I Carthago MTB Challenge (Sábado).

el

CAM01126Prólogo.

Me reclino sobre el mostrador de The Bike y atento escucho a Juan Alberto. Me está mostrando una octavilla publicitaria sobre una prueba de ciclismo de montaña que se va a celebrar por primera vez en Cartagena. El nombre del evento es: “Carthago MTB Challenge”. Tiene buena pinta, son dos etapas, distancia maratoniana ambos días, con 65 y 70 kms respectivamente y con unos desniveles nada despreciables. No he tomado parte en ningún evento ciclista en años, pero tengo el propósito de hacerlo a partir de ahora, voy a dar un cambio radical a mis ideas clásicas y voy a probar a que saben los dorsales sobre el manillar.

La cosa queda en unos jocosos comentarios, nada más, y me voy a casa.

En el camino a Ceutí comienza a encenderse una pequeña llama en mi interior, se va a ir cociendo a fuego lento esta idea, siempre me ha gustado sufrir sobre la bicicleta y este reto tiene pinta de estar hecho a mi medida. Cuando llegue a casa echaré un vistazo más exhaustivo a la web de la organización.

Surfeando la página online de la Carthago voy viendo información interesante, dando más forma a mis ilusiones y la inserto en la barra de favoritos de mi navegador. De vez en cuando iré echando un vistazo y cuando pueda haré la inscripción. ¡Está decidido!

Acabo de apretar la última tecla, ¡hecho, inscrito!, en unas semanas toca subirse a la Epic y dar todo lo que hay dentro del Sincrolador. Ya no hay retorno.

Sábado, 13 de Octubre de 2014.

Cómo bien me aconsejó un sabio amigo, voy a comenzar la crónica con un:

“… en un lugar de la costa de Cartagena, dónde de pequeño di mis primeros pasos y balbuceos, dónde mi madre me llevaba de paseo por el puerto de Cabo de Palos por las tardes subido en el carrito, y en dónde recibí mis primeras caricias del Mare Nostrum, hoy se encuentra a lomos de su cuadro de carbón un hidalgo soñador, de teclados aporreador, de pedales domador y de ilusiones coleccionador…”

CAM01120-1No veo la multitud que esperaba, pensé que seríamos cientos y cientos, pero apenas veo cubiertos todos los huecos del aparcamiento. Poco a poco me deslizo con mi furgoneta entre los participantes que están montando sus bicicletas, vistiéndose para la ocasión y algunos calentando levemente. No veo a nadie conocido, sólo veo gente muy profesional, ciclistas muy estilizados, unas bicicletas que da miedo mirarlas de frente, hay que soslayar la mirada para no sentirse intimidado por lo fantásticas que son.

Pero no me arrugo, yo vengo a lo mío, a divertirme y a probar mis fuerzas.

Antes de sacar la bicicleta de la bodega de mi vehículo, compruebo que voy muy bien de horario, tengo tiempo para ponerme las chanclas y darme un paseo por el sarao y ver que se cuece y de paso sacar algunas fotografías previas.

Me entretengo hablando con la pareja que tiene montada la carpa de Energy Fig, me dan a probar su producto y también quiero escuchar el porqué sus barritas son diferentes. Me gusta lo que me dicen y me quedo con una futura, y no muy lejana en el tiempo, compra de una caja de sus barritas, confeccionadas con frutos secos de forma saludable. En esas, escucho tras el vallado metálico que hay a mis espaldas como una voz, muy conocida por mí, jalea: ¡Caimán, caimán! No es otro que Ginés López Rubio, amigo, compañero de trabajo y espejo en el que mirarse como deportista. Junto a él su siempre sonriente hermano Juan José, otro fenómeno difícil de describir pero si os tengo que decir en que es campeón absoluto en todas las categorías es en: humildad, discreción, bondad y deportividad. No son siameses, pero casi. Me presentan a Pablo, otro reactor humano, también del gremio.

