XXI DUATLÓN CROS DE SANTA POLA 2015

12027605_993054974086329_3585700553556878045_nPREFACIO ENSOÑADOR.

Él, no es Aquiles, es Sony Maldonado, y tampoco ha sido un flechazo en el tendón del talón sino una caída, con rotura de ligamento en el hombro derecho lo que malherido le ha dejado. No son las playas de Troya teñidas por la contienda incesante, pero las areniscas de Ricote llevan el fuego murciano en sus adentros, dolorosas cómo el rayo que raja el árbol en la tormenta al sentir la sangre del guerrero en sus diminutos granos.

Así comienza, en el siglo XXI, una nueva gesta digna de ser prodigada por los juglares de la época, internet: nuestra particular Odisea en el XXI Duatlón Cros de Santa Pola en Alicante.

12047016_10208244659702044_5556643573604568563_nYo, al igual que nuestro pseudo semidiós Aquiles, tampoco soy Ulysses, ni tengo sangre real que navegue por mis capilares y arteriolas más intrincadas de mi cuerpo de guerrero ciclante, pero navegaré por las turbias aguas de su lesión, que en septiembre cristalinas a nuestros pies se verán; guiando los sueños, angustias, dolores y las dulces olas de la rehabilitación, en su camino al debut nuevamente, repuesto y armado, al barbado gigante. Haré de vigía, de timonel y de patrón en esta negra nave simétrica, como bien definía Homero a las cuadernas que navegaban el Mediterráneo oriental en los días del auténtico Odiseo y su tripulación. Él, negro, lucirá el color de su Epic, que además de simétrica es un auténtico atisbo de locura cuando siente el polvo de los caminos en sus tacos, también negros, y la dureza del roquedo en sus suspensiones.

Nuestro Caballo de Troya no está cargado de soldados agazapados con enhiestos pilos de cedro libanés y escudos de madera endurecidos con cobre, y forrados de pellejos caprinos sino que en las entrañas de este equino imaginario guardamos: tropas de ilusión, las armas aceradas de la esperanza, anhelos infinitos y sueños que dejarán de serlos nada más salir al exterior y comenzar la contienda. No vamos a tomar la plaza sitiada, sino a cruzar la Meta, venimos a hacer deporte rodeados por cientos de desconocidos, más de un millar de aguerridos valientes que buscan al igual que nosotros superarse a sí mismos.

Las cabezas no las cubriremos con cobre bruñido ni oro reluciente, estarán envueltas en carbono y polímeros ligeros, tan resistentes al asfalto como los yelmos macedonios que desafiaron a los Jerjes y Daríos. Nuestros pies no estarán protegidos del paso a paso con tiras de cuero y duras suelas compactadas, pisaremos desafiantes las calzadas que Santa Pola nos ponga a sus pies, con el mejor calzado deportivo que tengamos, y los alienantes tacos de cubiertas de veintinueve pulgadas. Así van, uniformados a día de hoy los que al campo de batalla acuden voluntarios buscando la gloria del triunfo. Y aunque tras leer estos primeros párrafos podáis pensar que somos cómo dos espartanos helénicos, únicamente somos dos simples murcianos.

Tras las nieves del invierno y los gélidos días sin rastro alguno de Helios, los primeros y cálidos rayos de sol de la primavera comienzan a derretir tímidamente, café a café, tarde a tarde, los miedos y las desesperanzas. Haciendo florecer, cómo el blanco de la flor del almendro o el rosa en las del melocotonero, momentos de alegría en un corazón que día a día he visto ensombrecerse al no poder hacer aquello que tanto le gustaba: montar en bicicleta y descubrir tras mis ruedas las sierras, ramblas y caminos del Valle de Ricote y predios allende éste.

11178209_422824561251797_9200703283195047575_nDespués de la tempestad llega la calma, y así, sin darnos cuenta en vez de surcar olas, líneas de bajuras costeras, derrotas imposibles e ir lamiendo los bostezos de Eolo a sotavento y barlovento, nuestras líneas de crujía y mascarones de proa están siguiendo las blancas, paralelas y bien conformadas rayas del tartán de la pista de atletismo en Ceutí, nuestro pueblo. Dando doloridos pasos primero y, danzarinas y joviales zancadas después.

