XII Marcha BTT Novelda (2015)

                novelda

                  Guiándome con el dispositivo gps del teléfono consigo llegar hasta la casa de Cristóbal. Nuevamente he pasado de la amistad virtual y cibernética a la real, al contacto humano, a guardar otra bicicleta en la bodega de mi furgoneta frente a la nueva joya anaranjada.

                 Hoy he de sacrificar esos momentos tan místicos en los que el rock y mis pensamientos se amalgaman madurando sensaciones, dispuestas para liberarse pedaleando por algún rincón de la geografía levantina. Esta mañana la conversación es interesante, bien vale el silencio de los viejos rockeros.

  

         Al llegar se siente el ambiente. Hay ciclistas por todas partes, una miríada de personas con ropas de llamativos colores y diseños. Personas que al igual que una colonia de hormigas dan la impresión de moverse de forma histérica y desordenada pero nada más lejos de la realidad, todos siguen un plan maestro, siendo conscientes de lo que han de hacer en cada momento y hacia donde dirigirse. Unos vienen de recoger la bolsa del corredor, otros con las bicicletas apoyadas o sujetas por sus compañeros instalan los dorsales en los manillares. El olor a crema calentadora inunda el paraje. Estamos en una especie de esquina del pueblo en donde el entorno rural y la urbe se amoldan como una cremallera, intercalándose de manera exquisita jardines y aparcamientos. Otros caminan en grupo entre la multitud de vehículos, cargados de carbono, aluminio y mochilas. Se puede percibir la energía que todos y cada uno de nosotros desprendemos en estos minutos previos al pistoletazo de salida. Grupos charlando, amigos que se reencuentran fin de semana tras fin de semana, que vienen desde rincones remotos del mapa. La bicicleta de montaña nos une a todos en estos eventos, siendo la fuga, escape, desconexión de la realidad cotidiana, en la que al vestir esos vivos colores se transmutan a modo individual en un súper héroe mil veces más poderoso que los de Marvel, en una persona diferente, quien deja atrás todos los despojos que la alienante sociedad le incrusta a diario, sintiendo la libertad que sus ruedas le van a conferir a cada ciclo, a cada golpe de cadena, a cada giro de sus rodamientos. Disfrutando de la identidad del ciclista, quien recorre feliz aferrado a su manillar y a sus ilusiones kilómetros y kilómetros de entornos naturales que le acercan a su más atávico rincón personal, va a dar comienzo la carrera de Novelda.

            e     Ayer hubo trajín en mis piernas, estuve con los amigos de Elda forjando la Gladiator 2015. Evento que aparentemente parece duro, frío y quebrado, pero la compañía de tan buenas gentes y lo grandioso del recorrido hizo que las sensaciones fuesen inmejorables. Diseñada de forma que en sus casi cien kilómetros ni un solo metro se pudiese teñir de tedioso, monótono o insulso, sino de todo lo contrario, cada centímetro de esa ruta fue apasionante y batallador. No sé como va a responder mi cuerpo, tengo la impresión de estar algo cansado, pero no importa, sé que al podio no voy a subir, así es que a divertirme toca.

                 Cristóbal lleva un brillo guerrero en sus ojos, en cuanto nos ponemos en marcha se infiltra entre las líneas de vanguardia, buscando un buen hueco en el que situarse y poder tirar con fuerza y energía, yo prefiero ser moderado. Eso sí… no dejo de ir haciéndome sitio en la clasificación general, el hecho de que hoy no apriete como en otras ocasiones no significa que me resigne. ¡Jamás!

                 En este curioso eslalon, en el que pedaleamos paralelos a la vía del tren son muchos compañeros a los que voy superando y adelantando. Entre ellos, aprovecho y saludo a muchos amigos de carreras pretéritas de este circuito de las montañas alicantinas.

                 Es mi segundo día con la Stumpjumper, las sensaciones son inmejorables. Es una bicicleta muy ligera y manejable, su transmisión es impecable, no se echa en falta más platos ni más historias en el manillar. Avanzar con este artefacto diabólico es mucho más trepidante, con la misma energía se avanza mucho más que con las anteriores máquinas que he tenido. Esta mañana la voy a poner realmente a prueba.

Se acaban los falsos llanos y comienza la juerga. Los neumáticos van sucios de polvo, castigados a cada golpe que el pedregal les confiere en sus flancos. Se acabaron los grupos, ahora como mucho vamos de a dos en los caminos y en fila india en las sendas y trialeras.

En uno de estos caminos y siempre ascendiendo, me acerco a Tutti Fruti, y le pregunto sobre el precio del kg de plátanos, esperando una respuesta pícara y divertida, la cual no tarda en llegar. También nos conocemos únicamente por facebook, hoy eso ya es historia.

               d  El terreno es muy similar al que diariamente trasiego en mis entrenamientos, aunque más bien debería decir en mi terapia vital diaria, pues más que preparar físicamente mi cuerpo la bicicleta lo que hace es practicar una impecable higiene mental en mí.

