Crevillente 2015

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10697139_1439119526380013_6594921416724614827_o Hoy no viajo solo, me acompaña Pedro, un buen amigo de los que ha cuajado gracias al ciclismo y a muchos cafés en buena compañía, en los que alguna napolitana de chocolate también se ha filtrado. Soy un goloso sin solución, soy capaz de hacer cualquier cosa, menos ponerme a dieta. Es un ciclista de los que da gusto llevar cerca. Llena la bodega de la furgoneta con las dos fieras de carbono ponemos rumbo a la vega baja alicantina, en Crevillente nos esperan más amigos y muchos kilómetros de encantadora ruta.             Recogiendo los dorsales tenemos un pequeño contratiempo, nos dicen que alguien ha firmado por Pedro y que su bolsa del corredor con el dorsal incluido se lo han dado a otra persona por error. Hemos de ponernos a hacer cola en la mesa que gestiona las incidencias. Una pena, acudimos con bastante tiempo de antelación para poder situarnos en la cabeza del grupo de salida, pero este dislate nos va a fastidiar el plan.

Resuelto el desbarajuste, que al final no es tal, sino únicamente que los de entregas han confundido las bolsas, en fin, una tontuna que nos hace perder mucho tiempo. Corriendo, con paso legionario nos dirigimos a terminar de vestirnos y a poner las bicicletas en orden de marcha.

10390888_1546365742313140_1083788019326299538_n  Obviamente las prisas hacen que yo no me dé cuenta de que el amortiguador de mi epic está al mínimo, la fiera parece un chicle de lo blandita que está, ya sé que no me voy a poder soltar la melena en las bajadas, toca ser conservador, no vaya a ser que el demonio me sonría y en un brinco la bieleta fisure el cuadro de carbono.

No soy el único que va con prisas, ambos, justo al colocarnos al final del pelotón de salida, en un lugar en el que mil trescientas almas nos preceden, observamos que no nos hemos fijado al tobillo el chip de la organización, que sirve para medir nuestro tiempo de ruta y clasificarnos. Hoy somos polizones, ocupas, ilegales, pilotos de pateras, nadie sabrá si hemos salido y mucho menos cuando hemos llegado. No importa, el objetivo es divertirnos y correr todo lo que podamos y sepamos.

Antes de ajustar las calas en los pedales, veo por la colica del ojo a Elena y a Pere, una pareja de amigos de Castalla. Le endoso mi cacharro a Pedro y me acerco a saludarlos. Risas, besos y apretones de manos, que buena forma de comenzar, este momento hace que se disipe el mal sabor de boca de los contratiempos de primera hora.

10479198_10206589467203266_2630195353391669625_n  La culebra multicolor se pone en marcha, el estallido de un cohete da la señal de inicio. Hasta llegar el coletazo a nuestras ruedas pasan un par de minutos mínimo, somos una marea de ciclistas, estamos embotellados en este pasillo, en el que flotan ilusiones, ánimos henchidos, piernas inquietas, muchas horas de entrenamiento, dudas, ansías y algunos: expectativas de victoria.

El objetivo en este momento es intentar infiltrarnos los máximo posible entre la marabunta rodante. Es la mejor manera de evitar tapones y retenciones, hay que aprovechar el tramo neutralizado para emplear toda clase de escaramuzas e ir adelantando posiciones. No es fácil, no sabes que va a hacer el ciclista que está por delante, o por los márgenes, la precaución se ha de extremar al máximo, hay que utilizar los cinco sentidos y si encontramos alguno más, también exprimirlo al máximo. Una caída puede ser fatal, puede significar además de una mala lesión, arruinar el día deportivamente hablando. Somos muchos los que vamos en esta lid, lucha de trincheras total, escuchando como en las empinadas calles de Crevillente algunos ya van jadeando y perlados de sudor. Es un trance en el que hay tiempo de observar a la gente, saludando a viejos amigos y otros que no lo son tanto.

10835012_1439119009713398_5731690592205482829_o Pedro está fuerte, lleva meses entrenando duro y se nota, no sólo me sigue el ritmo sino que en muchos momentos, cuando él lo marca, me hace sentir que las piernas me piden prudencia. Vamos muy bien, el eslalon está dando sus frutos, hemos dejado muchas bicicletas a nuestras espaldas, frente a nosotros el panorama es más fluido, poco a poco nos vamos colocando en nuestro lugar de carrera.