Poco a poco las hojas de las moreras crecen, los días son más largos y luminosos, y a la vez las páginas del calendario no dejan de sucederse hasta llegar al veintisiete de septiembre que menguan conforme avanza el perihelio en su cruzada celeste y llega el otoño caducifolio.

Con los ánimos mudados, cómo hacen los bellos álamos, ahora, por fin, el vigor nos inunda desde la alborada hasta el cénit de la jornada. Poco a poco el tullido ha dejado de serlo, la confianza se entremezcla con su adrenalina en los entrenamientos. Yo por el contrario hago vida paralela, los más de los días, de puntillas, a hurtadillas y en silencio me escapo de nuestra promesa y disfruto de las cabriolas de mi canija de carbono por los montes aledaños, templando mis piernas y mi espíritu. Otros días me escapo y disfruto del Circuito de montañas alicantinas. Reservo las noches y algunas vísperas a mi fiel y obstinado compañero. En las veladas no saco brillo a mis filos, tiento otro tipo de metales que van dando tono a mis brazos y torso, que lejos de sesgar vidas en batalla se aferran a los puños de mi obediente manillar en cada kilómetro montaraz.

El momento llega, a pesar de que los favorables vientos del Oeste que Eolo olvidó en su regalo al Basileus de Ítaca, no nos acompañen tampoco, nosotros bregamos y remamos en pro del objetivo y la victoria, soplen los vientos que soplen.

No creo que exista sirena alguna que con sus cantos pueda seducirnos, o mago ingenioso que nos convierta en lotófagos cómo a los marineros de Odiseo y perdamos la memoria por la ingesta de semejantes vegetales, convirtiéndonos en inertes seres desorientados, ¡no!, sabemos muy bien hacia donde vamos, y no perdemos de vista nuestro rumbo en ningún momento, vamos silbando como el viento entre las velas, rolando y rolando, jugando con las jarcias, y siempre cómo la luz de alto horizonte del mástil, brillando en la oscuridad.

Yo he abandonado la lucha a pie. Batallas pretéritas hicieron que la cojera sea mi compañera de por vida, aunque ninguno lo vislumbréis, pues los podólogos de hoy día son mejores mecánicos de nuestros cuerpos que los galenos que tal vez Pitágoras, Arquímedes de Siracusa o Tales de Mileto visitaban para acuciar sus dolencias y males aquejantes. Me quedo con mis salidas en bici por la montaña.

El gigante no ceja, todos los días afina piernas en la carrera, sigue planes de trabajo y cuida sus pedaladas a la par. No deja detalle alguno a la improvisación, progresa como la sucesión de Fibonacci, crece de forma exponencial día a día.

HORA DE RECOGER LAS MIESES.

Tras incólumes años, en los que indefinidamente he mantenido mi misma actividad, siendo constante en mi cadencia, nunca egoísta ni avaricioso, más bien conservador, celoso de mi estado de forma, que jamás ha sido propio de alguien a quien desdeñar ni tampoco reseñar, ahora me hallo extrañamente convertido en el convaleciente, en quien alicaído sabe que tiene saltar a la arena y enfrentarse a los pulgares de Caesar. Inyectables durante semanas, nervios que se inactivan y vértebras que se desvían de la buena senda son los culpables de mi ingesta diaria de fármacos aturdidores y que me han obligado forzosamente a cejar en todas mis actividades deportivas.

Llego débil, pero valiente, enfrentarme a un duatlón cros sin haber corrido ni un solo kilómetro en meses, es algo temerario, y si añadimos un brazo izquierdo que sólo funciona doloridamente, el cóctel es peligroso y tal vez para muchos desalentador, pero quien conoce mi blog lo primero que puede leer en su parte superior es la siguiente etiqueta: “Aventurero incansable”, y ese… soy yo. Por lo tanto el duatlón mañana será mío, aunque tenga que culebrear por el asfalto o convertirme en un muerto viviente que arrastre cual momia de una película de serie B sus vendas por las arenas de la primera línea costera.

