XI MARCHA DE BIAR 2015.

portada¡Biar!, pequeño nombre para tan  magna villa.

Ya por el siglo XII, en un tratado andalusí, en el que se nombraba este enclave como plaza fuerte e independiente de Játiva se utilizó este topónimo por primera vez en escritura alguna conocida. Sus tierras desde tiempos remotos han sido habitadas y muy codiciadas por su carácter fronterizo entre reinos que fueron muy decisivos en la historia.

Pues hoy… un domingo cualquiera, aquí me veo con  mi montura de carbono y de color chillón anaranjado, en Biar.   Antaño las monturas eran de pelos hirsutos y menos dóciles, había que mirarle los dientes para conocer su valía y sin embargo ahora hay que ver que bujes llevan las ruedas o que grupo tenemos instalado en la transmisión. Los tiempos cambian, pero sus mujeres y hombres, no. Puede que los usos y costumbres se transmitan por wi-fi hoy día, pero el poso de la tradición, del Ser colectivo de la comunidad humana perdura, y eso, se siente nada más llegar.

No es mi primera visita, no, ni la segunda, son bastantes las veces que esta real villa me ha hecho disfrutar en mi devenir deportivo;  hasta me ha dado una sombra excepcional, cada vez que he parado a beber agua de la fuente del viejo Platán, sus incontables  ramas cuajadas de quinquenios y verdes hojas,  han refrescado mi piel y mi alma, trasladando inevitablemente mi mente de aventurero incansable a épocas pretéritas, imaginando toda clase de escenas cotidianas de las que semejante ser vivo ha sido testigo mudo y de las que yo, envidiosamente, también hubiese querido participar, escondido e impasible tras su grueso tronco. Cuánto amor no se habrá derrochado en las noches que sus ramas tapaban la luna moruna, cuántos apretones de manos habrán llegado a buen término en ese paraje, cuántas y cuántas maravillosas cosas habrán acaecido desde que germinó aquella semilla tan ínfima, ¿cuántas?

Hoy declaro a alguien como culpable de todo lo que os voy a contar, y ése, no es otro que José Alfaro, a quien todos conocemos como: Pepe Rush. Él, es quien me ha llevado a su rueda por el Reconco, por la Penya Tallada, por La Blasca, Fenassosa, la senda Coqueta y tantísimos otros lugares  que hoy vamos a conjugar en una preciosa ruta de ciclismo de montaña. Caminos, sendas y pistas  que yo ya he horadado con los deleznables y miserables tacos de mis cubiertas que todo lo pisotean sin compasión ni miramientos; y de los que a día de hoy jamás me he hastiado, todo lo contrario os podría decir, siempre acabo enamorándome de algún singular rincón.  Creo que el rosa de la flor de la Jara es el más bonito que por doquier haya disfrutado.

No tengo ningún problema en aparcar y acercarme a recoger mi dorsal y el de Roberto, quien hoy no me puede acompañar, unas sendas ásperas le han dejado unos días en reposo. Un escueto paseo matinal viene muy bien para desentumecer las piernas tras un tan largo viaje. Ceutí-Biar, se atraganta en la madrugada.

11200897_1026478774064100_6110333563516634473_nEn la cola de los dorsales, se  acerca el bueno de Pato, compañero de rutas y sargento gladiador bajo quien he tenido la suerte de servir este año en la edición de la Gladiator 2015. Nos fundimos en un abrazo, y nos ponemos al día. Me comenta que no correrá con nosotros, la vida hace que unos lleguen y otros nos emplacen a tiempos futuros. A la par me dice donde está el culpable: el truhán de sonrisa adusta y enmascarada.

CAM01709-1Exijo mi foto con Rush, la última que nos hicimos juntos fue hace años en el nacimiento del río Vinalopó, y no puede ser que estando como estamos nuevamente en la comarca del Alto Vinalopó, no repitamos espontánea. Nos echamos los brazos a los hombros y con cariño nos dejamos inmortalizar. Hay que hacer muchas cosas aún, él tiene que situarse para acometer su función de fotógrafo y yo de ciclista.

11224097_10208221787770260_4650565324973327866_nVicente Candela protege su cuello de este frescor montaraz, ha pasado por una gripe y aún quedan algunos síntomas torturándole. Sabe cuáles son sus opciones, es fuerte, se conoce bien, disfrutará. Cuando su cuerpo caliente su sistema inmunitario va a pulverizar cualquier resto del virus de la Influenza y va a potenciar esas piernas de ciclista pétreo que le delatan.

Ya estoy en formación, no sé cómo, pero siempre me las ingenio para ser de los veinte últimos. Me tocará salir echando chispas para ir quitando broza y evitar tapones. Es mi castigo por ser poco previsor y algo vago en estas lides preliminares, pero no me voy a estresar por coger sitio, os lo garantizo, seguiré disfrutando de mis ritmos dogmáticos y litúrgicos.

El primer golpe es en la frente. Me he dejado el gps en casa, me sube la temperatura corporal unos grados. Se aglutinan una gran cantidad de pensamientos entre las dentritas de mis neuronas, el universo sinápsico de mi cerebro echa chispas descontroladamente buscando alguna solución, que, obviamente no halla. Conclusión: ante lo inevitable no se puede hacer nada. Hoy toca ruta a pelo, intentaré racionalizar parámetros para poder alimentarme e hidratarme bien. No voy a conocer datos sobre distancias, desniveles, tiempos, calorías, temperaturas, velocidades, ni nada tangible, sólo voy a saber lo que mi cuerpo y mi mente me dicten. Tampoco voy a ir como un lelo preguntando a todo el mundo sobre cuánto queda, o pidiéndoles la hora, no. Si hoy los astros han querido que mi somnolencia en la alborada me hiciese dejar el dispositivo  junto a la taza de café, pues que así sea, quien soy yo para desafiar los designios cósmicos que nos envuelven, ¿quién?: ¡Nadie!