Saltamos al monte, una hermosa pista forestal nos da la bienvenida, con su crujiente firme polvoriento. Los tacos de la rueda delantera no tardan en rebozar mis espinillas con ese color tan característico de los caminos calizos. Ya sé a que va a saber el primer trago de agua, a camino serrano, a Crevillente, a historia de bandoleros, a Jaime Joseph Cayetano Alfonso.

Estas tierras y los predios de la comarca fueron escenarios por los que corrió y cabalgó “el barbut”. Un amable bandolero que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, que enamoraba a las taberneras y escuchaba a ermitaños que antaño habían lucido las divisas del almirantazgo en sus hombreras, quien también le aleccionaba sobre tácticas y técnicas de combate, curtiéndole en el fino arte de las emboscadas y la guerrilla. Hombre que por error y circunstancias se vio obligado a dejar la familia y echarse al monte. Hoy, nosotros vamos a disfrutar por los terruños que él mantuvo bajo su capa y trabuco. Espero que no acabemos de tan triste guisa como él, a quien después de ajusticiarlo en la horca, fue descuartizado, frito y enterrado en diferentes lugares.

10984261_1435387850086514_2434298483035495145_n Hace unos años, Diego Ortuño, mi inseparable compañero de fatigas, me dejó dos tomos casi enciclopédicos en los que se narraban las aventuras y desventuras de semejante vecino de la comarca. Mi interés por él se debe a la cueva de la Excomunión de la sierra de la Pila, donde en ocasiones se refugiaba junto a su jarca de hombres buenos con patillas de malhechores.

Cómo si huyésemos del alguacil de la zona, mi compañero y yo seguimos pedaleando fuerte, no nos importa que la pista sea ascendente, adelantamos a un ritmo más leve a todo lo que se nos pone por delante.

CAM01333  Apenas tengo tiempo de empaparme del paisaje, es una de las cosas negativas de las carreras, que hay que ir muy pendiente del terreno, del manejo de la bici y de no sufrir un accidente, teniendo que ignorar los preciosos lugares por los que vamos avanzando.

Sonrío, marco a Pilón, con un leve movimiento de cabeza lo que nos espera, una cuesta interminable, por la que los manillares se retuercen y las cadenas sufren agónicamente.

caballito  Saludo a Luis Gómez, nos decimos alguna bobería entre risas y continúo, voy alegre y quiero aprovechar el momento. Mi sombra sigue siendo la misma, escucho su respiración, no hay forma de despegarme de él. Sin darse cuenta, él es quien va marcando el ritmo, yo me relajaría, pero noto como su rueda me empuja desde atrás, no me toca, pero no es necesario, sé que entre sendos neumáticos hay un espacio que el filo de cuchillo apenas podría cortar.

IMG-20150301-WA0001  Me resisto a subir con el plato pequeño, todos lo hacen, pero yo no, hoy no, hoy… me siento bien, siento que las piernas están alegres y rumbosas, mi pecho dice que adelante, que aprueba semejante desarrollo, así que con el plato, de ternera, subo y subo, obligando a Pedro a perseguirme con una rápida cadencia. El recorrido total es corto, apenas cuarenta kilómetros, llevo ahorros energéticos para poder derrochar. Aflojo un poco el ritmo para que mi binomio me alcance. Una enérgica voz me jalea y sé que es la señal para que vuelva a calentar el lubricante en los dientes de plato y piñones.

Llegados a la primera cima, veo como se dibuja una ondulante línea en el paisaje, cortando campos en barbecho y arbolados de secano; por la que ciclistas del tamaño de hacendadas hormiguitas corren y se desplazan en el plano. Momento de respiro, hora de recuperar el aliento y de seguir avanzando.

IMG-20150301-WA0000 Este sector me recuerda mucho a las faldas de La Muela de Ojós, donde los rumiantes pelan el campo, dando un aspecto extraño, raso, uniforme, con ese característico olor de los corrales caprinos. La velocidad es alta, retorcemos los manillares a cada curva. No dejamos de echar ciclistas a la saca, hoy nos estamos luciendo ambos.

