Aventurero Incansable

Senderos de Alcoy

   

     Comienzo a mover suavemente los párpados, los pliegues de las sábanas comienzan a percibir señales de vida, mi languidez nocturna se despereza, el toque de diana suena en el teléfono móvil, toca levantarse, estivar los bártulos, preparar el armamento (superior al del enemigo, pues el mío es del calibre  29” ) y arrancar el convoy.  Como no es un día ordinario, el toque de diana ha sido floreado y retrasado, normalmente el corneta no ve el sol, sino que le sorprende cruzando el patio de armas dirección a su garita, hoy el astro rey le ha calentado la espalda de la guerrera.

     Al toque de fajina se une Dani. En pelotón y con paso marcial nos sentamos ante unos buenos zumos de naranja, cafés humeantes manchados con espuma blanca, tostadas untadas con tomate y oro jienense, y unos cruasanes. Desayuno perfecto para un día en el que la Revolusión va a estallar por terretas alicantinas de Alcoy.

     Cual curtidos milicianos, ambos estamos unos veinte minutos antes de lo acordado en la orden del día en el punto indicado de partida, y esperemos, que también sea por nuestra buena fortuna el de retorno.

    

     Poco a poco se acerca el toque de atención, a formar, el punto de reunión comienza a verse plagado de distintas unidades que con sus colores y armamentos rodados, van conformando la compañía orgánica que va a internarse entre la maleza para: destrozar toda aquella cuesta que sea una amenaza para la misión, secuestrar todas y cada una de las trialeras que a modo de trampas puedan surgir por el rumbo trazado por el comando, probar las aguas de las fuentes y verificar que son aptas para abastecer al basto grupo de revolucionarios cuando la sed les aceche, y fotografiar todos aquellos detalles orográficos, faunísticos y florares que puedan servir para dejar confeccionado un buen mapa de la comarca, asegurando de esta manera técnica el éxito en futuras contiendas.

Al frente un Comandante, un Teniente, un Alférez, Sargentos varios y soldados especialistas. Los revolucionarios, siempre al tresbolillo, comenzamos la avanzadilla de la peor de las maneras, con el pulso alto, con los pulmones soplando cual fuelles en las calderas de Pedro Botero. Hemos arrancado subiendo terrazas de almendros, olivos y barbechos. El pedaleo es intenso, los molinillos van preparando las piernas para la larga contienda que nos queda por delante. No pasan ni quince minutos y ya saben las suelas de nuestras botas a que saben los terruños de Alcoy.

El Comandante prefiere encabezar la retaguardia, ir siempre asegurando el trazado a seguir para llegar con buen éxito hasta nuestro objetivo. El gps es la herramienta yanqui utilizada para saber que vamos por el buen camino. Se rumorea que la mañana va a estar llena de sendas, sendas que en su inmensa mayoría son desconocidas para todos los convocados, sólo el que lleva la estrella de ocho puntas en las hombreras conoce por nascencia  algunos atajos de los que nuestras ruedas van a erosionar, el resto del pelotón se deja guiar, fluye como el agua por la verde y brillante aguja de un pino en una mañana de fuerte invierno.

Me recuerda mucho este paisaje montañés al de Sierra Espuña, imagino que pertenecen al mismo estrato geológico, la vegetación es tan similar que a veces creo estar en lugares conocidos. Los algarrobos enarbolan sus ramas por todas partes, los almendros se yerguen orgullosos con sus negros troncos, con su fuerza del secano, las zarzas son igual de pícaras que las conocidas por mi piel en rutas murcianas, los enebros esconden su amargo secreto en sus redondas bayas. El pinar es básico, es la unidad predominante, se deja vestir por las jaras, por los romeros y tomillos aromáticos. Algunas ardillas nos miran desde las copas de los retorcidos pinus halepensis, los pajarillos revolotean alegres, cantarines, luciendo el color de sus buches, su bonitas colas, su preciosas alas, cada especie con sus tintes mágicos que les hacen únicos.