12042933_10208253795130424_1862544581887537989_nMi aventajado compañero está pletórico, ha llegado su momento, está en ciernes a esos instantes que van a garantizarle y certificarle que todo lo sufrido ha tenido un fruto que recoger, y esas mieses, ese grano maduro, hoy, con la recogida de dorsales en el castillo de la bonita localidad costera en la que vamos a dejar hasta la última gota de sudor, ha llegado. Mañana hay que coger el toro por los cuernos.

A este escenario no hemos llegado solos, hay muchos mercenarios amigos, son legión, multitud, casi miríada, enjambre de deportistas que venidos desde distintos puntos geográficos de nuestra preciosa piel de toro, van a aunar esfuerzos a los nuestros y de manera global llenaremos el ambiente de energía positiva y rictus desencajados por el sufrimiento, que significativamente tanto nos hace disfrutar a todos y cada uno de nosotros.

TERRENO IGNOTO.

La información es poder, y hoy hemos de estar muy atentos, hay mucho que leer, escuchar y observar. Todo es nuevo y desconocido para nosotros. Hay elementos comunes a cualquier evento deportivo pero la combinación de diferentes disciplinas hace que se mezclen ideas y existan nuevas normas que conocer y acatar de forma dogmática.

12046599_422824547918465_8542194045609680701_nPor ejemplo, la zona habilitada para instalar las bicicletas está configurada en pasillos esquematizados. Cada uno de ellos contiene unas varillas metálicas con unas medianas etiquetas plastificadas que numeradas a la par que nuestros dorsales, indican donde hemos de dejar expectante a nuestra compañera de carbono durante toda la noche y parte de la mañana. Los números pares orientados hacia la parte interior de los pasillos y los impares a viceversa.

Estos viales nos indican cuales han de ser los lugares por los que hemos de acceder en la primera transición disciplinaria. Quiere decirse que, tras la carrera de los primeros cinco kilómetros hay que tener muy claro por dónde introducirnos al laberíntico vivero de bicicletas.

Otra curiosidad es que por los pasillos no se podrá ir montado sobre el sillín, ni pedalear, totalmente prohibido circular en bici. Hay que ir caminando y con el casco abrochado desde el primer segundo que se descuelgue la montura y ambas ruedas toquen la moqueta.

Escuchando a diestra y siniestra vamos captando muchos pormenores a tener muy presentes y sin darnos cuenta, en ocasiones damos algunos consejillos a recién llegados a los boxes, haciendo gala de nuestra gentileza.

Cierto es que se aprende todo muy rápido, es muy sencillo, pero hay una gran cantidad de información desconocida en un terreno ignoto que tenemos que descubrir segundo a segundo.

COMIENZA NUESTRO DUATLÓN CROS.

Suena el despertador muy temprano, tengo algo menos de una hora de coche desde la casa de mis padres hasta la perla marinera a la que me tengo que dirigir. Estoy pernoctando aquí porque desde Ceutí la travesía me obligaría a madrugar en exceso, y a tener que conducir largo tiempo y, esa es la parte más fea de este tipo de días.

Desayuno nada copioso, pero sí equilibrado, poco a poco he ido aprendiendo que es lo que mejor me hace sentir antes de una carrera y más energías me aporta. Zumo de limón natural, queso fresco, arroz salvaje al vapor, un poco de fruta y un buen café. Para el camino me llevo unas galletas integrales y un bidón de 500ml de agua con hidratos de carbono solubles y polvos isotónicos.

La luz en el puerto es preciosa, la gama de plomizos domina el cielo, las algodonosas nubes grisáceas están desperdigadas, el espejo de mar en calma, con aspecto denso, grisáceo, plúmbeo, bellísimo. Las gaviotas están plantadas sobre los muretes de la celosía del club náutico, esperando el momento de ponerse a volar entre nuestros sueños que al igual que sus alas irán surcando los aires.

CAM01733Por la ventanilla de mi coche se filtran esos aromas tan ensoñadores de la mañana mediterránea. El interior de mi nuevo y diminuto coche pronto se inunda de esta fragancia en la que a priori se puede detectar el toque de la posidonia oceánica acumulada en rincones de la playa, las secas bolas de Codium Bursa, las descortezadas hojas de Padina Pavónica y Udoteas. Casi todas ellas algas que se acumulan en estas playas de Santa Pola, aunque posidonia curiosamente no es un alga sino una planta, vital para oxigenar el reino de Neptuno.