Acabada la diversión toca volver a arremangarse y dar el callo. Atravesando bonitos campos, de desnivel casi nulo, por algaidas sendas limitadas por un espeso verdín, vamos llegando a la tan mencionada senda de Los Elefantes. Aquí mi suspensión me da algún que otro problema, voy demasiado bajo de presión y noto cómo en vez de bascular voy pegado al terreno dificultando al máximo el avance, ofreciendo una extraña sensación, es como si pesase mucho más de lo que en realidad la báscula reza en el taller.

IMG_135269372260440  A la par, en pareja, a dúo, es la primera vez que en una competición comparto ritmo y ruta. Normalmente o me dejan solo, o me escapo a la más mínima oportunidad. Hoy este joven hijo de Ceutí, me tiene pillada la medida y no me deja desgarrar ese cordón que nos conecta. Me gusta, la sensación es muy positiva, vamos alentándonos mutuamente y eso incrementa la velocidad media.

El valle se acaba, nos desviamos entre almendros y tablados de algarrobos silvestres. Los romeros leñosos son los dueños, los lentiscos están brillantes, muchas encinas amenazan nuestros cueros con sus finas hojas espinosas. Puro entorno mediterráneo, pura belleza, singular paraje, endémica joya.

IMG-20150301-WA0003 Voy estupendamente hidratado, llevo dos bidones de medio litro, hasta el momento la temperatura está siendo de lo más acertada y no me obliga a beber en demasía, voy dosificando en función de mi traspiración. El avituallamiento sólido también lo llevo muy bien dosificado, cada quince o veinte minutos me llevo un higo al coleto, un dátil, un par de nueces o media barrita de cereales con almendras. Hace tiempo que llevo geles y algún que otro botecito de esos que promocionan como súper energizantes, pero cómo reserva, como medida de control en caso de que las alarmas de mi cuerpo comiencen a dispararse y sea necesario establecer niveles de sodio, potasio o cualquier otro tipo de elemento que inviten en su ausencia al “tío de la maza”.

Entro yo primero a la senda de los famosos elefantes, que no sé si la llaman así porque Aníbal Barca en su periplo hacia Roma pasó por allí con los plantígrados o por algún tipo de efeméride local que se escape a wikipedia.

1385783_951700371506904_6464126054279124529_n  Ahora es el momento de ser inteligente, golpeo con alegría el gatillo del cambio de plato y asiento la cadena en la mazmorra número veinticuatro. En la rueda trasera me guardo un tercio del desarrollo para que, en los momentos de dolor, todo sea más llevadero, pudiendo afrontar los descarados desniveles de esta sierra con coraje y arrojo. Podría subir este cordel roto y retorcido con un desarrollo más potente, pero hay que saber guardar y con una cadencia más cómoda y enérgica comienzo el ascenso.

Mi valiente compañero convierte mi silueta en su espejo, se ajusta tras mi rueda y leyendo mi paso, empuja y empuja. De vez en cuando tose, está acatarrado, y reconozco sus pequeños golpes de tos, siendo como mini latigazos que me dicen que siga subiendo o me las tendré que ver con Pedro el Grande, el Exterminador.

11057257_827663140603074_7441925911647051162_n  La gente se agolpa en esta subida, a cada curva los hay que se ven obligados a descabalgar de sus monturas, otros se rebanan los sesos pensando cómo seguir adelante y no dejan de cruzarse en el camino, hasta tal punto, que frente a mí, un hidalgo de flaco rocín cae al suelo y me obliga a frenar en seco, teniendo que bajarme en un momento crucial. En vez de cabrearme, canalizo la rabia y me echo el cuadro de la Spz. al hombro derecho y corro pedregal arriba buscando un poco de espacio para volver a saltar sobre el sillín y continuar el ascenso.

El pulso se agolpa en mi interior, la vena del cuello palpita y la noto intermitente, señal de que voy altísimo de pulsaciones, vuelvo a pellizcar el gatillo del cambio trasero y subo dos coronas, busco establecer mi ritmo de crucero óptimo.