Suena el cohete que marca la salida, el fresquete matinal desaparece y la marea humana se pone en movimiento. Interesante crisol de hombres y mujeres nos congregamos en días como hoy. Sobrepasamos el milenio, eso dice mucho del carácter de la prueba, me alegro de formar parte de este cardumen policromático.

Veo que el uso de las Fatbikes se ha generalizado, ya no soy yo el único bicho raro. En unos meses ha corrido como la pólvora el pilotaje de estos engendros a pedales, aún recuerdo el día que me presenté en Lorca con la Fatboy de Specialized, en la 2Reinos Mtb Race, donde participaron algunos de los grandes de nuestra psicodelia. Los comentarios eran hasta de menta, nadie apostaba por esa versión de bicicleta, y curiosamente veo que quien la prueba repite, no soy tan extraño, sólo atrevido. Son divertidas, tragonas insaciables, gulosas que pecan sin remedio y ya pesan menos que las cafeteras que algunos se empeñan en conservar porque tienen unas pegatinas que prestigian una marca. Me permito el detalle de perder unos minutos hablando con un veterano que pilota una de estas criaturas salidas de la mesa de diseño de Botero y tras hermanar criterios sobre sus bondades y echarnos unas risas de ver lo que se pierden los demás, continúo haciéndome hueco para poder llegar hasta el arco de salida y hacer que el chip que llevo engrilletado al tobillo me dé la salida oficialmente.

11951134_10208046967359859_6318493592031936660_nTras escuchar el “bip”, ya estoy en carrera, aferro mi manillar y comienzo a escrutar cual es el mejor sitio por donde ir metiendo mi rueda para avanzar lo máximo posible. Es un juego de eslalon pero sin nieve.

Siento como el sudor comienza a enjugarse con la crema calentadora, se majan sobre mi piel. Es un aroma celestial, quiere decir que todo va de maravilla, la maquinaria no se resiente y el piloto se aprovecha. Mi manillar es grande, amplio, cómodo, fácil de sujetar. Voy muy bien plantado sobre mi World Cup y el pedaleo es cómodo y muy progresivo,  avanzando sin descanso, armoniosamente.

El trazado inicial es muy bueno, amplio, permite que cada uno vaya buscando su sitio. Aquí pagamos por correr, cada uno lo que pueda o lo que sepa, pero por correr. La opción  de ir de  paseo es tan válida pero no quita que todos la quieran.

Acabado el agrio y feo asfalto nos meten en un precioso galimatías de pistas forestales que alternan subidas bondadosas con tramos de falso llano. Cómo voy a lo que da la mata no sé qué velocidad llevo, hay momentos que me falta plato. Es difícil esta fase, porque la gente no se fija mucho y se cruza de forma espontánea y puede tirarte de la bici en menos que canta un gallo, siempre que adelanto aviso con antelación diciendo el sitio por donde voy a pasar, creo que no cuesta ningún trabajo hacer las cosas bien. En Xixona presencié una situación de este calibre y fue horrible ver como rodaba un hombre por los aires junto a su bicicleta porque otro decidió cruzarse en su camino sin avisar.

Nos metemos en la primera sendita, aunque más bien es un camino poco transitado. Seguimos siendo demasiados, aún en fila de a dos los adelantamientos van sucediéndose, nadie se conforma y yo menos. En muchos momentos opto por meterme por el pedregal que todos detestan y esquivan, así con un poco  más de potencia consigo ir adelantando. Esto, amigos y amigas, es peor que cualquier droga de diseño, sentir que avanzas, que dejas atrás piernas que perfectamente podrían exhibirse en revistas del sector hace que apriete con más énfasis los puños de mi canija escuálida y castigue los treinta y dos dientes de mi único plato. Cierto es que sé ser paciente, cuando no se puede, no se puede, utilizo esos momentos para regular pulsaciones y recoger aliento, pero a la más mínima oportunidad, si mis pupilas barajan la más escueta opción aprieto riñones y me escudriño hábilmente. Hay compañeros con los que parece que voy  jugando al ratón y al gato, el camino nos entrelaza y todos buscamos el mismo objetivo. La amabilidad es la moneda de cambio que recibo de estos tíos que al igual que yo aprietan lumbares porque les gusta disfrutar sufriendo, aunque a estas alturas de la carrera los cuerpos van incólumes y lo que se siente es potencia y energía que nos quema en las venas.

Jamás será mi intención desmerecer a nadie, pero mis andanzas por tierras alicantinas me han hecho sentirme en el lugar idóneo.

CAM01707-1Leo un cartel que dice: “Bajada Peligrosa”, y justo cuando mis ojos acaban de procesar el texto escucho que un joven de la organización dice que hay que ir en fila india y por la derecha. Cuándo escuchas esto piensas que su motivo tendrá, y todo cristiano obedece dogmáticamente. Efectivamente comienza el cachondeo, conozco esta bajada de curvas terrosas, de grietas infinitas, con peraltes engañosos y que escurre los bujes a gran velocidad.

Sentir la presión de los que me preceden es duro, notas en el cogote cómo las pastillas de sus frenos delanteros te escupen partículas y polvo. Voy siguiendo la hilera de ciclistas que se ha formado tras el comentario comedido y angelical del voluntario, pero no es plan de ser tan buenos chicos, así que a la primera curva a derechas levanto un poco la horquilla y me tiro por lo malo, por lo que se supone que no es transitable. Tras de mí siento que estaban deseando que alguien rompiese el hielo, y sin respetar nada, la bajada se convierte en una infernal orgía de derrapajes, pequeños saltos y traqueteos que casi ni te dejan ver lo que tienes a un metro delante de la rueda. En estos rincones sólo hay una opción, y es: usar el freno delantero a malas penas y dejar que la bici fluya y ruede, ya llegaremos a donde tengamos que llegar. Qué bien te sientes cuando acabas la culebrera grieta de la montaña y todo sale bien, es una sensación de éxtasis. Así que ahora aprieto más si cabe el pedaleó, aprovecho que el firme de los caminos está bien compactado y pide guerra.

