I Carthago MTB Challenge (Domingo)

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IMG-20141218-WA0000Domingo, día 14 de Diciembre de 2014,

Ayer, al acabar de pedalear, sentí el calor de Pablo y los hermanos Rubio. Me arroparon con su compañía, compartimos la experiencia de la jornada y comencé a ser consciente de lo que había acontecido, mis piernas estaban entumecidas, doloridas y me impedían estirarlas, al más mínimo atisbo de elongación antagónicamente algún músculo se acalambraba. Comenté con Ginés este detallazo y Pablo me recomendó tomar magnesio Aquilea. Los principales actores intervinientes en situaciones como la mía son dos: el sobreesfuerzo y la insuficiencia de magnesio, sodio, potasio… y creo que ambos factores fueron mis polizones de fin de ruta.

Obediente, mi primera parada antes de llegar a casa fue en la farmacia de la esquina en el barrio de mis padres. Estoy alojado este fin de semana en su casa.

Suena el despertador, mi organismo lleva burbujeando, desde hace unas horas dos efervescentes pastillas de magnesio y potasio, al margen de una montaña de arroz integral cocinado al vapor, unas pechugas de pollo a la plancha y unas nueces. Vuelvo a beber otras dos más, junto a un zumo de pomelo con limón y naranja, un café, tostadas, algo de queso fresco y fruta. En unas horas voy a necesitar todos los nutrientes de este desayuno titánico y hercúleo.

Parece que mis piernas han vuelto a su ser, las noto algo extrañas pero la terrible agonía que ayer iban sufriendo se ha evaporado. Significativamente los ánimos salen de debajo de la cama y vuelve a subir a mi mochila.

Todo dispuesto, introduzco la dirección del evento en el gps y como si una conjura me acechase aparezco frente a un hospital en Cartagena, reintento la localización de la universidad católica y me vuelve a decir el dispositivo que nones, que allí me puedo quedar esperando a que me ingresen en urgencias. Me pongo en movimiento y al primer taxista que encuentro le atraco, y le pido educadamente que me ilumine. No muy gustoso accede a contestarme, siendo vago en sus respuestas y despistado a la hora de explicarme como llegar. Ya llegaré.

Al sacar mi montura de la furgoneta en el aparcamiento de la universidad veo caras nuevas, apenas reconozco a nadie. Si ayer pensé que éramos pocos hoy parece que medio ejército ha desertado, eso sí, los Rubio, Pablo y el bueno de Jero (amiguete de viejas contiendas), están preparando todo para la nueva jornada. Me acerco a saludarlos y juntos llegamos hasta el puerto de Cartagena, donde triste, casi como Fonseca en su universidad, está el hinchable de Salida. Hemos tenido que recorrer tres kilómetros desde Los Dolores hasta el puerto, atravesando un sinfín de rotondas y semáforos. Curiosamente hay voluntarios hasta debajo de los adoquines, serán las quejas y exabruptos de ayer quienes han obrado el milagro de los panes y los petos amarillos, ¿serán?

La primera gran alegría de la mañana se acerca, sonriente, de seglar, pero con esa bondad que le caracteriza, Juan Alberto, me localiza y nos fundimos en un buen apretón de manos. Además de viejos compañeros de ruta por Los Rodeos, es el mecánico que destripa mis bicicletas y las hace revivir al más puro estilo Dr. Frankestein, es el cirujano de The Bike. Saludamos a amigos comunes, también hay algunas presentaciones, y así, sonrientes, con chascarrillos para todo vemos como los PRO se apoltronan en la terraza de una cafetería y deciden ser quienes marquen el horario del evento, hace unos diez minutos que las agujas se despidieron de las diez de la mañana en el reloj del ayuntamiento y los señores siguen con sus cafecitos.

ole iiCómo a un rebaño, nos apretujan bajo el azul arco de plástico y ahora quienes tienen prisa en hacerse las fotos para las revistas son los veloces.

