Siguiendo a Rush.

el

10801729_10206296588481481_6165961684073255474_nLos madrugones son duros, sobre todo en invierno. Sacar el primer pie de debajo de las mantas es una ardua aventura, la mente te dice que has de ponerte en pie, que te espera una jornada de ciclismo de las buenas, pero el apéndice podal se niega a abandonar el cálido lecho, se resiste férreamente, sabe que le esperan unos cuantos miles de ciclos por dar, y unas horas de frío. Superado este trance, todo se pone en marcha, la mente va activándose, la cafeína sirve de acelerante y la liturgia propia del momento, de forma mecánica se va ejecutando, fiel siempre al mismo guión.

Los ciclistas somos así, aunque también se puede extrapolar esta actitud a otros muchos deportistas de diferentes disciplinas; somos algo raritos, somos incomprendidos por la mayoría de nuestros semejantes. Nuestro día libre lo utilizamos para madrugar más que cualquier día laboral, nos ponemos en ruta aunque el frío nos congele hasta las mentiras, el sol nos licue la masa encefálica y además siempre estamos dispuestos a acabar extenuados, accidentados y sucios, muy sucios. Pero amigos, esta es la pregunta del millón, ¿qué nos mueve a los ciclistas, qué nos hace estar ahí cada vez que tenemos ocasión? Creo que la respuesta es algo parecida a: adicción a las emociones fuertes, ilusión, entusiasmo, amor a la naturaleza, compañerismo, ganas de impregnarnos de la compañía de los amigos, sentir que nuestros cuerpos trabajan al máximo y rinden a la perfección. Nada mejor que una buena ruta de ciclismo para comenzar un día sonriente y feliz. Tenemos conocimientos de alquimia y en vez de buscar la piedra filosofal, lo que hacemos es transformar el sufrimiento en diversión. ¿Locos? ¡Tal vez! IMG-20150124-WA0013-1-1Cada vez que viajo a las tierras del Vinalopó, os cuento lo esplendoroso y bonito que es cruzar el Manyar. Esta franja sita entre las vinateras localidades de Pinoso y Monóvar, tiene algo mágico. Su luz, en cualquier estación del año es un espectáculo. Viste con colores aterciopelados y preciosos los amaneceres, los campos, viñedos, a los caprichosos perfiles de las montañas que la circundan. Es un conjunto bucólico único, me evoca sensaciones de lo más agradables, siendo el paso por la pedanía como un premio de consolación por tan largo viaje en estas jornadas de ciclismo allende mis calizas del Valle de Ricote.

Mientras voy atravesando Elda, conduciendo lentamente, fijándome en la multitud de grupúsculos, peñas y amigachos que se reúnen en las esquinas, cafeterías, parques, etc… junto a sus bicicletas, expectantes a que el reloj dé la hora exacta de partida, veo la hidalga figura de un espigado ciclista, sobre una lefty, con una cadencia característica, inconfundible, uno entre un millón. No es otro que mi amigo Pepe. Silente, pausado y bien abrigado va camino de nuestro punto de encuentro. Me sitúo a su par y dejando que el gélido aullido de Eolo atraviese mi ventanilla, le sonrío y le pregunto si voy bien para mi cita con el Sr. Rush. Las sonrisas lo dicen todo. Un gesto con las manos a modo de saludo y nos despedimos, aún tengo que aparcar y ataviarme para el periplo.

10952368_10206296581041295_181252315032067398_nHace años que no coincidía con Mikanet, viejo compañero en las “KDD’s” de rutometro.com en Villajoyosa en la década pasada. Un reencuentro muy bueno que vamos a celebrar con una ruta de las que dejan un regustillo inolvidable.

Apretando las carnes, los tres, en fila india, por el seco cauce que cruza Elda, nos despedimos del asfalto, del hormigón, de la urbe, de lo mundanal, nuestra aventura comienza en este mismo instante. Hace mucho frío. Un despiadado aliento de montañas nevadas se cierne sobre nosotros. El termómetro de mi gps dice que son dos graditos los que se caen en la escala Celsius bajo el referente del 0ºC.

Conforme nos vamos alejando, los grados, van cayendo sin piedad. Pedaleamos al descubierto, al raso, el sol aún no ha dado la cara, la umbría nos abraza por doquier. Poco a poco las pedaladas parece que van aupando al astro rey, va asomándose tímidamente por las cornisas sinuosas de los montes, como si de un teatro de guiñol se tratase.

