Aventurero Incansable

II AITANA XTREM MARATÓN

            Escasos minutos faltan para las seis de la mañana y ya llevo casi una hora de conducción a mis espaldas, un café pasado por el microondas y una manzana. Al acabar el día seguro que llevaré más kilómetros, más horas de conducción y más cosas entre pecho y espalda.

            Apenas conozco a dos o tres de todas las personas que se han congregado en la tienda de Juan Antonio Planelles para protagonizar esta auténtica gesta deportiva, siempre hablando desde el punto de vista amateur. Pero no me importa, sé que los kilómetros nos irán uniendo, nos irán dando margen para conocernos y para entablar todo tipo de conversaciones, vamos a tener mucho, mucho tiempo para compartir. Al acabar el día llevaremos las mochilas vacías de víveres y otros pertrechos, pero me atrevo a decir que irán llenas de nuevos amigos.

   El recibimiento es inmejorable, apretones de manos, algún abrazo amistoso, caras nuevas llenas de semblantes sonrientes, expectantes, ansiosas y tal vez algunas algo nerviosas al sentirse en el borde del trampolín de algo que les es todavía desconocido. En el sótano de la tienda hay un banquete, me ofrecen café calentito y la posibilidad de llevarme al coleto una buena porción de bizcocho casero que nuestra amiga Helen ha horneado con cariño para todos nosotros. Aprovecho para dejar patente que Molly tiene una mano mágica como repostera, gracias guapa. Qué más se puede pedir a estas horas y con estas temperaturas.

  No sé cuantos grados marcarán los termómetros, hace un frío cortante, de los que te hielan hasta la última célula del cuerpo. Visto una buena indumentaria, creo que muy acorde a la batalla a librar, son pocas capas pero con tejidos bastante transpirables y con aislantes de gran calidad. Aún así llevo en la mochila varias mudas de camisetas interiores, no quiero que el sudor se convierta en mi peor enemigo, he de conseguir que el calorcillo corporal sea mi mejor aliado.

           

Enciendo las luces de mi tractor y comienza la película. ¡Allá vamos! A saborear la montaña alicantina. Tengo la impresión de ser la cola de un dragón chino en plena celebración mística, ante mis ojos tengo un sinfín de puntos rojos que se mueven de forma histriónica, parpadeantes y titilantes, que profanan el negro oscuro de la noche. Los primeros compases del día son bonitos, las luces delanteras originan sombras chinescas sobre los arbustos del borde del camino, es un juego hipnótico que entretiene mientras que el paisaje no se vea bañado por la invernal luz del sol mediterráneo.

  Atrás ha quedado el rugoso y herético asfalto, vamos por un cómodo camino, con un pequeño gradiente positivo. Así será casi todo el día, subir y subir, en mayor o menor dificultad, pero hemos de ascender muchos metros. A mis espaldas comienzo a sentir que la luz me persigue, ahora nos vamos camuflando en el paisaje, nos mimetizamos en tan bucólico escenario.

            La gente se adelanta, se atrasa, pedalea en grupo, en pareja, hace pequeñas paradas para ajustes necesarios que harán más cómodas las horas y de esta guisa tan relajada vamos atacando poco a poco.

  El primer punto de encuentro con el avituallamiento me hace ver lo grande que es el cofre del tesoro que transporta la monovolumen de Juan Antº, tiene de todo, no me lo esperaba, grata sorpresa. Unos minutos para paladear algo de fruta y tomar un sorbo de agua fresca.

   Todavía no he definido bien mi compañero de ruta. Tampoco es necesario, pero sé que antes o después habrá alguien con quien sintonizaré bien y marcaremos juntos nuestro ritmo. Al arrancar después de este primer ágape noto que hemos estado demasiado tiempo parados, el sudor, aunque poco,  se ha enfriado y esta sensación no me gusta nada, así que toca mover las piernas para ir calentando el cuerpo y volver a la normalidad. Entre tanto llegamos aun punto en el que hay una cadena que nos corta el paso, la sorteamos y a pocos metros nos hace el alto el aberroncho de turno, que nos dice que no podemos pasar por allí, que aquella masa forestal es suya y que nos perdona la vida por hoy. Creo que todos hemos utilizado la misma técnica, la de hacernos los tontos por fuera y por dentro mandarlo a hacer gárgaras, esperando el momento en el que se calle para continuar con nuestro trabajo.

  El frío no cesa.