Por la indumentaria conozco a Luis Gómez, lleva los colores de Quino Bike, cómo tenemos amigos en común pronto tendemos el puente de la camaradería y la educación. Mientras nos contamos a quienes conocemos, Juan Alberto se me acerca y me apunta que la ruta de hoy ha cambiado su recorrido y no llega a los cincuenta kilómetros. Otro descalabro, la organización hace lo que le viene en gana, os explico.

Primeramente publicitaban dos rutas, una de 70 kms y otra de 65 kms, con el paso de las semanas en la página web cuelgan los perfiles de dos rutas con diferentes distancias, por motivos que ellos creían convenientes los tracks habían crecido en distancia y dureza (73kms y 77 kms). Hecho que no me desagradaba, mi intención es la de disfrutar de dos maratones de ciclismo de montaña. Finalmente veo que nos han tomado el pelo burdamente, ayer la ruta fue de sesenta y tres kilómetros, y para hoy el cuentakilómetros no va a lucir las cinco decenas. Tres cambios de los itinerarios, perfiles que no se ajustan a lo publicitado, distancias que bailan como la sombra de la llama de una vela, es decir, según hacia donde sopla el viento. Qué falta de seriedad y qué manera de ningunearnos, sobre todo a los que hemos PAGADO 80 euros como es mi caso, para poder asistir a la, ya, nada interesante Carthago bla bla bla…

Nuevamente los últimos en la salida somos los que hemos costeado todo esto, ¡qué bonito!

Haciendo un ejercicio de depuración y renovación borro todo lo negativo de mi mente y me propongo aprovechar lo que me depara por las montañas costeras de Cartagena.

Ahora aprieto los puños de la Epic con ilusión y tengo el pedal derecho en alto, esperando el pistoletazo de salida.

Luis Gómez y yo vamos juntos, comenzamos a movernos, esto está en marcha, la suerte está echada. Hay que tener mucho cuidado, durante la noche ha lloviznado y los baldosines y adoquines del puerto están resbaladizos al máximo, hemos de estar atentos de no caernos.

Las salidas neutralizadas son impresionantes, los vehículos de cabeza aprietan bien, estamos cruzando la ciudad por avenidas a velocidades que dispararían los flashes de los radares de tráfico. Qué arrebato siempre al inicio de la carrera. Salimos del casco urbano y subimos por Tentegorra, la carretera es de subida y la velocidad en las piernas de los que encabezan esta Santa Compaña de la Ucam es impresionante, les da igual que haya que subir o bajar, esas bielas siempre van subiendo la cadencia.

541590_842758672443287_3013820634524560176_nLos vehículos policiales se apartan y el terruño nos da la bienvenida, frente a nosotros hay todo un muro de pequeñas y redondeadas montañas, verdes, brillantes por la humedad de la lluvia nocturna, esperando que nos adentremos por ellas y mostrarnos sus caminos y caprichos.

Luis y yo decidimos hacer juntos la marcha, tiene madera de galgo, espero estar a la altura, mis piernas aún no se han pronunciado, si bien es cierto que el chupinazo inicial se lo han merendado sin ningún problema, al contrario de lo que hubiese podido pensar siento que fluye una buena energía por ellas, espero que me dure el resto de la etapa.

Veo que mi nuevo compañero se va quedando retrasado, la encrucijada mental es: ¿esperar o no esperar? “That’s the Question”. Mi cuerpo está pidiéndome guerra, noto como voy sintiendo el flow, esta mañana las tornas han cambiado, a cada repecho me yergo sobre los pedales y sacudo enérgicamente el manillar. Espero que no sea un espejismo ni la recuperación que antecede la catarsis final. Opto por seguir en solitario.

Cicatrizando el verde halepensis de estos montes se puede ver perfectamente el camino por el que van a ir hoyando mis ruedas el terruño. Es una ondulante línea marrón que cincha los collados y vaguadas. Es bonito ver a lo lejos como se mueven puntitos de colores sobre esta brecha en la foresta.

