La Pedalà de Pinoso 2014

         rush 5He dormido poco, muy poco, demasiado poco, antes de una buena etapa de ciclismo hay que descansar, el sueño es primordial, necesario, tal vez una de las mejores partes del entrenamiento. Pero las cosas son como son, no se puede evitar, a veces la vida social nos condiciona y nos hace romper barreras y hacer añicos la cordura. Una buena taza de café espeso a las seis de la mañana, un tazón con muesli, miel y un generoso chorro de jalea real creo que van a ser suficientes hasta que me siente al volante.

                Lou Reed suena tímidamente en la radio de la furgo, pero nada más franquear el quicio de la puerta del garaje, el Número de la Bestia de Iron Maiden, me obliga a tamborilear sobre el volante y a poner mi cuerpo en marcha. Así subiendo el volumen pongo rumbo a Archena donde recogeré al resto de la grupeta: Joaquín y Leandro, dos amigos de Ciclomanía con los que ando rodando este mes.

                               La Pedalà de Pinoso 2014: es una marcha no competitiva que celebra la Peña Ciclista de Pinoso, a la que vamos a asistir algo menos de doscientos ciclistas de montaña amateurs. El escenario será el Cabezo de la Sal, el monte Coto y los rambledos y caminos de esa comarca. Yo conozco bastante el terreno de anteriores incursiones con mis amigos de la peña “Somos4gatos” de Elda, pero no sé cómo han trazado el recorrido en su totalidad para que hiladamente seamos capaces de cruzar dos veces la línea de Meta.

rush 1                Recogemos los dorsales, sacamos las bicicletas y nos vamos pertrechando, esta es una liturgia que cada uno realiza de una forma muy personal y peculiar, todos tenemos nuestras pequeñas manías, secuencias y costumbres. A la hora de engrasar la cadena, de revisar presiones en las ruedas, de ver que todo el equipo está en perfecto estado y en la forma de ir transformándonos. Sí, transformándonos, en principio y en apariencia somos personas normales, pero sin querer caer en el pecado de la vanidad y la presuntuosidad, cuando nos ajustamos los culotes, los maillots, apretamos las cinchas del casco, nos recolocamos las gafas y cerramos a modo de fin de ceremonia el velcro de los guantes, ya no somos los mismos, no, en absoluto, nos hemos enfundado en un aura diferente. Ahora somos ciclistas de montaña. Somos deportistas que vamos a rendir mucho, que nos vamos a exprimir al máximo, que nos vamos a divertir hasta llegar al clímax cuando nuestra musculatura arda por la congestión, sufra fatiga y duela sin compasión. Nos convertimos en adictos a un sinfín de hormonas que han de fluir por nuestras venas casi a diario, que nos van a inyectar rabia, nervio y furia cuando el terreno nos lo pida. Deportistas que al margen del condicionamiento físico van a ir disfrutando del entorno, de la naturaleza, de las luces del momento, de esa magia bucólica que tiene el atravesar sierras por sus pliegues más ocultos y caprichosos, rodar por cauces secos a gran velocidad como si fuésemos el agua de una avenida estival, apretar el pedaleo en pistas que comunican páramos con campos y valles. En todo eso nos transforman las ceñidas prendas que solemos vestir a la hora de aferrar los manillares de nuestras monturas de ruedas gordas.CAM00953                La salida es muy escandalosa, sirenas de policía, vehículos con música a volumen estrepitoso, el jaleo de los habitantes del pueblo que nos aúpan y hacen sonreír. Callejeando por la población de forma neutralizada, garantizando así nuestra seguridad en todo momento. Pero en cuanto el taqueado de la rueda delantera saborea el terruño rojizo de estas tierras de viñedos y mármoles albinos automáticamente nos recolocamos sobre el cuadro, alzamos la vista y comenzamos a subir las pulsaciones. Hay que ir tomando posición, hay que ir quitando a todo ser rodante de nuestro camino, se trata de eso, de recorrer un bucólico trazado pero a ritmo competitivo, cada uno al suyo, pero exprimiéndonos al máximo por puro placer de ver hasta donde somos capaces de llegar.    perfil pinosoEs una lástima, hoy también iba a acompañarnos Diego Ortuño, mi fiel compañero en tantos y tantos kilómetros, con quien tengo una especial afinidad ya que no sólo está enamorado como yo de la sierra de La Pila, sino que se ha criado y vive en ella, algo que nos une de manera muy singular y entrañable. Ha querido asistir viajando en bici y no a motor, y se le ha hecho tarde, me conformaré con verle al acabar.

