Montañas llenas de Gatos

                Es temprano, muy temprano, creo que el paso del tiempo esta noche ha sido una trampa, pues apenas recuerdo haber bajado los párpados y el atronador castigo sonoro de mi despertador me ha devuelto a la alborada. Café, galletas y un poco de meditación en el sofá acompañado de mi gato, en estas lides si hago caso a las sensaciones que me arremolinan puedo recolocar los cojines y dejarme caer en brazos de Morfeo hasta que el trinar de los gorriones me despierte. 

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                De las cosas buenas que tiene la ruta de hoy es que a estas tempranas horas, recorrer la carretera desde Pinoso hasta Monóvar es un escándalo de contraluces, perfiles montañosos, viñedos de rojas tierras y un amanecer evocador, de lo más idílico y bucólico, y para mí muy especial, pues tiene el plus del recuerdo. Así que evocando viejas jornadas teñidas de verde laboral, me adentro por las tierras de Azorín, siguiendo el cauce del Vinalopó, para encontrarme con un entrañable grupo de amigos en Elda. Somos4gatos, son algo más que un grupo de MTB, tienen ese cariz avaricioso de los hombres sabedores del valor de lo humano y lo deportivo.

                El amargo del buen café se extiende por mi paladar y mi lengua, las sonrientes caras que me acompañan a la mesa, en la churrería, son cómplices del momento.

                El trayecto de hoy es un track de mi buen amigo Pepe Rush. Me dicen que parte de la ruta ya la conozco de etapas anteriores, pero el grueso y el hueso a roer son cosecha del intrépido fotógrafo Rush.

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                D. Andrés, Milú, el Largo, Milito y dos nuevos amigos, conforman la comitiva a la que persigo. El cauce seco del río es siempre o casi siempre el terreno por el que vamos ensuciando las cubiertas de las bicis, me gusta mucho esta parte del día, es cuando nos cruzamos con un sinfín de ciclistas que también comienzan sus crónicas, su rutas, sus mañanas de sábado, sus momentos de camaradería, sus ratos de relax y disfrute, ajenos al mundo ordinario que al igual que a mi les atenaza y distorsiona, ciclistas que acarician sus rostros con el fresco aire de la libertad que se siente al pedalear y notar como una horquilla lee el terreno con suavidad.

                Vamos en fila india, un camino estrecho nos adentra en la montaña. El verde de los pinares ya es el dueño del momento, la temperatura tiene un toque cálido, pero aún no es un factor a tener en cuenta. Las piernas van calentando bien, esta algaida senda es un sube y baja incesante. Esta parte de la ruta la recuerdo de anteriores paseos y siempre me llama la atención una ladera de un cabezo que hay en el otro margen del barranco. Es una ladera caliza llena de arena fina, suelta, cual mediterránea playa, pero encajada entre pinos adustos y viejos, de los de corteza negra y arrugada. Mi imaginación nos ve a todos subidos en trineos y disfrutando de la velocidad que esas rampas nos podrían proporcionar. Siempre pensando en lo mismo, en como inyectar más adrenalina a nuestros corazones, como bien dice mi amigo Dani (pela69): “¡Esto es un no parar!”.

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                La mañana ya es adulta, las primeras luces hace tiempo que las tiene Cronos en el bolsillo, guardadas para el mañana irremediable.

                Vamos en tropel, dirección a las Hermosas, un paraje en el que las vistas se engalanan con ese adjetivo, pues son montañas encajadas, montañas que insertadas en ese cielo límpido, conforman unas hermosas vistas, con las que poder recrearnos durante unos segundos. Pero no vamos a subir por donde intuitivamente podríamos pensar, nos desviamos y tenemos que negociar la primera subida técnica. Empinada, empedrada, llena de tierra suelta, zahorra y polvo, mucho polvo que hace que la tracción sea muy controlada pues un poco de fuerza innecesaria nos hará resbalar y poner el pie en tierra. Las venas están atropelladas, las pulsaciones disparadas, la respiración ametrallante , las mejillas no dejan de enrojecerse a cada golpe de riñón. Escasos hectómetros han marcado la diferencia, un antes y un después, el paseo matutino ha acabado, comienza el espectáculo.