-         Cómo narrador debería documentarme bien antes de redactar una crónica como esta, e ir contándoos por donde vamos pedaleando, pero el recitar nombres y datos es algo que no me seduce mucho, tal es mi fobia a la ortopédica costumbre de llevar ciclo computadores, gps, etcétera, etcétera, que prefiero dejar a la imaginación del lector la libertad de poner como fondo el lugar que su imaginación le sugiera, además no quiero ser un sermón lineal, puede que en algunos momentos me adelante más que mi propia bici a la hora de mis descripciones. Hecha esta pequeña salvedad para que los lugareños me perdonen los lapsus geográficos, continuo con mi ruta, que por cierto me está gustado mucho rememorarla para vosotros, pues pocas veces se tiene la oportunidad de rodar con gente tan maravillosa por unos predios únicos como son los alicantinos.

Varias cuestas nos están estirando, cada uno ha de ir eligiendo su desarrollo más cómodo, porque no se pueden desperdiciar las fuerzas así como así. El día es largo y el objetivo es acabarlo con una sonrisa victoriosa. Poco a poco me voy despuntando, dejando atrás la conversación con mi amigo Mariano. Veo delante de mi un par de manchas de color. Son la cabeza y veo factible unirme a ellos, son Juan Carlos y Toni (el lobo). Poco a poco gano metros y reduzco la distancia, vamos negociando subidas rajadas y pedregosas, sendas exigentes de arenas finas y congeladas. Siento el crepitar de unas cubiertas a mi espalda, son las de Juan Ignacio, una gigantesca Orbea me pisa los tacos, me neutraliza y así nos convertimos en una grupeta de cuatro escapados. Lo malo de esta situación es que se han de activar los aparatos de localización terrestre, no es cuestión de perdernos, así que siguiendo las líneas en las pantallitas nos lanzamos a la aventura nuevamente.

    Entre subir y bajar, toca llegar a un pueblecito precioso, pero el precio de llegar a sus calles engalanadas con el mercadillo semanal, es el de bajar unos kilómetros de fuerte pendiente asfaltada, cualquier abrigo es poco, creo que jamás he pasado tanto frío, mi frente es un auténtico bloque de hielo, noto como se me congelan los pocos centímetros de piel que llevo descubiertos de mi cara. Es doloroso, muy doloroso. Si aprieto los frenos sigo sufriendo y si no toco las manetas la sensación se incrementa y me obliga a ir con todo mi cuerpo apretado, casi soy un espasmo estertóreo, que mala combinación: sombra, velocidad, frío y viento.

       En el cruce de espera, unos rayitos de sol nos devuelven la vida. Al llegar el vehículo de apoyo veo una vieja amiga sobre la baca del techo, una Trek 8000. Toni está sentado en la parte trasera, no es su estilo, algo serio debe haberle pasado, así que me voy a acercar a darle unos latigazos con mis agrio y áspero sarcasmo, sé que a él le va esa marcha y si le puedo sacar un par de sonrisas socarronas me daré por satisfecho. Es mi amigo, no me gusta verle en esa situación, así que allá voy.

La siguiente parada es el puerto de Tudons. Más de mil metros sobre el nivel del mar. Es también el punto elegido para reagruparnos, pues a estas alturas, nos hemos ido deshilachando. En mi caso ya he encontrado mi compañero de vuelo: Mariano. Vamos a la par, repartiendo pedaladas sin miramientos, al tiempo que vamos enlazando infinidad de conversaciones. Nos hacemos una foto de grupo junto al cartel que indica donde estamos y ponemos las ruedas rumbo a la parte más divertida del evento.

Para llegar ala Fontdel’abre, vamos a subir pendientes heladas, llenas de nieve, con grandes charcos de barro medio congelados. Vamos a adelantar a unos ineptos que conducen sin saber ni lo que hacen y como consecuencias no dejar de quemar embragues, gasoil y aceite, este tipo de personajes podrían quedarse en la cama en días como estos, todos saldríamos ganando.

  Sin darme cuenta me estoy haciendo un especialista a la hora de ir discriminando por donde he de guiar mis ruedas. Los arcenes con nieve son los más adecuados para no perder la tracción, cuando he de aferrarme al manillar sobre lascas de hielo he de buscar los tramos más finos para romperlos con mi peso y así no resbalar maliciosamente, es todo un compendio de improvisaciones, es divertidísimo sentir que las ruedas resbalan rápidamente y por un segundo se pierde todo control, menos mal que no he de lamentar ninguna caída. Entre tanto me doy cuenta del lugar en el que estoy, a mi izquierda tengo un valle difícil de describir por su hermosura, forrado por las aterrazadas parcelas de almendros que lucen su blanco floral en auténtica pugna con la nieve, casitas de un entrañable asentamiento humano en el abismo del valle con sus chimeneas humeantes, y un sinfín de cerros y colinas que han de ser preciosas de caminar. A mi diestra, tengo el coloso de Aitana, con su recortada cima alzándose orgullosa sobre el azul celeste, tiene toda su falda salpicada de manchas níveas y de un verde pinar brillante.