                 Sorprendentemente voy encontrándome con un reguero de ciclistas que han pinchado o que han roto algún eslabón de su cadena, rezo por no verme en ese trance, no es nada divertido cuando estás en carrera tener que detenerte y jugar a los mecánicos.

                 El terreno está plagado de pequeños sube y baja, todos ellos con un toque técnico que exprimen los cuádriceps al máximo, son momentos en los que hay que encaramarse a la punta del sillín, desplazar el centro de gravedad hacia el manillar y pedalear sin pensar, olvidando que lo que hay bajo las cubiertas son grietas y obstáculos. Los riñones hay que apretarlos bien.

                 Nos adentramos por un paisaje cuasi desértico en el que apenas el matorral tiñe las despiadadas y ásperas tierras salinas que invaden el paraje.

                 Se disfruta mucho el recorrido. A veces me veo obligado a seguir el ritmo de una rueda que me bloquea, la tracción está reducida a un breve paso por el camino y somos muchos subiendo al unísono, aprovecho estos momentos para bajar pulsaciones y recuperar un poco el aliento pues no hay manera de descansar ni un solo segundo en esta vorágine de pequeñas trialeras.

Hay bajadas en las que si no fuese porque sigo la estela de algún aguerrido inconsciente como yo no me atrevería a bajarlas del tirón, pero cuando vas en carrera hay algo que hace que estés más atento y envalentonado, dejando que la bici caiga y sabiendo darle al manillar esos justos impulsos para que la horquilla haga bien su trabajo y el jinete prosiga su andadura y no muerda el polvo del camino. En algunas de estas bajadas, tengo que prescindir del miedo, tengo que hacer de tripas corazón y dejarme caer, soltando frenos a la más mínima duda, no quiero quedarme atascado en un obstáculo y darme el talegazo del día, sé que yendo algo alegre, con un buen ritmo se superan mejor las grietas, rocas y escalones.

¡Cómo desgasta este tramo de bajadas!, menos mal que los ánimos de Longi y Pilar me empujan y la adrenalina vuelve a inundarme, recargando las reservas de atrevimiento y ánimos.

                a                En los pasos más alocados no sólo tropiezo con el terreno, también con los obturadores siempre al acecho de los 4 fantásticos, fotógrafos que saben cubrir como nadie un evento deportivo, consiguen que al acabar puedas verte pasar por los momentos más críticos de la carrera y tengas un recuerdo imborrable de ellos, son únicos.

                 Hasta barro tenemos hoy, paso bajo un túnel lleno de lodos finos que me ponen perdido desde la cabeza a los pies, la cara salpicada de pecas, las zapatillas húmedas y los brazos teñidos de un breve latigazo refrescante.

Mirando los kilómetros que llevamos veo que está próximo el ocaso de la prueba, es más… conozco la zona y sé que ya estoy entrando en la franja urbana aunque no sé por donde nos van a ubicar.

Ya lo tengo claro, nos obligan a recorrer una de las márgenes del Vinalopó. Un sendero culebrero, algaido, escueto y rápido. Llevo dos ciclistas a unos escasos cincuenta metros por delante, son mi referencia a la hora de leer el recorrido porque los matorrales apenas me dan unos metros de visión y a esta velocidad necesito tener claro por donde guiar la proa de mi nave.

Estos últimos kilómetros por rambla y sendero han vaciado todas mis reservas de energía en mis músculos, no sólo los de las piernas sino en general, ha sido como hacer un zumo de sincrolador, voy exhausto. Ayer dejé unas cuantas miles de kcals en Elda y sus postrimerías, esta mañana las pocas que me quedaban han pedido un crédito, voy con las energías justas para llegar hasta el mostrador donde reparten las cervezas.

Cansado, muy cansado, pero satisfecho ya estoy recorriendo la última veintena de metros. Los vecinos de Novelda se agolpan sobre las cintas de plástico que delimitan el pasillo de llegada a meta, son un impulso difícil de cuantificar, esa ilusión al jalearnos, esas caras sonrientes y llenas de cariño, hacen que las últimas pedaladas sean gloriosas, las mejores, las que sin decir nada les dedicas.

              perfil  La clasificación a estas horas ya ni la recuerdo, pero ha sido buena, muy buena, para mí todas las que estén dentro del primer cuarenta por ciento me parecen fabulosas y hoy he ocupado un lugar en esa franja.

                 Con una sonrisa carismática arranco mi furgoneta y regreso a casa. Atrás dejo cosas muy bonitas: el café con Eva, la amistad recién estrenada de Cristobal, volver a saludar a tantos amigos del circuito y otras lides, el no haber caído en ningún punto de recorrido, aplaudir a Pablo y a Mª Ángeles en el podio, acabar satisfecho con mi condición física, y sobre todo, ver que mi nueva bicicleta está hecha para mi forma de entender el ciclismo de montaña.

                 ¡Hasta la próxima amigos!

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Luis, que no paras, y ahora con bici nueva. Ya contaras, ya…

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    1. Querido Maestro Usted tampoco anda quieto… graccias por pasar por el blog, siempre.

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