Inhalando este cóctel marino, despacio, disfrutando del callejeo urbano al volante, escucho acordes que hacen que mis células, todas ellas comiencen a enervarse. Qué mejor motivación que las guitarras de AC-DC desgarrando la moqueta de los asientos a cada punteo.

A la entrada del puerto hallo un increíble rinconcito donde dejar aparcado mi pequeño Kia, a escasos metros del lugar donde vamos a disputar el duatlón.¡Estupendo!

Nos ponemos en contacto por teléfono y en menos de cinco minutos un abrazo nos vuelve a fundir. Pedro, a quien llaman Sony los amigos, está dispuesto, a pie de calle y con ganas de tomar su primer café en mi compañía. Este momento ya no es un ensueño, un deseo, una apuesta, una promesa, no es nada intangible, es: el ahora y el presente; es su día, es la jornada en la que va a comprobar que los deberes bien hechos van a catapultarle al sobresaliente.

CAM01735-1-1Tras inundar los paladares con el amargo del café, me alojo la mochila y caminando con un cierto grado de expectación y nerviosismo nos encaminamos a preparar las bandejas destinadas a guardar los cascos, zapatillas y todos aquellos pertrechos que los deportistas necesitan a la hora de migrar la carrera a pie y ponerse a pedalear alocadamente, para volver nuevamente al mismo punto y hacer otra vez las veces de guardarropía personal de cada corredor.

CAM01734Todo instalado, descubrimos nuestras bicicletas. Las fundas de plástico que las han protegido de la salina humedad nocturna pasan directamente a las papeleras y los destellos de los cuadros de carbono son cegadores. Mi anaranjada compañera está impoluta, incólume, bien engrasada en JOHNBIKE con las aterciopeladas manos mecánicas de Juan Alberto. Está expectante, dispuesta, se siente un dardo envenenado, quiere ser la flecha que atraviese los mangos de las hachas que devolverán a Ulysses su morada y recuperará el corazón paciente de su amada Penélope. Por el contrario, el cuadro de Sony es sobrio, negro lacado, complejo de contemplar, una Epic como la suya tiene mucha miga que exhibir y demasiada potencia escondida entre los eslabones de su cadena.

CAM01738-1Dorsales puestos, salimos de la zona de transición y por el paseo marítimo pululamos indiferentes, calentando un poquito.

Este momento de la mañana es más un acto social, pues me encuentro con José Tomás, compañero de fatigas y un gran deportista, Adrían el sonriente y espigado joven del Valle de Ricote junto a unos amigos, quien está en ciernes de su vuelta a la competición. Edu “el grandísimo” quien nos inmortaliza con su objetivo, JuanF. Piqueras se suma a los saludos, compañero de gym y quien sabe… también posible compañero de rutas futuras. Aparecen Lola, la musa de Sony, y papá. Ximo Pérez ha sido la aparición estrella, hace tiempo que nos conocemos y animamos mutuamente por facebook y, éste, hasta que no ha encontrado el dorsal 976 no ha parado. Gran apretón de manos y cómo bien dicen en el final de Casablanca: “creo que es el principio de una buena amistad”. Vicente Candela, el repetidor, dos crónicas seguidas lleva, pero si en algo ha sido bueno repetir, ha sido, con él en el circuito de Muntanyes. El sector femenino es más reducido, saludo cariñosamente a una leona de las que hay que tenerles mucho respeto, porque cuando pasa por tus flancos te levanta las pegatinas: Ariadna, a quien le deseo toda la suerte del mundo, llevo viéndola escalar a los cajones del pódium en el Circuito de Montañas Alicantinas todo el año. ¡Suerte campeona! Espero que si me olvido de alguien, me perdone, entre tanta letra alguna tal vez se quede en el tintero y no conforme el nombre del olvidado, pero sabed que todos y cada uno de los que formáis parte del Sincrolador estáis muy presentes: siempre.

