IV Marcha “El Polvorín” de Archena.

10647154_10205089525265655_8552562205377409705_nEl ambiente es apacible, muy tranquilo, apenas deambula nadie, creo que ni el tiempo desfila por estas calles aledañas a la plaza y al palacete. Veo como en la puerta del cine de verano hay montado un tenderete con unas bellas mujeres que colocan dorsales, bridas, listas… pero no es lo que más llama mi atención. Dejo aparcada mi bici en unos aros de aluminio y comienzo a dar un lento paseo. Lo primero que hago es ir a acariciar al viejo eucalipto que hay sobre la piscina. Sus grandes raíces y su inmenso tronco fueron posiblemente mi primer lugar de juego. Lo acaricio, escruto la corteza con mis manos suavemente, dejando que se impregne en mi piel ese tan característico aroma. Levanto la vista, recorro sus gigantescas ramas, dejo volar mi memoria, me traslado a los setenta, respiro hondo, cierro los ojos y consigo un momento mágico, imborrable, necesario, plácido. Siguiendo en el mismo estado de conciencia casi abstracta, camino. Me acerco al Palacete. En sus sótanos hubo una guardería en la que yo berreaba como el que más cuando mi madre me dejaba y se iba a trabajar.10650014_732029393500409_7447422892692494911_n Tal vez os cueste trabajo creerme, pero aún tengo recuerdos visuales de aquellos momentos. Me asomo, agachándome, por las ventanas del soterrado bajo, pero no consigo ver nada. Sigo mi paseo, todo ha cambiado, es todo muy perfecto, los enlosados, las aceras, los parterres, los árboles, los setos, todo está cuadriculado, milimetrado, con accesos de todas clases, rampas, peldaños cómodos y limpios. Antaño era un jardín lleno de tierra, grietas que las aguas de riego infringían en los caminos, los peldaños eran pequeños, altos y de piedras, rústico, todo era más agreste y a mis ojos de niño todo era mucho más grande. Ahora todo es: bonito; pero me conformo. La luz no ha cambiado, la humedad y el olor de la tierra siguen siendo los mismos y abren puertas y ventanas en mi niñez escondida.

                Acabado mi solitario ensueño, silencioso y meditabundo, aún intoxicado de mis vivencias de párvulo,  me acerco al punto de control.

                Nada más aproximarme, Leandro, sonriente, se acerca y me da un apretón de manos de los que sabes que tienen algo más, tras él su esposa, me da dos besos y me abre las puertas de la mañana, voluntariosa se ofrece a mostrarme su hospitalidad. Me dan mi dorsal, las bridas y me presentan a las personas que les acompañan. Son demasiados nombres para poder recordarlos a priori, sin más. Joaquín, aparece con sus barbas y me envuelve con ese carisma tan propio.

10406846_356126021212255_2976703380217998059_n                Los ciclistas van llegando, al principio gota a gota, llegada la hora prevista, a tropel. Toda una romería de bicicletas, hombres, jóvenes, una chica, esposas, novias, peñas, solitarios como yo y algún que otro despistado. En esa marea humana me diluyo y estoy en mi salsa, observando, escrutando, con la sensación de ser invisible.

10351587_356126044545586_7627611388569108501_n                Archena es un lugar muy especial para mí. Mi infancia se quedó entre sus calles, en las orillas del río, junto a las presas de río Sol y río Muerto, en el aula de Don Gil, en el patio del cuartel, en sus huertas. Siempre que vengo, todo adquiere un tinte especial, una mezcla de romanticismo barroco bucólico, algo extraño que altera mi estado de conciencia, y me vuelvo un ser sonriente y embelesado, como cuando contemplo la obra de Laura Marco, fotógrafa local, que a su manera arrebuja en sus instantáneas tantos motivos como yo en mis miradas y recuerdos.

1                Encuentro a un compañero de trabajo, con el que apenas hace tiempo crucé unas palabras, y decido acercarme a estrechar lazos más de amistad que de camaradería. Sin estar previsto conozco a dos hermanos de uno de mis buenos compañeros de oficina. Menudo cuarteto, todos trabajadores públicos dedicados al auxilio. Entre chascarrillos laborales, vamos metiendo las bicicletas y las montañas por medio.

10606255_356126241212233_8355904016087772746_n                Apilados, en la plaza 1º de Mayo esperamos la salida pero antes Leandro, líder de Ciclomanía, organizador del evento, decide dar un pequeño discurso sobre las normas de seguridad, itinerario, finalidad de la marcha y agradecimiento. Acabada la última palabra, foto de recuerdo y se corta la cinta de salida.