IMG_167914057321046Sé que únicamente les voy a ver, a estos tres, del equipo SportBike de Molina de Segura, en la salida, se colocarán en cabeza y lucharan cómo sólo ellos saben, para hacer una gran participación, cuando no suban al podio los tres o alguno de ellos. Son ciclistas muy fuertes, bien entrenados y con mucha experiencia.

El tema de la ropa me preocupa, las temperaturas son bajas, pero conforme pasan los minutos veo que el recuadrito de mi gps va aumentando los grados Celsius. Me voy a quitar la camiseta interior y me voy a quedar con el culote corto y la chaquetilla de entretiempo de manga larga. No puedo sobrecalentarme, cuando voy hipertérmico no rindo y me angustio, prefiero ir aterido de frío.

Ya estoy bajo el hinchable de Salida, veo que apenas llegamos al centenar, y por lo que he ido escuchando en algunos grupillos, la mitad de los que corren como liebres están invitados para darle glamour al evento. Sigo sin preocuparme, aunque sea el último yo voy a mi cumplir mi objetivo que no es otro que meterme en los cuádriceps mi primera carrera multietapas.CAM01123-1-1

Salimos neutralizados, unas motos van abriendo paso. El ritmo es increíble, cruzamos el complejo turístico de La Manga Club a casi cincuenta kilómetros por hora, en cada cambio de dirección las ruedas derrapan sobre el asfalto, los frenos chirrían y las voces de la gente advirtiendo forman un extraño eco.

El pedaleo en estos momentos es siempre muy acelerado, todos vamos intentando buscarnos un hueco lo más adelantado posible para evitar futuros tapones en los lugares en los que se estreche el camino.

Llevo la respiración altísima, esto es una carrera de locos, vamos casi a cuarenta km/h y aparecen bicicletas por todas partes, unas que me rebasan por los flancos rozándome, otras que no pueden seguir el ritmo y se dejan caer hasta la cola. Hay que tener un cuidado increíble, el más mínimo descuido puede ser nefasto, una caída en este tipo de pelotón puede costar muy caro. Hay más contacto físico del que me pudiese imaginar cuando veo por televisión un pelotón ciclista.

CAM01124Nadie habla, se escucha el hipnótico sonido que las cubiertas emiten al arañar el asfalto, los bujes de las ruedas emiten sus tan característicos sonidos de carracas, las cadenas bien engrasadas pellizcan los dientes de platos y piñones, somos un cardumen desbocado, alocado, con un único objetivo, correr, correr y correr. Momento mágico se podría decir, pues uno no piensa que pueda recorrer a esta velocidad y en estas condiciones de estrechez, tantos kilómetros, ya van casi diez y nos mantienen todavía neutralizados.

Por fin, la tierra tiñe los tacos de la rueda delantera, ahora vamos por libre, el camino lo marcarán las cintas plásticas, flechas teñidas sobre el camino y los voluntarios que nos indicarán la dirección a tomar en intersecciones o lugares peligrosos que requieran una especial atención en el manejo de las monturas.

IMG_8889872440514Los caminos son muy rápidos, vamos alternando subidas leves con pendientes negativas que se retuercen alegremente, enseñando sus grietas cicatrizantes y sus mejores pedregales. El paisaje es muy interesante, estamos en pleno parque natural, Calblanque es precioso. Voy camino a la playa por una pista rapidísima, los kilómetros vuelan. La gente me adelanta con menos frecuencia, pero aún escucho cómo se acerca rápidamente por mi retaguardia algún fenicio desbocado y me deja anclado en el paisaje.

Me quedo anonadado, las vistas me embrujan, voy rodando por un camino descendente que se viste con pequeños senderillos entre palmitos, piedras angulosas y mini dunas salpimentadas de hierbecillas. El cielo está lleno de nubarrones que van desde el gris más oscuro, casi negruzco, hasta el blanco más sucio. Los rayos de luz apuñalan el algodonoso cielo atravesándolo sin piedad, hundiendo sus haces en la bruñida superficie del Mar de Cristal. La laguna salina refleja la luz de manera fascinante, ha sustituido su azul brillante por tonos plateados, plúmbeos, brillos cegadores y sombras. Voy bajando y apenas miro lo que hay ante mi rueda, estoy absorto imbuyéndome en esa preciosa obra de arte. Las islas interiores de estas aguas lacustres rematan el trabajo divino, ensueño inmejorable.