Mis 4Gatos de Elda me han bajado por rincones muy similares y en Gladiator 2015 memoricé el trazado de esta misma bajada con mi Epic. Hoy ha sido coser y cantar, aunque el ritmo al que los radios aspaban las ramitas de romero jamás me lo hubiese imaginado en mí, ir en carrera es otro mundo, la razón se queda atrapada en los libros de caballerías como le pasaba al Hidalgo.

Nuevamente rodamos y rodamos, los paisajes son bellos, al tener un amplio horizonte ante nosotros nos podemos homenajear, nuestras gafas protegen las retinas a la par que las bicis avanzan. El aroma a polvo podría resultar molesto pero hoy, sabe a ambrosía, es como el maná que caía del cielo cuando los hambrientos iban buscando su tierra prometida.

Cómo ya os he contado no tengo nada con que obtener una referencia, así es que lo único que hago es intentar que mi cuerpo no se fustigue demasiado, reservo, sé que hay momentos en los que sufriré un verdadero vía crucis.

Es muy divertido ver la cantidad de artilugios que la gente instala en sus bicicletas, algunos me gustaría parar y poder preguntar qué diablos son, pero no es el momento. Veo manillares que apenas tienen un milímetro libre, sin embargo a mi me sobra sitio para todo, me gusta que la bicicleta sea la expresión mínima y el manillar tiene sitio para un piano de cola si nos lo proponemos, sólo llevo dos manetas de freno y un tirador para cambiar la cadena de corona, el resto es superfluo a mi modo de entender el ciclismo. Prefiero fijarme en la naturaleza a ir pendiente de varias pantallas, sonidos, vibraciones y qué sé yo cuan extraños parámetros se pueden atender mientras se pedalea.

12049164_1026478397397471_6074352488590189145_nAlgunas subiditas ya van enseñando los dientes, la cosa va camino de la juerga.

Justo cuando comienza el espesor se forma un tapón y haciendo un manido uso de los tópicos, os digo que no hay mal que por bien no venga, me encuentro a Juan Ignacio Alberola, a quien conocí en la Aitana Xtrem hace unos años y con quien conservo un grato trato por facebook . Esperando,  charlamos un ratito y curiosamente uno de sus amigos me conoce, sabe que soy el Sincrolador, el que tiene un blog donde cuenta sus rutas. Personas así son el mejor combustible para los que nos trasnochamos al teclado pensando que algo hacemos contándoos lo que nos pasa por entre las cejas. Aprovecho desde aquí, amigo, y te mando un gran abrazo y decirte que tú eres parte del éxito de mi discreto blog y parte de él.

12042673_1026513497393961_8242490055741483359_nEl tapón no es nada a reseñar, algún algaido recodo en el que alguien habrá descabalgado y eso provoca una inevitable reacción en cadena, cosas del directo que dirían en televisión. Estos parones no son malos pero te enfrían un poco el sudor, te hacen frenar ese ritmo tan sinérgico en el que vas envuelto, obliga a que la cadencia deba ser recuperada, y al principio, durante unos minutos la musculatura se entumece un poco, tal vez tanto cómo los ánimos, pero es efímero. Menos mal que la senda es preciosa. Una insignificante cuerda de color leonino nos marca el paso de rueda. Sube y baja, es un pequeño dragón chino. Divertida y angosta esta costura serrana. El paso de otros ciclistas ha mancillado la pureza arbustiva y el entorno huele a cielo, quien no se quedaría esa fragancia para cualquier situación de su vida, disfruto intentando separar los aromas de romeros, jaras, tomillos en flor, florecillas, pinocha seca, cortezas de los pinos halepensis que han caído este verano buscando el frescor para su sabia. Entre tanto bucolismo  pastoril los kilómetros avanzan pero yo lo desconozco, no sé ni lo que llevo y mucho menos lo que me falta para descabalgar.

Estos momentos senderiles son idílicos, la lástima es que también son finitos, en un par de ocasiones nos hemos visto con un poco de pendiente negativa que afrontar pero nada que no hagamos cualquier día al salir a entrenar.

Salgo del bosque mediterráneo y frente a mi manillar tengo a tres viejas amigas. Tres mini colinas que posiblemente han sido fruto de un bombardeo aéreo. La impresión es que ninguna de ellas es practicable sobre el sillín, pero yo sé que sí, las conozco en ambos sentidos y hoy nos han regalado la versión doméstica.

A los pies de la primera, enclaustro la cadena en mi corona de cuarenta y dos dientes y abriendo bien los ojos busco la roca madre por donde poder trepar, porque creo que ese es el verbo que se puede utilizar a la hora de afrontar estas subidas encaramados a los lomos de una bicicleta de montaña; no siempre puedo clavar el taqueado de las cubiertas en el lítico alfombrado, hay momentos de zahorra y arena polvorienta,  donde hay que revolucionar la tracción y así superarlos  sin temor a descabalgar.

12046809_1026513527393958_4378123537446641873_nEn el punto más alto un nuevo cartel nos indica que la bajada es peligrosa. Sé que la sección derecha me va a complicar la bajada, así es que bajo por babor, hecho un basilisco, sin tener nada en cuenta, no hay obstáculos reseñables que me puedan tirar al suelo. Estos momentos son tensos, pues a pesar de todo, os recuerdo que bajando soy patizampo y gallináceo total.

Hay que afrontar la segunda mamellona, ese culmen de roca y calcita me cuesta un poco más de esfuerzo porque tengo que ir vadeando a compañeros que se cruzan y se bajan de la bici de manera repentina y no quiero pertenecer a esa cofradía de los penitentes descalzos. Aún con todos estos obstáculos palpitantes llego a la segunda cima. Recuerdo que meses atrás cuando Rush nos guiaba sólo hubo un aguerrido ciclista que tuvo los reaños de subir por la cara  que voy a bajar, de  un tirón, con un par y con las pulsaciones tan altas que se le podían escuchar los latidos de ese gran corazón.

