Y por último y no menos importantes, Bienaventurados sean mis dos singulares compañeros, Roberto y Jesús. Un fuerte abrazo a ambos, y espero que sigamos haciendo kilómetros cómo hasta el día de hoy: sin límite.

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10 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Y por fin he podido leerlo….(imaginar aqui emoticono avergonzado y sudando). Dicen que más vale tarde que nunca…..y en este caso va a ser “más vale muuuuy tarde que nunca”. Bien, ha valido la pena en cualquier caso leer estas crónicas que demuestran tan claramente la experiencia vivida. Sois unos champions y solo por haber contribuido a que hayais vivido esta aventura, ya me merece la pena todo el esfuerzo empleado en crearla. Un abrazo muy grande amigo Chorques y a ver si la próxima vez podemos coincidir y pedalear juntos de nuevo.

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    1. Nunca es tarde si la …icha es buena !!!

      we will ride together again, don’t worry Max !!!

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  2. Juan dice:

    Enhorabuena Luis, por ese viaje que aunque accidentado, creo que lo habéis disfrutado . Gracias, gracias por hacerme vivir ese viaje .en tan grata crónica, que la sentido en mis brazos y piernas, como si hubiese sido YO el 4º bike .

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    1. Primeramente quiero saludarte con un fuerte abrazo.

      Eres algo mas q el cuarto ciclista, eres un nuevo amigo del Sincrolador y un gran lector. Los 4os ciclistas como tu haceis q cada dia me ilusione mas escribiros estas cronicas.

      Gracias, por tu paso y mensaje. Un fortisimo abrazo.

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  3. Justo dice:

    Como me sorprende ver que habéis disfrutado a pesar de las adversidades del diluvio, que distinto hubiera sido de “haber seleccionado la casilla de buen tiempo”, para otra vez hay que tenerlo en cuenta.

    Me ha gustado mucho tu crónica y mucho más haberos conocido, sobre todo a ti Chorques que ya eres una institución en esta tu casa Vulcan bike.

    Sois unos auténticos jabatos.

    Saludos.

    Justo

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    1. Ciertamente el Tiempo fue determinante, pero para divertirnos sólo hizo falta la combinación de una isla salvaje y buena gente, y de eso último tú has sido el culpable.

      Los tres nos divertimos mucho dándole al MTB gracias a vuestro trabajo.

      Justo, conocerte ha sido un placer, NOS VOLVEREMOS EN BREVE… ejejejej

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  4. Leo Osorio dice:

    Espectacular, he rememorado algunas sensaciones que tenía olvidadas. Lanzarote me encantó, eso sí, nosotros pudimos disfrutar de unas condiciones climatológicas únicas. ¿recuerdas?……

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    1. Cómo olvidar una semana tan chula en compañía de tantísima buena gente… imposible.

      Sí, hemos tenido mala suerte con la climatología, pero bueno, al mal tiempo buena cara.

      Gracias por pasar por el blog, Mi Comandante !!!!

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  5. Pepe Rush dice:

    Impresionante .. que manera de expresarte tan magistral … en fin …a tus pies ..

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    1. A tu rueda, my friend !!!!

      Muchas gracias por pasarte por este blog de desavaríos y pedaleo.

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