En mitad de todo ello nos encontramos en la Fontdel’abre. El paraje está embarrado, congelado, desguarnecido, azotado por el viento, asediado por el frío. Tenemos que esperar la llegada de los rezagados y también al vehículo de soporte vital. No llegan, estoy pasando todo el frío de mi vida en unos minutos, el viento me azota sin compasión, no sé donde esconderme, ni como reducir silueta. Nadie tiene cobertura telefónica así que no podemos saber el motivo del retraso, pero menos mal que a modo de justiciero empedernido, nuestro Papero aparece a lomos de su Trek para decirnos que el vehículo no puede continuar por aquellos terruños y que hemos de abandonar semejante infierno gélido. Siguiendo su anaranjada indumentaria de www.rutometro.com llegamos hasta la fruta, la repostería salada y los sorbos de carbohidratos líquidos. La buena noticia es que vamos a comer, a un par de kilómetros hay una fuente con una pequeña área de descanso y allí nos van a embutir con pasta, atún, carnes de cochino y fruta. Algún trago de tintorro también va a caer, no sólo de isotónicos vive el hombre.

  Los pedales se resienten, vamos algo lastrados, más que una parada a comer, parece que salimos del banquete de una boda. No sé si habremos obrado bien, pues nos toca llegar al Paso del Contador y esa subida, vieja amiga mía, es despiadada, no se deja intimidar por nadie. Aunque antes de llegar a sus pies, vamos a rodar un poco por la carretera, así se irán colocando como si del tetris se trataran todos los alimentos en nuestros buches.

  Mariano, gran conocedor de estos parajes hace las veces de indicador en algunos cruces. Acabada la función benéfica, coloca un desarrollo cómodo y a la par vamos saboreando la pendiente del puerto. Adelantando poco a poco a algunos compañeros, dando aliento a los que caminan y sintiendo como nuestras rótulas sufren más tensión de la que están acostumbradas, vamos ganando metros al coloso. Me sobran hasta las gafas, el calor corporal las empaña, el goteo de sudor me incomoda mucho, así que las cuelgo en el barbuquejo de mi casco. Todo bien, pero unos pocos metros antes de la cima noto un pinchazo en el gemelo izquierdo y antes de que se monte, prefiero bajarme, estirarlo y continuar. Me hubiese gustado domar este paso de un tirón como en otras ocasiones, pero es mejor ser prudente que valiente.

En la cima comienzan a caer copos de nieve, es todo un regalo, el cielo se llena de una blanquecina cortina de copos que cómoda y suavemente van cayendo sobre nosotros. Me cambio de camiseta en un milisegundo, igual que supermán en una cabina, y siguiendo a Mariano, con el pecho seco y calentito, protagonizamos una encarnizada bajada en la que me siento como en una película del espacio. Los copos de nieve vienen a gran velocidad hacía mi, son puntos blancos que impactan por todas partes, al tiempo las ruedas de mi perseguido me lanzan barro fino, es como si hubiese pulsado el botón de hiperespacio, voy descontrolado hacia esas luces brillantes a la par que esquivo esos asteroides marrones que me aciertan por todas partes. Lo bueno de esta bajada es que la conocemos bien y vamos retorciendo los cuadros en las curvas, pedaleando con todos los hierros metidos, haciendo rugir los frenos y volando en los lugares que algunas piedras nos ofrecen la posibilidad de levantar los cuadros tirando hacia arriba con ímpetu.

Jadeantes esperamos a la entrada de otro bonito pueblo de montaña alicantino, es de los últimos reagrupamientos, hemos superado el medio día y la tarde comienza a teñirse de colores magentas que anuncia la retirada del astro rey en un par de horas como mucho. Una vez más nos alimentamos bien y nos hidratamos. He decir que nadie ha sufrido una pájara y es gracias a la organización, que en todo momento se ha encargado de mimarnos, de forma cariñosa nos ha tratado como a sus polluelos.

