Así comienzo el nuevo año 2010. Lesionado, de baja y abatido por un dolor que me impide andar y por supuesto pedalear.
Todo comenzó en mayo del año pasado. Cuando finalicé los 101 kms de La Legión en Ronda al quitarme el calzado y apoyar ambos pies sobre el asfalto, noté como si me estuviesen atravesando con dos katanas del más afilado acero japonés, todos y cada uno de los dedos de mis pies. Sensación angustiosa pero que en pocos minutos desapareció y no le di más importancia que la propia de haber pasado tantas horas sobre la bici y haber recorrido más de cien kilómetros sin tregua alguna.










Casi quince años han pasado desde la última vez que sentí en mi piel la frescura de las aguas del poderoso Atlante. He gozado de otros mares, pero ninguno ha suscitado tanta fascinación y entusiasmo en mi vida. En sus aguas descubrí las maravillas del mundo submarino. En sus aguas dejé dos años de mi juventud.
Me gusta que al Averno