                Nosotros tres vamos calentando, Joaquín sabe que ritmo a de imprimirse, nos quedan un poco más de sesenta kilómetros por ciclar y unos mil seiscientos metros de desnivel positivo que ajusticiar por terrenos muy técnicos y rudos. Yo voy siguiendo la estela de Leandro, un gran rodador. En algunos momentos veo que voy algo fuera de punto, él tira muy fuerte y apenas hemos comenzado la batalla. No dejamos de ir adelantando compañeros. El terreno es un pequeño falso llano en todo momento, nos permite pasar de los treinta km/h en ocasiones, vamos muy rápidos, mis gafas se empañan del calor que va sofocando mi rostro, las he de separar un poquito y mirar por encima de ellas a modo de curioso descarado.

                La mañana es neblinosa, los campos están envueltos en una atmósfera blanquecina que les confiere un halo norteño. Los rayos de sol van acuchillando al más mínimo hueco las cepas de los campos creando unas bellas acuarelas de las que disfrutar mientras el pedaleo permite alzar la vista y saborear el entorno del que vamos formando parte.

GGUASH 1                De repente veo que voy siguiendo las ruedas de un pequeño grupo con el que he conectado, Leandro ya no está a mi vera, algo debe haberle pasado, igual ha tenido algún pinchazo o la cadena le ha jugado una mala pasada, no es normal que no siga mordiéndome y metiendo rueda a cada momento. Estos aguerridos que me preceden creo que van dispuestos a dar mucha guerra, se les ve muy finos, con rígidas de carbono de un único plato, o tienen el bolsillo amplio y van a la última o realmente saben usar esas máquinas que pilotan. No me amilano y con mi Epic me sumo al pelotón, pero paso de entrar al trapo de los relevos, me sitúo en mitad de la recua y me dedico a ahorrar aliento y pedaladas, mejor que tiren ellos del carro, ya tendré tiempo de poner mis piernas a prueba en cuanto los ángulos aumenten sobre el mapa y vaya recorriendo esas aristas tan agresivas que muestra el perfil de la prueba.

                Comienzan los problemas de señalización. A más de cuarenta por hora nos tragamos un cruce, seguimos recto en una intersección pero escuchamos que al fondo alguien grita que era a la derecha. En ese momento siento la necesidad de volver a la soledad y me pongo de pie sobre los pedales, comienzo a retorcerme enérgicamente y hago mella en el grupo, me distancio y a pesar del esfuerzo sigo el alto ritmo, voy cómodo, ver que me persiguen me provoca una sonrisa burlona, de la que voy disfrutando en solitario.

                Los campos se acaban y me acuerdo de Diego, quien siempre me reprocha mi abuso del plato 38, y sin que él lo sepa, le hago caso, hoy hay que ser sensato, frío y calculador. No hay cabida para derroches innecesarios. A la primera subida considerable ajusto la cadena en el plato 24 y comienzo a coquetear con los piñones más altos, sin miramientos, alcanzando cadencias cómodas y que me dan mucha tracción y soltura. Creo que esta va a ser la tónica de la jornada, pedalear más con la cabeza que con las piernas.

con Quini                El Cabezo de la Sal cuando lo bajas por sus trialeras es divertidísimo, pero hoy estoy conociendo su otra cara, las estamos subiendo y se me están atragantando más de lo que hubiese imaginado. Controlando la respiración y el pedaleo me voy encaramando por grietas, estrechos y algaidos pasos que se retuercen endiabladamente, el manillar anda loco girando a un lado y a otro, la horquilla está divirtiéndose, no hay ni un milímetro de terreno llano, todo está empedrado, enraizados, roto, suelto con zahorra y piedras.

                Apretando los riñones subo y subo, mientras tanto voy adelantando dorsales que intentan todo lo que pueden para seguir en combate. También escucho respiraciones y cadenas que llegan a mi grupa y me pasan sin miramientos, a los que siempre animo con alguna frase breve pero positiva, se merecen mi respeto y apoyo, están dando lo que llevan dentro. Voy viendo gente que arrastra sus bicicletas y caminan encorvados, penitentes, aunque no me alegra verles así, me alientan, pues yo no me bajo y sigo el trazado a mi ritmo, superando obstáculos y desniveles que parecen no tener fin.