La estrechez de las vías a seguir me recuerda mucho a las del macizo calizo de Totana: terruño rojizo, rebozando un roquedo de piedra afilada, en algunos tramos estratificada a modo de lejas que salen obligándonos a negociar las subidas empinadas que no dejan de sucederse. La mirada siempre alta, no por altanería sino por lo empinado del trayecto, las horquillas van sufriendo los tirones de nuestros puños, tienen que subir piedras, recodos angostos, curvas llenas de raíces traicioneras, pero siguiendo al Teniente Ernest, el especialista en perillas sonrientes, Dani, y el nuevo recluta Sincrolador, suben y suben. Los uniformes se van empapando de los humores que transpiramos, el esfuerzo exigido está siendo considerable, pero es ciento por ciento agradable, si algo nos gusta a los revolucionarios cuando subimos a lomos de una Btt, es sufrir, sentir la proximidad de los límites, ver que lo difícil se hace cotidiano.

Al borde de la cima, el recién afeitado Comandante, nos llama por teléfono comunicando que ha encabezado una patrulla de reconocimiento y aprovechando un pliegue del mapa se ha marchado directamente a una cantina para ir preparando las raciones de rancho. El avezado grupo zapador, acuerda bajar los sillines y lanzarse sin miramientos por una larga trialera, que nos obliga a sujetar con fuerza la bicicletas, que nos obliga a dejarlas caer por los pedregales despiadados que luce empinados, y haciendo que los rebotes de las horquillas se enloquezcan. Mi montura rígida rebota sin piedad, pero el gran calibre de sus ruedas me hace sentir mucha seguridad en ciertos momentos que antes hubiesen sido de senderismo. Con una agradable congestión en los antebrazos, con los discos de freno al rojo vivo y llenos de polvillo rojillo, nos caemos sobre el ruin asfalto y nos encontramos con Leo y el resto de los disidentes.

El comedor elegido no es del agrado de los componentes murcianos, acontecen momentos de tensión, que es mejor dejar en el olvido, porque no vale la pena narrar como un pobre diablo intenta reírse de Leviatán y acaba escaldado en el azufre más corrosivo.

Con un trozo de algo que difícilmente podríamos decir que se asemeja a una tortilla francesa, nos internamos en una angosta subida que nos exigen mucho esfuerzo y resistencia. Es precioso este momento, en fila de a uno, con paso de maniobras vamos siguiendo al de Santa Pola. El silencio nos devora, los alientos van justos, muy justos, únicamente nuestras cubiertas son las que desafían el crepitar del camino, hasta las cadenas guardan silencio, evocamos un Jueves Santo a pleno sol. No sabemos donde nos conduce este pequeño calvario, pero imagino que nos regalará momentos llenos de adrenalina, pues tanto subir siempre tiene su recompensa. Efectivamente, coronada la colina, el suelo comienza a mostrarse más desnudo, se va descortezando y sacudiendo la tierra, mostrando y exhibiendo la roca más viva y puntiaguda que posee. Comenzamos una bajada trepidante y divertidísima. No tiene trazado, cada uno va eligiendo por donde prefiere atacar la pendiente, la rampa es irregular por definición, el roquedo arrugado araña los tacos de las cubiertas, el chirriar de los frenos es incesante, nos vemos a cada momento sorteando obstáculos preciosos. No sé ni como estoy sobre la bici, normalmente por mucho menos me pongo a caminar y a sonreír al ver como los demás le dan caña al enduro. Hoy es un día en el que no hago más que acercarme a la rueda trasera y estirar los brazos al máximo, protagonizando un pilotaje que no sé de donde está saliendo. Lo cierto es que me gusta, me divierte mucho, sentir el tsunami de adrenalina y de miedo, es adictivo, sé que tengo que dejar que la bici caiga y estar atento hasta del más mínimo detalle.

Ha sido larguísima la bajada, jamás he disfrutando tanto bajando, nunca he puesto a prueba mi equilibrio y pericia durante tanto tiempo.

Si bien es verdad que al leerme parece que lo he hecho hasta bien, la realidad es que me han ido levantando las pegatinas, al bajar, todos los revolucionarios, me he quedado solo en el vagón de cola, pero eso no me ha importado, no me avergüenza ser tan torpón, máxime en días como hoy, que aunque he ido como una tortuga reumática he permanecido estoico durante todo el descenso, ha sido divertidísimo.

Apenas hemos avanzado unos kilómetros, el día alterna sendas de subida y bajada, no hay lugar para el rodar a piñón tendido.