Llegando al punto más alto veo dos camisetas que erizan los vellos de mis antebrazos, culpables de una descarga eléctrica que recorre mi espinazo. Son “Lelete” y “Deivid”. Comienzo a gritar: “Mi Comandante”,  hasta que éste se gira y me reconoce. Nos fundimos los tres en un abrazo muy especial. Leo Osorio y yo hemos vivido no sólo kilómetros y kilómetros sino también una semana encerrados en Lanzarote y salimos siendo grandes amigos, de los que pueden pasar mil años sin verse que siguen sintiendo lo mismo cada vez que se ven. David, ese gentil ilicitano también tiene un rinconcito dentro del Sincrolador, es especial.

Nos intentamos poner al día mientras arreglan un pinchazo y Leo me empuja para que siga a mi ritmo, nos emplazamos  para el ágape final y así hago, como buen subordinado ajusto las calas, estrangulo los puños y me dejo caer  por la última  de las tres cuestas que en la Gladiator tuvimos que lidiar en sentido contrario. Obedeciendo al  oficial jefe y maldita sea mi suerte, al llegar a la base siento como la rueda trasera ha reventado la cámara y flaneo descontroladamente. Qué horror, la sangre me hierve envenenada de las tres bajadas, en las que no he tenido miramiento alguno, en las que al más mínimo resalto invitaba a mi WoldCup a volar un poco y caer grácilmente sobre más roquedo desgreñado y alienante, hambriento de goma y gotas de lubricante  enjugado con polvos de caminos ya desmenuzados. Hoy mi punto de gravedad vive instalado junto al freno de disco trasero en las bajadas, no sé que me ha picado hoy que no sólo me atrevo con todo sino que lo hago a un ritmo frenético para mi condición.

12039563_1502581186726088_7294610218614253789_nEn la base hay un grupo de voluntarios, que creo, únicamente  están para contabilizan a todos los que nos revientan las ruedas. Me animan con sus comentarios y comienzo rápidamente a desplegar el escueto juego de herramientas necesarias para sustituir la cámara y continuar. Llevo una mañana maravillosa en la que no he dejado de ir adelantando compañeros, hasta el punto de verme en algunos tramos rodando en solitario, con el aliento arrebatado y los labios pidiendo un trago de bebida isotónica. Es duro ver cómo a todos los que había desafiado en los pedregales de las zonas no aptas para el rodaje, ahora me rebasan plácidamente, veo que todo ese esfuerzo, que todas esas gotas de sudor que han enjugado mi camiseta se evaporan de manera estéril. No puedo hacer nada, eso es parte del juego, yo también he visto ciclistas en la cuneta y lo único que les pregunto siempre es si se encuentran bien de salud y si es afirmativa la respuesta a mi pregunta ni  me detengo, golpeo con más ímpetu las bielas y retomo mi progresión.

Hoy, contra todo pronóstico, mi cuerpo está comportándose de manera excepcional, las horas y horas de entrenamiento con Cañi y Alfonso Chicano están dando su fruto. El objetivo: retrasar la aparición de la fatiga lo máximo posible, hoy está funcionando, pues no sólo mis piernas están dejando que los martillazos de la forja de Vulcano las guíen, sino que el resto de mi musculatura me acompaña y me anima, siento ese poderío que teorizábamos en las horas de gimnasio. Sobre mi mente ni os cuento, saturada de verde, de aromas, de formaciones geológicas, de perfiles montañosos en la lontananza, de ese sonido que la cadena infringe sobre las coronas al sesgar y rasgar golpe a golpe, metro a metro, el recorrido de esta tan bien organizada y trazada aventura por Apiarum. Así es como denominaban los romanos a esta franja tan rica en recursos naturales. La miel, fue un denso oro que supieron extraer de la apicultura local, mas tarde los dueños de la revolución hidráulica musulmana descubrieron que Biar era su pozo, su lugar de aguas. Aunque amigos, no nos extrañemos, estas tierras ya en la Edad de Bronce fueron codiciadas. Así es como  mi mente hoy está olvidando los guarismos que el gps me hubiese escupido a las lentes de las gafas a cada consulta, repasando los apuntes que antaño releí sobre la comarca.

12006365_10206136186341828_2874202905208455864_nAjusto la llave de allen en el eje trasero, bajo el cambio a su ultratumba de diez dientes, saco la rueda y de manera presta comienzo a destalonarla. Primero hay que sacar la maldita cámara y ver qué ha pasado, una grieta delata la jugada. Extraigo el repuesto y en escasos minutos todo instalado. En esas, escucho la familiar voz del alcoyano, varado, que luce en su hombrera una estrella de seis puntas, a modo de mantecado, y tristemente ellos también sufren la misma suerte que yo. Han pinchado.

Qué ocurre, no encuentro lógica, por más que bombeo aire, no experimenta la rueda cambio alguno. Otro pobre ciclista pinchado me pide con cara de pena si tengo una segunda cámara de repuesto. Obviamente le digo que no, que sólo llevo… ¡jóder! ¿qué he montado en mi rueda?, si llevo en el bolsillo trasero mi repuesto, que diablos he instalado yo bajo mi cubierta, por favor… por favor… cómo puedo haber sido tan descuidado. Los nervios han hecho que aferre una cámara que había a mi alcance, y no era otra cosa que la que algún avezado ciclista había abandonado antes de mi paso y también sufría, es negra masa informe de goma, la suerte de la que yo he desechado, está rajada. Nuevamente vuelta a empezar, los de la organización rápidamente se percatan y repasan el entorno y tiran a la basura las cámaras pinchadas que tantos habíamos tenido que sustituir en ese maldito punto de la ruta.

Leo, comprueba que estoy cabreándome sobremanera al ver lo tragicomédico de mi proceder y se brinda con su paciencia ilimitada a ajustar la rueda frente a la rosca del eje, yo no soy capaz, me siento algo iracundo conmigo mismo y en situaciones así no sería capaz de enhebrar un hilo sobre el ojo de un túnel. Espero un momento y continuamos los tres juntos. Les digo que estoy alicaído, tanta pérdida de tiempo me ha afectado y casi recibo una lluvia de collejas, así que despejo el tema y seguimos ascendiendo, pronto nos acercaremos al desvío de las dos rutas emplazadas para la Marcha. Las cuestas las subo con apatía, me coloco en fila india y siento como las pulsaciones juegan al mus por el interior de sistema circulatorio. Voy a ralentí.