                Esto es un auténtico “vía crucis”, cada metro de ascenso es un pequeño aumento del esfuerzo, no hay que dejarse llevar por las sensaciones, hay que intentar abstraerse y salir del rol de dolor en el que voy entrando, la parte externa de mis cuádriceps está que echa chispas, la subida es dura y despiadada. Mi botón “Zombie Mode” está activado, no voy a permitir que el primer puerto me desmonte y hunda psicológicamente.

rush 2                Culminar y llegar a las antenas es el bálsamo que me transforma en Fierabrás de Alejandría, las alturas, el aire fresco, el sentir como el sudor se enfría con el viento, me hace renacer y tragando saliva salitrosa y recuperando el aliento me preparo para la primera bajada digna. Conozco la trialera que tengo a mis pies, sé que puedo ganar tiempo y posiciones.

                Coloco los índices en las manetas de freno, me levanto y retraso el cuerpo sobre la rueda trasera, arqueo mis rodillas y aguzando la vista me dejo caer. Está rota de las lluvias de la semana pasada, la trazada es borrosa pero mi compañera es capaz de tragarse lo que yo le ponga por delante, ella sólo quiere unos buenos brazos que la guíen y unas piernas incólumes que soporten todo el esfuerzo. Comienzo a divertirme de forma salvaje, poco a poco voy frenando menos y fluyendo más, la sensatez me la he guardado en el bolsillo trasero de la camiseta y me he puesto la máscara de necio descerebrado, sin pensar lo que estoy haciendo llego al llano nuevamente, he salpicado con el polvo de mi rueda trasera a unos cuantos ciclistas que iban temerosos y abusando de freno. Yo no soy nada del otro mundo a la hora de los descensos técnicos, pero cada día me divierto más y me voy soltando la melena un poquito. ¿Será que la Spz Epic me está envenenando? Puede ser que… sea eso.

rush 3                Así, como os he descrito anteriormente, afronto tres puertos casi idénticos en dureza y penitencia, jamás pensé que podría seguir adelante al ritmo que llevo, me siento cansado pero con posibilidad de seguir soportándolo.

                Ahora cambia el escenario, nos metemos en el monte Coto, hay un desvío para los que han demandado la opción corta del recorrido en donde sólo cuarenta kilómetros son los necesarios para volver a cruzar la línea de Meta. Yo obviamente, a pesar de mis avisos de calambres en cuádriceps y en el gemelo derecho, cosa que jamás me había pasado, sigo adelante con el plan previsto. Yo me he inscrito para hacer el maratón completo y así lo voy a hacer aunque tenga que ir andando hasta el último centímetro, no puedo dejar que la molicie me gane, no, no puedo consentir que la tentación me haga beber en el desierto cuaresmático en el que me veo inmerso, no, Sincrolador no se rinde y Chorques mucho menos.

                Las subidas cada vez son más crueles, si pedaleas un poco fuera de cadencia pierdes la tracción derrapas con la rueda trasera y te vas al suelo, consecuentemente si te pasa semejante desaguisado hay que ir tirando de la bici andando hasta llegar a la cumbre, no hay forma de volver a subir a la bici y pedalear nuevamente, es imposible.

                Se me van amontonando los kilómetros en el ánimo, cada vez subo más despacio, ahorrando todo lo que puedo sin importarme la posición en la que voy. A veces vuelvo a adelantar a ciclistas que había dejado atrás y que nuevamente me han rebasado. Esto es así, vas adelantando y siendo adelantado, es un constante vaivén de ropas de colores y bicicletas de todas las marcas imaginables que desfilan aleatoriamente por los caminos.

                El paisaje no lo estoy pudiendo saborear como cuando salgo de ruta con los amigos, pues voy muy pendiente de mi mismo, de las señales que mi cuerpo me comunica, atento de interpretar mis fuerzas y el manejo de la máquina que me acompaña para que el esfuerzo tenga recompensa al final de la etapa. Controlando respiración, ritmo, esfuerzos, calibrando lo que queda por subir y mentalmente recorriendo el perfil de la prueba para no caer en la tentación de apretar más de la cuenta en los momentos que se recuperan un poco las fuerzas.