  Nos toca la última subida, o por lo menos eso dicen. No me lo creo, ese tipo de comentarios sirven para levantar la moral de la peña, así que iré ahorrando como hasta ahora. Como todas las subidas exigentes, al final tiene una bajada escalofriante, así que en cuanto llegamos a la cima nos dejamos caer por una senda técnica en algunos tramos, pero muy divertida en otros, diluyéndose en un camino quebrado y sembrado de curvas donde casi paso de frenar, los peraltes me permiten ir a locas por esos pedregales. Estos momentos son únicos, notas como el cansancio desaparece, la adrenalina que corre por las venas se agolpa en los ojos, que van histéricos buscando por donde poder rodar de la manera más divertida, segura e ingeniosa.

            Dicen que nos quedan unos veintiséis kilómetros para tocar la línea de salida y dar fin al maratón. También que este tramo es carretero a tope. Así que se me enciende la luz verde, es la hora de gastar los ahorros de la jornada, toca dejarse las piernas, vaciar hasta la última coloría que quede. Todo el día he ido coqueteando con Toni, un personaje singular, fuerte en demasía, quien ha ido toda la etapa tirando del grupo de forma cómoda. Ahora creo que voy a enseñarle un trapo rojo a ver si acepta la provocación, quiero ver a que sabe el pique.

   Dicho y hecho en una subida me coloco a su rueda y con el sonido de mis cambios le digo en código morse que quiero caña, él lo entiende y comienza a bajar la cadena, a levantarse del asiento y a empujar con los riñones. El asfalto está esperándonos. Imprime un ritmo potente, me coloco a un escaso milímetro de su cubierta trasera y comienzo a estudiar el terreno, delante de nosotros tenemos una larga carretera de un firme muy fino y rápido, lleno de ondulaciones que será donde iremos gastando todo lo que haya dentro de nosotros. No quiero precipitarme, voy a ser egoísta, voy a intentar que mi pulso vaya relajado, estable y preparado para un buen sobresalto. En esta condición de parasitismo noto como va subiendo de revoluciones mi amigo Lobo. Mira mucho atrás, creo que me busca en la lejanía pero me tiene en su chepa enroscado, de vez en cuando le hago algún ruido para que note mi presencia y así ir poniéndolo en jaque. Llega el momento de hacerle el relevo, no sería cortés ir todo el rato así, a rueda, las reglas de juego han de respetarse, así que bajo un piñón y le relevo. Ahora me toca a mi, no sé donde está él, tengo que tirar, pero acertaría si dijese que está soplándome la oreja, así que no hago ningún signo que le pueda mostrar debilidad alguna, no miro atrás, dejo que los hectómetros pasen. Noto que voy acorde a la situación, mis piernas responden, y el resto del cuerpo también me acompaña, me siento fuerte, creo que vamos a darnos un buen tute. No acabo de pensarlo y ya tengo delante la mancha roja sobrela Scale30. No puedo bajar el ritmo, es difícil pero tengo que enroscarme reduciendo silueta para seguirle. Este hombre está a años luz de mi condición física, está jugando al ratón y al gato conmigo, pero no me importa, al contrario, se lo agradezco, me está haciendo pasar un buen rato.

Nos quedamos solos, atrás viene el vehículo de apoyo, así que vamos por buen camino, no nos hemos saltado ningún cruce. Vamos sucediendo relevos, donde cada repecho del camino se convierte en un infierno, noto que los cuádriceps me arden, que mis gemelos se han inflamado de manera poco usual, nunca los había visto así, me dicen que siga, que ellos también lo están pasando genial, así que escuchando a mi cuerpo no cejo en el intento y decido que es el momento de intentar un auténtico ataque, donde dejarme hasta el último céntimo ahorrado, donde notar en la boca el sabor del dolor. Esperando a la próxima subida voy. En cuanto comience a picar el desnivel voy a meter hasta el último diente de mis desarrollos y me voy a volver loco dando pedales, retorciendo el cuadro desde el manillar y abanicándome como hacen los de verdad. Le adelanto en el lugar menos esperado y me levanto del sillín, poniendo casi de puntillas mi Stumpjumper, utilizando mis29 pulgadasal máximo. Qué subidón, estoy descontrolado, no paro, pedaleo, pedaleo, no sé hasta cuando, pero sigo y sigo, mi respiración es como una locomotora, atropellada y frenética. No sé si Toni está cerca o lejos, no pienso girarme a mirar, cuando me clave sus fauces intentaré morir matando, pero mientras… voy a marcar el ritmo a mi manera.