10945006_10206296588081471_748551721389447580_nNuestras ruedas crepitan sobre caminos escarchados. Un sonido crujiente que nos obliga a escondernos tras las costuras de nuestras prendas. ¡Qué frío, madre del amor hermoso! Creo que se me ha roto el termómetro, veo que indica “-6.8ºC”. Hacía años que no coqueteaba con semejantes temperaturas, menos mal que las ropas que nos protegen son de primerísima calidad y nos mantienen bien abrigados.

No había rodado nunca por el camino de Castalla en estas condiciones, los charcos están helados, con más de un dedo de grosor algunas lascas de hielo laceran los caminos. El paso de una grupeta que nos antecede, ha convertido las pulidas superficies heladas en cristales rotos, que teñidos del marrón del terruño nos hacen comprender lo cruda que ha debido de ser la noche en estos predios.

Para que os hagáis una idea, al llevarme el bidón al coleto, he comenzado a reír, mis acompañantes me han mirado sorprendidos, y al segundo les he dicho que mi bebida isotónica estaba granizada. Digno de mencionar. El bidón está lleno de líquido semi congelado, en menos de veinte minutos el agua con polvos isotónicos es un delicioso sorbete de limón al punto de nieve. 10940493_10206296583481356_945300427085821466_nAl margen de las temperaturas, que son las protagonistas del momento, os he de contar que este trayecto hasta Onil ya es un viejo conocido para mi Epic y para mí. Vamos dirección al área recreativa Santa Ana. Mi última visita fue en una reunión “revolussionaria” y Andrés, un gato ilustre de Elda, me hizo toser tras su rueda a velocidades superiores a los veintiocho kilómetros hora de media, todo un granuja que se esconde tras las canas de su barba.

Justo en Santa Ana hacemos el primer alto en el camino. Con fruición y ensartando interesantes conversaciones sobre nuestros temas favoritos: bicis, rutas, montañas, carreras, rutas, rutas, montañas, rutas, rutas… nos comemos en la murada soleada de la ermita dedicada a la Santa, unas barritas de cereales y unos plátanos reglamentarios. Estos rayitos de sol nos están dando la vida, somos lo más parecido a tres reptiles bípedos de sangre fría que necesitan el aliento de Helios para poder seguir su odisea por las montañas alicantinas.

Ya se acaba rodar por asfalto y por pistas, entramos en el momento en el que nos adentramos en el más puro ciclismo de montaña. Tenemos por delante la tarea de ascender los barrancos de Montivari y Taguenga.

10933754_10206296583001344_8470156740618945284_nLos caminos son retorcidos, empinados, llenos de curvas y peraltes. El desnivel, desde que nos dimos el primer apretón de manos no ha cesado de ascender, hoy toca subir y subir. No es día para correr, es hora de forjar más si cabe la amistad y el amor a la montaña. Conversando y pedaleando nos adentramos por parajes idílicos, de lo más inspiradores. De vez en cuando entre los pinares, tropezamos con mini bosquetes de encinas jóvenes y espinos negros, también lentiscos y romeros leñosos a sus pies, conformando extraños escenarios, dignos de aquelarres y conjuros a la luz de la luna. A cada collado que coronamos hay una pequeña recompensa en forma de panorámica. Obligatorio parar, poner el pie en tierra y disfrutar de semejante obra de arte. Estamos rodeados de montañas que desprecian el millar de metros sobre el nivel del mar, orgullosas y altaneras miran al cielo, desafiando al montañero. Aitana luce sus antenas con elegancia, el Mas del Llop, Puig Campana, Morro Blau, es increíble lo que alcanza la vista desde este punto. El mar brilla a lo lejos, amalgamado con el horizonte. A mi espalda la sierra de La Pila me hace un guiño, ella sabe que es mi favorita, mi amada, la que siempre visito cuando quiero olvidar quien soy, convirtiéndome en el “homo pilensis”.

Después de estas recargas anímicas, nuestras piernas y nuestras almas continúan su peregrinaje, alegres, felices, plenas. La mañana está siendo una delicia, no cambio estas jornadas por ninguna carrera, son la esencia de nuestras ilusiones, son la pasión que nos mueve a hacer todo lo que os cuento en los primeros párrafos, en definitiva estas mañanas de ciclismo de montaña son las que tejen nuestro día a día.

Si pienso que voy flotando en una nube, qué equivocado estoy, aún falta el plato estrella del día: la nieve.

10469931_10206296582601334_3583838803256333268_nLlegados al paraje Sotarroni, salimos a campo abierto. Hay llanuras a estas alturas, densas arboledas las delimitan. No dejo de sonreír. Curiosamente hay un buen número de propiedades lujosas repartiéndose el terruño. Almendros de secano, algunos nogales, y encinas centenarias nos saludan al pasar por estos caminos. Me adentro en uno de estos claros para hacer una fotografía de recuerdo y siento que mis ruedas se hunden en barro congelado, a mi paso voy escuchando como mis tacos van tañendo suavemente esta extraña textura. Abrazado a mis neumáticos, el barro me acompaña en esta secuencia de modelaje bucólico.