No hay dos sin tres, si nos aferramos al calendario zaragozano o al refranero popular,  siento que mis cuartos delanteros chirrían y vuelven a flanear. ¿Adivináis?, claro… he vuelto a pinchar. En esta ocasión al repasar la cubierta saco una buena espina de algún cardo seco. El problema es que no tengo más repuestos, toca poner cara de niño afectado y apelar a la misericordia de los demás. Grandes, muy grandes los ciclistas de montaña, el primero que me alcanza intuye mi situación y me ofrece una cámara de 27’5 pulgadas. Esa cámara es  algo más pequeña que el aro de mi rueda, pero sirve. Lo sé por experiencia. Le doy las gracias efusivamente y vuelvo a quedarme sólo en la cuneta repitiendo operación mecánica. Pero sin prisas.

Aprovecho y me tomo unos minutos para tomar aire puro, ya tengo todo hecho, no creo que mirar la clasificación de mi categoría,  alimente mi ego. Así, con paz, primero oteo el horizonte y plácidamente me pongo a las tareas de mecánico. Acabadas retomo mi ruta. Espero a que pase una hilada comitiva que va subiendo y sería cruel entorpecerles el paso en semejante momento, van sonrojados, dando tal vez más de lo que debieran, así que me ajusto a los romeros del camino y dejo paso a tan valientes deportistas.

Vuelvo a tentar mis piernas y me llevo al coleto un gel y una nectarina, no sólo de potingues vive el ciclista, me gusta llevar una pieza de fruta de temporada o una manzana pequeña, suele ser mi golosina.

11953135_10206136178341628_335988596186352615_nVuelvo a dejar muchas bicicletas tras mi estela, encuentro otra vez mi ritmo y sin darme cuenta el paraje está  lleno de flechas anaranjadas y azules. Mi sentencia son las azules, el recorrido largo. Sigo las indicaciones del personal de la organización y embutido entre cintas plásticas que delimitan el pasillo de acceso al último tramo, me escapo del tedio.

Me alcanza un espigado ciclista, le conozco, he ido mucho tiempo tras su rueda a primeras horas del día, seguro que ha tenido problemas mecánicos, tiene una fortaleza muy ostensible, me acoplo a su rueda y comienzo a tirar a su ritmo. Compartir penas hace que se alejen.

Qué gran cambio de terreno, ha sido abandonar el recorrido común y nos han imbuido en una preciosa senda que se retuerce de manera endiablada. Llena de rocas por las que controlar la pedalada para no golpear con las bielas y caernos. Estamos atrapados en un tupido bosquete de pinos, lentiscos, arbustos con bayas de diferentes colores pero que no consigo identificar, y algunas zarzas de esas que tanto codician acariciar nuestras pantorrillas. Es todo un lujo pulular por palacetes botánicos como este. El ritmo es difícil de mantener alto porque se alternan subiditas con un toque técnico peraltado y breves bajadas. Los tramos que se asemejan más al plano los usamos para imprimir más potencia a la comitiva. Damos alcance a otros dos buenos podencos y los cuatro tiramos del convoy. La senda no parece tener fin, es una delicia, una joya, momentos así son los que nos hacen olvidar las calamidades pretéritas, los desatinos que llegan a pasar por nuestros cerebros en los momentos de angustia y desesperación. Además las hiedras y demás trepadoras que colonizan los leños inhiestos del pinar confieren un microclima maravilloso. Los rayos de sol acuchillan la sombra entre las copas de los árboles, el lugar es místico. Por primera vez en toda la ruta me ajusto la cremallera de la camiseta. Qué de buena justicia es decir que Faster Wear confecciona prendas que hacen que sintamos que vestimos una segunda piel, JOHNBIKE  ha sabido elegir muy bien cómo vestir a su más romántico e independiente aventurero.

12038161_10208211969204802_7752471619030558927_nHoy es la primera vez que luzco sus colores con un dorsal sobre el manillar. Esta singular simbiosis surgió de una amistad que se ha forjado a golpe de taller y pastelicos de carne murcianos. Juan Alberto lleva siendo el único que toca mis bicicletas desde  hace cinco años, es diferente y muy bueno. Joven empresario a día de hoy, pero valiente, así que se merece que sus colores de guerra manchen el mapa alicantino, murciano y en breve canario. Meca, eres atrevido y esa es la clave del éxito. ¡No cambies!

Este mini paraíso tiene su fin, y nos ajustamos unos sectores de caminos y pistas que comienzan a estirarnos, el ritmo se vuelve frenético, hay posibilidad de ello y ninguno de los cuatro nos resistimos a dar caza a un grupo que vemos en la línea de alto horizonte.

Juego con ventaja, Rush me ha enseñado muy bien estos predios y sé que pronto toca afrontar unas interminables cuestas de hormigón rallado y aunque me presto al juego de la caza, guardo un poco de aliento y aprovecho para dar un buen trago de agua con los hidratos y sales isotónicas, mi cuerpo me las va a demandar en un momento no muy tardío.

12004729_10206136177661611_4053471044986166777_nDoblamos ejes en el cruce de caminos, dirección a las subidas, en un punto muy especial para mí. El día que cumplí cuarenta años gasté la mañana previa en ciclar por este mismo paraje de la mano de Los 4Gatos de Elda, amigos que me han enseñado mucho sobre la geografía de esta franja de Alicante.

Pues como os cuento, aquella jornada, justo en el punto donde quebramos el llano y nos desviamos a la derecha, el campo estaba sembrado de girasoles, unos preciosos amarillos adornos que conferían un halo místico a mi vista. Aquel día detuve mi ritmo y me senté entre semejante caprichos de la naturaleza y esa fotografía es la que después, mis hijos de forma secreta imprimieron sobre la tarta que degusté con ellos al dar paso a una nueva década de mi vida. Hoy pasar por aquí y comprobar el barbecho me da fuerza, me hace sonreír en solitario y llenar mi alma de felicidad.