Embelesado, continuo apretando piernas, voy a ritmo alto, no noto que mis piernas me digan que voy por encima del límite, voy a seguir manteniendo esta cadencia.

10409026_841881809197640_1571903498113628411_nAl pasar por Calblanque, su playa y su salina me traen viejos recuerdos, momentos del pasado, tiempos en los que la mano de Selena me apretaban levemente mis dedos.

Los senderos llenos de carrizos salteados de pequeñas pasarelas de madera dan un toque muy especial a esta ruta. Estoy disfrutándola metro a metro, duna a duna. Me adelantan, adelanto, nos hacemos relevos, así el tiempo y la distancia pasan volando. Mi forma física sigue incólume. Mi cabeza es una máquina del tiempo, no dejo de recordar las rutas que antaño hice con mis amigos del club The Trekking Bike El Cabezo Gordo de Torre Pacheco. Estos tramos los hicimos en sentido contrario.

Se acaba el arrebato playero y me subo a una pista forestal, muy firme y compactada. Aquí si que las piernas tienen que trabajar duro, el gradiente es alto, los metros de desnivel acumulado positivo tienen que salir de alguna parte y aquí comienzan a moverse los dígitos con alegría. A lo lejos veo un ciclista con los colores de SportBike, algo ha debido ocurrirle, no es normal que yo esté tan cerca.

IMG_155929392474931Tras el pisteo entro en un extraño e intricado laberinto de senderillos, que pasa por la fuente de Los Belones. Llevo a un par de ciclistas abriéndome el paso y a otros dos más a mi retaguardia. Cuando nos arremolinamos en los pequeños y quebradizos cruces, nos damos cuenta de que estamos alcanzando a un grupo numeroso de ciclistas. El ritmo de ese pelotón es sospechoso, no pueden ir tan lentos y habernos antecedido con anterioridad.

Sorpresa, estamos todos perdidos, conformamos una grupeta de más de veinte hombres y nadie sabe por dónde hay que rodar. No vemos señales de ningún tipo. Es el kilómetro veinticinco, supuestamente hace tres que deberíamos haber encontrado el primer punto de avituallamiento y no ha sido así. Comentarios airados, teñidos de desánimo, coraje y alguno más de lo deseado, suena soez y enervado. Optamos de forma unánime en dirigirnos al punto de salida, para que la Organización del evento nos solucione el entuerto, no puede ser que tantos deportistas se hayan perdido de forma tan rotunda y aplastante.

Si algo tenemos los ciclistas de montaña es la solidaridad en los momentos de crisis. Nos agrupamos y haciendo relevos, a gran velocidad nos atropellamos hacia la carretera que lleva a La Manga Club.

CAM01118Lo primero que vemos al llegar es un grupo de voluntarios, universitarios todos ellos, bebiendo cerveza y bailoteando al son de la música en vez de estar donde debieran evitando que la gente pueda perderse. La campa de arranque está casi desértica, algún que otro individuo danzando sin rumbo por el aparcamiento y nosotros, aguerridos y cabreados, llenos de adrenalina y muy malas ideas.

Increpamos al primero que vemos con ropa de la organización y no sabe ni que decirnos, sólo se atreve a indicarnos que la ruta continua por el perímetro de aparcamiento, dónde hay voluntarios que nos indicarán por donde seguir.

Qué desastre, que mal, no sólo no había cintas plásticas, flechas y piedras pintadas, sino que los voluntarios que deberían estar dándonos cobertura estaban de fiesta a su bola, a su rollito. Qué fiasco, que falta de profesionalidad y de respeto, pues al fin y a la postre no dejamos de ser clientes, hemos pagado por unos servicios y nos están tomando el pelo.

