* una mañana entre amigos
La mañana nos saludó en Campos del Río,
al igual que los Maestros, al llegar al caserío.
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En casa de Juan Martín, han madrugado,
lindos manjares para nuestra vuelta,
con tesón y cariño, han preparado.
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Juntos, en tropel, y hasta Ricote,
sin pensar en el cansancio, y a buen trote,
añadiendo buenas gentes, a nuestras huestes,
pino tras pino, por ese monte,
nuestras barritas hemos mascado con deleite.
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Sumando kilómetros las piernas iban,
unas, casi fugaces, brillaban como centellas,
otras, las menos, lucían como pobres candelas,
pero hasta la cumbre, sudorosas y orgullosas,
llegaron sonrientes, casi todas ellas.
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Entre olivos, perdices, pajarillos y almendros,
saltaban todos ellos, alegres y contentos,
en sus buches nunca anidó el descontento,
pues de pulpo pronto los verían repletos.
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A la buena mesa, que no le falte el vino,
que no le falten los frutos de la tierra,
la sangre de la vid y la cebada,
pero sin duda alguna, que jamás le falte,
la familia de Juan Martín a ella sentada.


















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