1966873_271315926412052_7208674521496039184_n                La subida a la cantera del Almorquí me dice que tengo frente a mí un buen tramo de recuperación, bajadas a capricho y que también conozco de pedaleos pretéritos. Me enrosco sobre el manillar, bajo la cadena un punto sobre el cassette y aumento el ritmo, rodar por asfalto es algo que me levanta el ánimo, me permite recuperarme cardiopulmonarmente y no bajar ganancias.

                Ahora estoy en zona boscosa, voy solo, y en ocasiones la mala señalización me hace pensar que puedo haberme equivocado y que voy fuera de prueba. No veo a nadie a lo lejos ni siento tampoco que nadie me persiga, esto es sospechoso, hace que un pequeño desequilibrio me atemorice. A lo lejos veo abrazando un tronco un pedacito de cinta plástica que me dice que voy por el camino correcto, los suspiros se amontonan, sólo de pensar que he de rehacer el camino me duelen hasta las uñas. Estas sensaciones desafortunadamente las estoy sufriendo más de lo deseado, el trazado en este segmento del track está fatal, incluso he encontrado a dos compañeros que salían por un camino a mi derecha que iban totalmente perdidos y enfadadísimos. Juntos hemos deshecho un par de cientos de metros y hemos podido intuir por donde continuar al ver las huellas del paso de otros ciclistas en el barro de un charco, algo no muy científico pero nos hemos aferrado a la más mínima evidencia.

                Los calambres hacen que vuelva a quedarme solo, los dos chicos que me acompañaban se han bajado a estirar piernas, iban totalmente acalambrados, no es momento de acompañarles en el sentimiento, así es que sin despedirme he seguido mi camino y mi ritmo.

                Ya he sobrepasado el kilómetro cuarenta, lo más duro está superado, ahora queda disfrutar un poco del día, que ha pasado de neblinoso a soleado. La bajada del monte Coto dirección a las Casas del Señor, me ha devuelto mucha energía. Es una vieja conocida esta pista forestal, la conozco en ambos sentidos, con bici, con coche oficial y caminando.

                Ahora todo ha cambiado, el paisaje ha dejado de ser de montaña, me adentro en las faldas del coloso que he dejado a mis espaldas. El terreno se convierte en un espectáculo de diversión, se alternan tramos rápidos con toboganes, bajaditas técnicas muy divertidas, que a pesar del cansancio se disfrutan mucho. Pedaleo en solitario por caminitos escuetos que delimitan parcelas de viejos almendros de secano, viñedos pequeños que lucen sus encantos , que te demandan momentos explosivos pero breves para subir pequeños repechitos en los que las piernas se revolucionan.

10690145_271315859745392_2118188388364985533_n                Este terreno ya me gusta más, vuelvo al plato 38. La velocidad es mayor, todo pasa más deprisa y los kilómetros van cayendo como golosinas en la boca de un goloso. Han sabido dar un toque muy equilibrado al recorrido, nos han hecho sufrir mucho desde el principio y ahora, en el momento de las angustias y agonías, nos han puesto estos caramelos tan sabrosos que no hay que dejar de disfrutar.

                Pero si algo me va a recargar las baterías de forma brutal va a ser el encuentro con Diego Ortuño, quien a pesar de haber llegado tarde a la prueba no ha abandonado ese carácter tan deportivo que le caracteriza y se ha metido en el circuito a contra sentido para buscarme. Estoy en el kilómetro cincuenta y de repente veo una silueta que reconocería entre un millón, es Diego, comienzo a sonreír y a sentir que me inunda una alegría inconmensurable. Cuando se está tan cansado y pedaleando, las emociones se viven de forma exponencial, todo se magnifica, vamos muy a flor de piel.

                Sin pararme le doy la mano y le agradezco lo mucho que me supone tenerle a mi lado. Él delante y yo siguiendo su rueda, la cosa se ha transformado, ahora tiro con fuerza de los pedales, saco la garra, la casta o lo que sea que se lleva dentro en momentos como este. Además me dice que hay cuatro gatos delante de mí,¡ufff!, eso sí que me ha llegado hondo, mi primera vez en modo competitivo y voy dando guerra. Pero lo bueno se me acaba pronto, encontramos un compañero con la bici patas arriba, cubierta fuera, desmontables tirados por el suelo y una frente demasiado sudorosa, Diego, como es tan mala gente, se queda a asistir a ese muchacho para que la avería se subsane lo antes posible, que compañero tengo, es único, extraña madera es de la que está hecho este Jumillano.