Comienzo a pensar mi propia estrategia. Viendo estos montes y observando que en derredor no hay picos altos, y teniendo en cuenta que apenas voy a rodar cincuenta kilómetros voy a subir el ritmo, voy a castigar mi plato grande, ayer lo añoré mucho fui demasiado conservador, hoy acabar derrengado y desguazado me da igual, voy a darlo todo, creo que me merezco estos momentos de furia y adrenalina.

Poco a poco, por estos caminos empedrados y en ocasiones agrietados, voy adelantando tímidamente a compañeros que van atragantándose en las subidas. Es un recorrido de los que llamamos rompe piernas, hay que ir subiendo repechos y maniobrando pequeñas y rápidas bajadas.

Ya voy casi por el ecuador de la ruta, me siento fantástico, la buena alimentación y los brebajes de farmacia que Pablo me recomendó han dado resultado, siento que aún puedo apretar más los muslos y los riñones, me voy a reservar para dar un pistoletazo en los diez últimos kilómetros.

Así, subiendo y bajando por rinconcitos preciosos y con un tiempo inmejorable, siguiendo las palabras de Machado el camino voy haciendo y a lo lejos en algunas ocasiones veo las estelas en la mar. Mi mente está muy activa, voy concentrado al máximo. Divirtiéndome mucho, ya tenía ganas este fin de semana.

Llevo un maillot de manga corta, manguitos y culotte corto. Combinación perfecta para el día de hoy.

Comienzan a ser una tónica general frente a mí, llevo a dos ciclistas luchadoras, muy fuertes. Van a su ritmo, en equipo, haciendo frente a todo lo que se les pone por delante. En ocasiones se distancian y dejan una buena franja entre nuestras ruedas, pero no me guío por el ritmo de nadie, sigo mis sensaciones. A una de ellas veo que la conoce mucha gente, la llaman por su nombre y la animan cariñosamente las personas que nos tropezamos en cruces y puntos de voluntariado. La otra guerrera es una de las dos catalano parlantes que ayer me levantaron las pegatinas.

logoEs como ir haciendo la goma, lo mismo voy a rueda de ambas como se crea un trecho de varios hectómetros y las veo en la lejanía. A la par, vamos dejando atrás dorsales de otros participantes, se les amontonan estas pequeñas cuestas.

Sin dosificar lo más mínimo entro en un bucle de onduladas colinas que vamos perfilando. A plato grande aprieto en las bajadas y alojando la cadena en el piñón de mayor diámetro sacudo el cuadro en las mini cimas. Es como ir pedaleando sobre la cola de un dragón gigante, inmenso, interminable, mi vista no acierta a ver dónde está el final de semejante atracción de feria.

Hay tramos muy bucólicos, entre tablados de almendros de secano y olivos. Mini huertos en sus márgenes y casetas de aperos. Estos toques humanos dan una bonita configuración al paisaje. La luz es tenue y ayuda mucho a suavizar las líneas del horizonte y difuminar los colores.

Las chicas se escapan, no me preocupa, son deportistas excepcionales y hay que reconocérselo, cómo tiran las condenadas, es como si el jabeque les fustigase las vainas de carbono.

Yo sigo persiguiendo mis sensaciones, y en mi ensimismamiento escucho como gritan mi nombre y me animan. Qué subidón de hormonas cañeras. Son Juan Alberto, su amigo y Jero. Están en la carretera haciéndome fotos y dándome lo mejor que tienen. En un milisegundo no se me ocurre otra cosa más que saludarles y levantar el brazo haciendo una cuenta atrás desde tres hasta el uno y brindarles un adelantamiento. Al ciclista que llevo un buen rato siguiéndole la rueda, le relevo y atravesando un tramo labrado de campo, haciendo un esfuerzo y saliéndome del camino me coloco ante él. Es lo menos que puedo hacer, darles un momento divertido y racing total, jajaja… “Show must go on !”.

oleLas cuestas se van empinando cada vez más, hay que meter lumbares y apretar las zapatillas contra lo pedales. Sigo siendo perseguido de cerca, me alienta y me invita a ir aumentando la cadencia.