El paisaje nuevamente cambia, ahora nos vemos deslizándonos sobre las hojas secas de una gran chopera, las ruedas no tocan el suelo, pedaleamos sobre materia vegetal caduca en descomposición, es una nueva forma de deslizarse. Así, zigzagueando entre los desnudos troncos sentimos como el sol está alto, calentándonos, haciendo juegos de contraluces con las ramas y nuestras siluetas. Siguiendo un arroyo llegamos hasta un paraje idílico. Incluso sorteamos sendas agarrados a una cadena a modo de cinturón de seguridad pues la angostura del paso recuerda a los acantilados que han de haber sobre el Averno.

Leo disfruta mucho enseñándonos los tesoros orográficos del lugar. Levantando la mano derecha ordena: ¡Alto!, subordinados y disciplinados todos nos apeamos de las bicicletas y escuchando atentamente las instrucciones del inmediato superior, nos vemos en una garganta preciosa que el agua del riachuelo ha ido tallando en la arenisca. El entorno es un conjunto de lo más bucólico. Hacemos unas fotografías de recuerdo y con las pupilas llenas de luz y paisaje, continuamos la marcha.

No deja de sorprenderme el día, hemos pasado de la relajación pastoril y fotográfica, a la rabiosa y vertiginosa senda embarrada que nos impide avanzar en línea recta, el fino limo mojado ha vestido las cubiertas con unas bastas camisas de barro que nos hacen deslizarnos descontroladamente, siendo incapaces de meter la rueda por el escueto margen del camino. Resbalones, derrapes y caiditas sobre los juncos nos llevan hasta otra fuente. La longitud de todos estos caprichos hace que no te aburras, que no demandes más, que te quedes satisfecho, es la dosis perfecta.

El enemigo sigue lejos, tras consultar los astrolabios, los compases solares y las cabañuelas si es necesario, optamos por seguir la vía del tren. La amable y compactada vía verde nos ofrece una panorámica de la ciudad de Alcoy y de sus montañas colindantes. En un pequeño momento de reagrupación observamos como vamos girando sobre el eje urbano en sentido contrario a las agujas del reloj. Un pequeño ágape frugal y atravesando los túneles ferroviarios volvemos nuevamente al mundo del plato pequeño. Hay que seguir subiendo.

Acabado el denso concreto de la vía verde, hundimos las miradas en un cauce fluvial nuevo, en otro entorno húmedo. Leo nos cuenta y evoca en su interior, momentos vividos en su juventud y se extiende contándonos las costumbres de los lugareños. Es casi mágico el sonido del agua al lamer la roca, al encajarse en su cauce, al dar verdor a todo aquel que ose plantar sus raíces en su paraje. Observo como Ernest y Lolo miran la pantalla del gps y ponen humo a sus cubiertas, nosotros rendimos pleitesía y hacemos unas fotos para el recuerdo.

Estos momentos de parada militar y reagrupamiento de tropa son duros, las piernas se enfrían y son muchas horas las que llevamos en movimiento, así que nos disponemos a seguir marchando en fila de uno y subiendo entre la maleza. El trazado se está agitando demasiado, pienso que quien lo confeccionó había probado el sabor lisérgico del algún ácido, pues no tiene mucho sentido el culebreo tan absurdo que estamos haciendo en derredor de la carretera. Incluso atravesamos tablados recién labrados. Y si pensábamos que lo habíamos visto todo, pumba…, hay que salir de la senda y echarse la bici a las costillas.

Lo que nuestro gurú pensaba que serían escasos metros de monte a través y en desnivel muy positivo, se convierte en una especie de montería donde la pieza a batir es la ruta que marca el aparatito. La tropa por retaguardia comienza a quejarse, insano ejercicio pues no hay más remedio que seguir al líder, así que mejor hacerlo con alegría que dando la mano a la insana melancolía. Así vamos pasando árboles, muretes de piedra raídos por los años y  abandono, horadando la tierra con las suelas de nuestras zapatillas, sin saber por donde agarrar nuestras bicicletas. La musculatura comienza a congestionarse a niveles considerables, espero que este trekking tan rupestre acabe pronto, mi pie izquierdo está adormeciéndose, mala señal.

Tras muchos esfuerzos, llegamos a la atalaya a conquistar, la relajación es tal que para celebrar el regreso a la buena senda, nos sentamos y sacamos de las mochilas los bocatas y demás fruslerías destinadas a darnos ese plus de fuerza que necesitamos.

Frío es lo que noto al sentir la ropa sobre el cuerpo, el sudor ha perdido su calor, esta situación es peligrosa, así que a sabiendas de que la jornada está en su tramo final, decido ponerme una chaqueta plástica, así recuperaré pronto la temperatura que impida que un enfriamiento merme mi salud.