IMG_134990934830424 Una cosa que me está gustando mucho es la participación de la gente del lugar y del voluntariado de la organización. Es imposible perderse o desviarse del trazado establecido. Hasta nos señalizan lugares donde hay una arqueta de riego, una grieta oculta en alguna curva, etc… es muy de agradecer que un grupo de personas esté esperando a que pases para que te animen sin ni siquiera conocerte, te hagan fotos y te infundan un plus de energía. He de quitarme el sombrero ante los lugareños, buena gente, no me cabe la menor duda.

La senda de los elefantes se estrecha, se estrangula sobre sí misma y no se acaba, es todo un compendio de piedras y raíces que se apelmazan ante nosotros. En muchas ocasiones voy pidiendo paso a voces, necesito que los que van caminando dejen libre la zona por la que quiero trazar mi paso. No hay problema, todos entendemos cómo funcionan este tipo de situaciones, y dando ánimos dejan que pasemos los que nos apuntalamos sobre el manillar y pedaleamos sin pensar ni mirar más que al frente, esperando culminar la cima.

En un pequeño tramo la senda se relaja y se convierte en camino, y en uno de sus flancos está Paco Simón, disparando con su cámara, consiguiendo que olvidemos el mal trago anterior y sonriamos, en busca del tan ansiado pajarito que prometen todos los fotógrafos desde que abandonamos las litografías en Altamira. En un alarde de energía intento hacer un caballito pero apenas doy dos pedaladas, suficientes para darme cuenta de que mis piernas ya no están para tonterías, así es que no repito y saludando paso frente a él. Al reconocerme me grita que Pepe Rush está cerca, sabe que es el fotógrafo que más me mima del circuito.

10697139_1439119526380013_6594921416724614827_o    El firme en buen estado se acaba, volvemos al más puro empedrado. Ciclamos en fila india, la gente busca el más mínimo resquicio por el que aprovechar y traccionar al máximo, sacando a sus fuerzas un óptimo rendimiento. Me acoplo y me convierto en un eslabón más de esta cadena humana, que sin prisa pero sin pausa, conquista el paso estrangulado de esta sierra. En ocasiones no se puede hacer más que dejarse llevar por la masa, no tiene sentido ir contra corriente.

A lo lejos, a la izquierda, distingo un pantalón de montañero de color rojo, ese es él: ¡Pepe Rush! Veo que no deja de castigar el obturador de su caja mágica, esa caja que inmortaliza momentos únicos, instantáneas que a posteriori todos queremos guardar en nuestros discos duros para poder recordar esos días de batalla. Grito su nombre, a lo salvaje, no me importa lo que puedan pensar los demás sobre mí, necesito hacerme notar y que sepa que voy subiendo. Veo que el camino me ofrece la posibilidad de desmarcarme, bruscamente me hago dueño de la banda derecha del sendero, en solitario. Quiero darle espectáculo, quiero que disfrute cazándome con su objetivo, sé que la fractura de su monótona rutina le hará sonreír. También es cierto que me estoy convirtiendo en un adicto a las cámaras, pues donde veo una, ahí que me pongo a posar, llamadme vanidoso, me lo merezco, pero es así, guste cómo si no. Todos tenemos defectos y yo los colecciono.

logo Veo que se percata de mi presencia, subo la cadena al plato grande, bajo dos piñones, me aferro al manillar, despliego mis muslos y me pongo de pie, comienzo a apretar lumbares y a retorcer el cuadro de mi montura, siento cómo escarba, escucho el seco crujido de algunas piedras que salen disparadas, en una de las veces que golpeo con todo el peso de mi cuerpo el pedalier veo por el rabillo del ojo, que Pedro, con un par de narices sigue haciendo efecto espejo, el tío aprieta dientes y me sigue, sabe que hasta en el infierno podemos estar juntos. Pepe se pone de pie y nos apresa, nos guarda en la tarjeta de memoria.

Mi aliento es el de una vieja locomotora de vapor americana, de las que asaltaban bandidos e indios. Se atropellan inhalaciones y exhalaciones, no sé ni por donde introducir más aire a mis pulmones. Menudo apretón, hemos dejado las reservas en la rayita de color rojo. Rompo a sudar de manera desmedida, me llevo a los labios el bidón de agua con sales y aprieto como si en ello me fuese la vida, más tarde rellenaré en algún avituallamiento líquido si veo que voy falto de hidratación.

