Hallwood’s weekend (Benidorm).

aass     Junto a las vías del tren, bajo la sombra de un chaparro pino,  con el terruño alicantino a los pies y con un bonito sol de otoño, es como mi viejo amigo Chris Hallwood y su acompañante, Martin, comienzan a recomponer sus desarmadas bicicletas. Han hecho unos miles de kms en las bodegas de un avión, ahora les toca la mejor parte del fin de semana: impregnarse de polvo de los caminos mediterráneos, sentir el roce de los floreados romeros alicantinos, templar todas y cada una de sus soldaduras con el sol benidormeño, y la más ardua y difícil tarea de todas, seguir mi rueda trasera.

                Avituallados, ataviados, engrasados y entusiasmados damos las primeras pedaladas. El asfalto (tarmac), tiñe de negro la goma de nuestras cubiertas, les roba con su rugoso tacto el polvillo tan precioso que las ha teñido en el aparcamiento terroso donde han recuperado el pulso.

                Sé que la ruta de hoy les va a gustar, y también sé que en breve les voy a ver las mejillas sonrosadas. El comienzo de nuestra tarde de ciclismo de montaña es por las tierras del Puig Campana,  caras de ganar en los primeros kilómetros. Sendas escuetas y culebreantes, de lo más algaidas en algunos tramos, desgajadas y empedradas, peraltadas infernalmente y empinadas. De esta guisa vamos tensando las cadenas, limando los dientes de platos y piñones, manchando con nuestro sudor las camisetas, aferrando los puños de nuestras bicicletas con fuerza y destreza.

                Llevamos escasamente unos cuatro kilómetros cuando hago parar el pelotón y contemplar lo que hay a nuestras espaldas, y no es ni más ni menos que la bahía de Benidorm, con su preciosa y caprichosa isla, la bahía de Altea y al fondo Toix e Ifach. Todo un espectáculo digno de fotografiar y mostrar en UK. La luz del atardecer hace que el mar parezca un espejo de plomo bruñido en el que rebotan los rayos de sol. Durante unos minutos nos sentimos ensimismados, en silencio ante semejante capricho de la naturaleza, que nos ha sido regalado en privado para nuestro personal deleite.

                El desnivel siempre positivo, no dejamos de ascender. Ellos tal vez piensen que van a sufrir durante toda la tarde, pero queda muy poco para la diversión.

                En silencio y hacia mis adentros voy escrutando el terreno, sin buscar nada en concreto, sino disfrutando de la espectacular recuperación de la flora del lugar, que hace años sufrió un terrible y devastador incendio. Hay pequeños pinos por doquier, arbustos de todos los tamaños y formas, florecillas de mil colores, abejas zumbando incesantes, algarrobos tímidos que junto a los lentiscos y madroños, crecen y crecen, ganando la partida a la desertización augurada casi siempre tras un incendio. Quedan los mudos testigos de aquellos horribles momentos, miles de troncos caídos y calcinados siembran las laderas de los pequeños valles que nos rodean.

altAu3sRNtmxEZxG5krw3PMLk5CpZdtCMz-K7Wu52E1XR1X

                Hasta llegar al Mas de la Monja recorremos únicamente sendas. Ahora nos queda la última y significativa de las subidas, una pista forestal que nos catapultará a los pies de la cuesta del Pouet. Hay que sacar la parte positiva a todo, las pistas suelen ser aburridas y monótonas pero en esta hacemos un alto en el camino, donde unos madroños lucen orgullosos su frutos rojos como la sangre, esperando que les recolectemos y llevemos al coleto ansiosos de sentir sus dulces azúcares en nuestros paladares salados.

                Tras la primera lección de gastronomía silvestre sincroladora, seguimos hasta el final de la pista. En este punto suelto la horquilla y me abrocho bien la camiseta, no es necesario pero me gusta abrigarme la garganta en las bajadas. Me coloco de otra manera en la bicicleta, ya no hay que meter riñones, ahora hay que levantar un poco el culete, flexionar las rodillas y comenzar a escrutar con la vista la senda para no caer o quedar enganchados en alguna rama.