10615345_356129384545252_936716226523815730_n                Somos algo más de medio centenar de entusiastas que pedalean y se divierten: cuando sufren subiendo, cuando la adrenalina les inunda el torrente sanguíneo y sus pulsaciones se disparan, cuando notan que todo se viene abajo y reciben el apoyo de su compañero y se crecen, cuando sienten esa quemazón que martillea las piernas y hacen que todo parezca imposible, deportistas que con el paso del tiempo traducen el sufrimiento en disfrute, el agotamiento en satisfacción, las cifras en algo que ver al acabar, cuando el paisaje es tan bonito que olvidan que están pedaleando, cuando luchan contra sí mismos, cuando sienten que sus fuerzas se esfuman y aparece ese ciclista que está escondido en lo más profundo de cada uno y les da esa garra que les impide abandonar. Así son estos locos de las bicis, auténticos apasionados.

10354737_356130707878453_2745746507723217670_n                De forma neutralizada y escoltados por las autoridades policiales, callejeamos hasta llegar a orillas de nuestro querido río Segura. Nos diluimos por la ruta de Los Miradores y del Gorgo hasta llegar a otra preciosa población: Villanueva del río Segura. La circunvalamos y entre huertas y cabecicos de calizas yermas subimos hasta la sierra del Cajal.

                Aquí el evento se liberaliza, cada uno puede ir a su ritmo. Dejo de acompañar a Fernando, Santi y Sergio. Me voy escamoteando y colocando en posiciones de cabeza. Antes me gustaría contaros que esta subida la vengo haciendo unas cinco o seis veces al mes, siempre intercalada con mis rutas de entrenamiento semanal y la conozco como la palma de mi mano. Son ocho kilómetros exactos desde el mirador de Franco hasta la cima, llenos de repechos empalagosos y descansos que si se saben aprovechar bien pueden darte mucho aliento y ventaja. Así es que voy con el plato grande, como de costumbre. A lo lejos veo a Leandro marcando un buen ritmo y a otro ciclista que le antecede. En pocos minutos veo que voy solo, que no me sigue nadie de cerca, que se están atragantando los primeros metros de desnivel acumulado en las piernas y pulmones de mis perseguidores. Voy a cazar a mi liebre, bajo la cadena dos piñones y me pongo de pie, me aferro al manillar y canturreando en mi interior “Run to the hills” de Iron Maiden, voy pedaleando cada vez más rápido. Echo un vistazo a la pantalla del gps y veo que voy muy por encima de la velocidad que habitualmente alcanzo por estos costarrones umbríos, pero mis piernas no se quejan, al contrario las noto hambrientas a pesar de que ayer estuvieron disfrutando de las subidas de La Blasca y la Cova Negra por tierras alicantinas con Los 4 Gatos y mis Revolussionarios Ernest y Lolo.

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                No termino de creerme que vaya solo, alejándome del grupo y que no salte ninguna liebre que me ponga en mi sitio.

                Leandro está cada vez más cerca y antes del kilómetro cuatro le doy alcance.

                Somos de muy parecida condición, aunque él es más carretero que yo, tiene mucha mecha, no es fácil hacerle sombra, aún recuerdo como me abofeteo subiendo la pista del desprendimiento de Ricote una mañana de sábado rutero. Nos ponemos a contarnos nuestras cosas y así, de colegueo, como debe ser, vamos subiendo y subiendo. Él conoce tan bien como yo esta pista forestal y sabe donde hay que apretar el pedalier y donde respirar.

                Entre que vamos de marujeo sobre nuestras nuevas monturas, y que vamos a ritmo elegante, sin darnos cuenta ya estamos casi llegando. Me lo he pasado en grande, siempre subo solo por estos pinares espesos y hoy llevar tan grata compañía ha sido todo un extra.

                Al llegar al inicio de la famosa senda del Km 13 ó del Zigzag, Mr. Ciclomanía me pide unos minutos. Quiere colocarse en mitad de la senda tan bonita y quebrada que viene a continuación para poder fotografiar a la gente y regalarles un buen recuerdo. Doy unos minutos y suelto las manetas de freno, comienzo a escurrirme por mis tan conocidos predios y sorteando raíces, rizos, grietas y bolos salientes, me paso un par de minutos levantado del sillín, echado hacia atrás, y retorciendo el manillar al ritmo de los acordes de Steve Harris. Me fotografía y sigo sin parar hasta acabar la senda y volver a incorporarme a la pista que lleva a las casas forestales.

10580200_356137461211111_6017859350758361107_n                La pista es descendente, alcanzo más de cincuenta kilómetros a la hora en unos escasos doscientos metros de puro pedregal. Mi Epic es toda una campeona, me permite ir por el mundo sin apenas frenar, ella se encarga del resto, yo sólo he de quedarme sobre su cuadro sonriendo y disfrutando.

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                Un buen derrape avisa al personal del avituallamiento. Cuando me ven salir entre los pinares, no aciertan a creérselo. Me preguntan que cómo he llegado tan pronto, que apenas han tenido tiempo de montar el tenderete con la fruta y bebida, habiendo salido con el coche al mismo tiempo que nosotros. Yo sonrío, pero dentro de mí sufro un poco de vergüenza. Les explico que esta ruta es mi rodar diario y que he ido un buen rato con Leandro de charleta, y que él se ha quedado para hacer unas fotos en la senda. Me atienden como a un marqués. Bebidas, fruta y hasta me quieren hacer comer un bocadillo. Declino sonriente todas las invitaciones y bebo un par de botellines de agua. Aún llevo el desayuno en el depósito, no creo necesitar echar más madera a la caldera.