Acabando la dichosa y tan manida senda, está Chary, la esposa de Rush, la saludo y me dice que llega la tan ansiada bajada. La película de miedo se acaba, sé que en el perfil aún me queda algún que otro parche que subir, pero nada considerable a lo que temer.

Comenzamos a bajar una pista rapidísima, que hace años bajé con José María Marco, en uno de nuestros paseos por los aledaños del río Chícamo. La recuerdo perfectamente y sé que tiene curvas bastante sinuosas que pueden tirarme accidentalmente. Suelto ruedas y frenos, cómo sé bien hasta dónde puedo llegar no me descuido y aprovecho al máximo las frenadas. Estos tramos dan mucha vidilla, llevamos casi dos horas de auténtica locura, de alientos atropellados.

logo 2 En una de las zonas que la organización nos indica que hay un tramo muy peligroso, me veo obligado a detenerme casi por completo y al girarme no veo los colores de mi compañero, espero que no haya caído, imagino que se habrá subido al tren de la cordura y habrá usado más los frenos que yo. Voy a aflojar un poco, veo que tengo una nueva pendiente, por pista, lugar perfecto para darle tiempo a recuperar la distancia que nos separa.

Escucho música de percusión, un ritmo tribal y pegadizo. Pedro no aparece, igual ha tenido un pinchazo. Voy a continuar, nos veremos en Meta, me siento cómodo y quiero seguir apretando hasta el final.

En lo alto de un collado hay toda una batería de músicos tipo batukada que golpean endiabladamente sus timbales y cajas de resonancia. Me alegra mucho el ánimo, la gente se divierte, y nos divierte. También hay un punto de avituallamiento y me detengo fugazmente y bebo un vaso de bebida anaranjada, no sé que es, pero seguro que es alguna clase de líquido isotónico.

Con los labios frescos, y el aliento entero nos hacen encajar las ruedas por una fina y delgada línea entre árboles. Escucho que queda poco, que estamos llegando, que ya ha pasado todo lo duro, que no queda más que bajada. Aumento el ímpetu y el vigor en el pedaleo y cuesta abajo comienzo a subir cifras en la pantalla del gps, sobrepaso los sesenta kilómetros por hora, mi cuerpo se refrigera sobremanera, las gafas van llenas de salpicaduras salitrosas que han ido cayendo de mi frente y posiblemente de mis labios también, al resoplar en algunos tramos. Con la visión sucia voy siguiendo el paso del agua por una rambla seca, que a buen seguro me va a depositar a las puertas de la población. Ruedo erguido, con fuerza, tirando de piernas a tope, miro el kilometraje restante a Meta y veo que apenas queda aventura.

Entramos en unos huertos abandonados en los que recorremos un camino propio de un circuito de bmx, haciendo que las sonrisas fluyan sin control, es muy divertido poder jugar de esta manera, a sabiendas de que todo está hecho, es como comer la guinda del pastel, estás lleno pero siempre hay sitio para ella.

Un par de kilómetros de asfalto callejeando por las postrimerías de Crevillente. Un grupo de ciclistas van amparando a la que todos llaman “Laura”, hacen una grupeta y van rodando fuerte, cómo en un entrenamiento por carretera y la van aupando. Me pego a ellos y les sigo a su rueda, en absoluto se me pasa la idea de hacer un relevo al de cabeza, hoy toca ser vestir el maillot de remora, toca parasitar al máximo, aprovecho su rebufo y me llevan en volandas hasta la recta final. Se desinflan y yo con ellos.

La llegada sabe a gloria, hoy he disfrutado muchísimo y aún llevando la amortiguación fuera de servicio, he saboreado cada hectómetro de la marcha. Mi cuerpo ha respondido maravillosamente. Todo ha salido según lo previsto en el plan magistral, en el que alguien ha escrito nuestro destino, hoy las letras se agolpaban augurándome una travesía gloriosa.

Me quitan el dorsal, y espero a Pedro. Para la grata sorpresa de todos, vemos como entra con el sillín en la mano, sonriente, majestuoso, saludando a todos, apenas cuatro minutos nos han separado. ¡Bravo!

Ya fuera del circuito me cuenta que se había quedado sin sillín al comenzar el descenso y ante la opción de perder el tiempo sacando herramientas y poniendo todo en su sitio, ha optado por echarse el sillín al bolsillo y continuar levantado lo que le quedaba. Sin duda alguna un gesto de campeón que le honra y ante el que me inclino reverenciándolo.