Tanto subir siempre tiene su recompensa, acabo de culebrear abanicando el cuadro por una trialera divina. Técnica, peligrosilla en algunos pasos y de las que te obligan a echarte sobre la rueda trasera con fuerza para no salir disparado, en las que el ángulo de bajada es delicado. Mis frenos ya necesitaban un poco de castigo, los discos creo que han ido llenos de escarcha toda la mañana del poco caso que he tenido que hacerles. Las aguas que cayeron anoche han dado un estado inmejorable al firme de este sendero tan accidentado, garantizando una tracción perfecta a la hora de trazar los pasos y de frenar para rectificar.

Veo que los kilómetros me acercan al final, escasamente en unos doce estaré saboreando las mieles de la victoria. No sé cuál es mi posición en carrera, pero si sé que llevo a un buen contingente tras mi estela, a pesar de que por mucho que miro a la lejanía no veo a nadie a mis espaldas, más que a mi perpetuo perseguidor.

Qué maravilla, el terreno está hecho a mi medida: rambla densa y pedregosa, con desnivel negativo. Aquí voy a poner el sincrolador en modo crazy zombie y a derrapar sin miedo.

ole iiAlcanzo a las guerreras, mi perseguidor pasa a formar parte de la cuadriga. Me coloco en el vagón de cola, vamos charlando y comentando los pasos que nos encontramos. Hay que bajarse en ocasiones de las bicis, son pasos de grandes bolos pétreos que hay que negociar sin arriesgar.

Cecilia, la ciclista a la que todos conocen, pincha. Le ofrezco mi ayuda y me pregunta si tengo desmontables. Rápidamente saco de mi bolsillo mi mini cajita de herramientas y le doy tres palas de plástico, lo necesario para resolver la incidencia. Le digo que se los quede, quiero seguir, voy muy animado y no quiero enfriarme, esto es una competición al fin y al cabo, aunque sea contra uno mismo, pero no es el día de hacer de auxiliador altruista. Nos despedimos y le doy ánimo.

Los meandros de este cauce seco se suceden alocadamente, los neumáticos se hunden algunos centímetros en el lecho de piedrecillas y areniscas. Amordazadas, las ruedas sufren más y las bielas necesitan subir el nivel de esfuerzo. Siento que llevo energía para esto y para más, me voy sintiendo cada vez más fuerte, conforme va pasando la mañana mis piernas van regalándome mejores resultados.

Creo que ha llegado el momento de despedirme de la pareja con la que estoy compartiendo el rambledo. Bajo la cadena dos piñones e imprimo más fuerza a mis pedaladas, la Epic despega, comienza a dejar hueco entre ellos y nuestra sombra. El terreno es exigente, pero llevo mecha de acción rápida y larga.

Poco a poco el terreno va compactándose más y la velocidad de rodaje supera los treinta kilómetros a la hora, rozando en algunos tramos los cuarenta. Veo a lo lejos unas manchas que se mueven. Objetivos que alcanzar, son la escusa perfecta para vaciar más y más el silo de mi hígado, le tengo repartiendo calorías por todo el cuerpo a marchas forzadas.

Eufórico sería el adjetivo que en estos momentos me podría definir, sé que voy muy bien clasificado, mucho mejor que ayer.

Adelanto a seis ciclistas, y cada uno de ellos me empuja con algún comentario afectivo. Siento que esto está acabando y hoy sí que me lo estoy pasando bien.

En muchas filosofías podríamos resumir algunos preceptos universales, uno de ellos es que sin el mal no podría existir el bien, pues aquí va mi momento trascendental. Voy rodando a más de cuarenta por hora y me acabo de comer un trozo de alambre de espino metálico con la rueda trasera. He escuchado una explosión y he notado el líquido sellante hasta en las mejillas.