CAM01737-1Por megafonía nos explican cómo se van a realizar las tres salidas programadas:

1º Saldrán a las diez en punto de la mañana los PRO, y federados en las distintas modalidades que nos atañen.

2º Cinco minutos después, escucharán el cohete de salida los que no están federados como triatletas, los federados en MTB y los que tienen menos de cuarenta octubres.

3º A las diez y diez minutos exactamente, saldremos los veteranos no federados y las féminas, a quienes tienen la deferencia de colocar en la parte adelantada de nuestro cajón de salida.

Nuevamente, giro el cuello, echo la vista atrás y veo que no hay casi nadie, vuelvo a subir al vagón de cola, es mi designio. Casi mil cuatrocientas almas me anteceden, voy a tener que ir esquivando nuevamente a muchas manchas de colores en los primeros minutos para intentar ponerme en mi posición de carrera.

santapola 1Sony ha salido en el segundo cajón, es una pena, nuestra idea era competir juntos, pero no ha podido ser. En el fondo creo que va a ser mejor, de esta manera Pedro Maldonado sabrá encontrar su hueco sin ningún tipo de referencia que tal vez pudiera restarle el más mínimo mérito por parte de algún crítico a posteriori. De esta guisa, su resultado será sólo suyo, nadie podrá pensar que ha ido a rueda de su gregario.

Me llega el turno, comienzo a moverme, el cardumen es espeso, hay leves roces, somos un todo saltarín. Poco a poco nos vamos deshilachando, se va enhebrando la calle de atletas que corren y corren.

Sé que tengo que tomármelo con mucha calma, si me lesiono al empezar la cosa va a tener poca gracia, por no decir ninguna, así que ver cómo me sobrepasan competidores que físicamente no apostaría por ellos pero que corren más que yo no me afecta. Hay muchas personas que tienen el hábito de correr y no por ello se moldean físicamente, pero las apariencias engañan, pueden ser resistentes y rápidos. No es una cuestión que me preocupe, yo sigo con mi gps en la mano izquierda viendo que llevo un ritmo constante, es lo que me importa, no bajar de este trote alegre.

12074545_993055037419656_4216004858962390231_nLos kilómetros se hacen más alegres de lo que yo pensaba, muy a mi pesar estoy casi en los seis minutos por cada mil metros recorridos. Es un tiempo que en tiempos pretéritos hubiese sido inconcebible pero que a día de hoy es lo único que puedo dar y además me siento muy orgulloso, hoy la vanidad va abanderándome, sé que nadie vendría sin entrenar la carrera y atiborrado a calmantes y corticoides cómo me he pasado las dos últimas semanas, postrado en el sofá de casa leyendo y leyendo.

La gente se agolpa en las aceras grabándonos con sus teléfonos, dándonos ánimos con gritos, expresiones muy emotivas y aplausos. Perlas que motivan y emocionan al mismo tiempo. En esta nube de espectadores tan fabulosos llegamos a un punto cercano a la lonja donde hay que correr hasta el final del espigón. En uno de los dos faros de la bocana debemos girar casi trescientos sesenta grados y poner las cordoneras dirección a los pedales XTR con plataforma de mi liviana montura.

aVeo la llegada a la zona de transición y lo estoy deseando, me siento abotargado, pesado, muy sudado y cansado. Los cinco kilómetros se me han hecho eternos. El único momento de euforia ha sido al ver a José Tomás que iba con los del grupo de cabeza, corriendo como una liebre, de esas que tanto le ha gustado perseguir en su juventud por la rambla del Cantalar y tantos otros sitios de su terruño fortunero bañado por el Ajauque y sombreado por la Cueva Negra.

Me descalzo, y me ajusto las cinchas de velcro de mis North Wave, las de horma ancha, las que me acompañan kilómetro a kilómetro en mis correrías diarias de ciclismo desde hace años. Miro a mi alrededor y no veo a ningún arbitro de la prueba, tal vez a mí, alguno me esté observando, aún así me pongo el casco, me lo abrocho y ajusto bien el barboquejo. Hoy no me apetece perder el tiempo en guantes, aunque también los tengo en la bandeja.