Al tresbolillo vamos saliendo del recinto y encauzándonos por el buen camino. Los jóvenes nos indican por donde continuar. Los ánimos van maltrechos, han sido momentos en los que daban ganas de subir la bici al coche y mandar todo a paseo, pues con semejantes situaciones a uno se le quitan las ganas de continuar.

Caminejos y sendas, así vamos rodando, rápidos, desperdigándonos, poniéndonos cada uno en nuestro lugar. Ya es la tercera vez que me adelanta el dorsal de “Cayeja”. Os podéis hacer una idea de la cantidad de ciclistas que se han perdido y que siguen sin rumbo. Me comentan que hay gente de la propia organización que va en moto quitando cintas con la excusa de que como el recorrido contiene varios bucles, han de adaptar la señalización al momento en el que los participantes vayan pasado. ¡Tonterías!, todo es fruto de la incompetencia y falta de experiencia a la hora de estructurar una hazaña como es un maratón multi-etapas. Las cosas no se hacen solas, requieren esfuerzo, dedicación e ilusión, todo ello a grandes dosis.

logoEl desnivel de dos mil cien metros no sé de dónde va a salir, apenas llevamos unos mil metros de ascenso acumulado y ya he horadado el kilómetro cincuenta.

Antes de llegar al parque minero nos volvemos a perder en varias ocasiones, menos mal que la gente va muy pendiente y en cuanto alguno detecta la más mínima señal del recorrido original avisa y da la voz para que nadie continúe por el camino herrado. Es increíble, nos estamos viendo subiendo por taludes escarpados con las bicicletas al hombro porque estamos desatinadamente fuera de ruta. ¡Qué harto estoy!

Ginés sonríe, es la tercera vez que me adelanta, es difícil entender por dónde vamos ciclando, es como si estuviesen cruzándose diferentes dimensiones, él corre veloz cual libre manchega y no deja de verme en el horizonte a la más mínima. Menudo caos.

Entre disparates y dislates cruzamos una rambla preciosa. Su base es como si estuviésemos rodando sobre la piel de un lagarto gigante, o por las escamas de un dinosaurio petrificado que aflora a la superficie. Al ser una zona minera los colores se entremezclan y son de lo más indescriptibles. El pedaleo se atropella por los traqueteos en algunos puntos, menos mal, estos momentos de ciclismo son los que recargan el pecho de aliento y la mente de ganas.

Toca subir uno de los últimos puntos duros del día, creo que a esta subida le llaman: “La 73”. Está justo al acabar las ruinosas instalaciones del parque temático minero, un gran esperpento, testigo de los años de locura inmobiliaria especulativa. Esta subida está plagada de curvas de herradura y en su parte final hay que afrontar unos escalones de madera. Al descabalgar de mi Epic para subir estos peldaños, me ocurre algo que jamás había experimentado en primera persona. Mis piernas se bloquean, mi musculatura se contrae involuntariamente de forma muy dolorosa y apenas puedo mantenerme en pie si no me apoyo en el cuadro de la bici. Los cuádriceps están a mitad del muslo, los gemelos en las corvas, cuánta carne trémula, cuánto dolor, qué momento, qué incertidumbre, qué hacer. No me las he visto peores en mi vida deportiva, madre del amor hermoso, pero… ¿esto qué es?

Me apoyo en el terraplén, sujetando el manillar, respiro hondo intentando obviar el dolor. Mi mente se pone en marcha. Cada vez que me muevo con intención de estirar la musculatura de mis miembros inferiores sufro fuertes descargas de dolor y congestión muscular. Tiemblan de forma involuntaria, estoy en un duro momento de crisis. Me adelantan unos cuántos compañeros, que me interrogan para ver si me encuentro bien, a los que indico que continúen, que ya me apaño yo solito. En realidad no sé qué hacer, pero algo habrá de ocurrir.