Nos damos un buen abrazo y con las mochilas al hombro nos perdemos por los pasillos que conducen a las duchas.

Limpios, perfumados, con ropas cómodas y bien olientes, ponemos rumbo a la zona de catering. La cerveza, los chascarrillos y el jamón nos esperan.

Puede parecer que he omitido mi encuentro con María Ángeles Pertusa, pero no es así, quería dejar ese detalle tan bonito para el final, momento en el que al tiempo que os cuento que la he conocido personalmente después de mucho tiempo de amistad por nuestro grupo ciclista de la Revolussión, también os comento que mi nueva amiga ha subido al podio, es una de las vencedoras en la categoría “Élite Femenina”. ¡Enhorabuena!

Quiero mencionar a todos los que han hecho que la mañana haya dejado de ser un día más del año. Luis Candela, alias Gento, qué deciros de él… que es un gran tipo, parte del motor que ha hecho posible todo lo que hoy ha acontecido. Pere y Elena, quienes con su hija han compartido unas risas y unos buenos minutos de amistad y cariño. Pepe y Chary, pareja sin la cual nadie nos recordaría, pues sus fotografías son únicas y buenísimas. Pato, amigo y compañero que siempre tiene esa sonrisa alentadora. Cristobal Valero, quien ha tenido una caída y ha acabado justo tras mi rueda, y a quien también he tenido el placer de conocer personalmente, todo un lujo. Algún rancio también me he encontrado, pero a esos, sólo les conocen en su casa.

Gracias a todos, espero no haber olvidado a nadie, pero si es así, que no se me enfade, pues si es de la grupeta sincroladora, sabe que tiene un hueco en este blog y fuera de él.

¡Hasta la próxima!

Pd: Este domingo, no sabía que me iban a brindar la posibilidad de formar parte del equipo “Age2 The Bike by Faster Wear” y con el que he participado en la 2 Reinos Mtb Race. Pero eso ya os lo cuento en la próxima crónica.

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6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ruben dice:

    Que gran mañana de domingo, desayunando mi avena y chocolate negro, y leyendo la Crónica de mi colega Baiker por tierras crevillentinas. Gran relato, por zonas donde entreno muuuuucho con mi grupeta “ketetrenkes” de Elche.
    Vaya liebre estás hecho Chorques, estás en alza, mi mas sincera enhorabuena por tu resultado y vivencias en la marcha de Crevillent, bona terra i mijor gent !

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    1. Al margen de hacerme sonreir, me ha encantado ser tu prensa deportiva del fin de semana. Seguire escribiendo para q no t falten cereales q desayunar en armonia.

      Un fuerte abrazo Ruben.

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  2. Pato dice:

    Ecxelente Luis,como no podia ser menos,por la parte que me toca muchas gracias,ha sido un verdadero placer compartir momentos contigo nuevamente,un gran abrazo compañero,y nos vemos en la próxima.

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    1. Un fuerte abrazo, gracias por pasar por el blog.

      Nos vemos pronto.

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  3. Mikanet dice:

    ¡¡¡ Bravo Sincro !!!

    Sin haber puesto los pies y mucho menos las ruedas de mi bike en ninguna de las marchas que aquí nos relatas y que gustosamente un servidor lee de manera casí hipnotica consigues que no necesite una gopro para solo con tu relato y dejando volar mi imaginación casí lo pueda visualizar mejor que en 4K.

    Un 10 para tí 😀

    P.D: Me entristece un poquito que no hayan apenas comentarios a tal trabajo desinteresado y que a quien se molesta en “perder” 10 minutos aparte de pasar un rato de lectura muy agradable aprende algo de lenguaje. Luego nos encontramos cientos de comentarios en la noticia de que CR7 le ha sentado mal la comida…

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    1. Muchas gracias Mikanet. Tenerte como lector vale más que todo lo que ganan esos del futbol. No te preocupes, a mi me hacéis muy feliz.

      Me alegra mucho poder hacerte disfrutar con mis crónicas.

      Un fuerte abrazo y espero volver a coincidir contigo, eres un deportista ejemplar y un compañero sublime.

      Hasta la próxima.

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