Poco dura ese gozo, hay un punto de avituallamiento, pero a pesar de las indicaciones, no paro, estoy cansado de detenerme a la fuerza, sigo mi ritmo, tengo que afrontar un tramo excelso y duro, muy duro. Llevo en mis bolsillos suficientes vituallas para acabar en perfectas condiciones.

Es inevitable que el ascenso, a tan escasa velocidad, con esa cadencia tan procesionaria, no me obligue a pulsar ese botoncito que hay dentro de mí que me abstrae y hace olvidar el dolor. Led Zeppelin comienza a sonar en el interior del ciclista exhausto, sus punteos de guitarra, los solos de batería y los gritos de Page me aletargan y adormecen para sentir muy lejano el dolor. Las rodillas duelen, los lumbares queman, pero en vez de fijarme en esos detalles recuerdo el frío que pase la última vez que pasé por aquí, los buenos compañeros que conocí y los ratos tan divertidos que protagonizamos al llegar a mitad de camino, al pequeño altozano. Hay que alejar la mente del cuerpo como sea.

La negruzca tierra y la grisácea roca viva que emergen del suelo se transforman en hormigón estriado.

12032050_1026478810730763_4463705956269105377_nAl echar la vista a lo lejos, opto por centrarme en lo inmediato. Ordenar y ordenar que mis piernas no paren y sigan con sus tareas tractoras cíclicamente.

La climatología nos está haciendo un favor, la temperatura es llevadera, aunque alta, pero un murciano que viva por mis lares, ciclar sobre los treinta y cinco grados es un capricho que no le supone ningún aspaviento. Abro mi cremallera hasta la altura del diafragma y poco a poco, pedal a pedal, eslabón a eslabón, metro a metro, voy ascendiendo. Es muy costoso, pero aquí se viene a desafiar a los elementos y eso es lo que se ha de hacer, no desfallecer,  sino seguir siempre adelante.

Las cuestas van sucediéndose, hormigón y terruño hostil. Cada collado parece el último, pero no lo es, aún tenemos que seguir apretando y apretando.

11149753_1026472797398031_499723445371941264_oPrimer regalazo: Senda Rush.  Dejo que me adelante un ciclista que me presiona con los chirridos de sus frenos, esta senda está carbonizada por el paso de tantos ciclistas. Se ha vuelto polvorienta en demasía. Sólo he pasado una vez por ella y adivinad con quién pude recorrerla, pues claro, con Pepe Rush, quien orgulloso de sus amigos del Club Ciclista de Biar, hace gala de esta senda con un talante de anfitrión inmejorable. Tiene algunos toques técnicos al principio, después viene la marimorena, un segmento de pendiente peligrosa y zigzagueante que en mi primer paso opté por hacer a pie, pero hoy el veneno arde dentro de mí, voy echado todo lo que puedo sobre la parte trasera de mi canijilla y torpemente pero con éxito supero el tramo. A continuación el resto hasta llegar a la pista forestal es lo más parecido a un orgasmo para cualquier ciclista  que se precie. El descenso pide velocidad, pero es tan bonito el paraje que es una lástima abandonarse al frenesí violento de la bajada. Es un cordel seguro, flanqueado por la montaña y el barranco, nada traicionero, pero eso sí… no da lugar al despiste pues se puede acabar despeñado, pero yo opto por saborearla, nadie viene tras de mí y cómo ya no tengo prisa, decido juguetear  por ella poniéndome de pie en algunos virajes, dando algún que otro saltito y dejando que los bujes rueden solos, sin necesidad de mi asistencia al pedaleo.

Casi acabando el caramelito, agazapados veo  una bella pareja sentadita en un herbáceo ribazo y no son dos perdices, ni dos gorrioncillos, ni gazapos encamados, ¡no! Son… dos tórtolos: Chary y Pepe Rush. Me detengo y antes de hablar ni una sola palabra, los tres nos miramos y sonreímos. Quien mejor en ese punto para fotografiar a los participantes, nadie, muchos no lo saben pero esa es su senda, es su rincón, es el homenaje que los ciclistas del C.C. Biar le brindaron por su amor al ciclismo de montaña y el trato tan cariñoso que profesa a estas montañas en sus paseos por ellas.

Hablamos de nuestras cosas, nos echamos unas carcajadas y continúo. Ya nos veremos más tarde.

12022577_1514852418806723_2758738099116901278_oAcabada la Rush, nos dejan tomar un poco de respiro cuesta abajo, por una amplia pista forestal. Estos minutos acaban pronto, una espectacular senda nos espera. Aquí se alternan olmos, álamos blancos y comunes, juncáceas, arbustos de umbría y un verdor exultante. Vamos siguiendo el paso que nos marcan las ramitas apartadas del camino, alfombrado de caídas y yacientes hojas color otoñal que silencian el paso de mis ruedas. Este paraje es muy curioso, no se parece en nada a ningún otro lugar de la comarca, es más propio de un cuento de hadas que de la sierra de Mariola.

Hay un avituallamiento líquido, me detengo y un chiquillo me ofrece un vaso de agua. Su cara me inunda, está expectante por ayudarme. Me atraviesa un fuerte paternalismo y acaricio su cabeza, los adultos que le acompañan sonríen aprobando mi muestra de cariño y afecto. Le pido otro vaso de agua y me da las gracias, le muestro mi rictus lleno de arrugas sonrientes y le digo que gracias a él, su afán y dedicación son el mejor premio que nos podemos llevar. Estas gentes, los voluntarios, me conquistan con estos detalles tan impresionantemente, sencillos y a la vez tan humanos y grandes.

Continúo, y la trochita asciende y asciende de manera tortuosa, quebrada y enrevesada.