Relajándome, respirando hondo y dejando que los minutos pasen agónicamente noto como vuelvo a sentir que mis piernas son mías. Me subo los peldaños como puedo, algo avergonzado, pues hay gente en el mirador superior animando a los que participamos en la prueba, pero su actitud me alienta y recarga el coraje, esas palabras de ánimo tan sinceras y tan bien gritadas me hacen subirme al sillín, aferrar los puños, apretar los dientes y ponerme en marcha nuevamente.

Afectado es poco si os he de describir como me siento. En el momento en el que he de demandar un esfuerzo a mis piernas, estas comienzan a dolerme sobremanera, si esta situación no cesa tendré que descolgarme y buscar cómo llegar hasta mi furgoneta. Rendirme nunca ha sido mi opción pero tampoco la de hacer el idiota y sufrir una lesión por altanería y orgullo.

El terreno me está favoreciendo, caminos empedrados, sendas cómodas, comienzo a bajar hacia la playa nuevamente. Al ponerme de pie sobre los pedales e izar mi cuerpo vuelvo a sentir el mismo dolor y bloqueo que en el momento de los escalones de madera. Los calambres me devoran, tengo que bajar de la bici pero no puedo ni sacar los pies de las calas. Busco un lugar mullido, una mancha de palmitos, frenando cómodamente me tiro sobre ellos. Qué forma de bajarme, qué penoso, me he tenido que tirar sobre los arbustos para caer en blando y no romperme nada. Rodeado de ruinas mineras, escombreras a medio limpiar y arbustos altos me veo mirando al cielo. Mando plegarias por whatsapp, sms, wi-fi, bluetooth, etc… a los cielos, esperando que alguien me escuche y las atienda, necesito volver al camino, no puedo quedarme como una cucaracha, así, patas arriba y tembloroso.

Vuelvo a intentarlo respirando hondo, concentrándome, relajándome. Ahora sí tengo claro que estoy perjudicado gravemente, esto ya es una constante, en escasos diez kilómetros he sufrido dos episodios tan traumáticos.

La cadena se mueve, las bielas y mis piernas también, vamos a ver lo que me dura esta mejoría.

Muy cauto llego hasta la lengua de mar, por estas negras arenas pierdo nuevamente el rastro de carrera, no hay ni una maldita señal, qué pesadilla. Escucho como llegan ciclistas por mi espalda, preguntan a un pescador pero no sabe ni que decirnos, está a lo suyo y ni se ha fijado por donde continuaban los ciclistas que nos han precedido. Sacando las dotes de exploradores indios, nos dispersamos en círculo buscando las huellas de las ruedas que nos llevan la delantera.

Miradas, gestos y comentarios impropios son los que vuelven a cuajar en el momento, nos ha costado mucho encontrar el rastro. A lo lejos nos siguen más ciclistas que van a tener la suerte de vernos atravesar la playa paralelos a la línea de costa y abalanzarnos sobre un achaparrado pinar por el que nuevamente germinan las cintas plásticas de color rojo y blanco.

Una técnica senda de subida me mina el ánimo, me bajo y ni tan siquiera me planteo afrontarla subido, no quiero más de la misma medicina, es muy amarga, más de lo que me hubiese gustado conocer.

Me pongo a rueda de dos aguerridas ciclistas que se comunican en catalán y durante un rato les sigo la estela en silencio. Apesadumbrado porque mis piernas no me responden, llevo las fuerzas dispuestas pero mis herramientas no me funcionan.

Quedan pocos kilómetros, tan sólo un puerto de montaña asfaltado y la marejada habrá acabado, espero no derrumbarme en el esfuerzo del ascenso.

Mezclado entre los conos de plástico que nos delimitan un provisional carril bici, subo y subo. La cadencia es penosa, lo único que me consuela es que a lo lejos aún veo a gente que sigue mi estela y no soy el último ni mucho menos, es una pena, podía haber entrado en Meta en una muy digna posición pero me tengo que conformar con cruzar la línea que separa el Alfa y el Omega del evento.

