Aventurero Incansable

El Madroñal

           

          Hoy día no nos despiertan los gallos, o por lo menos a la gran parte de los urbanitas que no vivimos en pleno campo. Con alguna estridente melodía de mi teléfono móvil me tengo que conformar. Hoy el desagradable amasijo de notas suena justo para poder disfrutar de las primeras luces del día. A las nueve de la mañanita se supone que hemos de comenzar a mover todos y cada uno de los ejes y rodamientos de las bicicletas que van a conformar el convoy.

                Es mi segunda ruta con Humberto, la anterior, curiosamente tuvo el mismo punto de partida. Hoy tengo la misión de hacer rodar a José de Javalí (Lapierros en los foros), por las interminables pistas forestales de la sierra de La Pila. La rodilla de éste anda (nunca mejor dicho lo de andar) convaleciente tras su paso por el chapista y no hemos de hacerla sufrir, así que a ciclar con cadencias moderadas y sin sobresaltos.

                Me siento algo cómodo, posiblemente el adjetivo que mejor me defina esta mañana es: vago. No me apetece entrar en la cocina más que para coger una botella de agua con la que rellenar mi bidón para la ruta. El café y el bizcocho me los van a servir recién hechos en la confitería.

 

                La mañana se presenta juguetona, el cielo está que se nos cae encima. Las nubes corren como locas, algunas gotas de fina llovizna nos provocan y desafían. Recogiendo ese húmedo guante retador, nos embutimos los chubasqueros. Antes de llegar a los cuellos con las cremalleras, sobre nosotros, comienza a abrirse el cielo y a filtrarse cálidos rayos de sol. Vuelta a ponernos las chaquetas, esto es peor que ir de rebajas, al final decidimos ir como teníamos previsto, con poca ropa, la justa para no sudar demasiado.

                Acabadas las presentaciones, el enamorado y yo, nos llevamos al coleto un arma secreta que he comprado en la confitería cuando me iba, una maravillosa porción de hojaldre con miel y nueces, que delicia, que rico, cuantas kcalorías que quemar.

                Hay días en los que pasan cosas fortuitas pero molestas. Primero me he olvidado el casco, así que he tenido que buscar una rotonda y volver a casa a recogerlo, y después a modo de postre cuando me subo en la bici y vamos los tres dispuestos a afrontar la odisea pistera, noto que el freno trasero no frena, no sé si son las pastillas que se han contaminado con algún tipo de sustancia grasa o es que ha entrado una burbuja de aire en el circuito hidráulico. La maneta derecha hace su recorrido perfectamente pero no hay respuesta alguna, el disco de freno sigue girando alegremente. Menuda faena, pero como no hay lugar en esta etapa para las sendas, trialeras y bajadas que puedan acarrearme algún percance, decido continuar acompañando a mis amigos, pero eso sí, pendiente de no usar más que la maneta izquierda.

 

                Ignorando el hecho de ir sin frenos, comenzamos el ascenso por la pista que bordea el barranco del Sordo. Esta vía tiene un desnivel positivo muy traidor, los kilómetros se suceden sin ningún repecho donde poder descansar. José, pedalea paralelo a mi, pero el abaranero se nos retrasa un poquillo. Lleva varias semanas sin entrenar  no quiere sobreesfuerzos, opta por ir a un ritmo que le hace sentir cómodo. Yo aprovecho para ir conociendo mejor a mi acompañante. Grata misión, este Lapierros es de pata negra.

                Entre curva y curva, los bloques de areniscas y pizarras nos enseñan un rincón donde como duendecillos nos podemos agazapar tras una jaras y permanecer escondidos. El objetivo no es otro que gastarle una broma al Hummer. Se trata de hacerle ver que nos hemos alejado demasiado sin esperarle y justo cuando comience a sentir la soledad de la cola del pelotón, aparecer por detrás dando voces y buscar las risotadas fáciles que adornen el momento de esfuerzo al que nos está sometiendo la subida al Prisco.

 

                Reagrupados, seguimos charlando y disfrutando de las impresionantes vistas del barranco. Sus desgarrados flancos están tapizados con una tupida alfombra de color verde pino.