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                Curva tras curva, la pendiente va aumentando, el terreno se va accidentando cada vez más, el grupo va deshilachándose, las cadenas van enroscándose en los piñones más altos, las cadencias de pedaleo cada vez son más cortas y rápidas. Yo de momento sigo con mi extraña afición al plato grande, mis piernas de momento no se resienten y me permiten ir siguiendo a la libre del día.

                Lo interesante en estos momentos es seguir siempre a alguien, para ver su trazada y sus errores, e ir rectificando instintivamente. Así voy siguiendo a Abel, viendo por donde encarrila su rueda delantera y cómo reacciona su trasera. Los minutos van pasando y esto no se acaba, todo el organismo trabajando a tope, al ochenta por ciento, disfrutando de lo lindo, transformado el sufrimiento y tal vez el dolor, en gozo y satisfacción. Esta es la cara oculta del ciclismo, se disfruta sufriendo y cuánto más se padece, más se agradece.

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                Veo que la rueda que persigo, derrapa en ocasiones, es el momento de abandonar a los cofrades del plato grande e imbuirme en el alocado pedaleo del platito de veinticuatro dientes. Gano en tracción, velocidad, y a la vez comienzo a relajarme un poco, ganando aliento.

                Apenas podemos hablar al llegar a la cima, hay una pequeña mesetita en la que no dejamos de pedalear en círculo, esperando al resto de la comitiva, intercambiando impresiones de tan accidentado camino y de lo cruel que ha podido ser en algunos sectores.

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                Al llegar el resto de compañeros, los dos nuevos ciclistas se despiden, han de regresar, su horario no es compatible con el nuestro. Entre apretones de manos y jocosos comentarios, vemos como dos manchas verdes se diluyen por el mismo camino que hemos dejando atrás, nosotros revisamos las pantallas de los dispositivos gps y continuamos nuestra aventura dirección a la Font del Llop.

                La perpendicularidad con la que Helios nos lanza sus rayos es dolorosa, las cremas de protección solar se están ganando bien el pan, pero pese a ir bien embadurnados notamos como un leve crepitar de los cueros sudorosos y calientes de nuestros brazos, va en aumento. Se echan de menos y se recuerdan esas rutas en las que vamos siguiendo la estela de Sildre, diosa de las olas y el temporal, cuando pedaleamos por terrenos costeros.

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                Milito tiene mal color de cara, Andrés está cansado, cada vez les cuesta más afrontar las subidas y hasta incluso las bajadas, que están siendo un auténtico arrebato, pues curva a la derecha, curva a la izquierda, los amortiguadores de las Specialized están trabajando al máximo. No apretamos las manetas de freno, levemente las acariciamos de vez en cuando, nos vemos ciegos bajando semejantes pedregales, rotos, agrietados, peligrosos, maravillosos. Las sensaciones en mi Epic son impresionantes, estoy disfrutando de una forma difícil de describir, esta bicicleta es otra forma de afrontar el relieve.

                Al acabar una de las varias cabalgadas alocadas, en las que persigo a Oseluí, decidimos que es el momento de recortar el track y buscar la alternativa más corta para regresar a Elda, nuestros dos amigos se encuentran en mal estado, sobre todo el que la noche anterior se puso ciego de pizza y sabe Dios que más…

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                Es la segunda vez que me quedo con las ganas de conocer la Font del Llop, y en ambas ocasiones por motivos muy muy similares.

                Pedaleando por pistas y amplios caminos comenzamos a secar el sudor de nuestros maillots, es hora de ser generosos y dejar para otro día el resto de sufrimiento que pendiente se nos queda en estos parajes.

                A lo lejos ya se ve el castillo y algunas azoteas encaladas, la ruta va llegando a su fin…

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                Las risotadas fluyen, y las cervezas también, todo ha acabado bien, a pesar de la vomitera del gato más pardo, que con una fanta de limón y unas tostadas acaba su periplo. Nosotros por el contrario damos buena cuenta de los bocadillos calientes y demás delicias, que si queréis saber a que saben deberéis acompañarnos en la próxima jornada.       

 

               

               

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Que Luisito, castigando a la Epic…

    1. Jajajjajaj es mucho hueso q roer !!!

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