10701934_271315943078717_7508027991035836833_n                Sigo nuevamente mi periplo en solitario pero muy repuesto, con ánimos desbordantes, sin saber lo que pasa por mis piernas, además no me interesa, no les voy a dar tregua hasta que llegue al final. Como recompensa adelanto a varios ciclistas que van derrengados, hundidos en el mundo del dolor muscular y me voy creciendo, la adrenalina está fluyendo a raudales por mi torrente sanguíneo.

                Último punto de avituallamiento. En ninguno de los anteriores me he parado, pues llevo mi mochila de hidratación bien equipada y en los bolsillos traseros llevo todo lo necesario para afrontar esta Odisea, soy algo veterano en rutas de mucho esfuerzo, sé cuándo y qué he de llevarme al coleto para no desfallecer o sufrir una pájara. Sin embargo, me apetece un buen vaso de bebida isotónica fresquita y así lo hago, me detengo y además le regalo a mis papilas una tajada de sandía y unos tragos almibarados de una bebida amarillenta. El efecto ha sido como el del agua bendita en el exorcizado: milagroso.

                Las mujeres y hombres de Protección Civil cubren los últimos cruces, a su paso escucho siempre comentarios animándome, sinceros, se nota que viven y valoran nuestro esfuerzo. Hacen que cada una de sus palabras se transformen en calorías extra.

1926683_271315753078736_5058662827873867153_n                Se acaba, miro el gps y veo que ya estoy en los últimos hectómetros, suelto las manos del manillar, me limpio la sal de los labios, me recoloco bien las gafas y el casco, subo la cremallera de la camiseta hasta el cuello e intento adecentarme lo más posible, hay que acabar con dignidad, como un campeón, aunque se sea el último en cruzar la tan ansiada línea de llegada, da igual, hay que finalizar con la cabeza bien alta, altanero, orgulloso, gozoso y dichoso de no haber caído en la tentación de desviarme y hacer el trayecto corto como han hecho otros, o de haberme tenido que resignar y abandonar por imposibilidad física.

                Así, levantándome sobre el cuadro de mi viajera indómita, me dejo disparar por Pepe Rush quien con su cámara nos está esperando en el último metro, en el Omega de la prueba. Regalándonos la última sonrisa. Gracias Pepe, verte al llegar y sentir el click de tu obturador no tiene precio.

                Me cortan el dorsal, me encintan la muñeca y me dicen donde puedo comer y beber lo que me apetezca. Hago caso y me dirijo a la zona del ágape, tengo ganas de llevarme algo a la boca que no sea dulce, un buen trozo de coca con tomate y anchoas me devuelve a la realidad mientras una ola de fresca cerveza lo enturbia todo en mi paladar.

10645278_271316269745351_8260599211765163863_n                A los pocos minutos llega Leandro, sonriente, cansado como todos, pero muy satisfecho. No dejamos de recordarnos los momentos más anecdóticos de la mañana y los más duros. Entre tanto le cuento que antes que nosotros no ha entrado ni una decena de ciclistas y que ambos somos los únicos que tenemos un cuatro al frente de nuestra edad. Al ser un evento no competitivo no voy a contaros cuales fueron nuestras clasificaciones, pues no son datos contrastables ni ortodoxos, pero yo sí que lo sé, conté los dorsales que había en la mesa de la organización al llegar y os garantizo que jamás pensé que sería una cuenta tan rápida, que no necesitaría todos los dedos de mis dos manos.

                En grupo, Pepe Rush, su mujer, Leandro, Diego y algunos amigos más vemos como llega nuestro héroe: Joaquín. Necesitó algo más de tiempo para acabar el recorrido, pero no tiró la toalla en ningún momento, al contrario, luchador y guerrero ha cruzado la Meta sonriente, extenuado pero muy contento. Le abrazamos y reconocemos lo orgullosos que estamos de verle llegar.

                Así ha acabado una jornada de pedaleo en Pinoso rodeado de grandes personas.

                Desde aquí mando un fuerte abrazo a Leandro, Joaquín, Diego y Pepe Rush, piezas imprescindibles en tan bonito momento de este blog.

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