Voy charlando con un veterano que me dice que va acalambrado, antes del avituallamiento hubo una cuesta de las de premio especial que me fundió las reservas de glucógeno y todo aquello capaz de impulsar mis muslos. Me comenta que sólo lleva agua en sus bidones y le recomiendo que comience a suplementarse, en eventos como el de hoy no se puede dejar el electrolito en la primera cuesta abandonado, las sales, minerales y algunas vitaminas son esenciales para que el organismo pueda ser castigado y no sufrir más de lo necesario.

Es como si el tramo de suplemento de la ruta larga de hoy haya sido confeccionado por alguien enrabietado, está siendo duro, lo más parecido a la locura, ahora el camino se ensancha pero está totalmente desmenuzado. Piedras, polvo, raíces y sabe Dios cuantas cosas hay por entre estas grietas que se entrecruzan como las cicatrices de los piratas más filibusteros por sus cueros curtidos en mil batallas y el sol de los siete mares. Es fácil ver una gráfica e interpretar una ruta, pero difícil comprender cómo nos están castigando físicamente por la dureza de la tracción en las subidas, eso no se significa en ningún gráfico.

12011345_10206136183021745_845844515512872727_nAcabadas las dos costeretas empedradas, nos meten de lleno en el que tal vez sea el lugar que más estaba ansiando recorrer esta mañana, y cuál es mi grata sorpresa que tras un par de kilómetros de desenfrenado pedaleo por unos badenes peligrosísimos si no se saben afrontar. En número tan plural hacen que los hombros se lleguen a fatigar, de tanto negociar los sube y baja de estos rizos de amplio foso y posible catapulta en su cumbre. En Lanzarote nos hicieron expertos en segmentos muy similares, el “risaero” como en la isla conejera le llaman, te enseña a gestionar estos obstáculos y salir victorioso e indemne sin dejar de pedalear sobre ellos en ningún momento.

Como os decía, leo un cartel de color bermellón que reza la siguiente leyenda: “Senda Herberet”. Y la entrada es la que siempre he cruzado a modo de salida, o sea que hoy la voy a recorrer en sentido descendente. Que lujo. Los días que la he subido en vez de cansarme a pesar de su dificultad técnica de grado medio, me ha recargado de vitalidad.

12038489_1026478514064126_5195689571975367809_nEs un pequeño desagüe fluvial de régimen seco habitualmente, flanqueado por adelfas blancas y rosadas, tomillos que tapizan el verdín, unos retorcidos pinos a unos metros del lecho de bolos que la erosión del agua ha lamido, redondeado y pulido. Gruesos fragmentos de roca madre que emergen a modo de vértebras por todo su trazado. Podrían parecer obstáculos que dificultan el paso rodado pero son todo lo contrario, a la velocidad que la estoy  bajando es como un desafío tras otro, donde el sistema Brain de mi horquilla está demostrando que vale su precio en oro molido. En el peñasco más sobresaliente hay dos voluntarias que me dicen que use la trazada central, detalle que ya conocía, pero ha servido de poco, antes de que la rueda se despegase de la piedra viva he dado un empellón al manillar que me ha plantado sobre la gravilla en un segundo, continuando el pedaleo entre pequeños pasos líticos que en miles de años puede que sean un cañón de erosión destacable en la geografía local, pero que hoy conforman tan sólo un pasillito juguetón por el que ir encajando la rueda delantera y sintiendo como la trasera derrapa en sus diminutos meandros.

Ha sido un espectáculo bajar este capricho autóctono.

Alcanzo a varios ciclistas a la salida de la senda y les doy caza, los rebaso con bastante potencia, aún me queda algo de rabia, el último gel me ha puesto muy tenso, hay que aprovechar los momentos de bonanza energética, además sé que no queda mucho para acabar, aunque imagino que al ritmo que vamos, el final de fácil tendrá poco.

12027551_10206136186301827_8673944218204777601_nPor tramos que ni me fijo, por los que tan sólo hay que pedalear con fuerza, descubro que me internan en el tramo final de la senda que sube a la Cova Negra. ¡Madre del amor hermoso!, hoy mi síntesis de adrenalina va a destrozar mis capilares. Esta bajada es una verdadera conspiración de todas las piedras angulosas y engreídas de la montaña que se han apropiado del lecho del camino y le dan un aspecto de lo más alocado. Soy un viejo amigo de este tramo, he bajado con la Stumpjumper de aluminio, con mi Epic Carbon y hoy voy a volar sobre ella con mi Elite WC.

He disfrutado estos hectómetros como si de dulce miel se tratase a la hora de endulzar el desayuno, pero amigos, nuevamente el sabor amargo me aleja de las colmenas de Apiarum. El último giro a izquierda, junto al cartel que marca el kilómetro cincuenta de la Marcha, vuelvo a reventar la rueda trasera. ¡Es una maldición!

Echo el cuadro al hombro y salgo corriendo cuesta abajo, ya no sé lo que hacer, me veo llegando con la llanta desnuda como en la segunda etapa de mi participación en la Carthago Mtb Race en Cartagena, el pasado mes de octubre. Me resiento de mi pie izquierdo por correr y me subo a la bici a pesar de llevar la rueda trasera destrozada.

Me paran los voluntarios de un cruce y hacen magia, vuelven a meterme en el bolsillo estas gentes. Me obligan a detenerme, me rodean de jocosos comentarios, detectan mi acento murciano y… ¿cómo lo hacen, no lo sé?, pero mientras nos estamos riendo de las bromas que me gastan sobre nuestro paladar huertano, dos tíos me han plantado una cámara de  26” pulgadas y montado la rueda, hasta la han inflado con la bomba que sin darme cuenta me han sacado del bolsillo trasero de mi maillot o que igual me la han pedido pero con el cachondeo ni me he dado cuenta. Impresionante, hombres de aspecto bonachón, vocingleros y encantadores  que han hecho de mecánicos sin pedírselo, han visto que iba apurado y escuchado que era mi tercera detonación y me han puesto en bandeja lo que vale la buena gente.