Pequeñas manchas blancas salpican el camino, poco a poco se van haciendo más constantes, hasta que nos vemos rodando sobre un níveo manto blanco, denso, frío, límpido, hipnótico. Aplastando esta alfombra invernal caemos por el camino culebrero, sin saber que hay bajo la nieve, conteniendo la velocidad, pulsando con temple las manetas de freno, cualquier bolo de piedra insertado en el camino nos puede descabalgar y costar caro. Sin incidencias, nos divertimos, nos hacemos fotos y descansamos unos segundos a la sombra de una gran carrasca, gigantesca, añeja, sabia, paciente, preciosa, con sus ramas llenas del amor gorjeante de los gorriones y urracas, con sus ricas bellotas que a tantas generaciones de jabalíes habrá alimentado. A nosotros nos sirve de apoyo y sombra, de inspiración.

Continuamos dirección a la senda de las Vacas, un rinconcito divertidísimo, rápido, fugaz, con el toque técnico del esquiador de slalom, en la que hay que abanicar la bicicleta y al ciclista al unísono más que girar el manillar. Persigo a Pepe, dejo un poco de distancia para poder ir leyendo el terreno a la perfección y no comerme ningún pino en alguna curva.

10801846_10206296585281401_328356767253990285_nVolvemos a sacar calorías y frutas de los bolsillos y mochilas. Nos sentamos nuevamente al sol. Unos jinetes nos saludan. Chascarrillos sobre carreras pretéritas y sobre las venideras. El próximo objetivo es el nacimiento del Vinalopó y posteriormente escalar hasta la sierra de Biar y conocer una mítica senda: “La Rush”, de manos de su mentor, de su homenajeado.

El sendero es divertido, descendente, pero la nieve se ha descongelado y el barro ha tomado el relevo. Más que rodar vamos patinando y derrapando. Las peloteras de barro en las horquillas nos frenan, las ruedas delanteras nos escupen filetes de barro fresco, denso, a la cara. El cicerone dice de dar la vuelta, no le gusta nada en lo que se está convirtiendo el paso por este senderillo. Justo cuando da la orden a la tropa de retroceder, digo: “¡he partido!”. La expresión del rostro de Pepe es un poema de lo más dramático, piensa que he partido el cuadro de mi Epic. Nada nervioso, haciendo gala de una inusitada calma, le explico lo que ha ocurrido en realidad. He notado algo brusco en la transmisión y he frenado rápidamente. Es la segunda vez que me ocurre semejante descalabro, la patilla del cambio se ha quebrado.

10383906_10206296580601284_424555351271077345_nMiro la parte trasera de la bicicleta y sólo veo un amasijo de barro, cadena, roldanas, y hierbajos pegados por todas partes. Hay que enguantar las manos con paciencia y sin ningún tipo de gesto exagerado, sino más bien sonriente, abro la mochila y prendo la cremallera de mi bolsita de herramientas, toca desempeñar el oficio de mecánico de campo.

Mis compañeros, se ofrecen a ayudarme en todo. Deshacemos la distancia que hemos ciclado en la senda y en la entrada, junto a la pista principal, donde el terreno es más proclive para instalar el taller improvisado, me pongo manos a la obra.

10375138_10206296584881391_7673110415773896624_nPrimeramente hay que evaluar que tengo frente a mis ojos y buscar una solución que me permita llegar hasta el punto de partida, que está a casi cincuenta kilómetros. Después, mientras Pepe limpia el barro de la cadena buscando el eslabón de apertura rápida de mi cadena, voy preparando el troncha cadenas y Miguel nos ayuda manteniendo la bici, a la que hemos puesto patas arriba.

Al primer intento de desbulonar un eslabón, mi herramienta se quiebra, siempre hay que tener presente que cuando algo va mal, puede empeorar sin lugar a dudas, y además de forma exponencial. Con la llave mecánica que tiene mi compañero, damos unos apretones y todo resuelto, liberamos la cadena y es el momento en el que me pongo a calibrar como volver a engarzarla para que sin necesidad del cambio, a piñón fijo que se dice, pueda volver a rodar sin problemas. Opto por quedarme en un desarrollo cómodo, puede que haya que volver a escalar antes de llegar a la estación de término y no quiero que sufra ninguna tensión desmedida y vuelva a partirse la cadena, le he tenido que incorporar dos de mis eslabones de repuesto y eliminar una decena de los viejos y embarrados. Utilizamos una brida de plástico para sujetar el cable del cambio al tirante trasero y todo resuelto, listo para regresar.