                Envueltos en el embriagador silencio de la sierra, donde el único que se atreve a mancillarlo es el viento cuando silba entre los pinos, subimos hasta el cruce del mirador del Prisco. Hoy no toca apoyarse en su barandilla, ni respirar hondo durante unos segundos mientras contemplamos la panorámica tan bucólica que las tierras jumillanas exhiben. Hoy seguimos subiendo dirección al mojón de las Cuatro Caras.

                Qué buena mañana, nos acercamos a las once de la mañana y nos queda muy poco para llegar a las peñas de San Isidro. El Caramucel es el coloso desconocido de estos pagos. Exultante exhibe sus cicatrices orogénicas, que son lo más parecido a una catedral gótica que estuviese esculpida en las calizas de este monstruo emergente. Sus bloques verticales han lucido el rojo de sus calizas ferruginosas con gran orgullo durante miles de años, tal vez hasta millones de ellos, pues más de cuatro millones de años tienen las rocas que ostentan el título de decanas de esta sierra murciana.

 

                Todos nuestros sentidos están alerta. Unos disfrutando, como la vista, pero otros a consecuencia del gélido viento que está castigándonos, están sufriendo. Nuestros sudores se enfrían, así que optamos por ponernos los chubasqueros otra vez, utilizándolos a modo de refugios en los que sentirnos calentitos y resguardados de las inclemencias exteriores.

 

                Mis problemas de frenado, no han sido tales hasta ahora, las pendientes retorcidas como culebras, se van sucediendo y mi cerebro se resiste a ir clavando sólo el freno delantero y privarme del placer de las bajadas rápidas. Haciendo lo que puedo me dejo caer y sin ningún sobresalto consigo llegar a la pista de San Joy de una sola pieza. Como vamos sin prisas, les he abierto las puertas de un idílico rincón que en tiempos pretéritos utilicé como zona de acampada. Este oculto paraje es perfecto para acampar y pasar una noche bajo la atenta mirada de la pareja de águilas imperiales que anidan en los peñascos y para levantarse con los alocados y anárquicos graznidos de la miríada de Chovas Piquirrojas que pululan llenando estos cielos de vida.

                Cambiamos de barranco, ahora subimos por el que llaman del Mulo. El paisaje se divide, a la siniestra seguimos viendo el Caramucel, imponente y altanero, con sus pinares tapizantes y sus grandes bloques pétreos a punto de desprenderse  y caer rodando hasta el fondo del barranco o hasta ser apuntalados por algún pino testarudo, como el que hemos estado viendo. A la diestra, nuestros ojos disfrutan con un entorno totalmente opuesto, vemos laderas aterrazadas con almendros de secano y una gran cantidad de picos de poca altitud pero afilados como agujas, el más característico es el pico del Águila.

                José  y yo, vamos hablando de las bondades de las diferentes marcas de bicicletas tipo Btt que el mercado nos ofrece, está barajando seriamente cambiar su rígida por una Rz de horquilla coja tipo Lefty. Humberto sigue luchando como un jabato, ninguna pendiente hace que mermen sus ánimos e ilusiones, no se rinde, es incapaz de borrar ese rictus sonriente que le caracteriza, puede que vaya dándolo todo pero no se escucha ningún lamento, ni excusa alguna, es un ciclista de manual, él marca su ritmo y se lo recorre todo.

 

                El medio día nos atrapa justamente en la explanada del mojón de las Cuatro Caras. Hay varios coches de cazadores aparcados en las inmediaciones, que poco me gusta, pero no puedo hacer nada en contra de ello, esta sierra tiene mucha superficie de coto, tampoco lo entiendo, pero es así.

                El camino del Algarrobo va a ser la arteria por la que vamos a ir diluyendo nuestra aventura, en busca del mantel del restaurante Casablanca, que seguro se tiznará con las brasas que cocinen el cordero que hará las delicias de mis dos compañeros.