                Comenzamos el descenso. Martin me sigue a distancia prudencial, Chris se mantiene más alejado, es más moderado y menos alocado en los descensos.

                Este pasillo verde por el que vamos zigzagueando a gran velocidad, me lo mostró por primera vez mi buen amigo Luis Villamediana, al que todos conocemos por “El Apegao”. Desde aquel momento hasta hoy creo que habré pasado decenas y decenas de veces por esta ladera, bajando por estas sendas rápidas y divertidas. Sigo sintiendo la misma emoción y diversión, y aún más si cabe pues la conozco bien y siempre intento bajar más rápido superando la vuelta anterior.

                De vez en cuando me paro en los pasos que tienen algún problema técnico o que son angostos y peligrosos, aprovechando para agrupar y ver las caras de mis británicos, que se lo están pasado bomba. Martín cada vez que llega a mi altura lo hace dando gritos de emoción, con una indescriptible mueca de felicidad y placer al mismo tiempo. Mr Hallwood, es más “polite” pero también se muestra congestionado y con su educadísimo acento me dice lo maravilloso que es el trazado y lo bien que se lo está pasando.

                La tarde está declinando, las luces se suavizan dejando un cielo sedoso, que comienza a teñir el azul alicantino de magentas, rojos, anaranjados y amarillos tenues.

                Con esta maravillosa iluminación ya llevamos kilómetros de bajadas alocadas, de las que llenan el torrente sanguíneo de adrenalina y todas aquellas hormonas que sirvan para excitar el cerebro de los bikers.

                Penúltimo asalto, la senda de “la Puerta”. La he recorrido en ambos sentidos y obviamente me vuelve loco bajarla, obliga a retorcerte sobre el cuadro sobremanera, tiene peraltes grandes y revoltosos,  curvas que dan al vacío y toboganes que a veces te hacen despegar las dos ruedas del terreno. Mis perseguidores en algunos momentos me pierden de vista porque no puedo controlarme y contenerme, pero no me preocupas, pues no hay más alternativa que la que la senda nos marca y les sigo esperando en los puntos más calientes del sector.

                Ahora la cara de Martin es como se suele decir, todo un poema y la de Chris una serie televisiva de esas de risas enlatadas, el tipo está cansado pero gozoso, el sudor le baña el rostro sonriente y jadeante a la par.

                El tramo final es a mi gusto el más bonito y espectacular, no es  ni más ni menos que un significativo paseo por el mismísimo acantilado pétreo desde Villajoyosa hasta la Cala de Finestrat. Las lascas de arenisca se suceden a modo de escalones, y hacen que ir pedaleando sea algo supérfluo, el paisaje nos atrapa. A nuestra derecha el mar, brillante con los últimos rayos de sol del día, al frente la sierra llena de verde brillante y bajo nuestras monturas un amarillo leonino que hace crepitar las cubiertas al ir horadándolas con los tacos de goma.

                Tenemos varios pasos técnicos que se convierten en divertidos, van tan casados mis amigos que no pueden afrontarlos con la energía que requieren, y a mitad del pedaleo se bajan de las bicis con el aliento alocado y descontrolado.

                Así poco a poco, avanzamos, hasta que el bueno de Martin decide caerse de la bici, sin ningún motivo aparente pues no hay ningún obstáculo contra el que estrellarse, sino que creo que se ha despistado mirando al mar. La broma ha sido divertida pero por escasos metros no ha sido trágica. Aprovecho para dar las gracias a todos los dioses que el ser humano tiene en su interior, por haber dejado que este esperpéntico muchacho no haya caído al vacío en semejante lugar.

                Repuestos del susto, continuamos los últimos kilómetros, pronto comenzaremos a bajar unos escalones de madera insertados en el tramo final de la pista del Ricón del Cura y por el paseo marítimo de Benidorm, por la playa de Poniente, llegaremos a nuestro punto de partida.

                Hay sido una tarde de lo más divertida, acompañado de un viejo amigo y de un nuevo amiguete de MTB.

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Lola Roselló dice:

    Bonito y divertido finde de rutas sincroladoras!! Se lo pasaron en grande…Han prometido volver por parajes mediterráneos 🙂

    Me gusta

Deja tu comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s