10934008_10206296586801439_6894446819380744890_nYo me quedo apenado al obligar a la comitiva a cambiar de planes, y Pepe está como desangelado al no poder llevarme a probar su senda, ese rinconcito de la sierra de Biar que con tanta ilusión, los lugareños bautizaron en un solemne acto con su nick, como reconocimiento a tanta ilusión, entrega y cariño hacia esas gentes y sus montañas.

Unos pequeños ajustes y todo va como la seda, no hay quien hunda mis ánimos cuando de montar en bici se trata. Con mi plato de treinta y ocho dientes voy hasta el mismísimo Olimpo y después me paseo por el infierno si hace falta. Os escribo con este descaro porque tenemos que subir un buen puerto de montaña, hasta llegar al Canalis y no me arrugo, me pongo de pie y me despego de mis dos compañeros. Me marco un ritmo alto y templo los muslos, haciéndoles ver que la patilla del cambio se ha roto pero mis pulmones y mi bomba cardíaca siguen incólumes.

10438975_10206296581921317_3478566816111689479_nTristemente, ahora todo es bajar y bajar hasta llegar donde a primeras horas de la mañana aparqué la furgo. El desarrollo que me permite la situación es penoso, no puedo pedalear a más de veinte kilómetros por hora, al llegar a ese punto mis piernas son incapaces de centrifugar más rápido, y tengo que dejarme llevar por la pendiente, paciente y resignado.

Cuarenta y cuatro kilómetros de esta guisa, parece que últimamente no termino una etapa en condiciones ni rezándole a todos los dioses habidos y por haber. Hay que saber superar estos contratiempos, no nos podemos arrugar porque las cosas no se desarrollen como nos gustaría. Parte crucial del carisma del ciclista es: no abandonar nunca. Las rutas hay que acabarlas como sea, siempre que se pueda pedalear hay que seguir haciéndolo, nada de lloriqueos y telefonazos pidiendo entre gimoteos que nos vengan a recoger. perfil RushNoventa y pocos son los kilómetros de la ruta, un desnivel positivo acumulado por encima de los mil quinientos metros y casi siete horas de aventura, no está nada mal para haber tenido que abortar la misión al llegar al ecuador de la misma.

Quiero agradecer a Mikanet y a Pepe, la paciencia que han tenido, pues tantas horas escuchándome no ha de ser fácil, creo que la OMS llegó a considerarlo como lesivo para la salud pública. La Convención de Ginebra, en los artículos que habla sobre el trato al rehén, dice que al prisionero no se le puede exponer más de diez horas a ningún sincrolador murciano, puesto que puede llegar a sufrir daños irreversibles en su psique.

10930113_10206296589241500_7530933289985365845_nCon este toque de mi humor ácido y tan propio, me despido de todos vosotros, emplazándoos a la próxima crónica o si os atrevéis a la próxima ruta.

¡Hasta pronto!

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mikanet dice:

    ¡¡¡BRAVOOOO!!!

    Cual literato profesional has relatado todo lo vivido aquel día :D.

    Yo vivo, disfruto e interiorizo estas rutas, estos paisajes y como no, la buena compañia, las guardo en mi disco duro mental pero sería incapaz de expresar de la misma forma lo acontencido ese día “cualquiera” como tú lo has hecho, para que los visitantes de este blog que gusten de crónicas escritas desde el corazón y la pasión puedan sentirse durante unos minutos casí compañeros de grupeta.

    Un placer compartir ruta (placer de sentimiento, ya que mis piernas no estaban deacuerdo con tal afirmación) y más placer todavía leer esta crónica que pasados unos días ya desde tal aventura han conseguido evocar esos momentos disfrutados aquel frío y boníto día.

    Un saludo y gracías por hacerme leer un poquito más :D.

    Me gusta

    1. Mil gracias, fue una mañana chulísima.

      Las visitas y los comentarios, como el tuyo son los que alientan a este pobre bachiller a seguir manchando renglones y renglones.

      Un abrazo, Miguel.

      Me gusta

  2. Pepe Rush dice:

    Que maquina … que porte de escrutura y lo bien que narras todo lo acontecido…
    deseando volver a ser torturado nos vemos pronto. Un abrazo

    Me gusta

    1. Ud si que es una máquina, menudo guía, menudos lugares me enseñas Pepe. Disfruté como nunca…. gracias.

      Hasta prontoooooooo….

      Me gusta

Deja tu comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s