CAM01125De mala manera freno y me pongo a valorar los daños sufridos. Me pongo manos a la obra y recuerdo que he dejado los demontables a Cecilia. Con el coraje que llevo y la rabia que me atropella cada vez que pasa un ciclista y me mira con cara de pena, aferro la cubierta y la destalono del tirón, creo que jamás pensé que podría retorcer un trozo de goma con tanta fuerza.

Me quedan menos de seis kilómetros para acabar, que mala fortuna.

Me yergo unos segundos, respiro y recupero las formas, dejo que en mi interior se cuezan los malos sentimientos, las maldiciones, los gritos y todo aquello que pueda perturbar la paz de mi persona. Así, relajado, continúo con la reparación. Introduzco una cámara entre la llanta y la cubierta y en unos cinco minutos escasamente me pongo en marcha.

Aprieto mi cuerpo con rabia, acelero al máximo de mis fuerzas y comienzo a ver más cercanos a los dos últimos compañeros que me sobrepasaron mientras estaba en la sala de operaciones mecánicas.

Noto que algo no va bien, la rueda trasera flanea, ¡no puede ser!, ¡no es cierto!, voy pinchado nuevamente, esto es una pesadilla, necesito despertar de ella.

CAM01127Difícilmente puedo recuperar la calma como hace unos minutos, no he recorrido ni dos kilómetros y voy arrastrándome otra vez cual caracol serrano en día de lluvias.

Le doy aire con la bomba que llevo en el bolsillo trasero y veo que no se pierde muy rápida la presión, me subo y continúo. Operación que realizo tres veces en escasos hectómetros. No puedo continuar así, me dan ganas de echarme la bici a la espalda y salir corriendo hacia la Meta. Me detengo y me armo de valor nuevamente, intento desmontar la cubierta y en cuanto pase otro ser ciclante le pido una cámara y a continuar. La maldición se cierne, no hay narices a que pase nadie, los minutos son eternos, casi podría decir que cada uno de estos minutos tiene doscientos segundos como poco.

Recibo mi regalo, una negra e impecable cámara de 29”. ¡Gracias amigo, mil gracias! Es lo último que le digo a casi dos metros de ciclista que ha parado a echarme un cable al ver que le he gesticulado pidiendo ayuda.

CAM01128CAM01129 Continúo, un clavo ha sido el culpable del segundo descalabro, que casualidad, que mala suerte, pero vuelvo a estar activo y eso es lo que importa. Ya no me acelero mucho, voy relajado, quedan menos de dos mil metros y sólo quiero llegar y relajarme, estos dos episodios han sido bastante estresantes.

Dice la voz popular algo así cómo: “No hay dos… sin tres.”

Vuelvo a sentir que me hundo en las profundidades, la rueda trasera vuelve a estar pinchada. Opto por no esperar a nadie, continuo con lo que me queda de dignidad y de rueda trasera. Atravesando unos campos de ramoneo me cruzo con un pastor capresino que me dice que llevo la rueda trasera pinchada. Educadamente le hago un gesto asintiendo. Cómo si yo no lo supiese, claro que voy pinchado y por tercera vez amigo, es lo que hace eco en mi interior. Sigo arrastrándome con mis cadenas de alma en pena.

A no mucha distancia veo el punto de llegada, escucho la música y la algarabía de la gente. Qué triste, que imagen, que aspecto, que penoso. Acabar así, en una carrera que ha sido tan maravillosa y en la que me he encontrado tan fuerte y enérgico.