            Creo que le he pillado desprevenido y no ha podido seguir mi carrusel, ahora mismo estoy cansadísimo, creo que tengo las fuerzas justas para no caerme de la bici, creo que es el momento de girarme a ver que ocurre a mis espaldas. Agradablemente veo que no tengo sombra, que mi perseguidor todavía tiene un poco de trabajo para alcanzarme, pero le pongo la alfombra roja, me escurro sobre mi cuadro, pedaleando al más puro estilo dominguero y cuando llega a mi altura siento como si un avión a reacción me hubiese embestido, no puedo seguirle, le regalo una sonrisa con mi cara desencajada por la respiración y poco a poco me arrastro hasta una cima donde nuevamente nos esperala Peugeot806. Allí un apretón de manos, un intercambio de sonrisas y unos temblores que no me dejan ni decirle que me lo he pasado en grande.

            Recuperando el aliento comienzan a llegar el resto de supervivientes dela AitanaXtrem.Un grupo de gente de lo más aguerrida, da gusto. Espero que ahora me esperen, porque tengo la luz de la reserva encendida.

            Menos mal que todo lo que nos resta hasta el final es de bajada. La noche ya está envolviéndonos y tenemos la peligrosa misión de llegar sanos y salvos ala GranVíade Alicante, donde podremos despojarnos de las bicicletas y volver a ser bípedos.

Ha sido una grata experiencia deportiva y humana. Agradezco primeramente al señor Planelles todo el esfuerzo que ha hecho para que más de una veintena de personas haya podido disfrutar de un día lleno de esfuerzos y recompensas, por haber estado siempre donde debía estar y por habernos atendido con esa simpatía y elegancia con la que lo ha hecho. Sin menos preciar a nadie por ir en la parte última del párrafo, quiero dar un fuerte abrazo a todos los participantes, sin los cuales la magia de este día no hubiese sido posible. GRACIAS A TODOS Y HASTALA PRÓXIMA.

26 comentarios

  1. + 125 kms, + 13 horas de ruta y + 2700 metros de desnivel positivo.

    26 febrero 2012 a las 00:04

  2. Ernest

    ¡Enhorabuena, Luis!

    por el relato y por transmitir esa experiencia de ruta.

    un abrazo,

    Ernest.

    26 febrero 2012 a las 16:13

    • :-P

      Nos vemos en la próxima, amigo.

      Gracias por pasar por este rincón de redacciones de fin de curso.

      26 febrero 2012 a las 17:35

  3. Hola Luis ,ayer por la noche me llevo el enlace de la cronica ,pero me dije esto hay que leerlo y sentirlo detenidamente ,la persona que nos a unido en esta aventura me comento que te pegas unas buenas cronicas……….
    Darte la enhorabuena por haber compartido eses gran dia con todos nosotros y felicitarte por ser una gran persona y un apasionado de la bicicleta ,
    un abrazo de otro loco…..
    Juan Ant. Planelles.

    26 febrero 2012 a las 18:13

  4. Un saludo cariñoso desde mi psiquiátrico particular, jajajjaaaaaa…. ;-)

    27 febrero 2012 a las 06:28

  5. Luis, no paras. Muy bueno el relato, cada día mejor…

    27 febrero 2012 a las 19:33

    • Ya lo pone el título del blog “Viajero Incansable”.

      Gracias, por pasarte y por tu amabilidad.

      27 febrero 2012 a las 20:05

  6. HORUS

    Muy buena ruta y muy buena crónica. Como siempre, fiel a tu estilo.

    Un abrazo

    15 marzo 2012 a las 20:28

    • Fiel a los amigos.

      Un fuerte abrazo, a ver si nos vemos… aquí o allí, me da igual, a ver si planeamos algo juntos.

      15 marzo 2012 a las 22:30

  7. HORUS

    Por mí vale. Pongámosle fecha

    16 marzo 2012 a las 00:15

    • Pues, mire Usted: en abril vamos a realizar un maratón chulo chulo por la Sierra de la Pila, así que ese fin de semana podrías aterrizar por aquí (solo, con pareja, con acólitos, como quieras, todo se puede). En el mes de las flores lo tengo más complicado, para ir, porque el día 5 tenemos otro súper rutón murciano, luego el 18 me piro a Halifax, así que en Junio seré carne de cañón manchega.

      16 marzo 2012 a las 06:33

  8. Horus imagino que el último tramo de esta crónica te habrá recordado ese final de ruta desde Consuegra hasta Herencia ;-) atragantaicos, con los alientos calientes, :-P

    16 marzo 2012 a las 06:36

  9. HORUS

    Claro que me recuerda a aquella ruta, menudo ritmo trajisteis desde el castillo. Ni que os persiguiesen los sarracenos.