12079611_10208267565354671_741785951768852277_nMi paso por esta fase es lento, casi cuatro minutos. Es lo que tardo en volverme ciclista. Voy empapado en sudor. Mis zapatillas son de cordoneras y aunque están desabrochadas a mi llegada hay que anudarlas y es increíble pero mi mente está espesa, me cuesta hacerlo con la facilidad cotidiana.

Dos banderas azules y unas líneas pintadas en el asfalto me dicen que ya puedo apoderarme de mi eje pedalier sin contemplaciones. Comienzo a bajar coronas, dejé anoche la cadena en el punto intermedio. Me instalo bien, voy vestido de ciclista de montaña, es mi elemento. Aferro el manillar un poco más corto de lo normal, acoplo los dedos índices en el hueco que la maneta de freno me ofrece y en una cómoda posición comienzo un rodaje por asfalto.

Lo más impulsivo sería rodar con toda la potencia disponible, pero hay que saber que a pesar de que la distancia, para mí, es muy corta y es un desnivel casi insignificante, está el paso previo de los cinco kilómetros de marcha que no sé cómo me van a afectar a las piernas y el último tramo que tendré que recorrer de casi tres kilómetros una vez acabada la travesía montañera.

Decido instalar un ritmo potente pero acompañando la pedalada, no dejo que el arrebato me embargue por mucho que me pueda apetecer, porque poco a poco quiero ir bombeando sangre a mis piernas y poner mis pulmones a ritmo, una vez que mi maquinaria de btt’ero se ponga en marcha las cosas van a cambiar y mucho.

Noto que las pulsaciones han bajado muchísimo, mi demanda de aire en mis inhalaciones se ve reducida en cadencia y aumentan los litros de aire que mis pulmones ventilan. La temperatura del cuerpo siento que desciende ostensiblemente y, dentro de mí comienza a renacer ese espíritu competitivo que hasta hace un rato estaba agazapado tras el temor a lo desconocido. Ahora voy en busca de objetivos, a los que alcanzar y pulverizar con el desprecio que el polvo de mi rueda trasera pueda escupir a los tacos de otras muchas delanteras.

Unos breves kilómetros de falso llano y unas rampas de asfalto comienzan a al flirtear con los ciclistas, veo que la grandísima mayoría de los competidores va con “el molinillo”. Cadencias altísimas, algunos buscando coronas por las esquinas porque estas cuestas se les atragantan. Mi canija, por el contrario va cargada de hierro hasta los dientes, me entretuve estudiando tracks de otros ciclistas en wikiloc, que han subido con anterioridad al faro de Santa Pola y tengo muy claro lo que me espera y a lo que me enfrento. Ni siquiera podría considerarse digna de una sesión de entrenamiento diaria, es una mini etapa que he de devorar sin compasión.

IMG_42616092913033Cadencia media pero muy potente, mis muslos siento que están disfrutando, mis lumbares me animan, se ríen de mí desafiantes, los gemelos martillean alegres, me siento cómodo, voy pidiendo paso sin compasión. Meto mi rueda delantera al más mínimo hueco, hay grupos que se aglutinan a todo lo ancho de la calle y no me dejan avanzar como yo quiero. En dos ocasiones recorto dos curvas a derechas en plena subida al milímetro con el bordillo de la acera, por donde nadie se atrevía. Me pongo de pie en varias ocasiones buscando más potencia con la que impulsar mi progresión.

11930775_10204889535580520_3530483814997020650_oUn buen trago al bidón. Sólo llevo uno, me lo voy a beber en un par de tragos. Además de venir sin entrenar la carrera, hoy me apetece abrazar la dieta espartana, no llevo más que un plátano.

Acaba el hormigón y llega el roquedo emergente. El camino es un auténtico pedregal. Además se estrecha, obliga a ir en fila de a dos. En las mejores ocasiones puedo hasta colarme por el centro, pero por donde estoy impulsando mis bielas es por la parte sucia del camino, por donde los demás desprecian el paso. Está libre y nosotros pilotamos bicicletas todoterreno, no somos señoritas con tacones cómo algunos dan la impresión. Las piedras en una bici de montaña son para pisotearlas, para domarlas, para dejarlas marcadas de negra goma, para despreciarlas.