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                Poco a poco, como cuando se forma una estalactita, van llegando los aguerridos inscritos, goteando, poco a poco, pausados. Algunos parece que han subido al Mulhacén y vuelto al Veleta, se acercan tímidamente a la mesa, pero devoran con fruición de todo lo que oferta el mantel. Si comiese tanto, creo que me echaría una siesta a la sombra de la arboleda.

                El ambiente se anima, casi todo el mundo está satisfecho, avituallado y charlando alegremente, intercambiando impresiones, recordando momentos de tensión y dureza. Yo estoy sobre el cuadro carbonatado de mi Specialized, solo, silencioso, contemplativo, sonriente.

jose ciclomania                El líder del evento, reorganiza a su gente y los reenvía nuevamente a los puntos de control, a los cruces más conflictivos y me invita a seguirle hasta la cicatriz (interesante senda con tintes de trialera, que allá por 2008 bauticé con ese nombre, en un paseo con el bueno de Ferma, y que curiosamente, hoy todo el mundo conoce con ese topónimo. El apelativo se lo asigné porque desde la senda de La Calera, cuando miras a La Muela, la ves verde, muy verde y como si de una fea cicatriz se tratase, ahí está la senda de Cotos y Coronas de La Muela, afeando el verdor.)

cruz roja                Subir esta trialera también hace tiempo que dejó de ser un evento en mis entrenamientos, subo siempre entrenando y no cambio de plato, me quedo enroscado al treinta y ocho. Leandro se pone en posición a mitad de la cuesta y yo me subo al mojón del cruce, quiero ver las caras que ponen al subir semejante repecho.

                Cansado de dar paso y explicar que hay que torcer a la izquierda, me subo nuevamente en la campeona y pedaleo con mucho brío hasta la pista que sube al cabezo de La Muela, donde el grueso será neutralizado y aleccionado con lo seco y deslizante que está el terreno en la bajada.

934831_356135301211327_1692316301097255132_n                Jamás pensé que ir a una marcha sería tan ajetreado, jajajaja….

                Caemos por la pista hasta la carretera del trasvase, y vamos dirección a la rambla que hay tras la Venta Miguel, en Las Gachopas, una diminuta pedanía de Archena. El terreno es muy divertido, son cárcavas calizas muy redondeadas por la erosión. Sin saber cómo, me veo otra vez en cabeza, siguiendo a José Ángel y a otro piloto más. El paseo se acaba, y como consolación tenemos una chispa de trabajo para las horquillas en unos ruffles en los últimos metros del paisaje desértico.

Portada                A la sombra de unos viejos albaricoqueros esperamos a que todo el mundo llegue hasta donde está el cicerone, dispuesto a dar el último arranque, llevarnos hasta la carretera de Mula y escoltados nuevamente por Policía Local regalarnos un tour callejero por la población en fiestas. Subiendo la Avenida del Carril, llegamos al punto de partida, acabando la procesión matinal.

                Si he de resumir en un adjetivo la mañana, creo que le asignaría el siguiente: Entrañable.

10620565_10204351123599149_2984834668180575478_n                Al acabar todo, dejo mi bici en el interior de mi otra compañera de rutas, mi furgo, y me voy a la terraza del cine de verano, donde nos esperan una paella y unas buenas migas. Las latas de cerveza hacen cola junto a mi coleto para verter dentro su dorado elixir. El tenedor lo manejo con maestría y la conversación brota por doquier. No me extiendo nunca en estos lances, pues creo que si alguno quiere conocerlos en profundidad, ya sabe lo que tiene que hacer, y no es otra corsa que venir a compartirlos.

10556529_356126264545564_2356818288781223174_n                El Sincrolador, sin saber cómo, ha vuelto a llevarse en el zurrón un buen puñado de nuevos amigos, con los que en breve protagonizará nuevas aventuras que os irá contando en esta vuestra casa.

                Como norma, utilizo el último párrafo para ser un pamplinero, pero no se puede evitar, hay que decir las cosas claras y a quien se las merece, y esta mañana todos y cada uno de los integrantes de Ciclomanía Archena, han dejado muy alto el pabellón, pues con muy pocos recursos han conseguido que no se escuche ninguna queja y que todo el mundo luzca amplias sonrisas. En especial quiero señalar que Leandro y Joaquín, son dos grandes deportistas que han conseguido demostrar que año tras año van mejorando y superándose. ¡Gracias chicos!

El caso

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ja, ja, ja…, cuando uno se pone nostálgico es que se esta haciendo mayor. Bien venido al club.

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    1. Pues que bien, hacerme mayor con amigos cómo tú !!!!

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