11998948_1502581146726092_2847761348823711260_nNo quiero darles un apretón de manos, se queda corto, un abrazo con unas enérgicas palmadas en la espalda a cada uno es lo más que les puedo dar, no tengo otra moneda con la que pagarles en ese momento. Han conseguido que olvide los traspiés, los estropicios, los retrasos, todo, han hecho que vuelva a creer que voy en carrera.

Me encaramo sobre la potencia, me levanto, riñones apretados y comienzo a devorar las últimas cuestas que han insertado en este purgatorio final. Es imposible tanta crueldad, nos dejan pisar la orilla de un arroyo durante unas decenas de metros y las flechas pintadas en el camino dicen que hay que volver hacia la montaña y dar la espalda al castillo que es la referencia final, tan  ansiada para acabar este disparatado evento.

12038357_1026478510730793_7999073356849126221_nAl girar una curva choco de frente con un muro de asfalto rugoso que he de subir, no sé que tanto porciento  de desnivel tiene pero me tengo que poner de pie sobre lo pedales, es imposible subir en mi estado sentado sobre el sillín. Me duelen los tendones rotulianos, las corvas me van a estallar y los piramidales me están avisando que se acerca un maremoto de dolor como no acabe este endemoniado ajetreo. Creo que el adjetivo a estos dos últimos kilómetros es difícil de tipificar sin abrazar el amplio repertorio de los tacos que la lengua castellana baraja. Cómo no tengo la gracia de Camilo José Cela a la hora de soltar tacos, me los reservo en carrera y en la crónica, creo que es de justicia a nuestro premio Nobel de las letras gallego.

Una sonrisa me invade, estoy pisando las calles del casco urbano, el bello recorrido por la zona histórica caprichosamente restaurada, me devuelve el entusiasmo.

Me subo la cremallera de la camiseta, me recoloco bien sobre la bici, abandono cualquier postura que pueda denostar desidia, me ajusto el casco, las gafas protectoras y erguido, orgulloso y altanero me dejo conducir por la marea de voluntarios y vecinos hasta la línea de Meta. Poco más de cuatro horas he necesitado, para concluir el Alfa y el Omega de la XI Marcha de Biar.

Hoy mi salud no era la más recomendable para practicar este deporte, pero curiosamente no he tenido el más mínimo atisbo de dolor. He tenido muy mala suerte con los pinchazos, pero me llevo la sensación de que muy a pesar de la existencia de muchas variables en la ecuación, que estaban en mi contra, he sentido que las ganas de participar y la mente bien entrenada, han estado muy por encima de lo físico.

12036934_1026478457397465_1677277911103141836_nLos últimos minutos, en la zona habilitada para el festín final, despidiéndome de todos y cada uno de los que me guardan siempre un apretón de manos, una sonrisa y un abrazo; han sido breves pero armoniosos, me marcho a casa satisfecho del deber cumplido, y con una sonrisa de medio lado, jamás hubiese esperado encontrarme al Comandante Lelete en un sarao de semejante talante.

Agradezco: Primeramente al mago que hace que mi bicicleta sea un dardo silencioso, que no es otro que Juan Alberto López, propietario  de JohnBike. Al bueno de Rush por ser tan peculiar como es, pues así es cómo hay que ser, genuino. Fotógrafo sin parangón y un viejo amigo que cada día forma más parte de mis recuerdos deportivos. A Leo Osorio por dejarse convencer y estar allí con un dorsal de color anaranjado. David, Dálmata, eres la caña con ese risueño carácter. Tutti, siempre son fugaces nuestros encuentros pero ya sabes, lo breve si bueno, dos veces bueno.  Y a todos aquellos a los que tanto os disfruté compartiendo la mañana.

12011384_1514822705476361_1614722794737427730_nMención especial: Club Ciclista Biar. Organización sobresaliente. Señalización perfecta, voluntariado apabullante, recorridos difíciles de superar. Gracias amigos.

11216253_10204860590056900_2879427440176249811_n¡Hasta el año que viene!

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pamies dice:

    IMPRESIONADO Y AUSTADO XDXD

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  2. Carmen Ayala dice:

    Buenas noches chatínnnn!!!!

    Acabo de ver-leer tu última batalla y te puedo asegurar que me he quedado exhausta.
    Pero tú a qué vas a las carreras, a jugar al gato y al ratón, a pinchar y a que se te atraviese cardos secos por el camino? Madre mía!!!, parece La Guerra de las Galaxias, jaajaaa.

    Me ha encantado el ingenio que has depositado en esta crónica, ya que la has proyectado con la riqueza de las imágenes como si se tratara de las escenas de una película. Este valor añadido sustenta tus expresivas palabras, trasladando la mente de los lectores a la viva realidad.

    No importa que siempre seas de los 20 últimos en las carreras, porque eso no significa que estés al final, sino que dejas el primer lugar a los demás, muy bien, así me gusta, con deportividad y bondad.

    Oye, lo del gps ya sé que no es ningún problema para tí ¿eh? Porque tú no tienes obstáculos para llegar a los sitios, eso son otrossssss; entras en las “rondas” por norte, sur o por dónde sea, jaaajaaa.

    En la foto tomada de perfil se te nota cansancio, ¿ves? A veces deberías parar un poquito para que tu salud se recupere y despúes continuar, pero no hay forma, vaya tigre de bengala estás hecho, jaajaaa.

    Bueno, sigue entrenando con Cañi y Alfonso Chicano que veo que te están sacando mucho partido…

    No pares nunca de escribir, porque tienes una forma muy profesional de expresarte y sobre todo amena, ya solo te falta una entrevista para saltar a la fama, jeje.

    Ánimo en todo y si se te ocurre escribir alguna poesía, trabalenguas o lo que sea, lo subes al blog que lo leemos igual…

    Un abracicooo fuerte!!!

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    1. Que una profe de lengua, periodista y tantas otros disparates que has estudiado me diga algo así, me deja sin palabras.

      Un millón de gracias, Carmen.

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  3. Leo Osorio dice:

    Hay Luis, Luis…..que te puedo decir?…….pues eso, chaval, que yo también te quiero.

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    1. ytoytoytoytoyyoooooo

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