Con un desarrollo muy cómodo, mi tracción es total, voy volando, no dejo de adelantar ciclistas de todas las índoles. Voy pidiendo hueco siempre por la izquierda. Algunos se enfadan y se resisten, no entienden que hoy hemos pagado por correr y no por salir de paseo con los amigos al monte.

12079669_10208267565634678_7704962224097905446_nEl recorrido es sencillísimo, no hay ninguna trialera que obligue a extremar precauciones, todo lo contrario, esto es pistero al ciento por ciento, sólo hay que tensar ligamentos y aspirar lo máximo posible en cada bocanada para que a la caldera interior no le falte oxígeno que repartir por todo el cuerpo. Voy histérico.

Esta mañana he vuelto al mundo del tubeless, las presiones de los neumáticos son diferentes a las habituales y siento nuevas sensaciones desde la rueda trasera, creo que debería haber llegado a las dos atmósferas de presión, por el contrario la delantera va especial, divina, tragona, avariciosa, viciosa total.

Los kilómetros de rodaje se acaban, entro en el casco urbano y no dejan de advertirnos de los peligros que nos pueden acechar tras la pintura de los pasos de cebra y los virajes en algunas curvas. Nada reseñable, a fondo, encaramado en el manillar y con el torso enroscado en la dirección, agazapado, buscando ser lo más aerodinámico posible en las últimas avenidas, alcanzando los casi sesenta kilómetros por hora.

Recta final, pedaleo al sprint, me retuerzo sobre el cuadro, la rueda trasera recibe tanta potencia del pedaleo, todo metido, piñón de diez dientes ardiendo, que se retuerce, se desplaza de un lado a otro, los muslos me hacen sentir el dolor por todas sus fibras, los exprimo al máximo, les fustigo sin compasión, el látigo de la galera les azota.

Se acabó la fiesta.

Sigo las instrucciones, entro en boxes nuevamente, caminando, con el casco abrochado. Tras dejar en el hueco asignado por mi dorsal a mi compañera, vuelvo a calzarme las zapatillas y me despojo de los pertrechos de ciclista que sean removibles.

cEl primer paso me lo dice todo. Mis piernas no son mías, no responden, creo que llevan una plancha de hormigón las zapatillas que impiden que pueda despegar los pies del suelo. Los gemelos comienzan a quemarme y a congestionarse mucho por la parte interna, es una franja lineal que va desde la rodilla hasta el tobillo. Los piramidales, sobre los glúteos, también me están enciendo las luces de alerta.

Sé que no he entrenado nada la carrera y hay que pagar el peaje del atrevimiento y la ignorancia. Dice una frase: “no hay mayor atrevimiento que el del ignorante”, y que cierta es. El arrojo asoma tras la camiseta y llega a mi pensamiento, recomendándome paciencia, que sonría y saque dientes a lo folklórica. Así lo hago, en vez de obcecarme al ver que me adelantan hasta los caracoles, lo que hago es sentirme cada vez más orgulloso del trote cochinero que llevo, cercano a los siete minutos por km, pero no importa, estoy en ello, sigo en carrera. Veo que en las aceras hay algunos sentados, sufriendo calambres dolorosísimos, con sus expectativas licuándose junto a sus sudores. Me resisto a caminar, a parar, mi cerebro me pide que me detenga, mi maquinaria está sufriendo mucho, está al borde de la catarsis, pero mi orgullo me dice que siga trotando, suave, al ritmo que sea necesario, sin vergüenza alguna, sino todo lo contrario, altanero.

Los voluntarios me dan un botellín de agua que me sabe a cielo abierto. Me da por reírme, así como los locos, en solitario, mis carcajadas y yo. Resulta que intento tirar el botellín sobre la diana de papel instalada sobre el contenedor que nos han colocado para tirar las botellas y no tengo ni fuerza para llegar hasta él. Impresionante lo duro que ha sido el cambio en este primer kilómetro, de sentirme poderoso, de ir surcando los caminos temerariamente a mendigar cada metro hacia la línea de llegada.