Me detengo para cruzar una carretera y subir un pequeño escalón de tierra que por supuesto en estas condiciones no soy capaz de afrontar y justo en este momento, Cecilia y otro ciclista llegan a mi altura. Su cara es un poema, piensa que por falta de mis desmontables, los mismo que le dejé hace un buen rato, no he podido arreglar mi incidencia. No doy muchas explicaciones, recojo los trozos de plástico que me devuelve e insisto en que ha de continuar. En un alarde de deportividad se ofrece a ayudarme a desmontar la rueda trasera, pues ve que estoy muy pasivo ante la situación, y es cierto, ya me da todo igual.

La convenzo de que debe seguir su carrera y tras unas divertidas tonterías que le digo nos despedimos. Ha demostrado no sólo estar físicamente más en forma que yo sino que deportivamente es una persona plena y admirable. ¡Gracias compañera!

Alucinante, una astilla está atravesando la agónica cubierta, he vuelto a pinchar, es la tercera vez, ya me da por reír, no puedo hacer otra cosa. Resignación, resignación, es lo que comienzo a mascar entre dientes. Si me lo cuentan no me lo llego a creer.

Opto por guardar todo en la mochila y no esforzarme, llevo la llanta machacada, la cubierta rajada y está comenzando a llover. Lo que me faltaba. Continúo así, pinchado, esta vez casi orgulloso, voy a cruzar la línea final de esta guisa: empapado y arrastrando la rueda trasera, con la cámara por un lado, la cubierta dando chancletazos y la llanta chirriando.

Los voluntarios al verme llegar se extrañan por mi lentitud, pero en décimas de segundo miran hacia mi parte trasera y se dan cuenta del motivo de mi anómalo ritmo, fruncen el ceño, poniendo caras de sorpresa y asombro.

Veo como se desinfla el arco de llegada, me dicen al vuelo que se ha ido la luz por culpa de la lluvia y están recogiendo. Intento cruzar con la mayor dignidad la línea de llegada. Juan José me dispara con su teléfono una fotografía y le muestro mi mano con el número de pinchazos que he sufrido, mi cara es todo un poema.

IMG_215035807623252Mi número en el orden de llegada es el sesenta y nueve, mi tiempo unos cuarenta minutos más de lo que hubiese correspondido, han sido los que he tardado en recorrer los últimos seis kilómetros, menuda efeméride a la hora de recordar, el anecdotario del blog crece y crece, nada se puede hacer más que aceptar el destino con estoicidad y deportividad.

Mientras me animan mis amigos, busco con la mirada la forma de llegar hasta mi vehículo y marcharme a casa. Mi familia viene de camino, pensé que llegaría algo más tarde y ellos querían verme llegar para festejar el momento todos juntos, pero no ha podido ser gracias al bonito detalle de la organización de recortar treinta kilómetros al evento y ser todas las previsiones de horarios erróneas, desde aquí vuelvo a darles las gracias con toda la sorna y el sarcasmo del que pueda ser capaz.

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8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Rubén dice:

    Hola Chorques! Soy Rubén, y compartímos una ruta fantástica por El Carche hace ya tres años, yo iba junto a La Revolusion de Ernesto y Leo, que por medio de otro amigo, Jorge, tiene una muy amistad con Leo.

    Tras seis meses de parón baiker, he vuelto a las andadas junto a mi grupo de siempre, los Ketetrenkes de Elche. Y que mejor forma, desde la pausa de un escritorio, leer tus lineas inspiradoras de este apasionante deporte como es la mtb.

    Mala pata en Cartago, aunque gran crónica, enhorabuena!!!El típico clavo cabrón que se mimetiza con la cubierta y no hay quien lo vea, hasta que no te juegas la yema de los dedos destregándolos por el interior, a todos nos ha pasao!!

    Un abrazo fuerte, felicitaciones por tu blog y si nos vemos en Xixona el 8 de Febrero te saludaré, aunque no creo que pueda seguirte, porque te veo fortísimo!!!

    See you later !!

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    1. Hola Rubén me alegra que vuelvas al pedaleo.

      Gracias por pasarte por este rinconcito, gracias a todos vosotros sale adelante.