Atajando, atajando, nos vemos cayendo por un bike park, menuda locura, las rampas son vertiginosamente peligrosas, los trampolines de construcción casera dan algo más que vértigo, hay que tener poco aprecio a la vida para dejarse caer por allí. Dani me confiesa que ha estado a punto de caer en un par de ocasiones, que ha tenido que utilizar todo su ingenio para mantenerse aferrado a su Epic y no salir volando sobre el manillar.

Menos mal, veo Alcoy, siento la proximidad de la ropa seca que guardo en la furgoneta, estoy deseando acabar esta mini pesadilla, pues como consecuencia del pateo monte a través se me ha debido inflamar el nervio del pie que me lleva por la calle de la amargura y he perdido mucha fuerza en la pierna izquierda, cualquier bajada me supone un peligro, no soy capaz de mantener el equilibrio. En esta situación recorremos los últimos hectómetros, algo surrealistas teniendo en cuenta por donde vamos, pero da igual, el fin justifica los medios en esta ocasión, nuestra misión finaliza frente a la gasolinera y allí hay que llegar a toda costa. El broche es el saltito final, hay que: cruzar el curso de un río y mojarse o buscar el paso más angosto y saltar con la bici al estilo sálvese quien pueda. Opto por la segunda opción, no me supone mucho esfuerzo dar un salto, pero sólo pensar que puedo mojarme los pies me horroriza, así que, ¡ale hop!, ya estoy en la otra orilla.

Sonrisas veo esbozadas en todos los revolucionarios, el que más o el que menos, estaba cansado de tanta ruta, de tanta trialera, de tanta bici para un solo día. Dani y yo todavía tenemos un buen viaje de regreso a casa, así que decidimos por unanimidad no quedarnos a esperar a los avezados que faltan por llegar.

Un día maravilloso, la tropa y la oficialidad han demostrado en todo momento saber estar, ha quedado claro que repetiremos ruta, que próximamente cuando nos lancemos a la conquista de Lanzarote el enemigo no podrá con nosotros.

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10 comentarios

  1. Lelete

    Diossssssssss acabo de revivir nuevamente la ruta de aquel día…..je,je……..¡¡¡FANTÁSTICO VERBO, CHAVAL!!!!

    27 enero 2012 a las 17:16

    • no nos quedan escaramuzas juntos… madre mía !!!!!!

      Un abrazo mi Comandante. ;-)

      27 enero 2012 a las 20:11

  2. Ernest

    Hola, Luis.

    un placer haber compartido esa ruta contigo por tierras alcoyanas.

    un abrazo.

    27 enero 2012 a las 17:36

    • Todo un lujo ir con un grupo de personas tan auténticas.

      Me despido bebiendo una copita de “Yaiza” :-P

      27 enero 2012 a las 20:13

  3. jose maria marco

    gracias por los relatos. los que no hemos podido estar lo revivimos, lo sentimos , pero no nos cansamos.
    sigue llenando nuetra vida de estos buenos relatos
    GRACIAS

    27 enero 2012 a las 17:47

    • Marco, te he dicho alguna vez que eres un tío genuino por los cuatro costados ?????

      Menuda luna de miel que nos hemos acoplado en Lanzarote, jijiijijiii

      Un abrazo amigo.

      27 enero 2012 a las 20:14

  4. Menuda pedazo de ruta!! vosotros sí que sabéis, granujas…

    Crónica muy disfrutona Luis. Ideal para desconectar un poco de tanto fármaco :)

    PD: Venga que en la de Lanzarote voy a ver si desconecto del todo jajajaja

    28 enero 2012 a las 00:49

  5. Lolo Martinez

    PEASO CRONICA LUIS, ESTAS HECHO UN POETA DEL MTB, GRACIAS, CUANDO LA HE IDO LEYEDO ME HE IDO ACORDANDO DE TODA.

    28 enero 2012 a las 08:59

    • Con gente como vosotros es fácil hacer cualquier cosa chula.

      Un abracete, hasta la próxima :-)

      28 enero 2012 a las 10:35

  6. Pela69

    Ratico bonito y ameno que pasamos con esta gente loca y apasionada de este deporte como pocos. Pero a mi no me engañais más….jajajajaja. Gracias Luis por el relato y el viaje sobre todo.

    30 enero 2012 a las 12:46

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