12036576_1516688748623090_1159062528877718249_nNo pasa nada, me adelantan en hordas, deportistas a los que en el sector intermedio di alcance sobre la bicicleta ahora me rebasan con una suavidad pasmosa. Se nota quien ha hecho bien los deberes, enhorabuena por todas ellas y ellos, les admiro, esta disciplina es durísima.

11145159_10208349138552885_6739641448718915901_nA mi derecha veo a la pareja de Elda, los Rush, les lanzo un grito a degüello y, sin avisar, Pepe, rápido como en un duelo al sol de John Ford me dispara con su cámara, siento cómo el obturador digital cruje al añadirme a la tarjeta de memoria a esa velocidad.

Los que van por el carril derecho van camino al Edén, tienen casi todo recorrido, de ellos será el reino de los finalistas o finishers como se empeñan en llamarnos al acabar un evento.

Me agarro a una señal de tráfico que marca la mitad del último tramo, giro y cambio de sentido. Voy algo mejor, me siento muy realizado, me crezco segundo a segundo a pesar de no aumentar mi ritmo de trote, pero precisamente el poder mantenerme me hace ver que “el poder de la Fuerza me acompaña”.

12119926_488958114604433_536536648682258573_oMe incorporo nuevamente al paseo marítimo y tras ser cazado por la cámara de Eduardo, me propongo racionalizar el final, convertirlo en un cañonazo final. Voy acaparando todo lo que hay en mi interior y comienzo a formar un depósito auxiliar para los últimos metros, ya tengo a la vista el cronómetro digital que hay sobre el arco de llegada. Pienso en las llegadas de los ciclistas de carretera, son despiadados entre ellos, sibilinos, hasta los últimos metros no sacan la artillería pesada por temor a perder su trabajo, y así lo hago.

Ahora, ordeno a todo lo que pueda moverse en mi cuerpo que corra, que corra, que no pare, que se adelante a todos los que hay a su alrededor, no vamos a ganar nada, pero a Meta hay que llegar con las ropas bien puestas, las gafas en su sitio, los ánimos arriba y dándolo todo.

12140199_488958084604436_7567509677360012096_oLevanto los brazos, me faltan dos o tres metros para que el chip suene y marque mi fin, me quedo sin fuerza, sin aliento, sin resuello, ya no importa, mis dos únicos pasos son los finales, ya me abandono a la inercia y cruzo la tan anhelada línea final.

¡Dios mío qué subida de adrenalina! Estoy emocionado, lo he conseguido y no he empleado tanto tiempo cómo hubiese pensado. Una hora, treinta y cinco minutos, y cincuenta y tres segundos. Ese es el tiempo que he necesitado para completar el XXI Duatlón Cros de Santa Pola 2015.

12038351_1516689068623058_7711405024953344708_nBusco mi premio, mi abrazo con Sony. Entre tanta gente en el recinto habilitado para que nos alimentemos e hidratemos, es difícil, pero mi Aquiles murciano es una atalaya poderosa y lo detecto rápidamente, sobresale entre los demás más de una cabeza.

Antes del achuchón, Ximo Pérez, Vicente Candela me acogen y adoptan durante unos minutos. Al tiempo saboreo melón, sandía, bebida fría, el ágape final de la organización es completísimo y los plátanos estás riquísimos, me saben a gloria bendita.

12020040_422824674585119_5888222780123827354_nVeo a Adrian haciendo cola en las camillas de los fisioterapeutas, José Tomás anda pululando por el recinto para los finalistas, le doy un abrazo y le expreso mi admiración, es increíble la maquinaria que tiene bajo su dermis.

Sony aparece, está buscando a su chica, sé que tiene unas ganas locas de verla y mirarla a los ojos, todo lo pasado ha sido duro y hoy está condesado en un éxito rotundo. Al fin, nos abrazamos y sentimos que todo ha sido miel sobre hojuelas.

Nos contamos los pormenores de la batalla al tiempo que nos vamos difuminando en la multitud, recogemos nuestras bicicletas y sonrientes acabamos este capítulo.

12039453_10208256382715112_1356670738465023212_n¡Enhorabuena Pedro!

¡Hasta la próxima amig@s!

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