 

                La bajada se me hace extraña, el freno me está arrebatando el poder descontrolarme trazando curvas a gran velocidad. Para suplir esta sensación y no dejar que el tedio se apodere de mi, vuelvo a trazar campo a través mi ruta particular, mientras que ellos trazan las curvas yo bajo en línea recta, salpicando la pinocha húmeda y quebrando las ramas que la poda del bajo monte ha dejado dispersadas por este, mi nuevo rumbo. No tengo previsto llegar al final de esta cómoda cañada, en cuanto aparezca el cruce que nos lleve al mirador del Pico Pino Pelado, voy a desviar la comitiva, así tendremos alguna que otra cuesta que subir todavía.

                Valcárcel se llama el último barranco, nombre curioso, cuando menos para un barranco, pero no me disgusta. Esta cicatriz de la sierra nos empuja suavemente hacia el aparcamiento, nos despide y nos invita a volver, nos muestra algunas sendas que desconocemos y quien sabe si en breve vendré a recorrerlas y así seguir conociendo los secretos del patio de mi recreo.

 

                Antes de bajarnos de las bicis, en nuestro deambular pistero hemos pasado por el madroñal más grande y bonito que conozco. Imposible no pararme, ejercen el mismo influyo que los cantos de sirena en la Odisea homérica, ni yo soy Ulises, ni mis acompañantes los arduos y obedientes argonautas, así que me rindo a la tentación. Los madroños tienen sus frutos de color fuego, están pidiendo que los agarren y una vez dentro de la boca los chafen contra el paladar, libando sus jugos con deleite, sacándoles el jugo almibarado que esconden en su interior. Humberto y Lapierros me miran perplejos, se ríen y me hacen algunas fotos para que no se nos olvide un momento tan divertido. Una vez saciado, me relamo casi con lujuria y continuamos la marcha.

 

                La ruta se acaba, ellos van a dar rienda suelta a sus mandíbulas al calor de la leña que chisporrotea en el hogar del comedor, yo por desgracia he de marcharme, un compromiso familiar impide que me tome el café con ellos, me conformo con una cañita y unas sabrosas almendras.

Advertisement

17 comentarios

  1. Jose-Lapierros

    Muy buena esa crónica Luis, eres un artista de las letras, casi a la par de tu pericia y fuerza ciclista diría yo.
    Un saludo y espero que nos volvamos a ver en breve!

    7 noviembre 2011 a las 22:53

    • Gracias por tu visita al blog, entre todos hacéis que sea más grande cada día.

      Un placer haberte conocido, espero que pronto esa rodilla te deje darle rienda suelta a la lefty.

      Un abrazote. :-)

      8 noviembre 2011 a las 09:14

  2. jacin

    Hola Luis, me alegro de ver que te vas recuperando de tus dolencias… a ver si para la próxima vez que pasemos por el Ricote podemos disfrutar de tu compañia.

    Un abrazo

    Jacinto

    8 noviembre 2011 a las 11:11

    • ¡Jacinto de Pinto!, ¡Cuánto bueno por este blog!. Me alegra mucho ver que sigues mis batallitas.

      Gracias por tus buenas palabras y a ver si nos vemos algún día.

      8 noviembre 2011 a las 11:38

  3. ya te dije yo que lapierros era pata negra!!!!
    y cuenta conmigo para las andadas ricoteñas!!!
    un abrazo perlica!!

    8 noviembre 2011 a las 11:54

  4. paquitobiker

    que….eso que yo me apunto a esa salida ricotí…..

    8 noviembre 2011 a las 14:40

  5. Aluking

    Menudo ménage à trois, el monstruo de Humberto (raro verte sin cámara de retratar), el tísico de Chorques (mariconazo, qué fino te has quedado) y Lapierros (qué alegría verte recuperado y rodando de nuevo).
    Yo de mayor quiero ser como vosotros y que me dejéis acompañaros.

    11 noviembre 2011 a las 15:56

    • Nos faltaba “el tío”.

      Por cierto, mi hijo Mario dice que es del Barça, no veas que disgusto más grande…

      Lo de tísico es culpa de las cámaras de fotos, sigo siendo un tronco de leña rígida, lo que pasa es que la cámara me quiere mucho.