      Espero que nos podamos ver en Xixona, estaría bien, por lo menos saludarnos y charlar un ratito.

      Un saludo y espero que tu regreso al ciclismo sea para siempre 😉

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  2. Laura dice:

    Felicidades por esos dos sobresalientes (o tres ¿fueron tres?, a veces la vida enseña de esta manera, no solo a ti también a todos los demás.
    Chorques… te jugó una mala pasada tu vista… escribí DAN rampas, en lugar de “dos”…
    Dije… “por al falta de potasio DAN rampas”, vuelve a leer jejejeje
    Pero por la forma que lo describes yo sé son muchas simultáneas, yo hubiera dado alaridos 🙂
    Muchos besos.

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    1. Jajaajajaja, que razón tienes jajaja….

      Espero no volver a tener que describir más veces aquella terrible situación.

      En Xixona espero dedicaros una crónica llena de potencia, enervación y locura Mtb jajajaja….

      Hoy no he entrenado con la bici de carretera, estaba tan cansado de ayer que he optado por quedarme en la cama, esta tarde le daré un par de horas a la estática y luego al gym.

      Hasta siempreeeeeeeeeeeeeeeee !!!!!!!!!!!

      Viele Kussen !!!!!!!!!

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  3. Laura dice:

    Bueno, Chorques, me voy poniendo al día. Creo que estas crónicas de Carthago son de las mejores tuyas que he leído.
    Como te dije era falta de potasio, dan rampas, gracias a los remedios de tu conocido te recuperaste y también gracias a ese buenísimo desayuno (me he quedado con hambre al leerlo) te recuperaste bien.
    Llevabas unas fuerzas enormes, las de un campeón. Me ha impresionado también la fuerza y deportividad de esas ciclistas catalanas y como después quería ella también ayudarte a ti con los pinchazos.
    Creo que esos pinchazos no son fortuitos. Sirvieron para mostrarte algo, no sé decirte qué… son demasiados, demasiada casualidad. Pienso fueron para algo… y no precisamente para hacerte perder tiempo, sino para que reflexiones en tu interior.
    Siento lo de la organización, tan mal organizada y además tan tremendamente caro.
    Pero tienes la experiencia, una muy buena posición incluso con pinchazo y además esta crónica del día, muy amena y realmente bien escrita.
    Eres un buen escritor, sabes trasmitir emociones y llegas a los demás.
    Me encanta haberla leído.
    Felicidades Chorques y muchos besos.

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    1. Comienzo por el final. Gracias por leerme, el objetivo de mi tecleo no es otro más que ese, el haceros disfrutar de mis vivencias y conseguir que sea un amenoo momento el que gastéis pasando por mi blog.

      Cuando dices dos rampas, en mi recuerdo suena a pobre, fueron dos Guerras Mundiales atrapadas en mis fibras musculares, impresionante, una rampa sé como combatirla en un momento dado, pero aquello fue una conjunción brutal de dolor y desatino.

      Los pinchazos, las deportistas, cierto, todo entraba en el plan Divino, había que aprender ciertas lecciones y como de costumbre me llevé dos sobresalientes a casa. Gran deportividad la que derrocharon aquellas mujeres.

      Sigo escribiendo, sigo agradecido de leer comentarios de apoyo y aliento como el tuyo. Mil gracias, Laura, te mando el más amistoso de los besos que jamás hayan podido darse.

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  4. También es mala suerte Luis, estas cosas es muy difícil que se repitan. Si hacemos caso a las estadísticas ya no pinchas hasta el siglo que viene. Animo y a por la próxima.

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    1. Mariano entre las estadísticas y que he dejado de lado nuevamente el Tubeless y he abrazado las bandas antipinchazos de Fundax, creo que me queda una Centuria sin sobresaltos.

      Mil gracias por pasar por este rinconcito del ciberespacio y hacer un comentario, siempre tan agradable como sueles hacer.

      Gracias y nos vemos rodando.

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