Voy como un náufrago sobre el sillín, casi a la deriva.

Los voluntarios me aplauden, me jalean con ánimos, pero ya no me sirven, voy derrengado, desanimado, exhausto.

Mis últimas calorías son para erguirme al pasar bajo el arco azul y saludar a todos aquellos que en Meta te animan y aplauden al llegar.

Hoy mi interior ha sido un extraño crisol en el que se han amalgamado sentimientos de todas clases, desde ilusión, expectación, ánimo, decepción, ira, frustración, dolor, desánimo, cansancio, desorientación, desilusión, apatía a desgana. Sólo me he divertido en los primeros momentos, espero que mañana la cosa cambie a mejor, que mis piernas se restablezcan y pueda afrontar el segundo episodio con energía y poder divertirme realmente.

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6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Joaquín Ferrer Martínez dice:

    Luis,gracias y mil gracias x escribir tus aventuras,paro mi camión en cualquier área o parking con ansias de leer tus historia,m meto en la lectura y con tus relatos haces q se me pare el reloj,que desaparezcan mis prisas x llegar a entregar mi mercancía a sus dueños. Son tan buenos tus relatos y m meto tanto en tus aventuras q es como si fuese a tu rueda durante las pruevas. Luis Chorques,cada día m tienes más enganchado a tus aventuras y el día q de verdad m quiera poner fuerte te pediré Consejo. Un fuerte abrazo primo!!

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    1. Hola Joaquín, veo que no sólo compartimos la sangre de nuestros bisabuelos maternos, veo que no es sólo por nuestra vencidad en Ceutí y que tenemos amigos en común, veo cada día que tu calidad humana es mejor que cada una de las letras de mis crónicas que tanto te gustan.

      Tus palabras me hacen flotar, sentirme en una nube, pues conseguir lo que tu me cuentas es el objetivo máximo de cualquier pobre aporreador de teclados como yo. Has de saber que me llegan muy dentro comentarios como el tuyo, así que mañana, en la de Crevillente te llevaré presente.

      Un fuerta abrazo primo, que azarosa es la vida, qué forma de conocernos, me gusta.

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  2. Laura dice:

    Chorques, acabo de leerlo, buenísimo… de las que más me ha gustado porque mantienes la emoción al leerla en todo momento. Desde la tensión de rodar todos juntos en la salida, hasta los malos episodios con las piernas. Imagino serían rampas, si se contraía el músculo. Se sufre mucho de rampas, por eso en los avituallamientos dan plátanos.
    Me emociona tu voluntad de no cesar y seguir como puedes sobre tu Epic, compañera de los mejores y peores momentos ¡menuda!.
    Lo de la organización de pena. la gente de fiesta en lugar de atender muy típico de aquí y de la gente joven. No es manera de comprometerse, para eso que no hagan nada.
    Siento tanta desorientación, para vosotros penosa, pero al lector nos ha llevado en vilo toda la lectura. Ya te felicité por aquí pero hoy vuelvo a felicitarte, eres un campeón.
    Enhorabuena por la ruta, por afrontar estos retos, que no eran los que más te gustaban y por tu crónica: preciosa y emocionante. Muchos besos.

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    1. Jolín, qué comentariotes más chulos haces. No me canso de darte las gracias por todas partes. Gracias amiga, muchas gracias por leerme y por tus opiniones, son muy amenas y humanas. Gracias.

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  3. ¡Joder Luis! lleva cuidado que esto es adictivo y luego tendremos que desintoxicarte. Aborrecerás la cerveza y los chuletones y solo tomaras preparados energéticos a base de química y artificio. La rehabilitación será difícil, pero cuenta conmigo, comeré y beberé lo que tú no puedas para que no quedes en mal lugar, que para eso estamos los amigos.

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    1. No se preocupe Decano, sigo siendo capaz de todo menos de ponerme a dieta, no se preocupe Ussía.

      Un saludo.

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