    Te prometo que lo voy a valorar con especial interés lo de Abril, pero dime fecha concreta que me pueda ir organizando.

    16 marzo 2012 a las 19:46

    • en cuanto saquen el cuadrante del mes de abril del horno, te lo hago saber… ok?

      16 marzo 2012 a las 23:05

  10. HORUS

    Ok

    17 marzo 2012 a las 00:11

  11. HORUS

    Lo del viaje a la Pila lo tengo ya organizado (excepto fuerza mayor), creo que iré solo o como mucho con otro, pero de todas formas te lo confirmaré la semana que viene.
    Lo que sí tengo claro es que el fin de semana del 1 de Abril lo tengo comprometido y el día 15 hacemos nuestra ciclo. A ver si tenemos suerte y no cae en ninguna de esas fechas.

    A propósito, llevaba mucho tiempo sin escribir crónicas de las rutas de Plato Grande y en estas dos últimas semanas he escrito dos: “los 95 km de la ruta de los molinos” y “Crónica de una ruta anunciada”. Hombre, no son tus crónicas, pero te puedes asomar a echarles un vistazo.

    21 marzo 2012 a las 19:57

    • Tienes razón tengo a mis amigos del Plato Grande abandonadicos, en cuanto tenga un minutejo, me paso por allí. Tus crónicas afortunadamente no son como las mías, porque me dormiría leyendo semejante ladrillos, me gusta la frescura manchega.

      Referente a la ruta de abril esperemos que la magia fluya y podamos cuadrar agendas, en cuanto sepa mis turnos te lo hago saber urgentemente.

      21 marzo 2012 a las 23:30

  12. HORUS

    Pues eso. El último fin de semana de Abril me tendrás por allí a tu disposición. Ismael tiene para ese fin de semana una celebración familiar y no puede acompañarnos, así que, estoy y solo, aunque existe la posibilidad de que se venga mi mujer, pero esto no lo tengo claro aún. De cualquier manera, estaré pisando tierras murcianas el 27 de ese mes.

    Referente a la planificación del fin de semana, a mí no me importaría hacer dos rutas, una el sábado y otra el domingo, pero si viene mi mujer, pienso que lo más probable sea dejar el domingo para otros menesteres como hacer turismo por la zona, que por otro lado, a mí tampoco me importaría.

    31 marzo 2012 a las 08:13

    • Fantástico, ahora que tenemos fecha, me pongo manos a la obra para convocar a algunos salvajes que nos acompañen. Referente a la opción de que venga tu señora, me parece genial, tenéis a 10 minutos un balneario milenario que es una pasada, pero si no os apetece también podemos ir a la ciudad de tapeo (recomendable al 1000%). El resto lo contaremos cuando acabe el finde. Un abrazo.

      31 marzo 2012 a las 09:25

  13. HORUS

    Bueno, dime qué exquisiteces polvorientas me vas a hacer probar, porque viendo los platos y, sin conocer a los comensales, como comprenderás me tengo que ir preparando el estómago. Aunque, hambre que espera hartura, no es hambre ninguna, je, je.

    1 abril 2012 a las 18:45

  14. HORUS

    Ufff!!! El perfil es un auténtico enjabre de pinchos. Todas esas puntas seguro que te tienen que ir haciendo el mismo efecto en tu fuerza que a un toro cuando lo pican, para que luego después te peguen un par de capotazos bien dados y ya no sepas si estas subiendo o te están dando el golpe de gracia. Pero no hay miedo, aunque, eso sí, no hay que perderle el respeto y rendirle pleitesía, pues es un promontorio que no va a perdonar las blasfemias y los resabios de todos aquellos que lo miren con indiferencia.

    2 abril 2012 a las 20:41

  15. AMÉN !!!!!!!!!!

    Pd, espero poder acabarla, jajajajaaaaaa

    2 abril 2012 a las 21:05

  16. HORUS

    Ten fe

    3 abril 2012 a las 21:57

  17. HORUS

    Al final voy solo para Murcia, o sea, que estoy enteramente a tu merced, así que, sé bueno y no abuses mucho de mi integridad física, que luego tengo que llegar entero a Herencia.

    17 abril 2012 a las 19:37

    • Hotel gestionado, todo OK, así que hasta el viernes 27. Nos vemos en náa de tiempo.

      18 abril 2012 a las 10:31

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