Senda del Martillo
Aparece el cohete humano, puntual como un reloj suizo o como un Lord inglés. Al final de la rampa del garaje ya tengo los ejercicios de estiramientos hechos, el café tomado, el tigre visitado, la bici engrasada y el equipo necesario en los bolsillos estivado. Tras un golpe de botón se cierra la puerta seccional, poco a poco, y dentro se queda esperándonos la línea de meta. Otro sonido clásico es el ajuste de las calas de las zapatillas en los pedales y el leve crujido de la cadena colocándose en el piñón adecuado. Así comenzamos una nueva mañana de ciclismo de montaña. (más…)



















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