      Un abracete, se te echa de menos, esto no vale, cuando yo estoy off tu haces aventuras salvajes, ahora que comienzo a mover las piernas… te me relajas… ohhhhhhhhhhh tenemos un sprint pendiente…. ;-)

      11 noviembre 2011 a las 22:43

  6. Ese día estaba de camino a Reinosa. Espero poder hacer alguna facilica por la Pila…que me las pierdo todas…

    13 noviembre 2011 a las 22:01

  7. Jose-Lapierros

    Luis acabo de recordar nuestra conversación de esta mañana tan buena que pasamos por La Pila, me refiero a lo concerniente al cambio de bici, pues ya está hecho, al final me he decantado por mi primera opción y ya está en camino la coja, espero no haberme equivocado porque le he dado mil vueltas. Cuando pasen estas fechas contactaré contigo, y si podemos ambos, espero que me enseñes algún rinconcillo más de la que es prácticamente tu casa!
    Saludos!

    22 diciembre 2011 a las 23:46

  8. Piensa que todas las bicis son buenas, así que no le des más vueltas, a disfrutar de tu “coja”, que yo lo haré de mi “gorda negraza”.

    Sabes que me tienes a tu disposición,

    un abrazote.

    23 diciembre 2011 a las 09:18

  9. HORUS

    Bueno, bueno. Llevaba bastante tiempo sin asomarme por esta ventana y veo que me he estado perdiendo muchas aventuras.

    Lo primero. Feliz navidad a todos. Espero que el turrón no os gane el pulso y, si es así, para eso tambien están nuestras compañeras de fatigas.

    Qué tal estás, Luís. Es fácil intuir que no sólo sigues vivo, sino que coleas de lo lindo, a juzgar por lo que se desprende de este lar. Me alegro, tanto de ver que sigues bien como de poder dedicarte estas palabras.

    No te preocupes que como veo que hay luz en este foro, a partir de ahora daré el coñazo más amenudo.

    Un abrazo para todos y en singular para ti, campeón.

    28 diciembre 2011 a las 21:51

    • Jelou Miguel Ángel, jelou Meri Crismas… el turrón es una tentación a la que no podemos resistirnos.

      Gracias por asomarte al rincón del cojo, jajajajaa ;-)

      Gracias a un podólolo de Alicante he vuelto a sonreir, se propuso ponerme sobre la bici y con cuatro ideas super sencillas lo ha conseguido. Ahora no soy ni la mitad de Sincrolador que antes, pero eso no me importa, porque lo que vale es poder salir al monte y poder pasar revista a las arboledas, a los gorriones y a mis sierras favoritas.

      Fíjate que ahora estoy algo vago escribiendo, me he dejado muchas rutas por contar últimamente, pero el tema es que necesito escenarios nuevos, los de siempre me inspiran poco, es contar siempre lo mismo en los mismos parajes.

      En enero me piro a Lanzarote a darle a “Pedales de Lava”, INVITADO QUEDAS, nos vamos del 19 al 25 de enero.

      Bueno, que me enrollo a tope…. un gran abrazo a todos los manchegos, a sus gachas, a sus cervezas del medio día, a los molinos y en especial a un tipejo que se hace llamar HORUS.

      Pd, cuando quieras la liamos por mi tierra…, así habrá empate y tendré que volver a Herencia :-P

      28 diciembre 2011 a las 22:40

  10. HORUS

    A la de Pedales de Lava no podré ir, pero sí que tengo previsto este año hacer los 101 de la Legión. Imagino que estarás por allí. No?

    De todas formas siguen en pie lo de la Sierra de la Pila, o sea, que cuenta con el compromiso.

    6 enero 2012 a las 12:04

    • No creo que pueda ir porque: 1º el 21 de enero que es el día de la inscripción estoy en Lanzarote, así que el marrón de la inscripción no se lo paso a nadie, otro año será; y 2º el 18 de mayo me piro a Halifax a dar pedales por las Ingalaterras, así que ese mes tengo el cupo de asuntos propios cubierto.

      Lo de la Pila sólo tienes que mirar el mes de febrero y te llevo a disfrutar del gigante calizo.

      Espero que los Reyes te hayan traido muchas ganas de seguir dándole a los pedales. ;-)

      6 enero 2012 a las 13:19

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.